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Parte 2

11 de abril: de la conspiración al golpe

Venezuela | 12 de abril de 2016

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En la madrugada del 12 de abril, a las 3:55 am, el presidente Chávez fue trasladado desde el Palacio de Miraflores hasta Fuerte Tiuna, al sur de la ciudad de Caracas. Antes de partir, dejó claro que “no había renunciado y que era un Presidente prisionero”.

En medio de tanta confusión, el general Lucas Rincón, militar de alto rango y de estricta confianza de Hugo Chávez, informó a través de los medios de comunicación que éste había accedido a firmar la renuncia. Días después, aseguró que sus declaraciones respondían a las instrucciones emitidas por el mismo mandatario, para evitar un ataque por parte de los golpistas al Palacio de Gobierno y al pueblo venezolano que saldría a las calles a defender la Revolución Bolivariana.

Al llegar al cuartel, Chávez fue recibido por otro grupo de militares disidentes, en compañía del secretario general de la Conferencia Episcopal Venezolana, monseñor Baltazar Porras. La presión para que renunciara a su cargo vino de varios flancos.

A las 5 am de ese día, el presidente de Fedecamaras y partícipe de las actividades del día anterior, Pedro Carmona Estanga, informó que por un supuesto “vacío de poder” existente para el momento, él pasaría a ser el jefe de un gobierno de transición.

Persecución y violación a los Derechos Humanos

Como en los viejos tiempos, comenzó la persecución de las cabezas más visibles en la Revolución Bolivariana. Sin miramientos, ministros, diputados, gobernadores, alcaldes y líderes comunitarios fueron víctimas del acecho por parte de simpatizantes de la oposición y de funcionarios cómplices del golpe de Estado.

Los cuerpos policiales de las policías de Chacao y Baruta (municipios de la zona metropolitana de Caracas) estaban al servicio de esas irregularidades. Los alcaldes de ambas jurisdicciones, Leopoldo López y Henrique Capriles Radonski respectivamente, estaban supervisando personalmente los procedimientos policiales.

El entonces diputado Tarek William Saab, fue detenido en su casa. También el ministro del Interior, Ramón Rodríguez Chacín. Fueron golpeados y vejados por turbas opositoras y los uniformados. Nunca hubo una orden judicial.

Los funcionarios del gobierno depuesto tuvieron que esconderse para evitar ser encarcelados y/o desaparecidos por el fascismo que, una vez más, había llegado para hacer de las suyas.

También se hostigó la Embajada de Cuba, ubicada en Chuao. Los diplomáticos fueron amenazados para que salieran de recinto, pues los opositores aseguraban que allí se encontraba Diosdado Cabello, Vicepresidente de la República para ese entonces.

Los principales protagonistas del ultraje diplomático fueron Salvador Romaní, opositor confeso a la revolución cubana y venezolana; Ricardo Koesling, abogado de la ultraderecha en Venezuela y, nuevamente, Henrique Capriles Radonski, quien trepó las paredes de la embajada con una escalera para entrar violentamente y solicitar a las autoridades cubanas que Cabello fuera entregado.

Les fueron suspendidos arbitrariamente los servicios de luz, de agua, teléfonos. Así también fueron destrozados los vehículos del personal diplomático.

Golpe comunicacional continuado: dibujos animados

Mientras todo eso sucedía, los medios de comunicación privados, prestos para el golpe de Estado desde hacía meses, sostuvieron un silencio cómplice de los abusos que en menos de 24 horas, estaba promoviendo el gobierno de facto.

A primeras horas de la mañana, la frase “¡buenos días, tenemos nuevo Presidente!”, abrió el programa del periodista Napoleón Bravo, transmitido por el canal Venevisión, una de las empresas del Grupo Cisneros. En otras transmisiones televisivas, trataban a Hugo Chávez como asesino, asegurando que él había promovido los fatídicos eventos del 11 de abril.

El resto del día sólo salía de las pantallas dibujos animados y telenovelas. Nadie informaba nada. El canal del Estado, Venezolana de Televisión (VTV), fue tomado por la Policía del Estado Miranda junto a Enrique Mendoza, dirigente del partido conservador Copei y gobernador de esa entidad. Ya Mendoza había advertido más temprano que “¡esa basura de VTV, va fuera del aire!”

Los pocos medios de comunicación adscritos al Estado, fueron tomados bruscamente por funcionarios policiales. Todo tipo de material audiovisual fue decomisado. Sólo pocas emisoras radiales, fuera del radar de la mutilación comunicacional, pudieron transmitir la verdad de lo que estaba sucediendo.

Sin embargo, formas alternativas de acceso a la información fueron activadas por el pueblo venezolano ansioso de saber qué estaba pasando: llamadas telefónicas, mensajes de texto, radio transmisores, boca a boca, megáfonos, reuniones en las calles, grabaciones de aficionados y de comunicadores alternativos.

Por otra parte, diversos grupos de personas simpatizantes de la Revolución Bolivariana, se apostaron en las sedes de los canales privados, exigiendo se mostrara la verdad. Nadie los escuchó.

Algunos medios internacionales, también plegados a la conspiración en contra del gobierno de Hugo Chávez, daban cierto acceso a voceros del gobierno revolucionario. Marisabel Rodríguez, esposa del mandatario venezolano, declaró a través del canal CNN en español, que no tenía información de su esposo desde su detención en la noche.

Asimismo, el Fiscal General de la República, Isaías Rodríguez, en un acto de valentía, convocó a una rueda de prensa para hacer pública su presunta renuncia. Al comenzar su discurso, declaró que el Presidente no había renunciado, que no había prueba escrita de ese hecho.

“El Presidente está privado de su libertad, está incomunicado. Hay un Estado de facto, no hay un Estado constitucional, estamos ante una situación que no se puede calificar sino de golpe de Estado”, afirmó Rodríguez. Inmediatamente, los medios de comunicación cortaron la transmisión.

El Carmonazo: la auto juramentación

En horas de la tarde, Pedro Carmona Estanga se auto juramentó como el Presidente de Venezuela.

En ese magno evento realizado en el salón Ayacucho del Palacio de Miraflores, fue descolgado un cuadro del Libertador, Simón Bolívar, antes de comenzar con el acto de auto proclamación. Asistieron personalidades de la vida pública venezolana, entre los que destacan representantes de la Iglesia Católica, periodistas, empresarios, banqueros, artistas y políticos nacionales e internacionales.

Un decreto redactado en días anteriores al golpe de Estado, fue leído luego de la auto juramentación de Carmona. En él se derogó la Constitución aprobada por el pueblo venezolano en el año 1999, y por ende, se disolvió la Asamblea Nacional, y destituyó a los representantes de todos poderes del Estado. También fue eliminado el nombre de “República Bolivariana de Venezuela” y derogadas las “molestas” 49 leyes aprobadas por el presidente Chávez en 2001.

El grado de excitación con cada ítem leído por Daniel Romero, el Procurador General del gobierno de facto, era exteriorizado con gritos y aplausos productos de la euforia, de esas ganas de retomar el poder que el pueblo otorgó a Hugo Chávez.
¡Queremos a Chávez!

Sin ninguna información y ante la aberración política transmitida por los medios de comunicación activos en ese momento, el pueblo organizado tomó las calles espontáneamente para exigir el retorno del Comandante Chávez, por lo que se aglomeró en las inmediaciones del Palacio de Miraflores y de los cuarteles militares de todo el país.

Las barricadas colocadas en las vías principales hacia el oeste de Caracas, aseguraban las zonas populares para evitar nuevas intervenciones policiales que atentaran contra vida un pueblo profundamente herido.

Eso le dio el impulso a la Guardia de Honor del palacio presidencial para que retomara el control en plena proclamación. Todos los asistentes salieron despavoridos mientras los funcionarios militares aseguraban el palacio, logrando aprehender a un buen grupo de golpistas.

Al mismo tiempo, en Fuerte Tiuna, en la 42° Brigada de Infantería de Paracaidistas en Maracay y en otros cuarteles, castrenses estaban enfrentados entre disidentes, y los leales a la Constitución y al pueblo.

Sólo faltaba saber, en dónde estaba el presidente Chávez para acudir a su rescate.

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