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Parte I

11 de abril: de la conspiración al golpe

Venezuela | 11 de abril de 2016

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La llegada de Hugo Rafael Chávez Frías a la presidencia de Venezuela fue tan apoteósica, como también lo fue todo su mandato. Luego de un acostumbrado bipartidismo conservador en el poder, en 1998 Chávez ganó con el 56,20% de los votos.

Con él, se vino una nueva Constitución y nuevos planes para el empoderamiento del pueblo venezolano, sobre los principales procesos sociales, económicos, políticos y culturales, como garantía del carácter participativo y protagónico expuesto en la nueva Carta Magna.

Es por ello que a finales del año 2001, el Presidente Chávez promulga 49 leyes que impactaban radicalmente en el manejo económico del país. Tres ejemplos de estos cambios fueron: la Ley de Tierras, que elimina el latifundio y reivindica los derechos del campesino; la Ley de Hidrocarburos, en donde se norma que el ingreso obtenido por esta vía será utilizado principalmente en inversión social; y Ley de Pesca, que apoya y protege al pescador artesanal y abre paso a la eliminaciçon de la pesca de arrastre.

Esto causó un profundo malestar en el sector privado, sindicatos patronales y de altos funcionarios de Petróleos de Venezuela (Pdvsa), que para entonces operaba como una caja negra a espaldas del gobierno recién electo de Chávez y el pueblo venezolano. Una huelga general de 12 horas, convocada el 10 de diciembre de 2001, fue el primer paso para el golpe de estado del 2002.

“¡Vamos a Miraflores!”

Una división de clases marcada desde décadas anteriores, estaba fraccionada esta vez por los afectos al gobierno de Hugo Chávez y por sus opositores, grupo en donde se encontraban también, aquellos que vieron afectados sus intereses con la aplicación de las nuevas políticas implementadas.

El 9 de abril de 2002, a cuatro meses del primer paro generalizado, la Confederación de Trabajadores de Venezuela (CTV), y la Federación de Cámaras y Asociaciones de Comercio y Producción de Venezuela (Fedecámaras) llamaron a una nueva huelga, pero esta vez convocarían a los afectos a la ahora oposición, a marchar para solicitar la renuncia del entonces Presidente de la República.

Días previos, Hugo Chávez despidió en su acostumbrado programa “Aló, Presidente”, a siete trabajadores de Pdvsa, y advirtió que no habría contemplaciones para quienes acataran el llamado a la paralización de las actividades en la estatal petrolera.

La tensión en el país era evidente. Los días previos al 11 de abril, de manera voluntaria, el pueblo revolucionario de agolpó en la inmediaciones del Palacio de Miraflores, ubicado en pleno centro de la ciudad.

Ese día, el 11, el grupo opositor se concentraría en la sede de Pdvsa en Chuao, zona ubicada al este de Caracas, para marchar hasta el Parque del Este (hoy parque Generalísimo Francisco de Miranda), también en el este de la capital, acompañados de Carlos Ortega, presidente de la CTV; Carmona Estanga, presidente de Fedecámaras; Guaicaipuro Lameda, expresidente de la petrolera venezolana y un grupo de militares de alto rango de las Fuerzas Armadas.

Estos personajes auparon a la multitud a dirigirse, sin permiso previo, al Palacio de Gobierno para exigir la renuncia del presidente Chávez, a pesar que desde hace días el pueblo chavista tenía tomado el lugar y para ese jueves, los alrededores de Miraflores estaban colmados de revolucionarios.

La marcha opositora caminó y llegó violentamente al centro de Caracas. No era más que una emboscada, en la que cayeron hombres y mujeres sin distinción política, ni profesional.

Francotiradores dispuestos en los alrededores del Palacio de Miraflores y El Silencio, comenzaron a disparar directo a las cabezas de simpatizantes del chavismo, de la oposición, y muy especialmente de comunicadores sociales que daban cobertura a los eventos del día.

Mientras, la Policía Metropolitana, cuerpo de seguridad adscrito a la Alcaldía Metropolitana dirigida por Alfredo Peña, también arremetió con armas largas y guantes quirúrgicos -de esos que no dejan huellas-, al grupo revolucionario que estaba en Puente Llaguno, a una cuadra del Palacio Presidencial.

La marcha opositora nunca llegó a Miraflores. No hubo enfrentamientos entre simpatizantes de ambas tendencias políticas. La Guardia Nacional contuvo el paso de simpatizantes de la derecha para evitar una catástrofe, pero el plan ya estaba marcado: saldrían del Presidente Chávez.

Medios privados y golpe comunicacional

A las 3:45 de la tarde, el presidente Chávez realizó una cadena nacional para llamar a la calma: “Este llamado es a la reflexión y a buscar un camino de conciliación, en torno a la aceptación de lo que hay que comenzar aceptando: una constitucionalidad, un Estado de derecho, unas instituciones legítimas entre ellas la Presidencia de la República.”

En ese momento, la pantalla fue dividida en dos para mostrar una supuesta represión en contra de la marcha opositora. Las imágenes no eran más que el revuelo causado por los francotiradores, la Policía Metropolitana y algunos manifestantes violentos, entre los que se encontraba el dirigente de ultraderecha Leopoldo López.

Los medios de comunicación privados fungieron antes, durante y después del golpe de Estado, como catalizadores del odio hacia el gobierno revolucionario, prestando sus pantallas para la confrontación al actual gobierno. El partido Primero Justicia grabó un mensaje pidiendo la renuncia del Presidente de la República, del tren ministerial y de los representantes de todos los poderes. Éste fue difundido por televisoras privadas.

El 11 de abril, periodistas de esos medios mantuvieron que ambos grupos políticos se habían encontrado en Miraflores. Mostraron una y otra vez una imagen de revolucionarios disparando hacía una marcha que nunca llegó. El diario El Nacional, emitió una edición extraordinaria, titulando “La batalla final será en Miraflores”.

Chávez fue secuestrado

Con la amenaza de bombardear Miraflores, un grupo de militares disidentes irrumpió en el Palacio de Gobierno con la finalidad de poner tras las rejas ilegalmente al Presidente Chávez.

Fue llevado a Fuerte Tiuna, Turiamo y, posteriormente, a La Orchila, un archipiélago cercano a la costa venezolana. Allí, el Presidente fue acosado para que firmara la renuncia al poder que el pueblo le había otorgado en diciembre de 1998.


ALBA TV / Ajgm

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