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Por Simón Herrera Venegas

¿8.089.320 votos es una victoria para el chavismo?

Venezuela | 1ro de agosto de 2017

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El chavismo no existe. No existió mientras vivió Chávez. Y si acaso existió –por si acaso- entonces murió cuando el Comandante cambió de paisaje. Todo el país se ha opuesto histórica y contundentemente al proyecto Bolivariano. La oposición siempre ha sido mayoría y el repudio hacia todas las decisiones emanadas del gobierno es absoluto. Ergo, cualquier concentración, votación, registro u otra actividad que refleje poder de convocatoria, solo se puede explicar a través de la coacción del régimen. Entonces, que 8.089.320 personas hayan participado en la elección para la Asamblea Nacional Constituyente, ¿se explica de esa forma? ¿Es realmente una victoria para el chavismo?

Ver más allá de las propias narices

Así como cuando la oposición expuso los resultados de su plebiscito, reitero que este ejercicio de análisis temprano es atrevido, sí, pero necesario. Esta es la elección número 21 desde que estamos en Revolución, pero sin duda es la votación de Venezuela más atípica del siglo XXI y no se puede pretender entender por qué tanta gente salió a participar en tamaña crisis sin ver más allá de las propias narices.

El discurso de la derecha es la negación y el exterminio total del chavismo, eso no es nuevo. Pero limitarse a ese simplismo existencial se convierte en un muro en el cual seguirán chocando una y otra vez. Pero ojo, el chavismo también debe ver más allá de la guarimba y la violencia –que motivaron a una porción de la población a votar- para entender en perspectiva este resultado.

En política hay muchas ideas que deben manejarse, pero hay dos fundamentales que sirven para entender esta participación:

1.- En política no existe tal cosa como la muerte. Cualquier actor, facción, movimiento o idea puede resurgir incluso después de años.

2.- Nadie puede pretender hacer política sin hablar del futuro. Es decir, sin hacer propuestas, sin proyectarse, sin decir a los demás hacia dónde se pretende ir.

Dicho esto, el 30 de julio quedó demostrado que el chavismo no está muerto y que la oposición no puede ofrecer como único proyecto barrer al chavismo. La oposición tampoco está al borde de la muerte, pero se enfrenta a un adversario con un proyecto y un rumbo claro.

Oposición: promesas sin cumplir y antipolítica

Además de no proyectarse en el futuro, la oposición se ha empeñado en prometer cosas que no cumple a sus seguidores. Peor, les ha vendido realidades paralelas que no existen: el gobierno tiene los días contados, nadie va a ir a votar para la ANC, ya se van a acabar las colas y un cíclico etcétera.

En estos últimos 3 meses la dirigencia opositora ha mezclado una realidad paralela junto a una promesa que no cumple: solo saliendo a la calle como lo hace todo el país (realidad paralela) será posible que el gobierno renuncie y se detenga el “fraude constituyente” (promesa sin cumplir). A eso lo adereza una mentira: “no dialogamos con el gobierno”, pero eso es una historia para otro momento.

La oposición en 2015 representó una alternativa ante la aparente inacción del gobierno ante la crisis económica. Sin embargo, dos años después la situación se ha agravado y su única agenda parece ser la calle y la violencia para hacer claudicar al gobierno. La intransigencia opositora ha tocado la puerta de sus propios seguidores, quienes se han visto encerrados, agredidos, linchados y perseguidos.

¿Esto quiere decir que la oposición no tiene gente? Por supuesto que no. La votación opositora ha sido militante desde el 2006: siempre votan en contra del chavismo y sus números han ido creciendo. Pero con un capital político como el de 2015, ¿por qué no logran avanzar más? Porque no se puede practicar la política desde la anti política: no dialogo (aunque sí lo hace), solo reconozco resultados electorales cuando gano, prometo un referendo sin cumplir los procesos, llamo a la violencia y a la vez a la calma, pido paz pero a la vez tranca, pido reconciliación y a la vez persecución, pido calma y a la vez arrechera, cambio la agenda cada dos días y, tal vez la peor de todas, convoco a un plebiscito y luego soy incapaz de responder la pregunta más fundamental: ¿y ahora qué?

Ya la oposición tiene suficiente descontento y le ha tocado ahora sumar el descontento de seguir a unos líderes que les prometen asir el horizonte. No tumbaron al gobierno ni detuvieron la Constituyente, pero tampoco se sumaron a ella, así que no tienen ninguna voz en el que será el foro político del país por los próximos meses.

Chavismo: hacia la revisión urgente

¿Los 8.089.320 votos son todos chavistas? La respuesta es no. Hubo gente opositora que salió a votar con la intención de enviar un mensaje a su dirigencia: Queremos protestar y queremos que el gobierno solucione, pero no queremos matar a los chavistas y menos matarnos entre nosotros.

¿Es una victoria absoluta para el gobierno? Tampoco. El chavismo salió a votar para pronunciarse de forma contundente contra la violencia, el fascismo y el fratricidio, pero el descontento sigue ahí. Mientras la ANC se instala y arranca, al gobierno le toca emprender un rumbo claro para enfrentar la crisis y frenarla con resultados reales.

La lectura de los resultados

En 2015 la oposición obtuvo un inmenso capital político que no aprovechó. Pensó que el chavismo había desaparecido y –una vez más- tomó su victoria como un cheque en blanco. Le tocó pagar la factura.

Ahora en 2017 el chavismo obtuvo un inmenso capital político. Le toca sentarse a ver las cifras con detenimiento porque la correlación de fuerzas se mantiene similar.

8 millones de venezolanos le dijeron a la oposición que quieren paz, pero también le dijeron al gobierno que quieren solución a los problemas que los aquejan. También dejaron claro que aprovecharán el espacio de la ANC para plasmar su visión de país en una Carta Magna sin la intervención ni tutelaje de entes foráneos, pero también sin las imposiciones partidistas de quienes solo tienen interés en el poder.

Lamentablemente en ese nuevo foro político la oposición quedó por fuera. Pero hay algo que es cierto, este país necesita una verdadera oposición política que practique la política y no el berrinche. Que plantee alternativas y no exterminio. Este país necesita una oposición a la altura del país que se renovó en 1999 y a la altura de un pueblo que no es pendejo, que está politizado y no permitirá ser engañado más nunca, de nuevo.


Fuente: DesdeLaPlaza.com

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