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Dirigente agraria de Colombia Nury Martínez:

A pesar de la pandemia, los campesinos siguen produciendo y defendiendo el territorio

Colombia | 29 de abril de 2020

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En medio de la pandemia y desde el confinamiento social, entrevistamos a Nury Martínez, líder social campesina, quien da un panorama de la realidad política y social de las zonas rurales colombianas y como vienen enfrentado la situación.

Una guerra atraviesa el territorio colombiano, un conflicto que tiene más de 6 décadas y ha dejado millones de víctimas entre asesinados, desaparecidos y desplazados.

Esta situación de violencia tiene su origen y escenario principal en las zonas rurales del país neogranadino, lugar en donde ahora la pandemia del COVID-19 amenaza a miles de campesinos y campesinas.

Este peligro se hace más latente con la destrucción de los ecosistemas, en gran medida devastados por la explotación de los recursos naturales que, según expertos en biología, epidemiólogos y de otras especialidades científicas, es el primer paso hacia la pandemia.

A pesar de esto, “no ha cesado la producción y defensa del territorio en contra de la explotación minera y de hidrocarburos” dijo Nury Martínez, presidenta de la Federación Sindical Agraria (Fensuagro) de Colombia, organización que forma parte de la Coordinadora Latinoamericana de Organizaciones del Campo (CLOC) – Vía Campesina, durante una entrevista realizada desde la cuarentena.

Para Martínez el modelo neoliberal agrava mucho más la situación de pandemia, ya que “se privatizaron todos los sistemas públicos. Entonces la salud es precaria y eso implica que cuando llega un virus como este somos afectados los pobres y los trabajadores echados de las empresas”.

Según la dirigente agraria, otra cara de la misma moneda es la forma de producir de la agroindustria. “Utiliza grandes cantidades agrotóxicos, siembra grandes extensiones de monocultivos y practica la ganadería extensiva (que deforesta grandes superficies de selva y bosques) además de generar grandes cantidades de gas carbono”, indicó.

La dirigente colombiana entrevé un panorama catastrófico, argumentado que, después del COVID-19 se profundizará la crisis alimentaria que atraviesa el mundo desde finales del año 2007 y principio del año 2008, cuando, según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (UNFAO por sus siglas en inglés), “los precios internacionales de los principales productos alimentarios básicos alcanzaron su nivel más alto en casi 30 años, lo que provocó que el número de personas hambrientas llegara a los mil millones y que se pusiera en peligro el derecho a una alimentación y nutrición adecuadas de muchas más personas”.

A pesar de esto, según Martínez, hay una esperanza y es en la producción campesina de alimentos, la producción a pequeña escala en contravía de la producción del agronegocio. “Es una coyuntura propicia para visibilizar la producción a pequeña escala, campesina, con tecnologías mucho más amigables con el medio ambiente y la tierra, con agroecología, garantizando la producción de comida sana” señaló la presidenta de Fensuagro.

Agregó que como el contagio del coronavirus ha sido menor en las zonas rurales, ha permitido que los campos y los campesinos sigan produciendo, sin embargo, “vemos un problema en que los intermediarios compran muy barato para luego vender muy caro en las ciudades. Mientras sigue fortaleciéndose la industria de alimentos sobre los pequeños productores” añadió.

Por otro lado, Martínez explicó que los campesinos y campesinas también sufren la pandemia del narcotráfico y la corrupción, hechos que no permiten que lleguen las ayudas a los pequeños productores del campo colombiano, “desde que comenzó la pandemia no ha cesado la criminalización, los asesinatos, las amenazas y el desplazamiento” explicó la también trabajadora rural.

“Vemos con mucha preocupación la situación, porque no hay un plan de abastecimientos, de producción, no hay planificación” dijo Nury Martínez, refiriéndose a la política agroalimentaria de Iván Duque, presidente de Colombia, a quien hace un llamado para que se reconozca el campesinado como un sujeto de derecho. “Que cese la criminalización, que se permita producir alimentos, el mercado local y sobre todo que se respete la vida” declaró.

Además, como organización, proponen la compra local, la compra de la producción agrícola de manera directa y una gran compra pública, sin embargo, puntualizó que “lamentablemente, como en la mayoría de los países, las ayudas van a los industriales, quienes han dejado a un lado la salud humana y el derecho a la alimentación como un derecho humano, para convertir la comida en una mercancía”.

La violencia rural en medio de la pandemia

Según Nury Martínez, presidenta de la Federación Sindical Agraria (Fensuagro) de Colombia, muchas generaciones colombianas no han conocido la paz, aseveró que la guerra que se desarrolla en su país tiene el origen en “la mala distribución de la tierra del campo, sitio en el que más se ha desarrollado”.

“Desde finales de los 80 hemos apostado por el proceso de paz y la salida política y negociada al conflicto político, social y armado”, es por esto que, para Martínez, la gestión y posterior firma del acuerdo de paz con las FARC fue una luz al final del túnel para muchas organizaciones políticas y sociales colombianas, especialmente las agrarias.

La líder campesina argumentó que la expectativa estaba puesta en el documento firmante, el cual en el primer punto habla “del desarrollo rural con enfoque territorial, de género y étnico”.

Sin embargo, desde la firma el 24 de noviembre del 2016, han sido asesinados más de mil dirigentes en el país Neogranadino, por lo que para Martínez “no ha habido voluntad política para aplicar los acuerdos”.

“Los campesinos y campesinas reconocemos no solo el primer punto, sino todos porque tiene que ver con la participación política, el reconocimiento de derechos, de las organizaciones perjudicadas del conflicto armado, el uso de cultivos ilícitos y los temas sobre las víctimas” dijo la dirigente social.

A pesar de esto y teniendo Colombia, en las regiones rurales, una alta tasa de desplazados, la presidenta de Fensuagro indicó, que los campesinos “siguen produciendo, luchando por la soberanía agroalimentaria y la defensa de los territorios para la producción de alimentos y no para la explotación de minería e hidrocarburos”.

Agregó que su organización como parte de la Coordinadora Latinoamericana de Organizaciones del Campo (CLOC) – Vía Campesina se organizan bajo la campaña #QuédateEnCasaNoEnSilencio mientras siguen trabajando en las fincas.

La líder agraria aseveró que también exigen que se aplique la Declaración de Derechos de los Campesinos y Campesinas aprobado por la Organización de Naciones Unidas (ONU), un documento aprobado en la Asamblea General del año 2018, compuesto por 28 artículos entre los que destacan Derecho a los recursos naturales, a la organización colectiva, a la vida y seguridad, a la participación, a la tierra, a semillas y a Igualdad de género.

Para finalizar puntualizó que están convencidos de que la única solución para la crisis alimentaria que, a su criterio, se va a profundizar cada vez más, es mirando al campo, “no como el modelo de los agronegocios, para producir capital, recursos y no alimentos”.

Rigger Triviño/Alba TV

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