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Por Leo Funes

Ante el traspié de la derecha, es hora de avanzar

Venezuela | 22 de agosto de 2017

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La sangrienta aventura desestabilizadora en que se metió la derecha venezolana en los últimos meses ha terminado nuevamente en derrota para los que la alentaron. Más de cien días ininterrumpidos de intensificación del desabastecimiento de alimentos y medicinas; atentados contra edificios públicos, escuelas y hospitales; ataques en patota y numerosas personas quemadas vivas en las calles; y hasta el copamiento de una unidad militar, son sólo los puntos más aberrantes del abanico de acciones a las que echaron mano los dirigentes opositores para hacer tambalear a un gobierno y un régimen político que, aún con dificultades, se mantuvo en pie durante los momentos más difíciles. La derecha resolvió la convocatoria a un “ahora o nunca” que se reveló sin eco en las masas obreras y populares. Ahora, masticando bronca, hacen fila para inscribirse en las próximas elecciones de gobernadores.

Fueron derrotados, fundamentalmente, porque el pueblo venezolano -en medio de durísimas condiciones de vida, agravadas sensiblemente por el desabastecimiento programado- en su enorme mayoría decidió darle la espalda a la reacción y los dejó solos en su asonada. Porque la campaña de ataques callejeros en medio del descalabro económico, junto con una ofensiva mediática rabiosa, no fueron suficientes para confundir y hundir en la desesperación a las clases populares, que mostraron reservas de una conciencia democrática, antioligárquica y antimperialista que lleva años de gestación pueblo adentro. Porque la “masiva participación” en el plebiscito trucho no se la creyeron ni los propios organizadores que, ante el primer revés, se fracturaron como ha ocurrido todos estos años. Porque, al contrario suyo, el campo democrático y antimperialista en Venezuela tiene fuertes diferencias internas, pero sigue unificado en el rechazo a volver al yugo de la oligarquía aliada a los yanquis. Porque -a pesar de los límites, y a diferencia de la mayoría de los países de la región-, la democracia que defiende el pueblo trabajador venezolano está construida con un nivel de protagonismo popular desconocido para casi todos los pueblos del continente.

La amplia participación en la elección de constituyentes -pese a los numerosos atentados contra centros de votación durante la jornada- fue la confirmación del fracaso destituyente, y la inmediata puesta en funcionamiento de la Asamblea Nacional Constituyente (ANC) marcó una vuelta de página luego de cuatro meses de ofensiva política por parte de lo más antinacional y antipopular de la sociedad venezolana.

La embestida desde afuera

El combate no se desarrolla sólo fronteras adentro de Venezuela. Todos los gobiernos de la región han fijado posición al respecto, y algunos van más allá. Por un lado se destacan los gobiernos de Cuba y Bolivia por sus definiciones respecto a la defensa del gobierno venezolano y la condena de todo intento golpista o intervención extranjera. En la vereda de enfrente se amontonan en torno al libreto injerencista de la Secretaría de Estado de los EEUU, los gobiernos más antipopulares y antidemocráticos del continente para dictar sentencia sobre la “dictadura” en Venezuela. Un presidente como Temer en Brasil, que no fue votado más que por el puñado de delincuentes que lo acompañó en el parlamento luego de tumbar a Rousseff. Un títere del imperialismo yanqui como Peña Nieto de México que gobierna sobre una pila de cadáveres de campesinos, estudiantes, obreros y periodistas, de cuyos crímenes es responsable. Un socio del narcotráfico y los paramilitares como Santos en Colombia, que no es capaz de plantear una queja siquiera por la siete bases militares yanquis que tiene en su territorio. Personajes como Cartés en Paraguay o Bachelet en Chile, que gobiernan apoyados en las constituciones de Stroessner y Pinochet sin que les provoque ninguna contradicción. Y por supuesto Mauricio Macri, preocupado por la vigencia de los derechos humanos en Venezuela mientras ajusta y despide trabajadores, reprime las luchas populares y desaparece a Santiago Maldonado. Estos son los demócratas sensibilizados con el sufrimiento del pueblo venezolano, que colaboran con la situación expulsando a esta nación del Mercosur.

Como decíamos, los libretistas del ala más radicalizada de la burguesía intervencionista venezolana y de este coro de lamebotas yanquis, residen en Washington. Primero, el Director de la CIA, Mike Pompeo: “La CIA está dando lo mejor de sí para entender la dinámica en Venezuela para que podamos comunicársela a nuestro Departamento de Estado y a otros. Acabo de estar en Ciudad de México y en Bogotá, hablando exactamente sobre este tema, intentado ayudarles a entender las cosas que podrían hacer para obtener un mejor resultado para su rincón del mundo y nuestro rincón del mundo". Luego, el 1º de agosto, el Secretario de Estado de EEUU, Rex Tillerson, anunció que "estamos evaluando todas nuestras opciones para crear condiciones donde o bien Maduro decida que ya no tiene futuro y quiera marcharse por voluntad propia, o nosotros podamos hacer que los procesos gubernamentales en Venezuela vuelvan a lo que marca su constitución”. Fiel a su estilo, el presidente de EEUU, Donald Trump, luego de anunciar sanciones económicas para Maduro y una serie de funcionarios de su gobierno, fue al grano: “No descartamos la opción militar para Venezuela”. Si bien la verborragia prepotente del residente en la Casa Blanca puede no ser un anuncio concreto e inmediato, corresponde recordar las anteriores “exportaciones de libertad y democracia” a suelo libio, sirio o iraquí.

Frente a este panorama surgen tareas inmediatas para los sectores democráticos, antimperialistas y revolucionarios en Venezuela y en toda la región. Por un lado asumir en primera persona la defensa nacional frente a cualquier intento intervencionista de los EEUU y sus aliados. Para esto ya están convocados los “Ejercicios Soberanía Bolivariana 2017” el 26 y 27 de agosto, que involucran no solo al pleno de las Fuerzas Armadas Nacionales Bolivarianas, sino también al conjunto de las milicias populares de Venezuela. Simultáneamente, mientras transcurren las sesiones de la ANC, y apoyados en la recuperación de la iniciativa política, es necesario intervenir en dirección a tomar medidas urgentes en defensa de los trabajadores y el pueblo: acabar con todo pago de deuda externa, cortar de raíz las bases materiales de la burguesía desestabilizadora y pasar esas propiedades a control de los obreros, nacionalizar la banca, el comercio exterior y las cadenas de distribución para resolver de inmediato la provisión de alimentos, medicinas y todo artículo de primera necesidad, encarcelar a todos los dirigentes políticos, judiciales y empresariales involucrados en la reciente sedición. Esta es la agenda que tiene que plantearse la ANC, de lo contrario se transformará en un pasatiempo que distrae la atención y dilapida los esfuerzos por instalarla. Junto con esto, se impone la necesidad de estar en estado de alerta y movilización en todos los países de la región, en defensa de la soberanía y la autodeterminación del pueblo venezolano y en apoyo a su lucha por la liberación nacional y social, contrarrestando en las calles el accionar de los gobiernos que preparan el terreno para una intervención imperialista.


Publicada originalmente en PRML Argentina

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