Venezuela | 5 de febrero de 2010
Fuente: Resumen Latinoamericano http://www.resumenlatinoamericano.org/
Un manifestante levanta un muñeco que representa al mandatario Hugo Chávez, ayer durante la conmemoración del aniversario del fallido golpe de Estado contra el socialdemócrata Carlos Andrés Pérez, que catapultó hace 18 años al entonces teniente coronel hacia la fama y luego a la presidencia.
Caracas, 4 de febrero. Si hace 18 años el teniente coronel Hugo Chávez hubiera tenido esos aviones de combate que hoy sobrevuelan el Fuerte Tiuna, otro gallo le hubiera cantado. Pero no. El golpe de Estado contra Carlos Andrés Pérez –responsable del caracazo entre otras linduras– fracasó. Por ahora, dijo Chávez en la televisión de 1992, y fue a prisión. Siete años después ganó la presidencia de Venezuela con 56 por ciento de los votos. Once años más tarde, Chávez conmemora aquella fecha, con una concentración que se transmite en cadena nacional, en el mismo lugar donde fue traído, preso, cuando le aplicaron la misma medicina, en abril de 2002, mediante el golpe de Estado que la justicia venezolana llamó vacío de poder.
La manifestación es convocada a las ocho de la mañana. Los chavistas comienzan a reunirse a esa hora, pero inician la larga marcha al campo militar al filo del mediodía. Chávez habla hasta las tres de la tarde.
Antes, toma el juramento del nuevo ministro de Defensa, general Carlos Mata, en una ceremonia que incluye aviones, trajes de gala, una espada del libertador Simón Bolívar y los aviones referidos surcando el aire de Caracas.
Condecoraciones
En la misma ceremonia, Chávez impone la condecoración 4 de febrero de 1992 a varios militares que lo acompañaron en la intentona golpista de aquel año. Hoy, muchos de ellos son altos funcionarios del gobierno central o los departamentales.
Al frente del templete, cientos de soldados saludan a su nuevo jefe y al comandante de la revolución. A los costados, cientos de miles de chavistas con sus camisetas rojas sudan el intenso sol caraqueño.
"Pueblo y fuerza armada avanzan hacia el socialismo", reza la enorme pancarta a espaldas del presidente y la cúpula militar.
¡El pueblo es al soldado como el agua al pez!, como diría Mao Tse Tung, grita Chávez, y los miles aplauden gritan vivas y responden con cantos a las consignas de la oposición. Varios centenares portan camisetas que aluden a la fecha que se conmemora: 4F, el amanecer de la esperanza.
En la transmisión en cadena nacional, el 4 de febrero de 1992 es el Día de la Dignidad o bien de la rebelión cívica militar.
Chávez explica: “Hoy, 18 años después, nosotros estamos aquí con la frente en alto, pues cumplimos con una jornada necesaria, inevitable. Salimos detrás de un juramento, detrás de un compromiso. El caracazo, el 27 de febrero de 1989, fue la gota que derramó el vaso, una rebelión popular provocada por el pueblo azotado por el hambre y la pobreza extrema que llegó a más de 40 por ciento y el atropello de aquellos gobiernos que no escuchaban al pueblo, que seguían la consigna de Rómulo Betancourt de ‘disparen primero y averigüen después”.
El Intumbable y las reinas de belleza
En el Metro, los trenes escupen y escupen chavistas toda la mañana. Dado que los puntos de concentración están en la misma línea, camisas rojas y camisas blancas se topan en andenes y vagones, y se dan un trato civilizado. Se agarran del mismo tubo, por ejemplo, un rojo cuya camiseta dice Uh ah, Chávez vencerá, y una blanca, con el letrero de la Universidad Católica de Santa Rosa. Todo en paz, aunque queda la duda de por qué la revolución bolivariana hace agua en el sector estudiantil.
Ha habido políticas equivocadas hacia los jóvenes venezolanos, admite el diputado y ex guerrillero Daniel Hernández. Nos hemos dirigido más a los barrios, hacia los sectores más empobrecidos. La riqueza petrolera, además, ha generado patrones de consumo distorsionantes que afectan sobre todo a las clases medias.
En ademán de rascarse la cabeza, alude a uno de los rasgos del alma venezolana, consumidora de cosméticos y cirugías como ninguna otra: El rito de las reinas de belleza acaba con un año de trabajo con la juventud.
Mientras los estudiantes muestran esa carencia de la revolución o esa distorsión del oro negro, los chavistas se bajan dos estaciones antes y salen al mar de camisetas rojas que inundan el lugar, a las calles que arden llenas de puestos de fritangas, cocos fríos, paletas y toda la iconografía de la revolución bolivariana.

Las camisetas de diseños estrambóticos con la imagen de Chávez no tienen tanto éxito como un muñequito de plástico que los ambulantes lanzan al aire y siempre cae parado. Tiene la cara de Chávez, naturalmente, y se llama El Intumbable.
A ver a El Intumbable también han venido algunos jóvenes, unos de la UCV, la mayoría de las nuevas universidades creadas por el gobierno revolucionaria. Venimos a apoyar al presidente, dice Marina Pérez, de la Universidad Bolivariana, quien es de la idea que los estudiantes opositores están mal, porque Chávez nos ayuda con las escuelas y las becas, completas, mientras algunos de sus compañeros se divierten subiéndose a los tanques de la Avenida de los Próceres, dentro del Fuerte Tiuna.
Cuando Chávez habla, la euforia es total.
"Sigan tratándolo, pues, de tumbar el gobierno revolucionario con las manitos blancas, sigan tratándolo, nunca lo van a lograr, porque si nos buscan por el camino de las armas aquí estamos nosotros, con la espada de Bolívar, dispuestos a batirnos donde sea por la libertad de Venezuela, por la revolución bolivariana, no se equivoquen con nosotros".
Chávez no ve enemigo pequeño, porque insiste en referirse a ellos, además de pronosticar un gobierno, con él o sin él pero de la revolución, hasta el año 2030. La suya de 1992 sí fue una verdadera rebelión, dice: "No estos cuatro hijos de papá de la burguesía. ¿Qué pretenden ellos apoderarse de esa condición heroica de estudiantes? Estudiantes verdaderos son los hijos del pueblo, los verdaderos estudiantes, los luchadores, la juventud, no los hijos de la burguesía, empujados por el imperialismo, empujados por la aristocracia venezolana para tratar de derrocar a este gobierno".
Más o menos a esa hora, la policía desaloja a los jóvenes escuálidos que se han desplazado hacia la Plaza Venezuela. No con espadas, sino con un carro antimotines que lanza agua, vulgo ballena. Aunque son muy pocos, la policía les regala las tomas para que sigan siendo héroes en Globovisión.

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