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Alejandro Vergara - Gabriela Márquez | CEIS*

Aportes políticos-tecnológicos para comprender y superar la corrupción en los procesos revolucionarios | Parte II

Venezuela | 13 de enero de 2020

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Alejandro Vergara - Gabriela Márquez | CEIS*

Según el Diccionario de la Real Academia Española corromper es alterar y trastrocar la forma de algo, echar a perder, depravar, dañar o pudrir algo. Los componentes léxicos de la palabra son el prefijo con- (junto, globalmente) y rumpere (quebrar, partir, hacer pedazos, estallar). Otra acepción de la palabra se refiere a la práctica especialmente en organizaciones públicas, consistente en la utilización de las funciones y medios de estas en provecho, económico o de otra índole, de sus gestores. Se puede decir que el primer sentido es más filosófico y el segundo más pragmático, ambos ligados a la desviación.

Cuando el capitalismo enajena el trabajo desvía la esencia de la producción para la vida, procurando más bien la destrucción de la misma. Aún inmersos en este sistema capitalista, los gobiernos de tendencia socialista en Latinoamérica han representado la demanda de los pueblos de tener oportunidades para vivir dignamente, adelantando programas políticos que pretenden una distribución justa del trabajo y su producto, contrapuestos al programa del capital que pretende el robo indiscriminado de la riqueza.

¿Cómo cuidar los procesos revolucionarios nuestroamericanos de corrupciones-desviaciones? Acá un planteamiento que pretende ayudar a responder esta pregunta: la mayor desviación de los procesos revolucionarios es la cooptación de sus cuadros por la lógica del capital reproduciendo la corrupción-robo en el hacer de la política.

Refiere el método leninista que se “toma” el poder político, refiriéndose al control del Estado en manos de los trabajadores y trabajadoras, para dominar sobre la burguesía y construir estructuralmente una nueva sociedad, donde el bien preciado sea el trabajo y no el robo. Bien sabemos que, por historia colectiva, desde la experiencia soviética, pasando por la cubana, la china, la vietnamita, y más cercanamente la venezolana y latinoamericana, este planteamiento se enfrenta a diferentes condiciones materiales y subjetivas según el caso, y se da con diferentes expresiones y resultados. Lo que sí es claro es que tomar el Estado y ejercer su Poder en retracción de su esencia original (cuidar el robo de los capitalistas) es una odisea llena de contradicciones.

Vale referir acá el concepto de Estado. Desde la concepción marxista, se plantea la sociedad de clases y se sostiene que la clase que domina ejerce el poder a través del Estado, estableciendo una dictadura para la clase dominada, siendo en el capitalismo la burguesía la clase que domina motivada por la acumulación de riquezas y para lo cual enajena de su producción a la clase trabajadora. Esto puede ser una concepción reducida, considerando que el Estado viene mutando, la burguesía ha moldeado sus instrumentos, sobretodo a través de las tecnologías de información y comunicación; sin embargo, la motivación es incólume: acumular riquezas.

Las sociedades se han venido construyendo bajo esta dictadura, que muchas veces legitima esos robos y muchas otras los mantiene ocultos. Por ejemplo, la idea en el sentido común de que los empresarios son ricos porque han trabajado suficiente se puede decir que es una falacia que lxs trabajadorxs aceptan cierta, siendo este el mayor de los robos (véase capital acumulado de las principales empresas en el mundo). Hacer legítima esta idea pasa por separar al obrero de su producción, este no reconoce cuán importante es el trabajo del conjunto de trabajadores para lograr el producto, ni cómo el patrón se hizo de las máquinas que posee. Primer punto: Que la clase dominada desconozca la realidad es fundamental para dominar, en otras palabras que la clase trabajadora no tenga conciencia de sí.

Aquellos que reconocen y se atreven a cuestionar este modo de producción son, si no anulados con la aplicación directa de violencia, cooptados. Las organizaciones de trabajadores se expresan en líderes y lideresas cuya motivación, desde el punto de vista marxista, es luchar por pasar a dominar sobre la clase burguesa (establecer la dictadura del proletariado”) hasta superar la sociedad de clases. En el proceso, muchos de los individuos que emergen de esta lucha son cooptados por el sistema. Segunda punto: Aún con conciencia de clase, los individuos pueden caer en las trampas del sistema, ser corrompidos.

El segundo punto, de la cooptación, resulta de interés especial para el caso venezolano, partiendo de la idea de que en el proceso Chavista un sector de los dominados y dominadas se armó de conciencia de clase, y a su vez una parte de este sector detenta el poder del Estado; sin embargo, se ve incapacitado para revolucionar las estructuras y por tanto orientar el ejercicio del Poder en el sentido de pasar a dominar sobre la burguesía para controlar y distribuir el ingreso y la producción nacional según los intereses comunes del Pueblo. Asumir desde la individualidad o desde pequeños grupos tamaña tarea es sencillamente arar en el mar. Los representantes asumen el Estado su campo de batalla y a los modos que les enseña el sistema dan una lucha estéril y terminan siendo corrompidos resolviendo sus necesidades individuales, o corrompidos por alterar los fines del poder que detentan.

Para abordar este planteamiento, parece importante referir la historia aparente de las organizaciones de trabajadores y/o líderes sindicales que se entregan a la lógica de la negociación con el patronado, muchas veces con la esperanza de ganar, cuando no hacen más que desvirtuar la lucha de clases y por tanto desmovilizar al movimiento. Refiriéndose a la negociación en las organizaciones de trabajadores como modo de pensar y de actuar, Casanova escribe:

La mediación como negociación y la represión negociada se convirtieron en elementos fundamentales para la ‘resolución de conflictos’. Los propios trabajadores aprendieron a presionar para negociar y en el juego muchos de ellos sufrieron presiones o represiones con la esperanza de ganar. Algunos “se vendieron” y otros perdieron la libertad y la vida. La negociación se volvió de todos modos la filosofía de la política sindical y partidaria del ‘mal menor’, en amplios sectores de clase de la sociedad capitalista (...) Constituyó toda una ética de la política de los trabajadores organizados de la clase obrera y ‘los sectores medios’ politizados. Reducirla a fenómenos de traición y corrupción llevó a no comprenderla como reestructuración de la lucha de clases. Aislarla de las luchas y negociaciones de colectividades organizadas impidió hacer una crítica de la cultura de la negociación en que la corrupción se instituye con costos que representan altos beneficios para los empresarios, y ‘muy aceptables’ para sectores o líderes más o menos reducidos de trabajadores. La solución de los intereses personales o clientelistas –junto con la corrupción y la cooptación– se vuelven estructurales en los cargos de representación colectiva.

Ahora bien, en un esfuerzo por transformar este diagnóstico en aportes al método revolucionario, hacemos la pregunta ¿qué elementos hacen que sea factible la cooptación de los liderazgos?

En la medida que el individuo-representante se distancie de la colectividad se distanciará en lo estratégico; y esa distancia crece con dos factores. El primero de ellos es la carencia o debilidad de mecanismos de participación permanente y directa del colectivo en la elaboración de los criterios determinantes para la toma de decisiones; permaneciendo las formas establecidas basadas en la discrecionalidad, donde al arbitrio de un representante quedan decisiones que modifican la realidad del común.
El segundo de los factores, una forma bien elaborada del capital para “negociar”: la aceptación de privilegios. El Estado cuenta recursos suficientes para atender con lujos a camarillas de gestores, que aun representando organizaciones socialistas que condenan discursivamente la corrupción se pueden ver seducidos por el placebo de satisfacer “necesidades” particulares. Muchas veces estos privilegios son naturalizados y pocos se atreven a cuestionarlos con el pretexto cómodo de que la brega de representar requiere de ciertas facilidades para lograr los objetivos comunes.

Para abordar el primer factor, evidentemente se requiere de la invención creativa de mecanismos de participación efectivos para la colectivización de la política. Ahora, para el segundo factor bien podría decirse que es un problema ético; sin embargo, con el abordaje del primer factor también se restringe el progreso de los privilegios. Con la efectividad de los instrumentos que la colectividad tenga para planificar y evaluar, así como seguir y orientar los liderazgos o representaciones, se dificultará la creación de grupos e individuos privilegiados.

En términos de control, asunto del Estado, lo determinante para los fines de los trabajadores es el control de la base a las direcciones y no de las direcciones hacia la base como suele practicarse; podría llamarse esto un auto-control, pues significa que el colectivo cuide sus intereses aun con las diversas representaciones que necesite; frente a esto aparece la transparencia como un valor esencial hacer viable que la colectividad cuide sus intereses, oriente sus liderazgos y enfrente conscientemente las luchas.

Definitivamente, las revoluciones deben volcar los métodos, estructuras y herramientas de gestión, pues los que existen responden a la hegemonía del capital, y así asumen la discrecionalidad y los privilegios como formas naturales. La construcción de la denominada democracia participativa y protagónica tiene que ver con este volcamiento y nuestros aportes están en la instrumentalización de esta, convencidos y convencidas de que promover la transparencia, como valor en la política, es lucha de nosotros y nosotras (pueblo trabajador) a quien de manera máxima le conviene la verdad.

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