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Alejandro Vergara - Gabriela Márquez | CEIS*

Aportes políticos-tecnológicos para comprender y superar la corrupción en los procesos revolucionarios | I

Venezuela | 9 de enero de 2020

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Alejandro Vergara; Gabriela Márquez | CEIS*

En el mundo que nos encontramos entender lo nacional-local pasa por comprender el contexto mundial-global, signado por el sistema económico del capitalismo, que ha creado sus estructuras políticas y por ende las formas y técnicas de ejercer el poder. Así mismo, para entender cualquier fenómeno de la sociedad en la que vivimos debemos comprender el sistema económico que impone en su lógica de funcionamiento sus valores para subsistir. Por lo tanto, para definir la corrupción es menester examinar la hegemonía ideológica de la cual no hay siempre conciencia.

En los términos de Robert Cox, “las fuerzas sociales dominantes” califican lo que es y lo que no es corrupción y señalan a los que son y no son corrompidos. Como en el caso latinoamericano que, para golpear la moral de los movimientos progresistas y socialistas que arribaron al poder a comienzos de siglo XXI, utilizando la corrupción como punta de lanza y con maniobras jurídicas enlazadas a este argumento, han logrado deslegitimar gobiernos que representan este movimiento (a Dilma en Brasil; a Cristina en Argentina, a Evo en Bolivia, a Correa en Ecuador, a Chávez en Venezuela). La razón de la discusión que aperturamos no es defender la “pureza” de estos gobiernos, sino analizar cómo el robo, la mentira, la trampa y por tanto la corrupción es un valor del sistema del capital y cómo arropa intenciones y esfuerzos de construir alternativamente un sistema basado en el trabajo y no en el robo; así como proponer formas para construir la victoria de la sociedad del trabajo.

En el neoliberalismo actual son muchos los “expertos” en corrupción. Existen fundaciones como Transparencia Internacional, quienes son patrocinados por las Naciones Unidas, el Banco Mundial y los gobiernos conservadores para que funjan como los especializados en medir la corrupción de los Estados. El problema es que mientras aumentan las “preocupaciones” no solo crece la corrupción que se considera delito sino la que se da para la expoliación de riquezas más grosera en la historia de la humanidad, mediante la privatización y desnacionalización de recursos. Salir de una definición sesgada acerca de la corrupción implica precisar los nexos de ésta con los procesos actuales de dominación y acumulación del capitalismo, como los que se dan entre el crimen organizado y el capitalismo organizado.

La acumulación, mediante variadas formas de corrupción, es la principal característica del neoliberalismo globalizador. Por ello, cuando las fuerzas hegemónicas denuncian la corrupción lo hacen como un mal divorciado de las políticas del neoliberalismo. Los defensores de la democracia liberal, de la libertad de prensa y toda la máquina retórica del neoliberalismo, como el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional, apoyados por la clase política, las élites tecnocráticas y lo medios de comunicación, logran ocultarnos las dimensiones macro sociales de la corrupción y la voracidad neoliberal, distrayendo con batallas “contra la corrupción” milimétricamente acotadas al fenómeno delictivo del “sector público” de la economía, recurso que finalmente las grandes empresas y el imperialismo se apoderan.

De tal manera, la lucha contra la corrupción emprendida por la fuerzas dominantes es una pantomima para distraer a los pueblos y ocultar quiénes son los que saquean sus recursos. Se muestra a los funcionarios corruptos como los apoderados de la riqueza pública, siendo realmente las empresas multinacionales y el capital financiero quien se empodera de la misma. Afrontar este fenómeno, pasa por reconocer que los interesados en construir otra forma de organización de la sociedad y por tanto de la distribución y control de la riqueza, son los trabajadores y trabajadoras, quienes tienen por ganar su autogobierno. Así pues, enarbolar la bandera de la transparencia de manera antagónica a cómo el neoliberalismo detenta la de la corrupción, se vislumbra estratégico en el avance de la lucha de clases a favor de los dominados y las dominadas.

*Centro para la Investigación Social.

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