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Por Fernando de la Cuadra

Brasil: Redoblando la convicción en la lucha democrática

Brasil | 27 de diciembre de 2016

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El desastroso año de 2016 termina con su impronta trágica y lamentable, marcada por una arremetida de las fuerzas conservadores en diversos rincones del planeta. Y como corolario de una fase para olvidar, un gobernante ilegitimo e impopular viene a anunciar la reforma laboral, presentándola como un regalo de Navidad al pueblo brasileño, expresando sin ningún pudor su desprecio por el bienestar de los trabajadores y sus familias. Entre otras medidas esta reforma plantea la posibilidad de aumentar la jornada diaria de 8 horas a 12 horas, manteniendo el límite de 220 horas mensuales. Otra medida propuesta es la disminución de tiempo entre jornadas o tiempo de almuerzo, pasando de una hora para 30 minutos. El proyecto que debe ser ratificado por el Congreso, también considera el pago parcelado de las vacaciones en hasta tres veces, con valores proporcionales a los respectivos períodos, siendo que una de las fracciones debe corresponder al menos a dos semanas de trabajo.

No es por casualidad que el rechazo del presidente y especialmente del gobierno Temer en su conjunto sigue creciendo aceleradamente. Si se analizan las cifras de apoyo al gobierno y al propio Temer desde que fue aceptada la admisibilidad de la denuncia contra la presidenta Dilma y el vice-presidente Temer acabó instalado para asumir la presidencia interina del país a mediados de mayo, el índice de popularidad de Temer siempre fue muy bajo. Según la última encuesta realizada por Datafolha hace un par de semanas, el nivel de satisfacción de los brasileños con el gobierno Temer alcanza a solo un 10 por ciento, casi el mismo porcentaje que tenía en mayo (11 por ciento). En cambio la evaluación negativa del gobierno (malo o pésimo) subió 20 puntos porcentuales, desde un 31 por ciento en julio a los actuales 51 por ciento que mencionas. En esta misma encuesta, la gran mayoría de los entrevistados, el 63 por ciento, son favorables a la inmediata renuncia de Temer durante lo que queda del año para que se pueda convocar a elecciones directas para el período que resta de mandato. Es por cierto una posibilidad muy remota, pero es un buen indicador de cuanto la población desea la salida de Temer y su reemplazo por un presidente que cuente con la legitimidad que otorga el voto popular.

Aparte del casi inexistente carisma de Temer y de la corrupción que aqueja ostensiblemente a sus ministros, es indudable que junto con la mencionada reforma laboral, la reforma del sistema previsional y la voluntad de congelar los gatos para los próximos 20 años, son factores que inciden en una desaprobación in crescendo de su gobierno. A ello se puede sumar algunos proyectos de claro sesgo conservador, como la Escuela sin Partido o la tentativa fracasada de eliminar disciplinas como filosofía, sociología, artes y hasta educación física de la malla curricular de la enseñanza media.

Por otra parte, el gobierno ha iniciado el proceso venta de recursos naturales a corporaciones transnacionales, comprometiendo la soberanía de Brasil sobre dichos recursos. Específicamente en el caso de los hidrocarburos, Petrobras acaba de firmar un acuerdo con la petrolera francesa Total por un valor de 2,2 billones de dólares, que incluye la venta para explotación de los campos del pre-sal existentes en la Bahía de Santos. Dicho convenio es parte de una extensa lista de concesiones y ventas realizadas a favor de corporaciones multinacionales para la explotación de las reservas de hidrocarburos que se encuentran en el subsuelo territorial. Muchas de estas medidas no son conocidas por la población, aunque tanto la reforma de las jubilaciones como el techo del gasto público para las próximas dos décadas son cuestiones que afectan directamente la calidad de vida de los brasileños y por lo mismo son temas más prominentes a la hora de generar un debate sobre los derroteros del gobierno Temer.

Sumado a lo anterior, las disputas entre los diversos poderes y la desmoralización que sufrió el Supremo Tribunal Federal (STF) en el caso del senador Renán Calheiros dejan la sensación de que existe un total descrédito en las instituciones de la república por parte de la población. En términos muy resumidos, la ley establece que ninguna persona que está siendo juzgada en tribunales sea parte de la línea sucesoria del presidente en caso de ausencia, enfermedad, renuncia o impedimento. Renán Calheiros que es el segundo en la línea sucesoria después del presidente de la Cámara de Diputados (Rodrigo Maia) fue objeto de un recurso impetrado por el Partido PSOL para que fuese cesado en sus funciones de presidente del Senado, precisamente por una causa antigua que pesa en su contra y que fue recientemente sancionada por ese mismo STF. Entonces, ¿que resolvieron los miembros del máximo tribunal? Pues que Renán Calheiros podía continuar como presidente del senado, pero inhabilitado para ocupar en cualquier circunstancia el cargo de presidente interino, siendo por tanto eliminado por un pase de mágica de jurisprudencia de la línea sucesoria de la presidencia. Según la opinión de diversos especialistas en Derecho Constitucional esa decisión de los ilustres miembros del Supremo es inconstitucional y hace recordar otras decisiones polémicas de los ministros de la Corte.

Pero la abdicación del STF en su papel de velar y garantizar el cumplimiento de la constitución también se debe a motivos de interés corporativo del poder judicial. La “salvación” del senador Calheiros es también una carta de negociación que ha utilizado el Supremo para impedir la discusión de la ley sobre Abuso de Autoridad que se encuentra empantanada en el Congreso, debate que es fundamental para tratar de democratizar las instituciones y eliminar las injusticias cometidas no solo por los tribunales, sino que también por el conjunto de los agentes públicos que cuentan con prerrogativas especiales para hacer un uso arbitrario y desmedido de la ley. Y por último, pero no menos importante, el STF fue presionado por el presidente Temer para dejar en el cargo a Calheiros, pues el mencionado senador se había comprometido con el gobierno a llevar adelante la votación de la PEC 55 (congelamiento del gasto público), la cual fue aprobada finalmente por el Senado.

Las operaciones contra la corrupción y amenazas de la ultraderecha

Diversas voces esperanzadas han señalado que lo positivo de la operación Lava Jato y de otras como Zelotes, Calcuta, etc… es que representan un terremoto en la clase política y en la sociedad brasileña, situando el problema de la corrupción como un factor central a ser enfrentado para pensar cualquier posibilidad de desarrollo. Sin embargo, existen bastantes dudas con relación a si la clase política ha hecho su mea culpa y por la calidad deplorable de sus miembros y especialmente de los representantes del Congreso, la única alternativa que resta es continuar denunciando a todos quienes se encuentran envueltos en actos de corrupción. Y junto con ello, difundir la idea sobre la importancia de la participación y la emisión de un voto informado entre los electores. Un voto consciente y reflexivo podría eventualmente alterar la actual composición de fuerzas de este Congreso atravesado por intereses patrimonialistas y corporativistas del peor tipo.

En ese sentido, los innumerables procesos abiertos en contra de políticos, empresarios y altos ejecutivos de empresas estatales son una parte más de un fenómeno de descomposición de la clase política y de una rutina de escándalos que no parece acabar. Por lo mismo, existe un enorme riesgo que se fortalezcan aquellas posiciones más reaccionarias que se alimentan con esta crisis política y con la falta de credibilidad en los partidos y en las instituciones democráticas. Esto ya se puede observar en el crecimiento meteórico de figuras como Jair Bolsonaro, un ex militar apologista de la tortura y de la eliminación física de quienes se sitúan en la izquierda. El triunfo de Donald Trump y la ascensión de Marine le Pen en Francia, Nigel Farage en el Reino Unido o Frauke Petry en Alemania representan un peligroso viraje hacia la extrema derecha en el mundo y su impacto en un Brasil desorientado por la crisis no es un dato menor.

Junto con ello, pastores evangélicos ultra conservadores se han proyectado a partir de un número cada vez mayor de iglesias y grupos evangélicos que son conducidos como rebaños obedientes y acríticos de la realidad. Con un discurso simplista y “anti-político”, estos personajes que surgen en momentos de desajuste se presentan como seres mesiánicos que salvarán a la patria de todas las penurias causadas por políticos, empresarios y funcionarios de gobierno, discurso que es literalmente introyectado en electores cansados de ver como los recursos públicos se desvanecen entre las manos de políticos y administradores corruptos. Sectores del poder judicial también se han atribuido el papel de heroicos combatientes contra los enemigos de la patria, asumiendo en demasiadas oportunidades un protagonismo desmedido, haciendo uso y abuso de la norma jurídica que aplican arbitrariamente sobre quienes consideran sospechosos de infringir la ley. Ya no son necesarias las pruebas, ahora solamente bastan los indicios y los presentimientos, como declaró hace poco tiempo uno de los promotores de la operación Lava-Jato.

Los retos de la izquierda brasileña

Frente a este escenario, ¿que se vislumbra en el campo de izquierda como alternativa a un gobierno impopular? Lo primero, es que una parte importante de la izquierda brasileña se encuentra actualmente en un franco proceso de refundación, incluida aquella que está implicada en casos de corrupción. La cuestión es que una eventual alianza o frente unido de las izquierdas en este país debe superar años de discordias, luchas intestinas y fraccionamientos traumáticos entre sus huestes. Sin ir más lejos, el propio PT ha sido objeto de varios fraccionamientos internos y de la salida de importantes facciones y de militantes emblemáticos que han dado paso a otros referentes como el Partido de la Causa Operaria (PCO) formados por ex militantes de la corriente Causa Operaria que fueron expulsados del PT en 1991; el Partido Socialista de los Trabajadores Unificado (PSTU) que surgió en 1994 entre militantes de una vertiente trotskista; el Partido Socialismo y Libertad (PSOL) que se fundó luego de la salida de un grupo de importantes dirigentes del PT en 2004 y el Partido Rede Sustentabilidad, que surge oficialmente en 2015 con militantes que estaban en el PSOL, a los cuales se agregaron nuevos grupos que se escindieron del PT en el transcurso de los últimos años. Además, el PT mantiene todavía un importante sector que posee una filiación doctrinaria con el trotskismo internacional que se denomina Democracia Socialista (DS) y que en cualquier momento puede pasar a transformarse en un partido autónomo.

El Partido Socialista Brasileño (PSB) que había sido un aliado histórico del PT, participó en la aprobación del impedimento de la presidenta Dilma, lo cual también implicó que se originasen rupturas internas y la salida de figuras emblemáticas como su ex presidente Roberto Amaral. Por su parte, los sectores tradicionales de la izquierda del tronco comunista (PCB y PC do B) se encuentran relegados a una mínima expresión, producto también de fisuras internas a los largo de sus respectivas historias partidarias. Un partido que surgió del PCB inspirado por la experiencia renovadora o aggiornamento del comunismo italiano encarnado en el Partito Democratico della Sinistra (PDS) conformó el Partido Popular Socialista que actualmente es parte del gobierno Temer, inclusive con dos ministerios. Existe asimismo una gran variedad de corrientes de izquierda que dejan la sensación de un movimiento pulverizado y difícil de articular, cuyo único eje común está representado por la oposición al gobierno actual. Eso es muy poco si se desea construir un gran frente o bloque histórico (utilizando la expresión de Gramsci) para realizar las transformaciones que Brasil necesita.

La izquierda brasileña debe tener la generosidad para superar las odiosidades del pasado e intentar construir un frente amplio que permita no solamente elaborar una coordinación nacional -junto a los movimientos sociales- en el marco de una movilización activa contra el gobierno ilegitimo, así como debe fundamentalmente ser capaz de crear las bases de una alianza programática que permita consolidar las conquistas acumuladas en las últimas dos décadas y doblegar la embestida de los grupos conservadores que desean naturalizar la exclusión y la desigualdad.

Siempre la virada del año nos proporciona la oportunidad para enfrentar un nuevo periodo con renovada esperanza de que se producirán efectivamente los cambios que deseábamos para el año que nos deja. En el caso de 2016, esta posibilidad se torna aún más prominente considerando los eventos desastrosos y deprimentes que marcaron su paso por Brasil y el mundo. Sin lugar a dudas, este redoblamiento de las luchas democráticas debe pasar necesariamente por una reconstrucción del PT dado su papel protagónico en el escenario político de los últimos 36 años y porque pese a todos los ataques y procesos judiciales que vienen enfrentando sus principales militantes, el PT continua siendo el principal referente de una generación que aspiraba a construir un país más justo, inclusivo y democrático. Quizás la propia agonía en que se debate actualmente el PT, le permita reestructurarse radicalmente y recuperar la mística y los principios fundacionales que lo aproximen a otras fuerzas de izquierda que se han apartado del PT precisamente por el surgimiento de prácticas indeseables que ciertamente serán descartadas en la retomada de un esfuerzo colectivo que pretende encarnar la voz y los anhelos de los más necesitados.

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