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Por Katu Arkonada

Caso Zapata, entre el cuento chino y la conspiración estadounidense

Bolivia | 23 de mayo de 2016

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Por Katu Arkonada*

El llamado Caso Zapata ha quedado enterrado políticamente después de la comparecencia del Ministro de la Presidencia Juan Ramón Quintana en la Asamblea Legislativa Plurinacional. Se ha sepultado la mentira, y la verdad ha salido a la luz.

Ahora solo queda llegar hasta el final, respetando la acción de la justicia y la investigación de la Fiscalía, para determinar las responsabilidades de cada una de las personas involucradas en una conspiración que buscó, y tuvo un éxito parcial en la medida en que impulsó la victoria del No en el referéndum, erosionar la figura del Presidente Evo Morales.

Geopolítica de la mentira

Todos los golpes de este siglo XXI en América Latina han tenido dos características comunes, injerencia estadounidense y manipulación mediática. Desde el año 2002 en Venezuela cuando los medios de comunicación jugaron un rol fundamental en apoyar a los golpistas e incluso manipular imágenes, tanto para provocar enfrentamientos entre chavistas y opositores como para generar un clima de ingobernabilidad; a los actuales sucesos en Brasil donde la derecha nacional, articulada con la ultraderecha latinoamericana y el Departamento de Estado, ha contado con la impagable (mentira, serán bien recompensados) colaboración de la Red Globo en su intento de desprestigio y de construir una realidad (impeachment) a partir de mentiras (en torno a una Dilma contra la que no hay ninguna acusación seria, y mucho menos probada, de corrupción).

En el caso de Bolivia, el golpe mediático efectuado contra el proceso de cambio ha contado con los mismos dos ingredientes principales, la injerencia estadounidense, y la manipulación mediática por parte de un Cartel de la Mentira, un conjunto de medios de oposición que han complementado su accionar en la etapa decisiva del golpe, las semanas previas al referéndum constitucional para la repostulación del actual Presidente.

Después de un primer golpe anti-constituyente (2006-2007), un golpe cívico-prefectural (2008), un golpe terrorista-separatista (2009), y uno contras las organizaciones sociales (TIPNIS 2011 y 2012), se activa después de la victoria de octubre de 2014 un golpe mediático contra el proceso de cambio, pero sobre todo contra el elemento de equilibrio y cohesión del mismo, la figura del Presidente Evo Morales Ayma.

El timing no pudo ser mejor escogido, 3 semanas antes del referéndum del 21 de febrero. El actor escogido para dar inicio a la segunda fase de la conspiración, Carlos Valverde, un paramilitar de extrema derecha, ex Jefe de Inteligencia del Gobierno de Paz Zamora (MIR-ADN) que llego a estar preso en 1993 por tráfico de cocaína. Detrás de Valverde, el Encargado de Negocios de la Embajada de Estados Unidos en Bolivia, Peter Brennan.

La injerencia estadounidense en el Caso Zapata

¿Quién es Peter Brennan? El actual Encargado de Negocios es un personaje oscuro. Graduado en la Facultad del Servicio Exterior de la Universidad de Georgetown, llego a ser a mediados de los 90, Asistente Especial del Consejero de la Agencia de Información de los Estados Unidos (USIA). La USIA fue una de las agencias que se encargaban de dar cobertura a los agentes de la CIA en el exterior. Además de eso, fue Ministro Consejero en la Embajada en Managua, Nicaragua, para desmontar algunos de los logros del sandinismo, como el sistema de defensa montado durante la revolución; y también como Ministro Consejero llegó a la Embajada en Islamabad, Pakistán, pocos meses después del asesinato de Bin Laden en Pakistán por una Unidad de Operaciones Especiales de los Navy Seals de los Estados Unidos en coordinación con la CIA. Su siguiente destino sería Bolivia, pero antes de eso, entre 2010 y 2012, Brennan regresaría a Washington para hacerse cargo de la sección Cuba en el Departamento de Estado. Las fechas de la estancia de Brennan a cargo del escritorio Cuba coinciden, de manera milimétrica, con la puesta en marcha del programa Zunzuneo. Este programa, conocido como el “Twitter cubano”, fue un programa de la CIA desarrollado bajo la fachada de USAID, que pretendía montar una red de SMS en Cuba, en un principio bajo el inocente objetivo de informar a la población sobre temas culturales, deportivos, etc., para una vez puesta en marcha la red, enviar mensajes de contenido político para incitar a los usuarios de Zunzuneo a crear concentraciones masivas que pudieran desencadenar una “primavera cubana”.

No son casualidad, por tanto, las reuniones que se produjeron los meses antes entre Valverde y Peter Brennan, algunas de ellas admitidas por los propios implicados.

La conspiración estaba en marcha, y Brennan encontró en Valverde el operador perfecto para detonar el escándalo, sin dar tiempo al gobierno boliviano de poder realizar las investigaciones necesarias que aclararan el caso antes de la votación del 21 de febrero.

El Cartel de la Mentira

Pero la conspiración nunca hubiera podido alcanzar su objetivo contra el Presidente Evo sin la colaboración de un conjunto de medios con los que hubo una confluencia de intereses: el acoso y derribo a la figura de Evo Morales e impedir el triunfo del Sí en el referéndum.
A este conjunto de medios opositores, que decidieron dejar de lado cualquier ética periodística para hostigar con mentiras y calumnias durante 100 días, se le conoce como Cartel de la Mentira. Este cartel opositor está conformado por los diarios Página Siete y El Deber, la agencia de noticias Fides (ANF), y la red de radios Erbol. Tanto ANF como Erbol son empresas pertenecientes a la Iglesia Católica, propietaria de más de un centenar de medios de comunicación escritos, radiales y televisivos en las ciudades capitales de Bolivia. A este cartel hay que sumarle algunos francotiradores de la derecha boliviana que se han sumado a la campaña de acoso y derribo contra el proceso de cambio como Amalia Pando, Raul Peñaranda o Andrés Gómez Vela.

Pero la articulación entre la injerencia estadounidense y la manipulación mediática no se produjo por azar. Como ejemplo, la entrevista a Evo Morales publicada en el diario El Deber el 22 de enero de 2016, donde en un pasaje de la entrevista, le preguntan al Presidente:

ED: Alguna vez me contaron que tenía una novia, rubia, de 26 años.

EM: ¿Rubia? Rubia no. Nunca.

ED: ¿No le gustan las chocas?

EM: Me pueden gustar, pero no son de confianza, prefiero a mis hermanas del campo. Con ellas hay mucha más confianza.

ED: ¿Sigue sin novia?

EM: Usted sabe que tengo novia, ¿o no sabe? Mi novia es Bolivia.
¿Casualidad o causalidad que 2 semanas antes de las revelaciones de Valverde, pero ya después de las reuniones con Brennan, El Deber pregunte al Presidente por una novia rubia de 9 años atrás?
Después de la entrevista en El Deber y las “revelaciones” de Valverde, el pueblo boliviano ha sufrido 100 días de bombardeo mediático donde la búsqueda de la verdad era lo menos importante, siempre que se cumpliese un primer objetivo, llevar hasta el final la estrategia de fracturar el proceso de cambio y el apoyo del núcleo duro del mismo a la figura de Evo Morales Ayma.

El Clan Zapata

Pero la injerencia y manipulación necesitaban una historia que contar, y esa fue proporcionada, todavía no sabemos si voluntaria o involuntariamente, por Gabriela Zapata. La Sra. Zapata, personaje principal de una novela donde los actores secundarios son incluso más importante que los principales, pasó de ser una simpatizante del proceso de cambio en su juventud a una lobista que conformó una red criminal para tratar de ganar contratos multimillonarios que le permitieran cobrar una comisión, como denunció el propio Ministro de la Presidencia Juan Ramón Quintana. En esta trayectoria, terminó haciendo negocios de la mano de 2 abogados cuanto menos oscuros, Walter Zuleta y Eduardo León, que pareciera ser le aconsejaron utilizar con fines económicos la relación que había tenido en el pasado con Evo Morales. León, ex Director Jurídico de Pepelucho en su paso tanto por la Alcaldía como por la Gobernación, es un abogado con un proceso abierto por corrupción, que se ha destacado por tomar todos los casos que intentan golpear al gobierno, como el del Fondo Indígena. Zuleta, actualmente huido de la justicia, parece ser el nexo con los negocios turbios empresariales de Zapata.

Pero una historia montada en base a tantas mentiras no podía sostenerse mucho tiempo una vez cumplido el objetivo principal de provocar la derrota del Sí en el referéndum. El 10 de mayo, el Pleno de la Asamblea Legislativa Plurinacional aprobó por una mayoría de 2/3 el informe de conclusiones de la Comisión Mixta Especial de Investigación sobre los contratos que firmó el Estado con la empresa china CAMC, informe que descarta ningún tipo de tráfico de influencias por parte del Presidente Evo Morales hacia una empresa instalada en Bolivia desde antes de la victoria de Evo en 2005, y de la que Gabriela Zapata fue gerente 8 años después de su relación con Evo.

El 11 de mayo, el Juzgado segundo de la Niñez y Adolescencia de La Paz emitió una resolución (N° 135/2016) en forma de sentencia que determina la “inexistencia física comprobada del niño Ernesto Fidel Morales Zapata”, subrayando la “convicción en la suscrita juez que el tan reiteradamente mencionado niño no existe físicamente".
Poco después, el 16 de mayo, el narcoperiodista Carlos Valverde publica un tuit anunciando “He tenido acceso a información seria que confirma que el supuesto hijo de Gabriela Zapata Montaño y el presidente Morales no existe". Antes que eso, algunos medios como El Deber ya habían rebajado el tono de sus titulares y habían dejado de otorgarle portadas al Caso Zapata. El Caso Zapata se derrumbaba y los principales actores comenzaban a saltar del barco, no sin antes haber desestabilizado el proceso de cambio en un golpe más agresivo que los 4 golpes anteriores.

100 días de Caso Zapata; 100 días en los que Bolivia vivió el asedió de la Guerra de IV Generación; 100 días donde la disputa geopolítica entre Estados Unidos y China se hizo más presente que nunca en el tablero latinoamericano; 100 días que nos hicieron avergonzarnos de la oposición, política y mediática, boliviana.
1000 días para las elecciones de 2019 y ratificar la confianza del pueblo boliviano en un proceso de cambio y en un líder que cristaliza un proyecto político antiimperialista, anticolonial y anticapitalista.

*Militante del proceso de cambio boliviano
**Publicado originalmente en el semanario boliviano La Época

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