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El trasfondo de los acuerdos del COP16 en Cancún y la agenda de los movimientos sociales hacia el futuro.

¡Cochabamba sí, REDD no!

México | 13 de diciembre de 2010

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Terminó esta madrugada la 16 Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático (COP 16) en Cancún y mientras los representantes de las delegaciones oficiales estrechan sus manos con la satisfacción de la labor cumplida los movimientos sociales se preparan para enfrentar lo que acaba de sentenciarse: más desplazados ambientales, más refugiados tras el avance del monocultivo, más pérdida de cosechas, más desestructuración familiar y vulneración de los derechos humanos y naturales en sus territorios. El final vergonzoso y trasnochado de esta cumbre no logró ocultar las responsabilidades históricas que le corresponden a los países firmantes –prácticamente todos a excepción de la ejemplar Bolivia- que una vez más evitaron comprometerse en un acuerdo vinculante capaz de garantizar la reducción de emisión de gases de efecto invernadero, única salida real al calentamiento global.

Sin embargo, por debajo de las cumbres se desarrollaron dos espacios paralelos –el Foro Global por la Vida y la Justicia Ambiental y Social y el Espacio Mexicano- en los que diferentes movimientos sociales compartieron el debate y propusieron caminos alternativos a la crisis climática mundial. En ambos casos el énfasis estuvo puesto en señalar que lo que estamos atravesando no es simplemente una crisis climática sino que se trata de una profunda crisis civilizatoria que nos impone el desafío urgente de cambiar los cimientos de la sociedad petrolera y del sistema capitalista que encuentra en ella su sustento. Una consigna resumió el sentido de la lucha y las exigencias de los movimientos: “REDD no, Cochambamba sí”, es decir, rechazo a los sistemas de Reducción de Emisiones por Deforestación y Degradación (REDD) y apoyo a las propuestas acordadas en Cochabamba, Bolivia, en la Conferencia Mundial de los Pueblos sobre el Cambio Climático en abril pasado.

Falsas soluciones para el cambio climático, verdaderas soluciones para el capitalismo: los sistemas de Reducción de Emisiones por Deforestación y Degradación (REDD) y su significado en las discusiones climáticas.

El centro de la propuesta oficial se jugó alrededor de los mecanismos voluntarios de reducción de emisión de gases y de los sistemas compensatorios. Con respecto a estos últimos lo primero que debe destacarse es la lógica sobre la que operan: en lugar de comprometerse a dejar de contaminar, los países industrializados y sus empresas desembolsan dinero –generalmente en los países pobres- para compensar la contaminación que generan sus industrias. Estas compensaciones se realizan de diversas formas, siendo los sistemas de Reducción de Emisiones por Deforestación y Degradación (REDD) la más importante. Por eso muchas organizaciones ambientalistas señalan que en definitiva estos mecanismos permiten a las empresas comprar su derecho a seguir contaminando. Estos mecanismos parecen olvidar que si la temperatura aumenta dos grados más, cuestión muy probable en el corto plazo, o que si se continúa con el ritmo actual de deforestación, las consecuencias serán completamente irreversibles. Los indígenas, los campesinos y los activistas que participaron de los foros alternativos en Cancún, señalaron una cuestión aún más importante: la naturaleza no se puede vender; el agua, el aire o la biodiversidad no son mercancías.

En una carta firmada por el presidente boliviano Evo Morales Ayma, titulada La naturaleza, los bosques y los pueblos indígenas no estamos en venta, se sintetizan los aspectos fundamentales de los mecanismos REDD:

“Para evitar la deforestación algunos proponen mercantilizar los bosques con el falso argumento de que sólo se cuida y se conserva aquello que tiene precio y propietario. Su propuesta es tomar en cuenta sólo una de las funciones de los bosques, que es su capacidad de absorción de dióxido de carbono, y emitir “certificados”, “bonos” o “derechos de carbono” que se comercialicen en un mercado de carbono. De esta forma, las empresas del Norte podrán optar entre hacer reducciones de emisiones en sus países o comprar “certificados REDD” en países del Sur según su conveniencia económica.

A través de este mecanismo los países desarrollados traspasan su obligación de reducir sus emisiones a los países en vías de desarrollo, y el Sur una vez más volverá a financiar al Norte ya que esa empresa del Norte se ahorrará mucho dinero comprando “certificados” de carbono de bosques del Sur.

Pero no sólo harán trampa con sus compromisos de reducción de emisiones, sino que además darán inicio a la mercantilización de la naturaleza empezando por los bosques. Los bosques pasarán a tener precio por la cantidad de toneladas de C02 que son capaces de absorber. Los “bonos” o “derechos de carbono” que certifican esa capacidad de absorción serán vendidos y comprados como cualquier mercancía a nivel mundial.

Para asegurar que nadie afecte la propiedad de los compradores de “certificados REDD” se instaurarán una serie de restricciones que acabarán afectando el derecho soberano de los países y los pueblos indígenas sobre sus bosques y las selvas. Así comenzará una nueva etapa de privatización de la naturaleza nunca antes vista que se irá extendiendo al agua, la biodiversidad y lo que ellos denominan “servicios ambientales”.

Mientras nosotros afirmamos que el capitalismo es la causa del calentamiento global y de la destrucción de los bosques, la selva y la Madre Tierra, ellos buscan ahora expandir el capitalismo a la mercantilización de la naturaleza con el denominativo de “economía
verde”.

Para conseguir el apoyo a esta propuesta de mercantilización de la naturaleza algunas entidades financieras, gobiernos, ONGs, fundaciones, “expertos” y empresas intermediarias están ofreciendo un porcentaje de los “beneficios” de esta mercantilización de la naturaleza a los pueblos indígenas y a las comunidades que viven en los bosques nativos y la selva.

La naturaleza, los bosques y los pueblos indígenas no estamos en venta.
Por siglos los pueblos Indígenas hemos vivido conservando y preservando los bosques nativos y la selva. Para nosotros los bosques y la selva no son objetos, no son cosas que uno puede poner precio y privatizar. No aceptamos que se reduzca a los bosques nativos y selvas a una simple cantidad mensurable de carbono. Tampoco aceptamos que se confunda los bosques nativos con simples plantaciones de una o dos especies de árboles. Los bosques son nuestro hogar, son la casa grande donde coexisten plantas, animales, agua, suelo, aire puro y seres humanos.”

La agenda de los de abajo: los acuerdos de la Conferencia Mundial de los Pueblos sobre el Cambio Climático de Cochabamba.

Después del fracaso de la COP15 en Copenhague, varias organizaciones, gobiernos y sobretodo pueblos del mundo se plantearon que era necesario construir un acuerdo real de los pueblos y se reunieron en abril en un encuentro mundial sobre los derechos de la Madre Tierra y el cambio climático. Esta conferencia contó con la participación de más de 35.000 personas de 142 países de todo el mundo para colectivamente ir construyendo las “miles de soluciones verdaderas hacia Cancún”, para atacar las verdaderas causas del cambio climático y no sólo sus efectos.

Conversamos con Luís Alberto Andrango, presidente de la Confederación Nacional de Organizaciones Indígenas Campesinas y Negras del Ecuador (FENOCIN), durante el Foro Global por la Vida, la Justicia Social y Ambiental organizado por la Vía Campesina en Cancún, para conocer las propuestas de aquel evento en Cochabamba.

- ¿Cuáles fueron las conclusiones de la Conferencia Mundial de los Pueblos sobre el Cambio Climático en Cochabamba, Bolivia, en abril pasado?

- La primera cuestión importante es que no sólo necesitamos cambiar el clima sino que primero es necesario cambiar el sistema. La reflexión colectiva en Cochabamba señala que el cambio climático es el efecto de un sistema de producción que se ha profundizado desarrollando toda una concepción de consumismo y de mercantilización de nuestros recursos naturales, y por eso apunta en primer lugar a lograr construir las bases de otro sistema que empiece a respetar de mejor forma a la Madre Tierra. A partir de esa reflexión empiezan a plantearse algunas soluciones reales.

- Hablanos sobre esas soluciones alternativas…

- La primera es toda esta propuesta de que somos los campesinos y las campesinas del mundo quienes enfriamos el plantea, lo cual apunta a combatir toda esta lógica del agronegocio recuperando a la vez la agricultura de la vida, la agroecología campesina. Como un segundo tema de reflexión vemos que el cambio climático es tan contradictorio porque los países que nos llevaron a esto son los más desarrollados pero las soluciones que ellos intentan construir afectan principalmente a los países más pobres que son además los que más están sufriendo los efectos del cambio climático. En este sentido sale la propuesta de construir los tribunales climáticos internacionales, es decir, espacios en los cuales se analice quienes son los países que mayores niveles de emisión de efecto invernadero están generando, estableciéndose así una corresponsabilidad que obligue a quienes más contaminan a ser los más comprometidos con las soluciones para el cambio climático.

- ¿Los países industrializados aceptarían tal compromiso?

- Empieza a verse que hay muy poca voluntad de parte de estos países desarrollados para asumir este compromiso, por eso se plantea la construcción de una Consulta Mundial sobre el cambio climático. Ahora, tras el fracaso de esta nueva cumbre, se está planteando con más fuerza que esto no puede quedar en manos de los gobernantes sino que tiene que ser parte de una discusión más profunda donde participen los pueblos del mundo. En esto se basa la propuesta de la consulta mundial sobre los derechos de la Madre Tierra.

Finalmente se lanza en Cochabamba una propuesta fuerte de rechazar las falsas soluciones: los mercados de carbono, la REDD, los agrocombustibles… porque no resuelven profundamente las causas de este gran reto que tiene no Bolivia, no Ecuador, no México, sino toda la humanidad.”

A partir de estas propuestas se ha redactado la Declaración Universal de los Derechos de la Madre Tierra que plantea que así como el siglo XX fue el siglo de los derechos humanos, el siglo XXI debe ser el de los derechos de la Madre Tierra. Entre ellos se encuentran el derecho a la vida de la Madre Tierra, el derecho a la regeneración de su Biocapacidad, el derecho a la vida limpia y el derecho a la armonía y el equilibrio con todos, entre todos y con todo. Todas estas propuestas fueron llevadas a la COP16 por el gobierno boliviano pero los países miembros de las Naciones Unidas se negaron a incluirlas en los debates. Bolivia ha seguido solitariamente el mandato de los movimientos sociales que afirmaba que es preferible no tener acuerdo antes que firmar una declaración que lave las manos de los principales culpables del colapso climático.

Alternativas sobran… falta voluntad política

Durante los 7 días de debates, proyecciones y conversatorios que duró el Foro Global por la Vida, la Justicia Ambiental y Social, y el Espacio Mexicano, los espacios alternativos al COP en Cancún, quedó claro que hay alternativas reales al calentamiento global y que los sujetos fundamentales son los pequeños agricultores, campesinos y campesinas, indígenas y productores del campo. “Las verdaderas alternativas parten de la soberanía alimentaria, es decir, de la capacidad de generar nuestros propios alimentos a partir de nuestros conocimientos ancestrales y en función de los territorios propios, de la soberanía energética, que es el pueblo al frente del manejo de la naturaleza” nos decía Luís Enrique Noura del Movimiento Sin Tierra de Brasil. “Brasil es el país que consume más agroquímicos en el mundo, cada brasilero consume 5,3 litros de agroquímicos por año. Nosotros como Vía Campesina lanzamos una campaña contra los agrotóxicos pero el gobierno brasilero apoya el agronegocio”, completa el dirigente y agrega la necesidad de profundizar la reforma agraria que se ha estancado durante los gobiernos de Lula: “el gobierno de Lula no considera a la reforma agraria como una política social para el desenvolvimiento del país, no expropia a los terratenientes sino que les compra las tierras y no hay dinero para pagarle a los terratenientes, entonces la reforma agraria en Brasil no está avanzando”. Los informes de la Vía Campesina afirman que en este país se ha expulsado a 5 millones de campesinos de sus tierras para crear el espacio para los monocultivos de exportación.

“Hemos decidido venir aquí porque creemos que hay que denunciar las injusticias que están haciendo los gobiernos, las reuniones que se han hecho a espaldas del pueblo para continuar con las políticas neoliberales que atentan contra nuestra vida comunitaria y contra nuestras organizaciones, que tienen que ver con la explotación desmedida de los bosques, con la contaminación que ellos han producido y que jamás nos han consultado” expresaba Dolores Sales de la Coordinación Nacional Indígena y Campesina de
Guatemala (CONIC). “Las Naciones Unidas se rigen por las políticas de las transnacionales, nunca nos han escuchado a nosotras, por eso hemos decidido construir alianzas con otros pueblos en este Foro.” Y nos decía: “Nosotros tenemos que desarrollar la agricultura campesina a pequeña escala y la producción diversificada respetando los tiempos de descanso de la Madre Tierra, hay que respetar lo que la Madre Tierra produce en cada región, si son frutas tropicales serán frutas tropicales, si son verduras de tierra fría, esa será la producción, nos tenemos que acostumbrar a convivir con la tierra. Lo otro es la soberanía alimentaria, que es el derecho que tienen los pueblos a producir sus propios alimentos, el derecho a la alimentación y a la decisión sobre la producción. Y finalmente se necesita la reestructuración agraria, hacer producir las tierras que están en manos de los terratenientes y acabar con el monocultivo. Tenemos que recuperar la Madre Tierra., le están dando mal uso, sobreexplotación, la están enfermando con los químicos y los pesticidas. Los pueblos indígenas estamos planteando el Sumak Kawsay, el Buen Vivir, el vivir en equilibrio”

Rafael Alegría, dirigente del Frente Nacional de Resistencia Popular de Honduras, también compartía el diagnóstico y el camino de las soluciones reales desde abajo: “Para nosotros el mecanismo llamado “REDD” no es una solución, para nosotros no hay otra solución de parte de las empresas transnacionales ni de los países ricos más que detener esta gran expansión de la industria capitalista que es la principal responsable de las emisiones contaminantes. Por otro lado, de nuestra parte, la solución es fomentar la agricultura campesina que consume hasta 80 veces menos energía que la agricultura industrial. El cambio climático no es un problema del clima sino del sistema capitalista mundial que pretende el control absoluto de la tierra, el aire, el agua. Ese es el problema fundamental que tenemos. Por eso estamos exigiendo la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero, la conformación de un tribunal ambiental, un plebiscito mundial sobre los derechos de la madre tierra y además exigimos la no intervención del Banco Mundial y el Fondo Monetario en la crisis climática que estamos viviendo.”

En la declaración final de la Vía Campesina los movimientos sociales afirmaron que antes que un mal acuerdo es preferible un no acuerdo. Las falsas soluciones además de mentirosas son peligrosas, juegan con el porvenir de la humanidad y de la Madre Tierra. Por el otro lado, las Naciones Unidas acordaron dejar afuera a Bolivia, sellando una negociación que reedita el fracaso de Copenhague. Frente a la indiferencia de los gobiernos, nuestros movimientos sociales nos convocan a movilizarnos y a construir nuestros territorios desde abajo, con la lucha y el compromiso que los saberes ancestrales nos señalan.

Fuente: Sebastián Levalle y Luciana Levin para ALBATV

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