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Por Sergio Sánchez

Como recomponer nuestras fuerzas

Venezuela | 29 de diciembre de 2015

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Como recomponer nuestras fuerzas

Por Sergio Sánchez

La Revolución Bolivariana, desde la proclama del Jardín Botánico del Presidente Chávez se orientó estratégicamente hacia el camino Socialista. Esto significaba una transformación en las tres dimensiones donde se libra la confrontación de proyectos de clases antagónicas, a saber, la dimensión Económica, la dimensión Política y dimensión Cultural-Espiritual de la sociedad.

Marx sostuvo que “la Política es la expresión concentrada de la Economía”, en tanto esta se orienta por una concepción de la organización de la sociedad para producir y repartir lo producido. Es decir, si el programa que rige nuestro pensamiento (consciente o inconscientemente) establece que debe existir la división social del trabajo, o lo que es lo mismo, una producción sin participación intelectual de los trabajadores, dirigida solo por los “gerentes”, entonces también estaremos de acuerdo en que el ejercicio de la política debe ser esencialmente Representativo, la revolución debe estar dirigida por un buró que dictamina cual es el rumbo y el ritmo correcto, como se ejecuta y quienes son los “apropiados” para dirigir el estado y el Proceso. En otras palabras, la conciencia debe estar en manos de los directores porque estos garantizan la revolución.

Si por el contrario, creemos que la orientación estratégica de la producción y la distribución de lo producido deben ser democrática y realizarse por todos los trabajadores físicos e intelectuales, directos e indirectos, entonces también estaremos de acuerdo con que la dirección política del proceso debe ser democrática y garantizar el control autónomo sobre la gestión del estado. Es decir, la conciencia debe ser de todo el Pueblo pues este garantiza la irreversibilidad del proceso.

En unos textos muy poco conocidos de Carlos Marx, Los Grundisse, este sostiene que en última instancia lo que determina la irreversibilidad de una revolución es la superación de la División Social del Trabajo. Es decir, aquello que planteo Chávez como la tarea más importante de la revolución en los próximos años, su irreversibilidad, está determinado según Marx, por la superación de la división Social del trabajo. Se refiere aquí Marx a superar la sociedad donde unos mandan y los otros solo les corresponde obedecer, enajenando así su poder creativo, castrando su conciencia y convirtiendo de hecho a las masas en soldados.

Fidel Castro planteó a principio de los 2000 que la Revolución Cubana solo era derrotable por los propios Cubanos, desde adentro, refiriéndose a las posibles desviaciones internas del proceso que se podrían presentar, y para evitar esto llamo a la “Batalla de ideas”, es decir, a un profundo debate en todos los espacios de la sociedad sobre la salud del proceso revolucionario, a profundizar la democracia revolucionaria, la crítica (no solo como posible negación sino como análisis exhaustivo de la realidad).

Por otro lado, El Ché se pregunta en el prólogo de sus Apuntes Críticos a la Economía Política de la URSS “¿Por qué un cuadro de dirección… hace trabajar… administrativamente mejor a todo el conjunto de sus empleados, o por qué da participación a todos los empleados de manera que estos se sientan con una nueva tónica, con un nuevo entusiasmo de trabajo… ?”, se responde el mismo diciendo “Nosotros no hemos hallado respuesta todavía…”. El Che no conoció los Grundisse pues fueron traducidos al español luego de su muerte. No conoció el planteamiento de Marx sobre la necesidad de superar la División Social del Trabajo.

Quizás la respuesta a estas preguntas que se hace El Che las encontramos en la sicología, en las tesis de Lev Vygotsky sobre el desarrollo de la conciencia. Este sostiene que el ser humano solo hace consciente aquellas cosas que están en el “desarrollo próximo” de su conciencia, es decir, aquellas cosas a las cuales se está enfrentando, que está tratando de resolver. Solo enfrentándose a problemas se hace conciencia de la realidad. Es decir, los cuadros de dirección a los que se refiere El Che tenían tiempo enfrentándose a los problemas de la producción, del liderazgo, de la conducción de masas y de la construcción de la unidad revolucionaria, por lo tanto podemos afirmar con Vygotsky que esta experiencia concreta con la realidad les permitió hacer consciente su papel en la producción y llevarla a feliz término.

¿Podemos entonces lograr la irreversibilidad del proceso bolivariano, es decir, el desarrollo colectivo de la conciencia sin permitir que las masas se involucren en la construcción permanente de las políticas de la transición socialista?. Dicho de otra manera ¿Garantizamos la irreversibilidad del proceso dejando solo en manos de la burocracia del viejo estado las decisiones, la evaluación y el control de la gestión revolucionaria?

¿Tiene toda esta dimensión de la conciencia planteada por Marx, el Che, Fidel, Chávez y Vygotsky alguna relación con la derrota electoral que acabamos de sufrir el 6D pasado?

La mayoría del Pueblo Venezolano apoyo la opción de la MUD o dejó de votar por las fuerzas Revolucionarias. Algunas tesis sintetizan todo en falta de conciencia y lealtad del Pueblo con la Revolución. Otras tesis plantean que la Guerra económica pudo más que la conciencia de las mayorías. Ninguna de estas ubica la responsabilidad en la dirección. Culpan al boxeador contrario del derribo que nos hicieron en el rin, culpan al público, a los ayudantes pero no asumen que era un rin de boxeo y debíamos prepararnos mejor para la pelea. Lo cierto es, que desde aquella frase que Fidel le dijo a Chávez, “en Venezuela no puede haber cuatro millones de oligarcas” hasta hoy, ya la oposición pasó de los ocho millones de adherentes. Esto no es cualquier cosa ni una simple cifra electoral. Tenemos que preguntarnos ¿Es que podemos derrotar al Capitalismo y construir el Socialismo, o lo que es lo mismo, transformar las Relaciones Sociales de Producción Capitalistas con la mitad de la población en contra y otro tanto sin querer apoyarnos?, ¿Y Además, hacerlo en un país que está experimentando el quiebre del modelo del Capitalismo Rentista Dependiente y también del Capitalismo Rentista de Estado?

No faltará quienes pretendan resolver todo con discursos panfletarios y llamando a cerrar filas contra los opositores y los traidores. No hay mejor receta para sufrir una derrota estratégica en este momento que el sectarismo y la soberbia. Por el contrario, es momento de máxima humildad, de la crítica pública y fraterna como lo ordenó Chávez en el Golpe de Timón, de la reflexión profunda y colectiva, del debate democrático. Es momento de convencer en vez de imponer, como claramente lo dijo Chávez en el Golpe de Timón.

Sin duda la crisis económica que estamos atravesando fundamentalmente por el crack del modelo rentista obliga a todo el país a repensar como recuperar nuestra viabilidad económica, que no es otra que desarrollando el aparato productivo. Sobre este asunto medular trataremos en otra oportunidad. Ahora bien, debemos afirmar con responsabilidad que la situación económica tiende a agravarse con la caída de los precios del Petróleo y que el desarrollo de nuestras Fuerzas Productivas no se logra en corto plazo. Este futuro difícil nos obliga a prepararnos organizativamente para nuevas contiendas políticas con condiciones económicas desfavorables, es decir, resulta vital para la revolución convencer a la mayoría del Pueblo de que debemos aguantar esta crisis en revolución, porque solo a través de ésta podremos construir un país estable y soberano económicamente. ¿Pero como hacer esto si ya hemos denunciado debilidades en los niveles de conciencia de buena parte del electorado?

Nuestro Pueblo viene igualmente haciendo reclamos, especialmente por la situación económica, pero también por problemas estructurales que mencionó recientemente el Presidente Nicolás Maduro como la Corrupción, la ineficiencia, el sectarismo, las imposiciones, la elitización y burocratización de los dirigentes así como la falta de humildad de los mismos. Es decir, tenemos presente una crítica profunda a la dirigencia del PSUV y a la dirigencia del Estado. Si coincidimos con el Presidente Maduro en la crítica que planteó, es inevitable una reestructuración del PSUV, para lo cual será necesario convocar a un nuevo Congreso amplio y democrático, que no sea un espacio de funcionarios del estado sino de líderes regionales y locales.

Necesitamos pues trazar una línea estratégica que nos permita resolver los problemas de conciencia y participación, por un lado y por el otro, la recomposición de la dirección del proceso a todo nivel. De lo acertado y oportuna de esta dirección dependerá el destino de este proceso.

Si, como dijimos anteriormente, la conciencia solo se logra con la participación del Pueblo vinculándolo a la construcción de soluciones de los problemas de la sociedad, respetando su participación y decisiones, fomentando la democracia a todo nivel, éste es también el camino para la reconstitución de la dirección del Proceso, esa que necesitamos argumentando y debatiendo en las asambleas populares del porque necesitamos construir una nueva economía en Revolución, explicando y enriqueciendo la nueva propuesta económica, defendiendo con convicciones, ideas y respeto los principios humanísticos del Socialismo, reconociendo los errores que se han cometido, dando ejemplos de ética, respeto y amplitud.

Podemos concluir que necesitamos abrirnos a esa batalla de ideas que convocó Fidel, a la autocrítica publica que exhortó Chávez, a que superemos la lógica del “orden y mando” que nos invitó Marx, a que construyamos la democracia revolucionaria, la de la participación y el protagonismo. Esto implicará, por supuesto, la necesaria autocritica de la Dirección actual y la salida de aquellos elementos que nos ha hecho mucho daño y que desmoralizan e inmovilizan a las fuerzas motrices de la revolución.

El Presidente Nicolás Maduro tiene la oportunidad de oro para profundizar el proceso con la democracia revolucionaria, invirtiendo la subordinación del Pueblo a la burocracia del estado, subordinando esta última al partido y no al revés. Poniendo en práctica el Centralismo democrático que está en nuestro libro Rojo.

Presidente, juéguesela con las bases, no permita que la burocracia ahogue con su arrogancia y soberbia este proceso, que lo aísle de las fuerzas motrices. Vamos a derrotar la democracia burguesa que redunda en autoritarismo a lo interno del Proceso. Seguro estoy que podemos hacerlo.

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