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Exigen libertad de para la machi Francisca Linconao

Comuneras mapuche ocuparon la Catedral de Buenos Aires

Argentina | 13 de diciembre de 2016

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Foto: Resumen Latinoamericano

El frente de la Embajada de Chile en Argentina apareció cubierto de pronto con banderas mapuche y pancartas que sintetizaban una urgente demanda: lo que está ocurriendo con la machi Francisca Linconao es una verdadera injusticia. Anciana, enferma y acusada de un delito que no cometió esa mujer de rostro tranquilo espera en una oscura prisión de Temuco, territorio mapuche bajo conquista del invasor chileno, que las autoridades de ese país descarguen sobre su cuerpo una condena de tres decenas de años de cárcel. Tal castigo es producto de la aplicación por parte del gobierno Bachelet de la Ley Antiterrorista por ella promulgada y aplicada con saña a decenas de prisioneros y prisioneras mapuche.

Esta nueva tragedia de las tantas que se han abatido sobre ese pueblo comenzó en marzo de este año, cuando diez comuneros mapuche y la Machi Francisca fueron detenidos por el caso Luchsinger-Mackay, un empresario y su esposa, que fallecieran tras un incendio producido en la mansión en que vivían. Como suele suceder en el territorio mapuche militarizado por los carabineros chilenos, frente a cualquier protesta los primeros en ser criminalizados son los hombres y mujeres jóvenes, a quienes se acusa con el racismo en la punta de la lengua. En esta ocasión, no dudaron en apuntar a varios de los detenidos como “culpables de homicidio” y en la redada tampoco tuvieron escrúpulos para detener a la machi, quien además de ser una autoridad religiosa se caracteriza, como todas sus iguales, en dirigir los ceremoniales de curación de su pueblo. Es decir, una mujer buena y pacífica, solidaria y hermana de los más necesitados a la que con su detención se quiso dar un mensaje de terror sistémico,

De allí que la movilización de este lunes en Buenos Aires, buscaba visibilizar aún más lo que los medios hegemónicos ocultan, y también generar una opinión entre las propias izquierdas que a veces, dentro de sus luchas reivindicativas cotidianas, descuidan causas como la de los Mapuche o pueblos similares.

“Marici weu” gritaba levantando el puño Moira Millán, lideresa llegada desde el sur de Argentina para acompañar a sus compañeras de lucha Ingrid Conejero y Juana Linconao, hermana de Francisca. “Marici weu”, respondían decenas de voces, conocedoras que en lengua mapudungún dicha consigna significa; “Diez veces venceremos”, reafirmando así la necesidad de autodeterminación de un pueblo que ha hecho de la rebeldía una forma de vida.
Junto a militantes de distintas organizaciones populares argentinas, estaba también allí el escritor y periodista Osvaldo Bayer, quien a sus casi 90 años y desafiando un sol que al mediodía rajaba la tierra, no podía faltar para testimoniar su adhesión a las tres valientes mujeres y “a tan noble causa como es la de este pueblo que siempre ha sufrido atropellos”. Bayer de eso sabe y mucho, ya que investigó durante años sobre la aplicación de fórmulas represivas por parte del ejército argentino en la Patagonia contra chilenos y mapuche indistintamente.

Después de entregar un petitorio en la Embajada, exigiendo la libertad de Francisca, “mujer importante, mujer-medicina, mujer sagrada de nuestro pueblo”, los manifestantes se autoconvocaron nuevamente para una hora después a fin de efectivizar una acción que aumentara la presión a la que estaban dispuestas las tres luchadoras mapuche.

Así fue que lograron penetrar nada más y nada menos que a la Catedral porteña, situada en la histórica Plaza de Mayo, y con la fuerza que les da la razón plantearon que procedían a “hacer una ocupación pacífica” de la misma hasta que fueran recibidas por el Arzobispo de Buenos Aires, Monseñor Mario Poli, máxima autoridad eclesiástica de la ciudad. ¿Con qué objetivo? Buscar que el sacerdote fuera una vía directa de contacto con el Papa Francisco, para que se comprometa en el caso de su tocaya mapuche. “Sabemos que el Papa ha intercedido en el caso de otros presos y nos parece importante que la Iglesia Católica que tanto nos ha castigado durante siglos, no mire a un costado en esta ocasión. La machi está gravemente enferma y no es posible que el Papa no pida por ella”, expresó Moira Millán, mientras Ingrid Conejero, aportaba que “hemos llegado hasta esta Capital para hacer la denuncia” y por eso exigía que las autoridades eclesiásticas (que estaba a sólo 20 metros de la Catedral, en el edificio de la Nunciatura) se dignara a escucharlas.
Como respuesta a sus reclamos, en principio, lo único que consiguieron las tres mujeres fue una continua presión policial, que una y otra vez preguntaban “hasta cuando se van a quedar”, “que vienen a buscar” y en algunos casos, amenazando con abrir una causa judicial “por usurpación de domicilio”, lo que provocó risas entre las hermanas mapuche y un puñado de acompañantes. Dos periodistas de Resumen Latinoameicano estuvieron allí y pudieron confirmar la serenidad y firmeza con que las tres mujeres reiteraron a quienes oficiaban de intermediarios con el Arzobispo, que “era muy poco lo que a él le costaba trasladarse, comparado con los miles de kilómetros que los mapuche debieron hacer para que alguien los pudiera escuchar.
Finalmente, después de cuatro horas horas de tire y afloja, y ante la insistencia del Arzobispo que les dio garantías de que recibiría a una delegación de seis personas, el grupo salió de la Catedral y entró en la sede de la Nunciatura, donde Monseñor Poli y el Obispo Auxiliar Enrique Eguía, se desvivieron por mostrar un rostro complaciente con “los pueblos aborígenes”, así los nombraron, y viendo que ni Juana, ni Ingrid ni Moira estaban dispuestas a ceder en sus objetivos, finalmente el Arzobispo se comprometió a hacer llegar la carta al Papa a la brevedad.

Ya en la calle y entre nuevos gritos de victoria, las lideresas mapuche explicaron a un grupo de manifestantes que de aquí en más hay que redoblar los esfuerzos para que la machi salga en libertad y que lo mismo exigirán para todos los y las presas mapuche que luchan para que las trasnacionales extractivistas dejen de destruir sus sitios ancestrales y enfermar con sus venenos a niños y jóvenes.


Fuente: Resumen Latinoamericano

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