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Por Luis Salas Rodríguez

¿Dakazo reloaded o devalued?

Venezuela | 15 de noviembre de 2017

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Foto: Archivo.

El pasado 12 de noviembre en su programa dominical, el presidente Nicolás Maduro anunció el arranque de una nueva “ofensiva cívico-militar” contra la especulación y el acaparamiento. Según dicho anuncio, en la madrugada del lunes 13 estarían los cuerpos de fiscalización junto a los de seguridad y los CLAP inspeccionando los locales. Se dijo también que “iría preso quien tuviera que ir preso fuera quien fuera”. Y que todo producto encontrado con sobreprecios sería comisado y vendido al “precio social” (sic). Ese fue el titular de más de un periódico a la primera hora de dicho lunes. Sin embargo, transcurrida la mañana y todo el día nada finalmente ocurrió.

El llamado del presidente Maduro hizo revivir de momento para muchos el recuerdo o el fantasma –dependiendo de la opinión que se tenga al respecto– del dakazo de 2013. Y es que, en efecto, el anuncio llegó justo cuando se cumplen hace ya cuatro años de la primera “contraofensiva económica”. La misma se hizo justo después de la solicitud por parte del presidente Maduro de poderes habilitantes a la Asamblea Nacional a fin de luchar contra la corrupción y “acabar con la guerra económica”. Para la opinión pública quedó registrada tal acción como “el dakazo”, dado que la famosa importadora Daka fue uno de los epicentros emblemáticos de la misma.

El dakazo, en su momento, se erigió en una victoria económica y política del gobierno, pues, entre otras virtudes, tuvo la de liberar a la población tanto de secuestro de la especulación de precios y el acaparamiento en sí, como del ideológico de las “explicaciones” que más que explicar sirven para justificar y naturalizar la delincuencia económica. Gracias a esta acción la gente pudo salir a comprar en paz y disfrutar la navidad, lo que por cierto, también benefició a un gran número de comerciantes. Por esta razón, no son pocos quienes la extrañan y vieron con agrado que el presidente anunciara medidas similares.

Pero también hubo quienes se asustaron o manifestaron su desacuerdo. La presidenta de CONSECOMERCIO por ejemplo, salió presurosa a afirmar que “los comerciantes no son culpables de los altos precios” (incluso dejó entrever que eran más bien las víctimas principales). Y es que dado todo lo ocurrido desde entonces, lo que incluye la satanización de los controles de precios, el dakazo quedó como una suerte de excentricidad y acto desesperado de “populismo” chavista, como una demostración de la ignorancia en materia económica de un proyecto político aferrado a la absurda idea de que la economía se puede regular.

Paradójicamente, al parecer es en el seno del alto gobierno donde este convencimiento mayoritariamente se ha arraigado. Y esto se concluye del hecho de que más allá de acciones esporádicas, la línea de acción privilegiada desde entonces ha sido la liberación de los precios, hasta el punto del desmantelamiento de hecho de la política de controles operada en la actualidad. Ya lo dijimos una vez: quienes argumentan que para acabar con la inflación hay que desmontar el control de precios, al parecer no hacen mercado y por tanto no se han enterado de que el mismo ya no existe.

Convencimiento que, como decía, no deja de ser paradójico, dado que la única política de precios que al gobierno le ha funcionado para detener la especulación, es la misma de la cual parece alejarse cada vez más para asumir la que menos le ha funcionado.

¿Sirvió de algo el dakazo?

Desde luego, dado que desde finales de 2015 no se publican cifras oficiales, esta aseveración luce no muy rigurosa, pues no puede validarse o desmentirse recurriendo a tales cifras como es el deber ser. Pero dada la gravedad de la situación que vivimos, tal validación, en buena medida, es irrelevante. Como dijimos: basta con intentar comprar cualquier cosa para darse cuenta.

Por otra parte, dado que el dakazo fue a finales de 2013, con las cifras publicadas hasta 2015, alcanza para demostrar el punto. Al final de cuentas, por más que no se conozcan los indicadores, es sabido que desde principios de 2016 hasta la fecha los precios no han hecho sino subir a un ritmo cada vez más veloz. Veamos:

Como se puede constatar en este gráfica, extraída del informe económico del BCV para el año 2014, la variación anualizada del INPC tuvo una marcada tendencia a la baja durante el año 2012 hasta principios de 2013, si bien –como veremos en la próxima gráfica– la variación intermensual durante el segundo semestre de 2012 tuvo tendencia al alza, dado sobre todo la ocurrencia de las presidenciales en octubre de dicho año. Sin embargo, desde comienzos de 2013, la variación anualizada se dispara particularmente tras la muerte del presidente Chávez, marcando para finales de ese año más del doble que la del inmediato anterior.

Pero obsérvese cómo a finales de 2013, como resultado del dakazo, la tendencia alcista se detiene y revierte, lo cual se ve de manera más clara en la siguiente gráfica de la variación intermensual del INPC extraída del mismo informe:

Nótese que a principios de 2013 el rally inflacionario-especulativo desatado por el agravamiento y posterior muerte del comandante Chávez, sumado a la devaluación de comienzos de ese año, el llamado a elecciones para abril y el desconocimiento violento de las mismas por parte de la MUD, se detiene luego de pasada la violencia. Sin embargo, se dispara de nuevo entre agosto y septiembre, lo que motiva el dakazo. La contraofensiva del gobierno frena y revierte la tendencia alcista en el último trimestre del año. El chavismo gana las municipales de diciembre, e inclusive logra sentar a la MUD a negociar, incluyendo a Capriles, lo que no fue poca cosa dada su negativa a reconocer al gobierno como legítimo. Pero inmediatamente se desata el plan La Salida convocado por Leopoldo López y viviremos los 6 meses de violencia guarimbera de 2014. Una vez más, cuando cesa la violencia, a mediados de dicho año, cae de nuevo el INPC. No obstante, remonta hacia el segundo semestre. Lo que motiva una nueva “contraofensiva” antiespeculativa de mucho menor empuje, pero que igualmente hará retroceder la inflación. No obstante dicho retroceso volverá a revertirse en 2015, siendo que ese año se registra la variación del INPC más alta hasta entonces reconocida: 180.9%, desplazando al 103% de 1996. Estamos hablando, como es sabido, del año del descalabro electoral de las parlamentarias. De más está decir que los índices de 2016 y 2017 deben ser mucho mayores.

A propósito del último comentario, valga aclarar que lo ocurrido desde 2013 con los precios constituye una contratendencia más que marcada a la observada desde 1999. De hecho, independientemente de lo afirmado por sus críticos, la inflación durante los años de gobierno del presidente Chávez –como veremos en la gráfica siguiente– es en promedio anual menos de la mitad que la de la década inmediata anterior, siendo que prácticamente logra llevarla a los niveles iniciales de los años 80 y finales de los 70, que es cuando comienza a presentarse la inflación como problema en Venezuela. Valga recordar también, por cierto, que los años 90 fueron los de la aplicación de los planes antiinflacionarios consistentes en “liberar” los “controles” a la economía –de precio, cambios, etc.:

Valga aclarar, adicionalmente, antes de pasar a nuestras conclusiones sobre el dakazo, que las caídas pronunciadas del INPC después de sus valores pico en 1989 (81%) y 1996 (103,2%), son, como afirman los economistas neoliberales y convencionales, un reflejo del “éxito” de las políticas de liberación. El detalle, como hemos afirmado reiteradamente, es que dicho “éxito” consiste en causar un shock de precios tal, que empobrezca a las familias y el consumo se contraiga, lo que desestimula el alza de precios (con todo lo que esto implica), lo que desde luego no significa que estos bajen.

Ahora sí, ya para cerrar, remitiéndonos a la confirmación que arrojan los indicadores, a cuatro años del dakazo, podemos concluir para la discusión al menos lo siguiente:

1. Pese a su descrédito actual y la afirmación de lo contrario por expertos de todos los colores, e incluso voceros oficiales, las políticas de control y activa regulación por parte del Estado han sido las más efectivas para detener procesos especulativos-inflacionarios.

2. En cambio, las de liberación y ajuste recurrente de precios han tenido más bien el efecto inverso.

3. La única forma en que un proceso especulativo-inflacionario se “resuelva” con medidas de liberación de precios, es, como afirmamos ya, permitiendo que el aumento generalizado de estos genere un shock por contracción del consumo de las familias, es decir, empobreciéndolas hasta que se alcance el “punto de equilibrio”, con todo lo que eso implica desde el punto de vista político y económico.

4. No existe ni un solo caso registrado en la historia de salidas equilibradas ni justas (por más relativo que pueda ser este término) de procesos hiperinflacionarios sin que haya mediado una activa intervención del Estado. De la misma forma, si algo demuestra la historiografía económica, es que lo que ha sacado a los países de las crisis (incluyendo a Estados Unidos y Alemania, por citar dos potencias hipercapitalistas) no es el “libre” juego de la oferta y la demanda ni una menor intervención de los gobiernos, sino justo lo contrario.

5. El economista norteamericano y Premio Nobel 2008 Paul Krugman, suele decir que los gobiernos (en especial los denominados “progresistas”) suelen sufrir de “exceso de timidez” en la aplicación de sus políticas: “la constante tendencia de unos responsables políticos que tienen ideas en principio buenas a poner en práctica medidas que se quedan a medio camino, y el modo en que esta timidez termina saliendo mal, desde el punto de vista político e incluso económico”. Asumiendo que se trata de un juego de palabras con el conocido razonamiento neoliberal según el cual la inflación es causada por exceso de liquidez monetaria, cabría decir que la inflación en Venezuela tiene un fuerte componente de “exceso de timidez” a la hora de aplicar medidas tendientes a combatirla.

6. El anuncio del presidente Maduro, de iniciar una nueva ofensiva contra la especulación, es positivo, siempre y cuando no se tome como una medida espasmódica ni se cometan los mismos errores que en anteriores ocasiones. Sin embargo, el recule del primer día indica más bien que no se ha aprendido la lección. Por otra parte, quienes tengan la tarea de llevar a cabo la operación deben ser conscientes de al menos tres cosas.

7. La primera es que al no existir, más allá de la mera formalidad, ningún tipo de precios oficiales, es cuanto menos complejo establecer a cuál precio es correcto vender y a cuál no, es decir, cuándo está especulando un comerciante o cuándo no. Más allá del hecho práctico de la venta del bien en sí, se trata este de un tema jurídico, en la medida en que implica la posibilidad o no de determinar cuándo alguien está violando o no una ley de precios justos que la práctica del propio gobierno ha dejado sin efecto. Esto ya lo advertimos a propósito de la puesta en funcionamiento del Plan de Abastecimiento Complementario en octubre del año pasado.

8. La segunda, es que luego del dakazo, la especulación de precios sufrió una transformación importante. Y es que en aquella ocasión fue sencillo demostrarla, pues los comerciantes simplemente remarcaban un precio de venta muy por encima del natural de mercado a la hora de vender. Sin embargo, dada aquella experiencia, aunque el remarcaje no ha desaparecido, en lo más esencial se ha desplazado a la estructura de costos, en la medida en que los comerciantes y productores y/o importadores lo que hacen es inflar las estructuras de costos de forma de “justificar” el precio final sin tener que violar la ley. Por otra parte, sabido es que muchos distribuidores (como por ejemplo los camiones de la empresa Polar) cobran diferenciales de precios de sus mercancías en efectivo y muy por encima de lo que marcan las facturas y órdenes de entrega, lo que implica que el comerciante que las recibe paga más por ellas de lo que aparece reflejado. Sin embargo, a la hora de una fiscalización, como esto se hace “en negro” y de forma clandestina (por más que se haga a plena luz del día) de esto no se hallarán pruebas.

9. Por último, aunque no menos importante, al anunciarse este nuevo dakazo en el marco de una transformación anunciada, pero todavía no efectuada, de la política de precios, de la cual se dijo consiste en pasar de la fijación unilateral al acuerdo con los agentes económicos, debe tenerse presente que, por definición, un acuerdo supone un compromiso entre partes, lo que a su vez implica el conocimiento de todos los involucrados de los términos de dicho compromiso, en este caso del precio “acordado”. Ahora bien, al momento en que se lancen los operativos, y en la medida en que los llamados Precios Acordados del Plan 50 aún no se conocen públicamente, los precios a los cuales se determine vender ¿serán los de la vieja y ya en desuso Ley de Precios Justos, o los resultantes del nuevo acuerdo? Si el caso es que sean los primeros, entonces no lo serán por mucho tiempo, pues ya se anunció que la lista de dichos precios está por publicarse, lo que implica que ni los consumidores ni los comerciantes los conocen, y por tanto, no los pueden practicar. Y si el caso es que son los segundos, entonces no pareciera tener sentido empezar las fiscalizaciones antes de publicados los precios acordados, dado no solo lo dicho en cuanto al desconocimiento generalizado de los mismos, sino además porque no existe ningún ordenamiento legal que obligue a vender a tales precios puesto que la ley respectiva aún no ha sido aprobada por la ANC. Es posible que haya sido esta la razón por la cual se frenaron a última hora las inspecciones.

10. En fin, como mencionamos en la sexta de estas conclusiones preliminares, nos parece saludable que el gobierno se haya decidido a dar respuesta al clamor popular de combatir la especulación y deseamos que todo transcurra en los mejores términos. Sin embargo, preocupa que se cometan errores ya cometidos y otros nuevos que conspiren –como suele suceder– contra la buena intención inicial. El balance del primer día ahonda todavía más nuestra preocupación.


Tomado de: 15 y último

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