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Por Pablo Siris

De cómo Alí se convirtió en Fausto

Venezuela | 27 de noviembre de 2018

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Quien en los últimos años hubiera visto de lejos al embajador venezolano en Cuba Alí Rodríguez Araque (Mérida, 9 de septiembre de 1937 – La Habana, 19 de noviembre de 2018) seguramente habría pensado que se trataba de una persona en extremo frágil. Pero ese efecto ocurriría solamente a la distancia. Si se hubiera acercado un poco, habría encontrado una mirada cálida, vivaz, inteligente, escrutadora, a veces incluso pícara. Y si Alí hubiera iniciado una conversación, una transmutación se habría desarrollado frente a los ojos sorprendidos de quien escuchara: habría aparecido el joven comandante Fausto, uno de los más celebres guerrilleros venezolanos.

Alí Rodríguez Araque murió en La Habana el pasado lunes a los 81 años llevando consigo el respeto y reconocimiento de generaciones de luchadores sociales y políticos de toda América Latina luego de hacer gala toda su vida de una honestidad intelectual sin límites.

Fue activo militante en las luchas estudiantiles que junto al pueblo venezolano hicieron caer la dictadura del general Marcos Pérez Jiménez el 23 de enero de 1958.

En 1961 se graduó como abogado en la Universidad Central de Venezuela e inició estudios de economía, fundamentalmente en la materia petrolera.

Militó en la Juventud Comunista y el Partido Comunista de Venezuela (PCV), organización de la que fue dirigente. Siguiendo lineamientos del Partido, se incorpora a la lucha armada con la que se enfrentaba al régimen surgido del Pacto de Punto Fijo, que había traicionado la lucha del pueblo venezolano por derrotar el autoritarismo y construir una auténtica democracia.

El pacto de Punto Fijo (llamado así, porque ese era el nombre de la casa en Caracas del dirigente socialcristiano Rafael Caldera) sentaba las bases para la entrega de Venezuela al capital monopolista imperial y un gobierno de coparticipación y reparto de la renta petrolera y del poder entre Copei (socialcristianos) y Acción Democrática (socialdemócratas).

Inmediatamente comienza una persecución salvaje contra los comunistas y otras fuerzas de izquierda, incluyendo el asesinato selectivo de sus cuadros, así como la tortura y la prisión ilegal de algunos de sus dirigentes, incluyendo legisladores votados en las elecciones de diciembre de 1958.

Ante ese estado de cosas, el PCV y otras organizaciones conforman las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional (FALN) y destinan a sus mejores cuadros a la militancia clandestina y la lucha guerrillera en la ciudad y en el campo.

Entre estos cuadros, se encontraba Alí Rodríguez Araque, quien para cumplir dicha tarea recibió entrenamiento militar en la Unión Soviética y quien -a pesar de que integraba la dirección de las FALN- decidió incorporarse como soldado raso con el seudónimo de Fausto.

Rodríguez Araque le relató el porqué de su sobrenombre a la periodista cubana Rosa Miriam Elizalde en una extensa entrevista publicada como libro en 2012 con el título Antes de que se me olvide:

“Era el nombre de un partisano, Fausto Cossu, “el Comandante Fausto” de la Resistencia Italiana, famoso por su participación en la guerra de guerrillas contra Mussolini y las tropas de ocupación nazis instaladas en Italia durante la Segunda Guerra Mundial. Es también el célebre protagonista del Fausto, de Goethe, lectura apasionada en los días del bachillerato en Barquisimeto. Hoy sigue siéndolo. En broma, cuando me preguntaban por qué había elegido este nombre, le decía a la gente “porque le vendí el alma al diablo” y porque no me preocupaba la muerte en lo absoluto. Lo cual no quiere decir, de ninguna manera que no ame la vida, si por ella es que luchamos. En el trasfondo del Fausto, está un drama de amor, vida y temor a la muerte”.

Cuando en 1965 se produce la división del PCV ante la disyuntiva de si continuar la lucha guerrillera o acogerse a un proceso de desmovilización, el grueso de los combatientes -incluyendo a Fausto- deciden permanecer en la montaña y fundan el Partido de la Revolución Venezolana (PRV) bajo el liderazgo del hasta ese entonces dirigente comunista Douglas Bravo.

El PRV se vio sometido a una serie de delaciones y rupturas, por lo que en 1979 Rodríguez Araque se separa y forma la Tendencia Revolucionaria y dirige a un grupo de excombatientes que deciden incorporarse a la lucha legal.

En los años 80 y 90 fue diputado y senador del Congreso de la República. Desde su escaño fue un férreo opositor a las políticas neoliberales de los gobiernos puntofijistas, particularmente en contra de las privatizaciones que imponían los organismos crediticios internacionales.

El comandante Hugo Chávez -en el prólogo del libro de Elizalde- relató cómo fue el encuentro en el que se conocieron por esos años y su opinión sobre Rodríguez Araque:

“...el más diáfano afecto y la más plena identificación nacieron entre Alí y este servidor desde que nos conocimos allá por el año 1988. (Siempre rememoro con emoción aquel primer encuentro entre el curtido guerrillero y el joven militar revolucionario). Nos ha tocado enfrentar toda clase de vicisitudes, nos ha tocado batallar incesantemente , y nuestra amistad no ha tenido ni una sombra, ni una grieta. Me honra sentir y saber que este hombre, tan valiente como lúcido, es uno de mis seres más cercanos.”

Fiel a las luchas de su pueblo, participó activamente de la organización de la rebelión cívico militar del 4 de febrero de 1992 y a partir de la salida de la cárcel de Chávez en 1994, participó activamente de la campaña que permitió que llegara a la Presidencia en 1998.

Acompañando a Chávez -o a instancias de él- fue ministro de Energía, secretario general de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), presidente de Petróleos de Venezuela S.A. (PDVSA), ministro de Relaciones Exteriores, embajador de Venezuela en Cuba, ministro de Economía y Finanzas, ministro de Energía Eléctrica, secretario general de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) y nuevamente embajador en Cuba, país en el que falleciera el pasado lunes 19 de noviembre.

Rosa Miriam Elizalde dijo de Rodríguez Araque que era:

“un hombre del Renacimiento en pleno siglo XXI, que sabe de música, literatura y pintura, tanto como de economía y filosofía, y el único ser humano que yo conozca que se haya leído decenas de veces y por puro placer los tres tomos de El capital; un teórico marxista devenido experto petrolero que, para colmo, se enfrascaba en un combate guerrillero con el FAL no demasiado lejos de un libro de Gabriel García Márquez. Un sabio cuyo signo de identidad ha sido estar siempre al lado de los pobres y en guerra declarada contra los aparatos de poder que multiplican miserables y concentran grandes fortunas en unas cuantas manos.”

De su extraordinaria vida, Alí Rodríguez Araque reflexionó en la obra citada:

“Lo mejor es lo que he hecho, actuar en cada momento de acuerdo con mi conciencia, de acuerdo con mis principios y de acuerdo con mis convicciones, que han guiado las decisiones de mi vida, tratando siempre de hacerlo con la mayor humildad, y siempre pensando en la suerte de la gran mayoría de nuestra gente, un pueblo que en el pasado apenas sí recibía migajas de la gran riqueza extraída de las entrañas de su propia tierra. Aún hoy, con todo lo que se ha mejorado, es duro y empinado el trayecto que falta por recorrer. Hablar de lo que se habría hecho mejor sería especular, pues hoy tengo mucha mayor experiencia y sentido de la realidad, sin renunciar a los sueños, que siguen siendo los mismos.”

Esos sueños son también los de millones de hombres y mujeres que ofrecen diariamente su sacrificio por conquistar un mundo mejor. Entre todas y todos ellos, en el destacamento de vanguardia estará eternamente Alí Rodríguez Araque, convertido para siempre en nuestro comandante Fausto.


Fuente: Caja de Respuestas

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