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Heidy: “ya me quitaron a mi hijo, qué más me pueden quitar”

Del Nacimiento a la muerte: el caso del asesinato de Ricardo Castro y Jhonaikel Moreno

Venezuela | 31 de enero de 2020

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Surgentes. Colectivo de DDHH

El día 05 de Diciembre del 2018, desde las 4:00 pm, Heidy Moreno se encontraba montando un Nacimiento en la pared externa de su casa, al inicio de la Calle 18 de El Valle (kilómetro 0 de la Panamericana) en compañía de su familia y de vecinos que se acercaron a ayudar. Estaban su hermana María Lourdes; sus dos hijos Ricardo Castro Moreno (13 años) y Johaiberson Castro Moreno (14 años); su sobrino Jhonaikel Moreno (17 años), que venía llegando junto a su madre desde San Juan de Los Morros (estado Guárico); sus dos sobrinas (2 años cada una) y más de 10 niños, niñas y adolescentes del barrio. Entre ellas, Marvelis Lozano (17 años). Dentro de su casa estaba su madre; otra de sus hermanas, Jesenia Moreno (mamá de Jhonaikel); su hermano José Gregorio Moreno y, sus dos sobrinos, Jhon Clay Ochoa e Israel Moreno. El nacimiento era una tradición familiar. Antes lo hacía su hermano y ahora le tocaba a ella. Pero era el primer año en que la familia montaba el nacimiento al frente de su casa, para que lo vieran todos los vecinos. Era un ambiente alegre, la gente pasaba y saludaba o se quedaba comentando. Como a las 7:30 ya estaba casi todo listo. Una de las hermanas de Heidy, estaba amarrando un alambre de la reja de la casa para lograr que la palmera del pesebre se curvara. Ricardo, su hijo menor, se estaba comiendo escondido, a un lado del pesebre, un pedazo de pollo que le había quitado (sin permiso) a su abuela.

A esa hora, a las 7:30 pm, dos grupos de funcionarios llegaron al lugar disparando en táctica de asalto: acción repentina y por sorpresa. La familia se enteró, después, que a uno de los funcionarios le habían robado una moto y le dijeron que los responsables, uno de ellos vistiendo camisa roja, estaban en la calle 18. El primer grupo venía, sin uniforme, en una camioneta blanca por el lado de la Panamericana y el otro grupo, conformado por uniformados de la Policía Nacional Bolivariana (PNB), llegaron por la calle que entra al barrio. Decían que el “muchacho que tenía la camisa roja era el que se había robado la moto”, cuenta Heidy. Señalaban a Jhonaikel, sobrino de Heidy, y le dispararon inmediatamente en el hombro. Con los tiros, los jóvenes y niños que estaban en el lugar salieron corriendo y varios fueron víctimas de nuevos disparos. Entre ellos Ricardo y Johaiberson, los dos hijos de Heidy. Ricardo apenas llegó al primer escalón de la escalera que está al lado de su casa, cuando recibió un tiro en la parte baja de la espalda. Johaiberson subió un poco más y recibió un disparo en el brazo. A Marvelis le dispararon en el muslo, también por la escalera.

Jhonaikel, quien tenía un leve trastorno de desarrollo intelectual, intentaba explicar que él no se robó ninguna moto, que él ni siquiera vivía ahí. Uno de los funcionarios, el mismo que le disparó en el hombro, le pateo la cara. La madre de Heidy y su hermana gritaban desde dentro de la casa. Heidy, que no sabía en ese momento que sus hijos estaban heridos, se le fue encima al funcionario, con sus dos sobrinas en brazos, gritándole “él no es de aquí, él es de Guárico”. El funcionario le gritó “quítate o también te disparo a ti y a esas niñas” y se volteó y le disparó a Jhonaikel en la boca. Murió de inmediato.

Mientras esto ocurría, una parte del grupo de funcionarios entró a la casa de Heidy, amenazando con matar a todos lo que estaban adentro y preguntando por la moto. Golpearon a la gente, incluyendo a la madre de Heidy que fue empujada. Revisaron las habitaciones en búsqueda de la moto robada. No encontraron nada. Los dos sobrinos de Heidy, Jhon Clay e Israel, son funcionarios de la PNB (uno del Faes y otro de tránsito) y se identificaron como tales frente a los otros funcionarios. No solo no les creyeron, sino que también fueron golpeados, particularmente uno de ellos que vestía camisa roja. En algún momento del allanamiento Jhon Clay logró hablar por teléfono con sus compañeros del cuerpo policial y “les dice que tenía ´un cien´ y es cuando ellos [los funcionarios que realizaban el operativo] se comienzan a calmar y uno de ellos le comenta a otro que como que habían cometieron un error”, cuenta Heidy.

Entre tanto los vecinos se habían hecho presentes y empezaron a gritarle a los policías. Les pedían que se llevaran a los heridos para el hospital. Los funcionarios que venían en la camioneta blanca montaron a Ricardo en el vehículo. Su tía María Lourdes insistió en irse con ellos. Temía, contó después, que lo dejaran desangrar en el camino. Los vecinos pararon a un yipsero y se fueron con los otros heridos (Johaiberson y Marvelis) y con el cuerpo sin vida de Jhonaikel, también al hospital.

Los funcionarios de la camioneta blanca llevaron a Ricardo y María Lourdes primero al Hospital de Coche, pero ahí no los recibieron. Los llevaron luego al Hospital Universitario y los dejaron en la entrada de la Universidad Central de Venezuela, a unos 100 metros del hospital. Ella consiguió ayuda para llevarlo hasta arriba. Esa madrugada, a la 1:00 am, operaron a Ricardo de la herida en la espalda, que le había dañado varios órganos. A las 6:00 am, del 06.12.18, las enfermeras le informaron a la familia que Ricardo había muerto.

Mientras una parte de la familia estaba en el hospital, un grupo del FAES de la PNB respondió al llamado de Jhon Clay e Israel. Tomaron la parte baja del barrio. Los vecinos indignados, asumiendo que eran los mismos que había herido y asesinado a los niños y jóvenes unos minutos antes, los insultaron y lanzaron piedras. En compañía de uno de los sobrinos, el grupo del FAES se movió del lugar e inició la búsqueda de los victimarios, encontrándolos en el Centro de Coordinación Policial de El Valle. Ya se habían bañado y cambiado de ropa, se presume que para ocultar la evidencia de la pólvora que se impregna a la ropa cuando se realizan disparos. No habían reportado el operativo. Los nueve victimarios fueron rodeados y aprehendidos. Eran 6 de la PNB y 3 escoltas del dirigente político Fredy Bernal. Desde entonces los 9 funcionarios están detenidos en Centros de Coordinación Policial de la PNB (los primeros 6 en El Valle y los otros 3 en Vista Alegre en un Centro del Faes).

Respaldo de la comunidad

El 06.12.18, al enterarse de la muerte del Ricardo, los vecinos indignados trancaron la Panamericana en protesta por lo ocurrido. Más de 200 firmas de dos consejos comunales de la zona respaldan la denuncia. Textualmente dicen los vecinos: “…hacemos constar que Ricardo José Castro Moreno, fue un joven con una conducta intachable, damos fe que era un estudiante de secundaria y que practicaba deporte. Nos consta que fue asesinado por funcionarios de la policía mientras él realizaba labores para la comunidad adornando la plaza…”. La Corporación Criollitos de Venezuela, en una comunicación firmada por el entrenador Pedro Landaez, describe a Ricardo, quien practicaba beisbol desde los 4 años, como “…un excelente jugador, disciplinado, alegre, de buenas costumbres […] un deportista destacado, buen compañero y niño ejemplar”. Por su parte, en comunicación de la Directora de la Unidad Educativa General Rafael Urdaneta, del Estado Guárico, Maritza Mejía, se señala que Jhonaikel “…demostró durante todos estos años de estudio, respeto por la comunidad educativa en general, disciplina, responsabilidad y cumplimiento de su deber estudiantil”. Agrega que “…fue integrante activo de la Organización Bolivariana Estudiantil (OBE)”.

Exigencia de justicia

Aunque sobran los testigos y las pruebas y aunque los 9 funcionarios están detenidos, el juicio no ha avanzado ni un milímetro. Se han suspendido 9 audiencias preliminares, la última de ellas el 27.01.20. El motivo de la suspensión de las audiencias varía: a) no sale la boleta de citación del tribunal, b) cuando la boleta sale, la PNB no traslada a los funcionarios o traslada solo a algunos funcionarios y no a otros o, c) la PNB los traslada al tribunal pero no los sube a la oficina de la jueza. Los 6 funcionarios de PNB que están detenidos en El Valle tienen defensores públicos, en su mayoría. Los escoltas que están en un Centro de la FAES cuentan con defensores privados y, al parecer, gozan de privilegios. Información extraoficial señala que algunos de ellos entran y salen de su centro de detención.

Heidy dice que no tiene miedo y que no descansará hasta que se logre algo de justicia, “ya me quitaron a mi hijo, qué más me pueden quitar”. Su dolor y su rabia son hoy lucha por la justicia. Pero está claro que es una lucha desigual. Quienes apuestan por la impunidad, desde la policía o el tribunal, juegan a su desgaste, a que se canse, a que pase el tiempo y abandone la presión. Vencer la estrategia de la impunidad, supone la articulación de múltiples solidaridades y resistencias, para lograr que en este y en otros casos se haga justicia; para que hechos como este no sigan victimizando a más jóvenes de los sectores populares. Hace falta que se escuche una voz colectiva que grite con fuerza: #NoMasEjecucionesEnElBarrio.

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