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Por 15 y Último

Del fascismo a la escatología

Venezuela | 10 de mayo de 2017

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Por una jugarreta del lenguaje, del griego al castellano sucede que el término escatología refiere a dos cosas completamente distintas: de un lado, tomando como raíz etimológica la palabra éskhatos, que en griego significa “último”, da cuenta del “conjunto de creencias relativas al fin de los tiempos”. Pero a la vez y con el mismo grado de validez, aplica para todo lo concerniente al “estudio y uso de los excrementos”, en este caso tomando como raíz la palabra skatós, que en griego significa “excremento”.

Así las cosas, por ejemplo, todo lo contemplado en el Apocalipsis cristiano y en las diversas teorías sobre el fin del mundo, puede englobarse bajo el rótulo de escatologías. Aquellas sectas como los davidianos o el Templo del Pueblo de Jim Jones ‒por solo citar las dos más famosas‒ que creían que había que morir y matar para dejar el infierno en la Tierra y llegar a la Tierra Prometida, son en tal sentido escatológicas. Pero a su vez, todos aquellos y aquellas que trabajan, conviven o se obsesionan con las heces y el excremento, también, aunque no tengan nada que ver ni en el fondo ni en la forma con esos otros.

Ahora, esa confusión terminológica derivada de un accidente lingüístico, ha terminado repitiéndose en el caso venezolano, aunque no por accidente sino por una razón mucho más compleja: como resultado del devenir fascista del oposicionismo de derecha. No necesitamos mayores explicaciones: y es que si a ver vamos, es claro que el accionar y el reflexionar de la MUD y todas sus vertientes (o al menos las principales) degeneraron de un tiempo a esta parte en una amalgama perversa entre lo típicamente escatológico en el sentido catastrofista del término, con lo escatológico en cuanto lo excremental.

¿La prueba?: hoy 10 de mayo de 2017, cuando se publica este editorial, el oposicionismo ha convocado, como si de un apocalipsis se tratara, a una marcha terminal –en cuanto será para acabar de una vez con el gobierno de Nicolás Maduro– utilizando como arma recipientes con mierda, para descargarla sobre todo aquel o aquella que pretenda evitar que lleven a cabo su misión histórica.

Claro que parece un chiste. Y si no se le oyera y leyera de los mismos voceros del oposicionismo, hasta podría pensarse que se trata de un ejercicio de contrapropaganda sucia del PSUV. Pero no: es una acción deliberada de la MUD.

En su conocida novela Miedo a volar, la escritora norteamericana Erica Jong afirma irónicamente que “los inodoros alemanes son la verdadera clave de los horrores del Tercer Reich. Quienes son capaces de construir inodoros como estos, son capaces de cualquier cosa”. El comentario viene a propósito de que le parecen horribles y antihigiénicas las pocetas típicas alemanas, de base plana y sin agua hasta que se baja la cadena. A partir de este comentario, el célebre filósofo Slavoj Žižek afirma que, en efecto, tal disposición no es casual, y que así como la poceta típica norteamericana, donde las heces flotan, da cuenta del espíritu práctico gringo, la alemana, seca y plana, da cuenta del severo espíritu contemplativo bávaro.

Vaya uno a saber si esto es cierto, pero si extrapolamos el debate para el caso venezolano, ¿qué podríamos decir del espíritu del oposicionismo a partir de su disposición y uso de las heces? Los gringos son prácticos porque las hacen flotar para mejor hacerlas desaparecer. Los alemanes contemplativos porque prefieren retenerlas un buen rato. Y aquellos que quieren esparcirlas por toda la ciudad, ¿qué son? ¿Qué líneas podrán dedicárseles dentro de algunos años en una novela o libro de filosofía a aquellos y aquellas que, en un momento determinado, optaron por abrirse apocalípticamente la salida hacia el cielo del postchavismo usando para ello, literalmente, mierda?

Pudiéramos decir que estaban locos. Pero parafraseando a Erica Jong, también es verdad que quienes son capaces de lanzar heces a otros seres humanos, son capaces de cualquier cosa. Y es que por más rudimentarios que sean y por pintoresco que parezca, recipientes llenos de heces igual son armas biológicas, que no solo están prohibidas en el país sino en todo el mundo. Pero además, tal acto dice mucho del modo en que un sector del país considera a sus semejantes, el grado de deshumanización al que pretenden reducir la diatriba política y la propia vida en sociedad. Nunca olvidemos que los nazis hicieron eso con los judíos y demás “no arios” antes de meterlos en hornos.


Fuente: 15 y Último

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