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Por Javier J. Véliz

Diversidad sexual: una categoría problemática

Venezuela | 20 de septiembre de 2017

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“Quizás el mismo término diversidad sexual no sea el más adecuado, pero por ahora no se dispone de otro”. Estas palabras son de los integrantes del grupo Contranatura, quienes ya, en el 2007, se identificaban públicamente como “diversos y socialistas”.

No es que ahora, diez años después, dispongamos de términos más adecuados. Seguimos llamándonos “diversidad sexual”, en el caso venezolano “sexodiversos” y en algunos grupos “sexo-génerodiversos” para tratar de incluir a las personas cuya expresión de género (masculino, femenino) es problemática. La pregunta es, ¿deberíamos seguir llamándonos diversidad sexual?

La revolución bolivariana ha sido un proceso agotador. Desde sus inicios, el país no ha parado de ser noticia y, como movimiento social, hemos tenido que inventarnos y reinventarnos, ajustarnos al paisaje político venezolano, siempre cambiante, y, quizás por esa misma dinámica atropellada, hemos dejado discusiones esenciales para después. No nos hemos dado el tiempo de sentarnos a pensar: qué significa ser sexodiverso.
La diversidad sexual como concepto, nace dentro de lo que se conoció en el siglo XX como “derechos sexuales y reproductivos”, que era la agenda de control demográfico creada por los países del primer mundo e impuesta a los del tercer mundo. Es un concepto de cuño neoliberal.

Pero ¿importa de dónde provenga el término? Un concepto no borra ni la filosofía que nos agrupa como movimiento social, ni influye en las acciones que llevamos a cabo, ¿o sí?
El término es problemático por varias razones.

El término diversidad sexual trata de incluir dentro de ella a las personas heterosexuales. Pretende nivelar, al menos conceptualmente, a todas las identidades sexuales, mostrándolas como las diferentes gradaciones de un mismo espectro.

Esto es una pretensión mal lograda. No creo que haya personas que cuando escuchen hablar sobre “diversidad sexual” piensen en heterosexuales. Un festival de cine sexodiverso seguro defraudaría a sus espectadores si proyectara películas con protagonistas y tramas heterosexuales. En verdad, la heterosexualidad no necesita de festivales especiales para mostrarse. Para eso tiene a disposición los vastos circuitos de cine comercial y los trecientos sesentaicinco días del año, pues es la sexualidad dominante. Hegemónica.

Incluir a la heterosexualidad dentro de la diversidad sexual es ingenuo de nuestra parte. El término lo que busca es ocultar las tensiones que existen entre las diferentes identidades sexuales, al presentarlas como gradaciones armoniosas, similar a los colores de un arcoíris, cuando la realidad es muy diferente: existe una sexualidad hegemónica, impuesta, universal, que no cesa de desvalorizar social y políticamente al resto de las sexualidades.

Esa es una de las contradicciones inherentes al concepto de diversidad sexual. La más obvia, pues hay otras menos visibles y por eso, más nocivas, de las que hablaremos en otra oportunidad.

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Tomado de: Rompiendo la norma

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