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Por João Pedro Stedile

Dos meses del golpe neoliberal: contra el pueblo y la democracia

Brasil | 11 de julio de 2016

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Brasil vive un grave crisis económica, política, social y ambiental, pero ya pasamos por crisis históricas semejantes en las décadas del ’30, ’60 y ’80. Todas ellas exigieron grandes debates políticos y disputas típicas de las luchas de clases. Su desenlace siempre fue lento y sólo se concretizó en torno de un nuevo proyecto, que consiguiese aglutinar una base social para sustentarlo, o por medio de acciones militares comandadas por las clases dominantes.

Y en este momento, ¿qué está sucediendo?

La clase dominante no tiene un proyecto de país. El gobierno Michel Temer\Eduardo Cunha es apenas una tentativa de aplicar rápidamente medidas de interés de una fracción de la clase capitalista, que está dividida entre tres núcleos de dirección política.

Un núcleo de poder económico, que es hegemonizado por el capital financiero y por las empresas trasnacionales, quiere aplicar la receta neoliberal. Pero es un proyecto anti nacional y anti popular.

El segundo núcleo, lumpen burgués, es formado por los legisladores de los partidos conservadores y liderado por Michel Temer (presidente interino), Eduardo Cunha (ex presidente de la Cámara de Diputados) y Romero Jucá (senador y ex ministro de Planeamiento de Temer). Él se mueve apenas por intereses mezquinos e individualistas.

Por fin, hay un tercer núcleo, que actúa por motivación ideológica y también tiene vínculos internacionales. Ese grupo es compuesto por la Rede Globo, por el juez Sérgio Moro, por el Ministerio Público Federal y por la Policía Federal. Entre ellos hay divergencias y contradicciones, porque se mueven por intereses propios, no en torno de un proyecto de país.

En la ausencia de un proyecto y delante del agravamiento de la crisis, resolvieron dar un golpe institucional en la presidenta Dilma Rousseff. Tomaron al gobierno por asalto, con la connivencia del Poder Judicial, para intentar aplicar un programa neoliberal de emergencia.

Desde entonces, todos los días, el gobierno golpista toma medidas contra los trabajadores y sus derechos. Su objetivo principal es recomponer la tasa de lucro y el proceso de acumulación concentrada de la riqueza en Brasil, a favor de los bancos y de las grandes empresas trasnacionales. Para eso, están atacando los derechos de los trabajadores y los derechos sociales en general, ademas de aumentar el desempleo, que es una forma de rebajar los salarios y dominar a la clase trabajadora.

Están asaltando los cofres públicos y limitan los gastos sociales para, con eso, destinar los recursos antes reservados para la educación, salud y previsión social para las iniciativas del interés exclusivo de los capitalistas.

Según los economistas, los golpistas están disputando cerca de 200 mil millones de reales del presupuesto de la Unión. Ya los 400 mil millones de reales destinados al pago de intereses a los bancos son intocables.

Quieren aumentar la edad mínima de jubilación para 70 años, como defendió el impostor Temer, pero nada fue dicho sobre los 62 mil millones de reales de exención de la previsión dado a las empresas, solamente en 2015.

Otra fuente de recursos privados será el patrimonio público. Están retomando el proceso de privatización, comenzando por el sector petrolero – con foco en el pré-sal – y por el sector eléctrico. Están desmontando los servicios públicos, que se ve en la amenaza a las escuelas públicas, al Sistema Único de Salud (SUS) y al programa Más Médicos. Avisaron que nuestras tierras serán entregadas al capital extranjero. Cerraron el Ministerio de Desarrollo Agrario (MDA) y están acabando con las políticas para la agricultura familiar y la reforma agraria.

Sus bases en las rutas dicen luchar contra la corrupción. Deben estar avergonzados. Ya tuvieron tres ministros exonerados por causa de denuncias, sin contar otros vinculados en procesos de desvío de dinero público. Romero Jucá dijo claramente que el golpe era apenas para para la Operación Lava Jato [que investiga casos de corrupción en torno a la petrolera pública Petrobras]. Cunha renunció a la presidencia de la Cámara para salvar su piel y sus dolores. Nunca hubo gobierno vinculado con tantas denuncias de corrupción como éste.

Los movimientos populares, reunidos en el Frente Brasil Popular hemos defendido sistemáticamente que el primer paso es garantizar el respeto a la democracia. O sea, que la presidenta Dilma reasuma el comando del gobierno, pero que publique inmediatamente una carta de compromiso con el nuevo programa, que defienda las necesidades del pueblo y de la soberanía nacional.

El tercero es hacer una reforma política, para reconstruir y democratizar el sistema electoral brasileño de modo que el pueblo pueda de hecho elegir a sus verdaderas representantes. Como el actual Congreso no quiere ni tiene moral para aprobar los proyectos de reforma política que duermen en sus cajones, la única salida sería convocar vía plebiscito una asamblea constituyente exclusiva para hacer rápidamente la reforma política, antes de las elecciones del 2018.

Y en el cuarto lugar, precisamos seguir construyendo un nuevo proyecto popular para Brasil, a partir de un amplio debate de ideas con todo los sectores de la sociedad brasileña. Aunque eso lleve tiempo, es el único camino para salir verdaderamente de la crisis.

Esa estrategia sólo tendrá fuerzas para conseguir motivas las masas de la clase trabajadora y participar activamente y movilizarse en las calles. Hemos defendido que es necesario organizar grande movilizaciones nacionales de la clase trabajadora, contra el golpe, y desempleo y las medidas que amenazan la soberanía nacional que los golpistas están tomando.

La idea es visibilizar una huelga general de la clase trabajadora como forma de protesta y de alterar la actual correlación de fuerzas.

El Frente Brasil Popular y el Pueblo Sin Miedo acordaron también realizar una gran movilización el día 5 de agosto en Rio de Janeiro y en otras capitales del país durante la apertura de los Juegos Olímpicos.

El desenlace de esa crisis, es aun una incógnita, pero la lucha será prolongada y ardua.

*El concepto “lumpen-burguesia” surge por la primera vez a final de los años 1950 atreves de algunos textos de “Ernesto Germain”, pseudo de Ernest Mandel, al referirse a la burguesía brasileña, que el autor consideraba una clase semi colonial, “atrasada”, no completamente “burguesa”

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