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José Romero-Losacco

Economía política de una pandemia

17 de marzo de 2020

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Por José Romero-Losacco

Según las cifras ofrecidas por el mapa interactivo creado por el Centro John Hopkins de Ciencia e Ingeniería para hacer seguimiento, en tiempo real, a la expansión global del COVID-19, el número de fallecidos por caso confirmado esta cerca del 4%. Por lo que ha ido publicándose, hasta ahora, el sector más afectado es el de los adultos mayores, sobre todo a partir de los 70 años, y lo que hasta hace unas semanas era tratado por los medios europeos como una gripe nueva a la que había que prestarle un poco más de atención ha terminado en el confinamiento de toda Europa Occidental, la suspensión temporal del Schengen y la negativa por parte del Eurogrupo de aprobar el monto solicitado por España e Italia para hacer frente a la crisis económica derivada del confinamiento de la población.

Mientras tanto aumentan los casos en el mundo, y también van aumentando los Estados que van tomando medidas similares a las ya iniciadas por Italia hace poco más de una semana. Sin embargo, es llamativo ver cómo todo esto ocurre con total naturalidad, la población acepta con “civismo” el confinamiento, incluso algunos se convierten en baluartes de la solidaridad al denunciar a quienes se atreven a quebrantar la incuestionable medida de confinamiento, sin percatarse que los medios de comunicación que inducen esta actitud cívica nada dicen sobre él no confinamiento del capital financiero.
Lo estados cierran sus fronteras, las personas aceptan que se les confine en su casa, bueno los que tienen casa donde ser confinados, mientras la globalización tan festejada por la élite global muestra cómo es una gran ficción para ocultar que solo se trata de la libre circulación del capital financiero, no importa nada más. Una vez más se muestra como el sistema-interesatal global es fundamental para la circulación y la acumulación, que eso que llaman el capital trasnacional no existiría sin las facilidades que otorgan los Estados para su existencia. Hoy por hoy lo que se despliega ante nuestras narices es justo lo contrario a lo que la economía política posmoderna nos ha hecho pensar, la soberanía es un principio fundamental tanto del sistema interestatal, como de la economía mundo capitalista.
En este sentido, estamos viendo cómo la imposibilidad de una estrategia conjunta para afrontar la “emergencia” en la Unión Europea, es decir, de las diferencias entre Estados Soberanos, es la ilustración de cómo el norte de Europa no tiene intención de actuar de manera conjunta para hacer frente a la grave situación económica que ya se avizora, porque al norte de Europa no le interesa una gestión en la que tengan que colocarse a nivel de países como España, Italia, Portugal o Grecia, recordemos que para la verdadera Europa estos países constituyen el grupo de los PIGS.

Tampoco esperemos mucho de la OEA, cuyo objetivo es básicamente desestabilizar gobiernos y gestionar golpes de estado dirigidos por Estados Unidos. Mucho menos pensar que el Consejo de Seguridad de la Organización de Naciones Unidas hará algo al respecto, incluso cuando lo que estamos viendo es que en la medida en la que crecen los número de infectados los Estados responden tomando medidas que están reservadas, en cada una de sus marcos legales, para atender y/o enfrentar momentos de guerra.
Ante una enfermedad que tiene una tasa de mortalidad del 4%, es decir, que en términos absolutos y lineales mataría a un número de personas equivalente a la élite más rica del planeta, esta misma élite se rehúsa a detener el casino, piden que los estados se hagan cargo de los trabajadores cuando los trabajadores se tuvieron que hacer cargo de ellos en el 2008, piden moratoria de impuestos cuando son los que más impuestos evaden y sostienen a los bancos de los paraísos fiscales. Piden nuevamente que para salvarse ellos se sacrifique al resto, es decir, al otro 96%, pretenden que los de siempre paguen mientras ellos disfrutan su confinamiento en Marbella, porque simplemente no es verdad que las grandes fortunas del mundo desaparecerán si se hacen cargo de los trabajadores que han creado esas fortunas.

La economía política de la “pandemia” nos deja claro que cuando por los medios dicen “primero la salud, luego veremos la economía”, simplemente nos están escondiendo que esta “crisis” la pagamos dos veces. La primera, porque al no ser lineal, son las poblaciones de más escasos recursos los que más probabilidad tienen de sufrir un desenlace fatal, y porque luego esas mismas poblaciones tendrán que asumir la carga de una élite que lo único que sabe hacer es externalizar costos, socializar las crisis y privatizar los beneficios.

Por ello, no está mal cantar desde los balcones, los que aún los tenga, esta bien aceptar que por razones sanitarias debemos permanecer en casa, bueno para quienes no son obligados y obligadas a trabajar, pero es inaceptable el confinamiento mental al que nos quieren volver a someter, porque mientras A. Sanz y Juanes nos entretienen con un concierto por internet, nos están haciendo creer que otra vez debemos pagar lo que el capital no quiere pagar, otra vez el libre mercado le exige a los Estados intervenir para salvarlo a él y no a nosotros y nosotras.

Una economía política de la “pandemia” nos permite ver en todo su despliegue lo fastuoso y terriblemente fetichista de este totalitarismo de mercado en el que vivimos.

Publicado en el blog de José Romero-Lossaco, Pensar Descolonial.

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