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Por Eduardo Viloria Daboín

Ecuador: violencia intrínseca de las élites vs. rechazo popular al neoliberalismo

Ecuador | 13 de octubre de 2019

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Por Eduardo Viloria Daboín

I

"Nuestra ciudad está en peligro. Grupos armados, delincuencia nacional e internacional, vandalismo pagado, están listos para ingresar en Guayaquil con un solo objetivo: destruir a nuestra ciudad". Esto dice Cynthia Viteri, alcaldesa de Guayaquil integrante del partido social cristiano, a un grupo de trabajadores y trabajadoras de la institución que encabeza. Sus palabras, su actitud, su entonación, toda ella destila rascismo y clasismo, con su cabello rubio, su cuerpo de barbie, su porte publicitario de ejecutiva contemporánea.

En la calle una cámara de televisión recoge el testimonio de una mujer, expresión de ese sector social minoritario al que la alcaldesa, en el fondo, se dirigía. Iracunda, esta mujer vocifera:"No nos han dejado trabajar siete días estos malandros, estos indios, estos maleducados".

Jaime Nebot, exalcalde de Guayaquil y dirigente del partido social cristiano, dijo unas escasas siete palabras que constituyen en sí mismas una prueba, una confesión y una amenaza: "Enconmiéndeles que se queden en el páramo", fue su respuesta cuando un periodista le preguntó sobre si la ciudad tenía capacidad represiva para contener a los manifestantes indígenas que marchaban hacia la ciudad.

La noticia de una movilización fundamentalmente indígena dirigiéndose a la ciudad de Guayaquil desató reacciones como las aquí transcritas, aderezadas con toda una retórica de defensa de la democracia y la libertad. Circularon en video por redes sociales poco después de que Lenin Moreno anunciara el traslado de la sede de su gobierno a Guayaquil, cuando perdió el control de Quito a causa de las inmensas movilizaciones desatas contra el paquetazo neoliberal que pretende imponer en Ecuador en acuerdo con el FMI. Moreno, lejos de asumir alguna responsabilidad al respecto, redujo las protestas a una acción vandálica masiva y una conspiración orquestada por Nicolás Maduro y Rafael Correa para crear violencia y caos con el fin de desestabilizar su gobierno y derrocarlo.

Con este discurso, desde los distintos factores de la institucionalidad proneoliberal ecuatoriana, en estrecha alianza y con el apoyo irrestricto de los grandes medios de comunicación del país, amplificados por los grandes medios internacionales, se elude la responsabilidad sobre la actual crisis política que se vive en el Ecuador y se menosprecia, criminalizándola, a la inmensa mayoría popular que decidió dar un paso al frente y movilizarse para expresar su rechazo no sólo al paquetazo neoliberal sino al gobierno de Moreno en general.

De un plumazo, Moreno y la elitesca alianza político-económica a la cual él sirve, no solo pretenden suprimir toda posibilidad de legitimidad en las protestas y convertir a las masivas movilizaciones en una grave amenaza para la democracia del país, sino que borran, como si no existiera, la contundente realidad de todo un pueblo movilizado en su contra. Así pretenden minimizar la enorme y contundente reacción popular contra un gobierno que llegó al poder con una opción política y económica flagrantemente traicionada en un oprobioso pacto entre Moreno y el poder económico ecuatoriano que había sido desplazado del gobierno por la revolución ciudadana liderada por Rafael Correa.

El discurso que estigmatiza a los manifestantes como vándalos pagados, malandros, y los descalifica como gente sin derechos, construye la justificación para la cruel represión desatada: 7 personas asesinadas, más de 500 heridas, 800 detenidas, sin contar los periodistas y dirigentes políticos maltratados y detenidos, los medios de comunicación allanados y cerrados, en apenas un par de días.

Aunque los mass media del planeta se empeñen en ocultarlo, las élites de América Latina son idénticas en su odio de clase y racial y en su vocación de superioridad autoritaria. Para ellos el pueblo es delincuente; consideran delito la dignidad popular. No le reconocen existencia a las mayorías populares sino como servidumbre. Quieren a la gente muda, humillada, sometida. La democracia real no les sirve, porque no es funcional a sus intereses.

Lo que sucede hoy en Ecuador ha puesto nuevamente en la piel del continente el verdadero carácter de estas élites que gobernaron durante siglos y que hoy se niegan a permenacer fuera del poder y se empeñan en lograr controlar el Estado y la institucionalidad de nuestros países.

En Ecuador el pueblo les había cerrado la puerta del poder político y las élites se metieron por la ventana de la traición; la traición cerró la puerta del poder a la mayoría popular y ahora éstas deciden tumbar la puerta y ocupar nuevamente su lugar en el cuadro del país.

¿Cómo responde esta élite? De la única forma como puede y sabe hacero. Así como hicieron sus abuelos: con desprecio y violencia.

II

El desenlace de esta crisis política está por verse. Moreno ha jugado al doble rasero y al desgaste. Por un lado habla de diálogo y, por otro, sus voceros insiten en no retroceder en su decisión de entregar el país al FMI; por un lado habla de diálogo y, por otro, dicta un toque de queda para desatar la más brutal represión. La gente movilizada, agrupada principalmente bajo la conducción de la CONAIE, sigue firme, también, en su decisión de no permitir este paquetazo autoritario. Al día se ayer una primera conclusión de estos 10 días de batalla será la instalación de una mesa de diáogo con la mediación de la iglesia católica y la ONU. Falta ver el resultado de esta iniciativa.

Los intentos de imponer el neoliberalismo no han contado, no cuentan y no contarán con apoyo popular: causan rechazo y movilización en su contra. Las élites lo saben y poco les importa. Para eso existen títeres capataces como Moreno o hijos puros de la élite como Macri, Duque o Piñera, que maten a la gente si es necesario para imponer ese régimen antipopular.

Esas élites cuentan, además, con todo el arsenal mediático del planeta para ocultar su violencia y sus crímenes, para desplegar su propaganda mentirosa, y para endilgarle la responsabilidad a otros: para eso, entre otras cosas, se construye a diario el fantasma del régimen tiránico de Maduro y se sostienen permanentemente campañas como la dirigida a sembrar la xenofobia contra los venezolanos y las venezolanas en exterior.

Asimismo, cuentan con el respaldo político de toda la arquitectura de instituciones internacionales y gobiernos de la región cuya alineación ha logrado estructurar EEUU en su estrategia para rediseñar del continente y devolverlo a los tiempos en que el ALCA se erigía como modelo unívoco para toda América Latina. El Secretario de Estado de EEUU, Mike Pompeo, así lo ratificó: "EEUU apoya al presidente Moreno y a los esfuerzos del Gobierno de Ecuador por institucionalizar prácticas democráticas e implementar reformas económicas necesarias".

Lo que no puede olvidarse, y es esto justamente lo que hoy grita al mundo el pueblo ecuatoriano en forma de grandes y masivas movilizaciones, es que aquel proyecto de EEUU y las élites del poder económico latinoamericanas no pudo concretarse porque siempre estuvieron los pueblos allí para decir NO, para detener con su cuerpo, con su valentía y con su vida los intentos de imponerlo. Exactamente así como hace hoy la gente en Ecuador.

¿Cuánto duraban los gobiernos en Ecuador antes de los diez años de estabilidad que vivió el país mientras Correa fue presidente? ¿Qué pasó en Argentina en 2001 cuando el país no aguantó más la quiebra neoliberal? ¿No fue el caracazo en el 89 el que quebró el bipartidismo en Venezuela y dio paso a la revolución bolivariana cuando Carlos Andrés Pérez quiso aplicar un paquetazo del FMI? ¿Cómo cayó Fujimori?

Basten como prueba actual de esa fuerza histórica las palabras de un dirigente indígena dichas hace pocos días ante una multitudinaria concentración en Quito:

"Los que estamos aquí, los miles y miles de hermanos, es porque todos sentimos la crisis que ha pegado el gobierno nacional. El pueblo ecuastoriano tiene soberanía. Y no es posible, compañeras y compañeros, que en este momento se esté dirigiendo bajo cartas de intención como han hecho todos los gobiernos neoliberales. Esta imposición del Decreto 883, no es una decisión del pueblo ecuatoriano. Así que: ¡abajo las políticas del neoliberalismo y de los grupos económicos de poder en este país, compañeras y compañeros!

Ahora bien, es fundamental entender que aunque la batalla contra el neoliberalismo siempre va a contar con el rechazo de las mayorías populares y con su movilización y disposición de lucha, también es cierto que esto no alcanza para frenar e impedir la neoliberalización completa del continente tal y como está diseñado desde las élites del poder de EEUU y del capital transnacional. Es necesario la existencia de proyectos políticos estratégicos que, por un lado, encaucen y den cohesión unitaria a ese rechazo y descontento, y por otro sean capaces de aglutinar los.mas amplios y diversos sectores de la sociedad desde la construcción de opciones propositivas. El neoliberalismo sólo beneficia a las ínfimas minorías de la élites nacionales e internacionales. La tarea organizativa, política, discursiva y propositiva es calar y cohesionar a esa otra gran mayoría que sólo es perjudicada por ese modelo y que, muchas veces, termina tributando a los intereses de las élites en contra de los suyos propios. La tarea es construir esa opción de poder en nuestros países. Tenemos la base social, tenemos la base material. Muchas veces falta el proyecto, la opción, y la perspectiva de éxito y victoria.

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