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Por Edgar Gutiérrez

El Intelectual Transgénico

Venezuela | 27 de diciembre de 2015

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Por Edgar Gutiérrez*

Sigo cada vez más sorprendido, encandilado casi, con la ingenuidad de algunos intelectualísimos comentadores, escribidores de oficio, como los llamaba Chávez. Algunos que ya hace rato creo que están ubicados en otra trinchera y que uno por sentimentalismos, medio ridículos, sigue viéndolos de este lado.

Venezuela no está aislada, no vive solita en un mundo donde pueda decidir sin tener en cuenta más nada. Venezuela, como cualquier otro de los 200 y tantos países del planeta (no tengo la cifra exacta a la mano en este momento, algunos dicen que 198, otros que 220, algunos por ejemplo cuentan a San Vicente y las Granadinas y a otras naciones del Caribe como parte del Reino Unido, lo cual es falso, administrativa y funcionalmente, pero ese es otro asunto), está plenamente inserta en un sistema global, total y absolutamente mundializado.

No se puede, ni siquiera ver y menos aún comprender nuestra situación actual, si no la vemos desde su aspecto mundializado. Por ejemplo, la crisis actual de América Latina, caracterizada por altos, muy altos, índices de pobreza extrema, expoliación de sus recursos naturales, el narcotráfico convertido en una actividad “normal” del mercado, lo cual ha generado más que mafias y bandas, verdaderos ejércitos urbanos y rurales sorprendentemente bien equipados y organizados. Pero, además, no solo estamos dejando de sembrar para comer, sino cada vez más se siembra para los mercados, por lo que es indispensable sustituir los cultivos tradicionales por cultivos transgénicos de más alto rendimiento, todo ello acompañado de un deterioro pleno del empleo (y por supuesto del salario) y la desaparición, casi, de la clase trabajadora, como clase organizada, cosa que genera un deterioro absoluto de los niveles de vida y surgimiento de escalas simplemente obscenas de explotación de la fuerza de trabajo. Todo esto como políticas orquestadas desde los hilos de control del gran capital en la búsqueda cada vez más desesperada de romper la tendencia a la baja de la tasa de ganancia para poder mantener en niveles astronómicos la acumulación de capital, asunto que los obliga a buscar, de por la buenas o de por las malas nuevas y más eficientes formas de dependencia. Y en esa situación está ubicada Venezuela.

Estos señores, a los que me refería al principio parecen, ¿o prefieren hacerlo?, ignorar estas situaciones y pretender que Venezuela actué como si el mundo no existiera, cayendo en un “mirarse solo a sí mismos” que les hace pensar que Maduro o quien sea, puede con alguna suerte de varita mágica controlar todas estas situaciones con dos o tres decisiones que no ha tomado, especialmente porque no les hace caso a sus brillantes análisis y propuestas.

Hace algunos años, ciertos analistas pensaron que el fin del neoliberalismo estaba a la vuelta de la esquina. Que los desastres inmobiliarios, bancarios y similares que generaron la más cercana crisis del capitalismo, marcaba el final de esta etapa. Pero estaban, o estábamos, viendo solo una parte del problema. El asunto real es que las crisis las regula y las produce el capital mismo. Y no estamos pensando, solamente, en su control, esencialmente más bien en su generación. Cada vez que la tasa de ganancia del capital disminuye a niveles delicados, el capital financiero, actual y real dueño del mundo, genera crisis que inducen reacomodos del mercado y de aparentes cambios de algunos poderes incomodos y lleva las cosas a un cierto y, manejable control hasta la próxima, inducida y necesaria crisis. Además, se nos olvidaba considerar que el problema actual del capital no es la posesión de las cosas, que el capital ya de por si posee toditas, sino es más bien el control de todos y cada uno de los procesos a través de los cuales se mueven estas situaciones. Es decir, quién es él que, de verdad verdad verdaitica, puede generar, manejar y controlar las crisis y quién puede manejar los resultados, y a dónde va, efectivamente, la acumulación de todos los inmensos recursos que esas crisis generan.

Todo este cuento es para intentar mostrar una cosa. En nuestros medios se ha desarrollado toda una especie de intelectuales de izquierda muy formados (perdonen, llamarlos “formados” es un eufemismo, porque la mayoría de ellos carecen totalmente de ningún tipo de forma) en conocimientos teóricos y que hablan con propiedad y saben siempre cualquier cosa, especialmente cuando se refiere a algo que ellos no tienen que hacer, algo que ven cómodamente desde su teoría, desde la comodidad de su teoría académica, que en el fondo solo sirve para demostrar que los pueblos no piensan, o mejor no saben pensar porque carecen de la adecuada teoría y que por esta razón ellos son indispensables, salvadores de la historia (aun cuando lo más cercano a la historia que ellos han estado alguna vez, es cuando pasan cerca de uno de esos clásicos libros de historia, filosofía o política, o lo que sea, eso sí, escritos desde una visión eurocéntrica).

Dichos señores escriben interesantísimos análisis en los cuales demuestran que ellos ya habían dicho eso (cualquier cosa que “eso” pueda ser o significar) y que si se les hubiera hecho caso estaríamos en el paraíso. Si alguna vez les toca un cargo, se la pasan, toda su “gestión” de un análisis en otro y nunca concretan nada, pero además permanecen callados, pues son muy decentes y saben que hablar con la boca llena es de muy mal gusto. Pero apenas salen del cargo, especialmente si no les han dado otro mejor, comienzan a decir que ellos si sabían exactamente lo que había que hacer, lo que pasa fue que no los dejaron, no tuvieron tiempo, o una suma de circunstancias “ónticas” no se lo permitieron, es decir el propio injerto de “la caverna de Platón” con “la vecindad del Chavo revisitada”. Nunca son responsables de nada. Y desde mi punto de vista lo son, lo son porque sus intereses, desde su comodidad, son otros y no van a decir y menos hacer algo que ponga en riesgo esa comodidad…aunque hay algunos que no entienden nada y lo que es peor, ni siquiera se enteran que no lo hacen.

El, eurocéntrico y genial Gramsci, llamó a los intelectuales, europeos, que intentaban dejar sus espacios académicos de protección y se aventuraban a la práctica social concreta, “intelectuales orgánicos”. Hoy Gramsci sufriría viendo que la mayoría de ellos, de los orgánicos y no solo europeos, y seguramente por culpa de Monsanto o por la continua exposición, que han sufrido, a los efectos del capital financiero, perdieron toda relación con algún tipo de organicidad práxica y hoy han pasado a ser, apenas, “intelectuales transgénicos” y como cualquier cosa transgénica, terriblemente dañinos.


*Artículo tomado de tatuytv.org

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