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Por Pablo Siris Seade

El Mercosur y los dueños de la pelota

Venezuela | 25 de noviembre de 2016

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En todos los barrios de todas las ciudades de América Latina se repite todos los días el mismo ritual: los muchachos (y ahora también muchachas) vuelven corriendo de la escuela, toman su merienda con una nalga fuera de la silla, casi de pie, y salen corriendo a la calle, donde sus amigos lo esperan para jugar fútbol. Ese ritual casi sagrado dependerá de una sola cosa: que no se enoje el dueño de la pelota.

Así es en el barrio

El dueño de la pelota es un personaje al mismo tiempo poderoso y débil. El poder se lo da la propiedad, pero solamente eso. Los otros son más. Es querido, pero nunca sabrá si ese cariño es verdadero o es exclusivamente por la tenencia del objeto preciado

Aún cuando sin él, el juego se hace imposible, el dueño de la pelota no es admirado; a veces solamente es envidiado por la maravillosa redondez que carga bajo el brazo.

Pero todas y todos los niños de las barriadas de las ciudades pequeñas y medianas odiamos las palabras que inevitablemente pronunciará en algún momento: “Se terminó porque me la llevo, porque es mía”.

No servirá ningún argumento, que si ganaba el que llegaba a diez goles y van apenas seis, que no era que íbamos a jugar hasta que se hiciera de noche, que la abuela todavía no llamó a cenar. De nada valdrán los argumentos que apelarán a la costumbre en el barrio y a las reglas previamente establecidas para ese juego. Nada logrará revertir la injusta sentencia.

Injusta, sí. Porque todos sabemos que se va porque está perdiendo. Que se va porque no tiene posibilidades de levantar el resultado. Que se va porque es un mal competidor y un tramposo.

A veces al dueño de la pelota no le gustó cómo se conformaron los equipos a pesar de la utilización de la sacrosanta regla de “la pisadita” para que los capitanes (el dueño de la pelota entre ellos) eligieran sus equipos. A veces no le gustó la cancha: que si es en bajada, que si pasan muchos autos, que si está lleno de nenas, que si hacen muchos “foul”.

Pero nada más terrible hay cuando llega alguien de otro barrio -primo o amigo de alguien- que resulta ser habilidoso. Ahí el dueño de la pelota indudablemente cortará el juego por la más pura de las envidias, porque no le puede seguir el juego, porque no puede permitir que el ejemplo cunda, porque no puede perder.

Como decíamos más arriba, él tiene el poder. Él es el dueño de la pelota. Él hizo las reglas. Si además es el más grande de la cuadra o del edificio, o si tiene una barra que lo respalde, no habrá discusión posible; solamente nos quedará mirar hacia abajo y sorber fuerte los mocos para que nadie se dé cuenta que de tan enojados que estamos está a punto de aflorar una lágrima.

Así es en el Mercosur

En teoría en el Mercosur eso no es así. Todos los países estamos en igualdad de condiciones. Todos tenemos un voto. Se resuelve por consenso. Tenemos organismos técnicos que nos ayudan a tomar las decisiones mejores para todos. Incluso tenemos un fondo para compensar las asimetrías derivadas de las diferencias del tamaño de nuestras economías.

Tenemos además diversas unidades que trabajan los temas de derechos humanos de la promoción social, de la cultura.

La idea es que seamos todos un poquito mejor y un poquito más iguales.

O era esa la idea durante el predominio de los gobiernos progresistas en el Mercosur.

Porque las derechas de continente salieron a marcar la cancha duro y a adueñarse de la pelota. Y lo hicieron para restaurar la idea original del Mercosur de que este fuera simplemente un espacio más amplio para que los grandes empresarios de la región dispusieran de mercados más grandes.

Los sectores derechistas, neoliberales, golpistas o corruptos (o todas las anteriores) que se han apropiado de la mayoría de los gobiernos de la región y decidieron jugar duro en ese sentido.

Para esto no han dudado en desconocer las reglas de sus propios países y también las del bloque regional: presidentes destituidos, diputados presos, compra de legisladores, ajustes fiscales salvajes para encubrir los más salvajes negociados, amigos de las dictaduras puestos en defensores de derechos humanos (eso sí, en otros países, no en el propio); de todo se ha visto desfilar en los medios en los últimos meses.

En el caso de la situación de Venezuela en el Mercosur, el camino es más que notorio y ni siquiera hay un esfuerzo por ocultarlo.

El editorial del diario El Observador (Montevideo, Uruguay) del día 23 de noviembre se tituló “No basta la pena (el castigo) a Venezuela” y fue por demás explícito en despejar dudas sobre si las decisiones que se están tomando recientemente son de tipo ténico-jurídico o lisamente políticas e ideológicas.

El autor de esta diatriba señala: “La penalización a Venezuela dentro de pocos días pone una pizca de racionalidad en el Mercosur. Pero se necesita mucho más que liberarse parcialmente del lastre venezolano para sacar el bloque de la parálisis. Que alcance finalmente algo de sentido y utilidad depende de los presidentes de los dos socios mayores, Michel Temer y Mauricio Macri”.

Luego, en la misma nota aparece la madre del borrego: “Argentina, Brasil y Paraguay, con la renuente aquiescencia de Uruguay, anunciaron hace dos meses que el gobierno de Nicolás Maduro sería suspendido del Mercosur el 2 de diciembre. Aunque la verdadera razón fue sacarse de encima a un régimen que pisotea a la democracia y avergüenza al continente, se recurrió al argumento de incumplimiento venezolano de trámites impuestos a los socios plenos del bloque.”

Queda claro. Lo vio claramente el sagaz editorialista de El Observador. Lo planteamos bastante tiempo antes en la nota publicada el pasado 8 de julio y titulada “Presidencia venezolana del Mercosur: El argumento “no-político” que puede leerse en http://cajaderespuestas.blogspot.com.uy/2016/07/presidencia-venezolana-del-mercosur-el.html.

El argumento es definitivamente político e ideológico, tiene que ver con un ajuste de cuentas de las derechas a cualquier intento de generar un modelo de desarrollo y distribución diverso en el continente. Tiene que ver con qué tanta plata se apropian los patrones en cada uno de nuestros países y cuánta se distribuye entre los trabajadores. Tiene que ver con lucha de clases. Tiene que ver con la sociedad que construiremos para nuestros hijos y nietos.

No es Venezuela quien viola las normas, sino quienes desconocen su Presidencia Pro Témpore; quienes se reúnen al margen de los organismos del Mercosur; quienes crean una nueva categoría de súper-miembros (“los fundadores”); quienes al margen de los tratados suscritos pretenden sancionarla; quienes desconocen el inmenso esfuerzo venezolano por hacer en menos de cinco años lo que otros países han hecho a medias en 25.

Flaco favor se le hará a la política y a la economía de Venezuela y mucho más flaco favor a los pueblos de todo el Mercosur que ven como los sueños integradores de quienes nos antecedieron se desvanecen.

Justamente ahora

Justamente cuando en Venezuela se procesa un diálogo político, económico y social que se espera permita al país recuperarse de la actual situación de crisis económica provocada por la caída de los precios del petróleo y la guerra económica promovida por el imperialismo norteamericano.

Justamente cuando se apuesta a la organización popular para producir y distribuir alimentos y de esta manera reducir la dependencia de las importaciones.

Justamente cuando en Venezuela se reúne la Cumbre Social del Mercosur, se sientan las bases para iniciar su aniquilación.

El presidente Nicolás Maduro dijo el pasado martes 22 de noviembre que “nadie va a poder a Venezuela del Mercosur” y convocó a los pueblos a impedir que las oligarquías se impongan en el Mercosur aplicando a Venezuela “una sanción que no existe”.

Un día después, la canciller Delcy Rodríguez afirmó que Venezuela “ni se va ni la expulsan” del Mercosur y rechazó por “antijurídicas y arbitrarias las declaraciones de algunos cancilleres de estos países “fundadores” (los que creen que inventaron el juego) que han amenazado con despojar a Venezuela de sus derechos como miembro pleno del bloque regional.

Los dueños de la pelota ensuciaron la cancha, cambiaron las reglas, patotearon a todo el mundo y se van con la pelota abajo del brazo. Aunque en realidad la pelota no les pertenece, ni las reglas las ponen ellos, ni inventaron ellos el fútbol, ni son los dueños de la cuadra.

Quizás nos toque ir trayendo nuestras medias rotas para hacer entre todos una pelota que no tenga dueño, o que nos tenga como dueños a todas y todos; seguramente no será perfectamente redonda, pero juntas y juntos la iremos mejorando cada vez más.

Artículo publicado en el blog Caja de Respuestas: https://cajaderespuestas.blogspot.com/

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