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Por Mauricio Polchi

El falso atentado que nadie planificó, y un 25 de Mayo sin Plaza

Argentina | 26 de mayo de 2016

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Las intervenciones de la Ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, oscilan entre el papelón y las pujas internas de PRO. Ayer, intentó vincular a un grupo de “quemacoches” con las protestas en la Catedral: el intento de operación política y de criminalización de la protesta, en conjunto con los medios de comunicación, terminó teniendola como principal perjudicada.

La Plaza

Con varias frases inverosímiles, la Ministra de Seguridad, Patricia Bullrich Pueyrredón Luro, intentó justificar el inusual e imponente operativo policial que se montó en los alrededores de Casa Rosada. Lamentablemente, para conmemorar otro histórico “25 de Mayo”, el presidente Mauricio Macri ordenó vaciar la principal plaza de Argentina. Para eso, metió vallas por todos lados, ubicó a los hombres de seguridad en diferentes esquinas y dispuso que el Cuerpo de Infantería se colocara en las principales avenidas y calles del microcentro. La Metropolitana, la fuerza de seguridad porteña, se dedicó a patrullar las inmediaciones. Ya con los retenes instalados desde el martes de 24, nadie podía pasear ni circular por la zona. La gente, lejos. Los turistas, afuera. La prensa, bien lejos y afuera. Con una ciudad sitiada, no hubo festejo patrio.

La Ministra

“Detienen a seis personas con bombas molotov que iban a Plaza de Mayo”, informó en la mañana del miércoles la señal de noticias TN. Al mismo tiempo, y en su versión digital, Clarín se animaba a ventilar el mismo relato. A partir de ahí, otros canales replicaron el mismo mensaje en su perverso afán por seguir cada título que promociona el principal grupo mediático de la Argentina. Los sitios de internet y las redes sociales, amplificaban el libreto. Entonces, varios miraron de reojo a los cooperativistas que acampaban frente a la Catedral. El periodista Luis Novaresio, mientras tanto, desde twitter, agregaba: “Hay interesados en generar tensión social con fines políticos, dice @PatoBullrich”. La frase que divulgó Novaresio era oficial, porque la Ministra tiró esos dichos en su programa radial, afilando la doctrina estadounidense de ‘inventar enemigos’.

Por denunciar algo que no fue, y por hablar de un atentando que nunca iba a ocurrir, Bullrich quedó expuesta. Salió a desmentirla la propia policía que ella conduce y dirige. Los tipos que arrestaron no eran ‘terroristas’, eran ‘quemacoches’. El acto de insubordinación, obviamente, esconde algo más que un papelón.

“Sabemos que estamos en un momento en el que todos los días hay una provocación. Hoy a las 5 de la mañana, en Belgrano, agarramos un auto con seis personas con bombas molotov y un montón de elementos, que uno tiende a pensar que iban a la Plaza de Mayo”, sostuvo Bullrich en declaraciones a radio La Red. En ese lugar histórico, el gabinete de Macri tenía planeado encabezar un acto. Sin embargo, antes de las mencionadas detenciones, ya lo habían cancelado. La justificación de Bullrich, claramente, partió con demora.

Un comunicado de prensa del Ministerio de Justicia y Seguridad de la Ciudad de Buenos Aires informó que los sospechosos fueron apresados cuando “intentaban de incendiar un Peugeot 408”. Con esa inesperada aclaración, la teoría de Bullrich se incineraba. “Los investigadores presumen que utilizaban los bulones para romper el vidrio de un rodado y amenazar a los dueños de los autos para luego prenderlos fuego”, aportó el diario La Nación. “En el interior del Peugeot había una botella de Levite conteniendo nafta y un bidón con el mismo combustible. Además de elementos contundentes como una manopla de hierro negro, un bastón extensible y un gas pimienta”, agregaron en texto.

Esa explicación, en tanto, refleja una grieta interna dentro de “Cambiemos”. Y ‘Pato’ quedó quemada porque alguien lanzó una ‘molotov política’ en el seno del poder. En esa mesa, en esa Alianza de empresarios y conservadores que gobierna la Argentina, todos se miran las cartas. Que el PRO de Horacio Rodríguez Larreta desmienta a un Ministro de Macri, demuestra que algunos dirigentes están jugando con fuego. Vale recordar, que la señora Bullrich ya tuvo un traspié similar en el caluroso verano de 2016, por la escandalosa fuga de los hermanos Lanatta del penal de General Alvear. En la mañana del 9 de enero aseguró haber capturado a los prófugos. Esa misma tarde, las autoridades de la provincia de Santa Fe esclarecían el hecho y explicaban que esa versión era falsa.

Para colmo, en este caso de los quemacoches, las fuerzas policiales dejaron trascender que “no se descarta que sea un grupo de personas que están en contra de Uber, la aplicación para pedir autos de alquiler”. El hecho ocurrió a la madrugada en O´Higgins y Arias, en Núñez. La mentira de Bullrich llegó tarde. A esa hora, la Plaza de Mayo ya estaba cerrada.

La calle

“Los violentos y la inseguridad ganaron la calle”, dijo hace unos días, cuando estaba en el banquillo de los acusados, Rubén Santos, el ex Jefe de la Policía Federal del gobierno de De la Rúa. Esas fueron sus últimas palabras, antes de ser sentenciado por las sangrientas jornadas del 19 y 20 de diciembre de 2001. Santos, con esa hipótesis, intentó darle sustento al violento Estado de Sitio. Patricia Bullrich, que también fue ministra de De la Rúa, 15 años después, desenfunda el mismo delirio para calumniar a las mujeres y los hombres que integran diferentes organizaciones populares que realizan protestas para reclamar por más trabajo.

Como si fuera una ley natural, en medio del ajuste y el tarifazo, la conflictividad social crece. Y si las autoridades, en lugar de atender los reclamos, se escapan y cercan las oficinas públicas, la problemática se agrava. Para colmo, todo se complejiza aun, porque algunos funcionarios apelan a la vieja tesis de la mano dura para desarticular los reclamos.

“En el movimiento de los piqueteros creemos que hay una parte auténtica de protesta cada vez menor, y otra financiada por agrupaciones extremistas. A nosotros nos dicen que el financiamiento puede venir de las FARC de Colombia, o sea del narcotráfico”, aseguró el interinó presidente Eduardo Duhalde, el 19 de marzo de 2002. Así, el bonaerense marcaba a las movimientos de trabajadores desocupados.

Con esa afirmación Duhalde le dio entidad a una denuncia formulada por el diputado Miguel Angel Toma, quien sin aportar elementos concretos, había asegurado que la guerrilla colombiana se había infiltrado. Luego, la SIDE de Jaime Stiuso armó un informe cinematográfico. El combo explosivo desembocó en el 26 de junio de 2002, cuando se ejecutó el plan sanguinario que terminó con las vidas de Darío Santillán y Maximiliano Kosteki en la Masacre de Avellaneda.

Según se pudo determinar, en el imaginario del duhaldismo la mañana del miércoles 26 debía terminar con la columna del MTD. La Departamental de Lomas de Zamora aportó unas patotas de civil, actuando de un lado y del otro de los escudos. Es decir, agentes encubierto apoyando a los uniformados que balearon a decenas de personas. Estos se metieron entre los manifestantes y señalaron a los militantes de la Coordinadora Aníbal Verón. De paso, camuflados, rompieron vidrieras, autos e, incluso asaltaron un colectivo con Itakas. Fue cuando bajaron a todos los pasajeros y luego, justamente, le tiraron una molotov.

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