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Por Victoria Argüello

El pan nuestro de cada día

Venezuela | 19 de septiembre de 2016

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Por Victoria Argüello

Pro-gobierno o anti-gobierno, empleado estatal o privado, todos quienes seguro estamos leyendo este escrito dedicamos 8 horas diarias, o más, de nuestro esfuerzo físico para llegar a fin de mes con algo en la despensa; quizás también tras ese 15 y último disfrutamos de uno que otro pequeño “lujo” distractor (cada vez más cuesta arriba), que alimenta la ilusoria sensación de libertad que nos invita a seguir pagando con vida el “tener que ganarse la vida”.

El 1% que domina el mundo, a saber unas 10 familias ultra millonarias en todo el planeta, piensa en la mínima energía material que requerimos el 99% que hace funcionar ese mundo; ya decía el “clérigo” inglés Thomas Malthus que a los pobres había que pagarles lo suficiente como para que compren su pan duro y volviesen a trabajar al día siguiente.

También decía Malthus que “el alimento más barato debía ser el pan, pues sacia el apetito sin aportar demasiados nutrientes al organismo de los marginados”, todo lo cual 200 años después nos lleva a preguntarnos si no es que los indicadores alimenticios asumidos por los Estados para medir los niveles de nutrición de los pueblos están basados en el malthusianismo, que llevado al ámbito de la nutrición implicaría el exceso desmedido de carbohidratos por encima de contenidos proteicos.
¿Con qué fin? La balanza, el equilibrio o la estabilidad del sistema. El fin sería garantizar la energía diaria a un mínimo costo para que anualmente una masa millonaria de trabajadores y trabajadoras acudan a laborar, y generen como ya sabemos, las vastas fortunas de los acaudalados.

Conviene entonces analizar el papel que juega la Canasta Básica Alimentaria (CBA) en todo este asunto, ya que se presenta como indicador de estabilidad económica cuando los salarios alcanzan, pero cuando no, basta para declarar un país en crisis; Sin embargo, puede un país garantizar por años el acceso de la población a la CBA a costa de endeudamiento externo o millonarias importaciones, lo que rompe el mito de la “estabilidad económica” dando paso a la dependencia o al riesgo de default.
Pero el punto más importante y el que vamos a acentuar en este escrito, tiene que ver con si realmente la CBA aporta los nutrientes que requiere la población -entendida ésta como un conjunto de seres humanos con necesidades alimenticias- y si no juega a la lógica monopolista de ciertas empresas así como a la cultura de la industria del empaque escudándose en los hábitos de consumo.

En el año 2007, cuando aún Venezuela no enfrentaba la crisis económica, la CBA estaba compuesta por unos 52 productos, dentro de los cuales figuraron como los cinco primeros en orden de mayor a menor consumo la harina P.A.N, el azúcar, el arroz, el aceite y la harina de trigo, mientras que proteínas como el pollo o la carne de res ocuparon el séptimo puesto y los granos u otras fuentes de proteínas ocuparon renglones más lejanos incluso después de las pastas, la leche en polvo y la margarina.
Según datos del Instituto Nacional de Nutrición (INN), en el año 2014, también antes de la emergencia económica, volvía la harina a ocupar el primer puesto y el café desplazó al azúcar en el segundo renglón de mayor consumo, mientras que las bebidas gaseosas -nada alimenticias- fueron más consumidas que cualquier tipo de carne e incluso más que el pan, sin referir la recóndita posición de los granos, cereales, frutas y vegetales.

Se dice que del total de calorías diarias que debemos consumir, del 40 al 55 por ciento deben provenir de carbohidratos, un 25 por ciento de las proteínas y el resto de las grasas; no obstante, observando los datos anteriores se evidencia el predominio de una sola fuente de carbohidratos (la harina) por encima de otras fuentes, incluyendo las verduras.

Además, de acuerdo con los datos del 2007 los carbohidratos: harina P.A.N, Arroz y Harina de Trigo ocuparon el primer, tercer y quinto lugar respectivamente como los más consumidos, sin presenciarse contenidos proteicos en los cinco primeros renglones.

En la actualidad, la emergencia económica ha llevado a un cambio drástico de los hábitos de consumo, un hecho no celebrable pues no derivó de un acto de conciencia colectivo sino que ha sido determinado a la fuerza tras la situación particular por la que atraviesa nuestro país; Sin embargo, es en tiempos de crisis cuando los replanteamientos surgen y podría ser ésta una excelente oportunidad para exigir y labrar una mejor cultura alimenticia que logre romper el maltusianismo.

San Joaquín, edo Carabobo

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