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Por 15 y Último

¿Elecciones para que haya paz, o paz para que haya elecciones?

Venezuela | 13 de abril de 2017

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Seguramente nada ansiamos más, venezolanas y venezolanos, en este momento que paz. Que se acabe este estado de alarma y zozobra permanente que se nos ha instalado como nueva “normalidad”. Eso, claro, y que podamos acceder sin problemas a los bienes y servicios que necesitamos, recuperar nuestro poder adquisitivo y tener expectativas más positivas sobre nuestro futuro y el de nuestros seres queridos.

A respecto de esto se viene insistiendo en la idea según la cual, todas y cada una de estas cosas las hemos de alcanzar si hay elecciones. El oposicionismo la ha convertido, de hecho, en una consigna: “elecciones para que haya paz”. Y los organismos internacionales que apoyan a esta última, basan su intervencionismo en esta exigencia. Sin embargo, y más allá del hecho básico de que los plazos constitucionales son ley que no pueden ser ajustados o desajustados a voluntad, dados ciertos datos de la historia reciente, cabe preguntarse qué tan cierto puede ser esto de que para que haya paz y se normalice la vida nacional deben haber primero elecciones.

Los primero que habría que decir es que existen al menos cuatro casos emblemáticos en los cuales los problemas de violencia, especulación de precios y desabastecimiento de productos, tendieron a empeorar previo a eventos electorales. Estos fueron:

• Referéndum presidencial de agosto de 2004. Antecedido por las primeras guarimbas y efectuado bajo la amenaza de su reedición. Dos años antes se había producido el golpe de abril de 2002 y el sabotaje petrolero de 2003-2004.

• Elecciones de la reforma constitucional de 2007, cuando por vez primera comenzamos a vivir capítulos de desabastecimiento de rubros alimenticios. En aquella oportunidad el chavismo perdió la reforma.

• Elecciones presidenciales de octubre de 2012. Las últimas ganadas por el presidente Chávez

• Elecciones parlamentarias de 2015. Ganadas ampliamente por el oposicionismo.

De la misma manera se han llevado a cabo varios procesos electorales a los cuales los electores asistieron con la esperanza de superar etapas de confrontación, dirimiendo en las urnas conflictos que podían salirse de curso, desatando espirales violentos a gran escala. Entre ellos podemos destacar los siguientes:

• Referéndum presidencial de agosto de 2004. Luego de insistirse en la exigencia de la realización del referéndum revocatorio al presidente Chávez como única garantía de paz, los resultados fueron desconocidos por la dirigencia oposicionista provocándose mayor violencia.

• Elecciones presidenciales de abril de 2013. El triunfo electoral del presidente Maduro fue desconocido por el oposicionismo. El candidato de derecha derrotado, Capriles Radosnki, convocó a una ola de violencia que costó 11 vidas humanas incluyendo niños.

• Elecciones municipales de diciembre de 2013. Ganadas ampliamente por el chavismo, no evitaron sin embargo la reedición de las guarimbas dos meses después, cuando el llamado al desconocimiento del gobierno nacional, por Leopoldo López y otros dirigentes, duró seis meses y causó 43 víctimas mortales.

• Elecciones parlamentarias de diciembre de 2015. Ganadas ampliamente por el oposicionismo, lejos de traer mayor estabilidad al país aumentó la conflictividad, al utilizarse este triunfo como excusa para el desconocimiento del resto de los poderes públicos, particularmente del Ejecutivo.

De tal suerte, lo que la experiencia demuestra es que no existen garantías de que antes o después de que se realicen elecciones pueda haber paz y se normalice la situación político-económica nacional, en la medida en que la constante en cada uno de estos casos ha sido la actitud antidemocrática y sediciosa del oposicionismo, el cual, o es instigador de sabotajes previos a la elecciones que minan la base electoral del chavismo, desconoce los resultados si estos no le favorecen, o utiliza los resultados cuando le favorecen para inflar aún más agendas golpistas y de desconocimiento del orden constitucional.

Esto no quiere decir, desde luego, que no deban realizarse elecciones o que estas no puedan resolver la problemática nacional. Lo único que quiere decir es que pareciera existir un problema previo a resolver, y que no es otro que dicha actitud golpista del oposicionismo, que en todos estos años ha demostrado aversión al orden democrático e institucional, por más que manipule el discurso democrático e institucionalista para sus fines. Por otro lado, habría que considerar hasta qué punto es democrático y justo que haya elecciones cuando una de las partes desata ataques contra la otra, de suerte que la atacada debe asistir a las mismas con esa desventaja. Tal vez entonces lo correcto no sería que se realicen elecciones para que haya paz, sino que haya paz para que puedan realizarse elecciones.


Fuente: 15 y Último

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