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Por Eduardo Viloria Daboín.

En Venezuela no hay pueblo movilizado contra el gobierno

Venezuela | 21 de abril de 2017

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Por Eduardo Viloria Daboín*

I
La dirigencia de la oposición venezolana no ha logrado cumplir la principal tarea que le asignaron sus jefes del norte: en Venezuela no hay pueblo movilizado masivamente en contra del gobierno. A sus convocatorias de calle asisten cada vez menos personas y la permanencia en sus pocas concentraciones verdaderamente pacíficas tiene cada vez menor duración. Ha quedado en evidencia en los últimos días que la fuerza que les queda está en la activación simultánea de pequeños grupos diseminados en el territorio de las ciudades, cuyos niveles de violencia son cada vez mayores, y en la inoculación focalizada de acciones vandálicas que puedan desencadenar
escaladas de violencia mayor.

Son varias las razones que explican esto: la dirigencia tiene cada vez menos incidencia sobre su base, su discurso está agotado y luce repetitivo, las fricciones y confrontaciones internas son cada vez más evidentes, cada día se demuestra con mayor claridad que son básicamente dirigentes de redes sociales y shows mediáticos, y la lógica de supervivencia individual instalada en el país a consecuencia de la guerra económica también ha jugado en su contra: la agenda de la gente está menos enfocada en la confrontación política que en la solución de sus problemas y los del país, principalmente los económicos. Y tampoco han logrado sumar a sus acciones de calle a ese sector del chavismo que se encuentra descontento y desmovilizado.

Aunque la mesa esté servida con declaraciones del Departamento de Estado de los Estados Unidos, declaraciones conjuntas de países del continente, denuncias de Human Rigth Watch, intentos de activación de la Carta Democrática en la OEA y profundización del descontento generado por las condiciones económicas del país, falta la pieza que pueda, quizá, inclinar la balanza: evidencias contundentes de todo un país activo y en lucha contra el gobierno.

Sin ciudadanos(as) respondiendo masivamente a sus convocatorias, sin grandes movilizaciones para mostrar al mundo, optan por jugarse la otra carta: construir el relato de una dictadura sangrienta que reprime brutalmente a un pueblo decidido a ser libre y que resiste heroicamente en las calles del país, comandado por un grupo de inmaculados pacifistas, demócratas irreprochables, defensores radicales del estado de derecho.

II
El diseño actual de las acciones de calle organizadas y ejecutadas por la oposición responde a características de una confrontación asimétrica. En 2002, por ejemplo, ante una movilización masiva favorable al gobierno, se oponía otra de la oposición de similares magnitudes (el país recuerda esa época de las llamadas marchas y contramarchas), en lo que constituía un pulso de calle en el que cada bando mostraba su fuerza: unos en defensa del presidente Chávez, el proyecto político y la constitucionalidad, otros exigiendo la renuncia inmediata de Chávez y exhibiendo su odio de clase y su mayamerismo.

Ante la imposibilidad de vencer en aquella batalla netamente política, se decidieron por el camino del golpismo, que consistió en la ejecución de una sola gran operación: cuando la efervescencia de sus seguidores llegó al punto máximo, la acción golpista dirigida por la oposición consistió en convocar una sola gran marcha y conducirla al Palacio de Gobierno, en donde se provocaría un choque contra la movilización chavista que allí se encontraba desde hacía dos días atrás: la marcha opositora avanzó con los blindados de la Policía Metropolitana abriendo paso a plomo limpio ante el muro humano de la movilización chavista.

En el sitio de la confrontación estaba preparada la celada en la que serían asesinados por francotiradores manifestantes chavistas y opositores. La operación cerró con el dispositivo mediático que daría la estocada final del golpe: una cámara de Venevisión grabó la defensa armada del chavismo ante la agresión armada de francotiradores y policías, para luego difundir esas imágenes como si fuera un ataque de bandas armadas chavistas en contra de la marcha pacífica. Nunca mostraron a la Policía Metropolitana disparando a la movilización chavista; nunca mostraron a los francotiradores. El montaje audiovisual construyó una ilusión de continuidad entre las imágenes de los chavistas disparando desde el Puente Llaguno y las imágenes (grabadas horas antes) de los muertos y heridos siendo recogidos y cargados por sus compañeros de movilización. El corolario consistió en el video (grabado el día anterior según se supo después) de una parte del alto mando militar pronunciándose en contra de Chávez luego de responsabilizarlo por las muertes.

III
Hoy, ante la efectividad y contundencia del chavismo para realizar movilizaciones de importante tamaño, ante su capacidad de cohesionarse y cerrar filas en momentos álgidos de agresión aún a pesar de la notable disminución del apoyo popular al gobierno, ante la imposiblidad de fracturar la unidad de la Fuerza Armada Bolivariana en su respaldo al gobierno y a la constitucionalidad, ante la imposiblidad de quebrar el poder institucional civil en su favor aunque hayan conquistado la Asamblea Nacional por la vía electoral, y ante la imposibilidad de lograr movilizaciones populares que evidencien de forma masiva el rechazo del país al gobierno, la oposición opta por convocar concentraciones fragmentadas (26 puntos el miércoles, 24 el jueves) asignándoles un punto de destino final ilegal en cuyo desplazamiento a todas luces se toparán con la fuerza pública.

Allí, con pequeños grupos de cientos de personas y un grupo de choque a la vanguardia, al intentar superar las obligatorias barreras de contención de los cuerpos de seguridad, se inician las confrontaciones simúltáneas en puntos distintos de las ciudades y se cumple el objetivo de registrar las tan ansiadas imágenes de represión del supuesto régimen dictatorial contra supuestos manifestantes pacíficos.

Al fallecimiento de personas en este contexto, sin que medie investigación o prueba alguna a pesar del nivel de confusión de los hechos, se lo explota de manera inmediata responsabilizando a los cuerpos de seguridad públicos y a los presuntos colectivos armados afectos al gobierno: comienzan a circular confusos videos en los que nada es evidente o probatorio pero ya titulados criminalizando al gobierno, editados y descritos sonora y gráficamente para que signifiquen lo que sea aunque la imagen en sí misma no diga nada, y a elo cual le sigue el desenfreno twittero y youtubero y facebookero y la correspondiente legitimación por parte de los principales dirigentes de la opsición.
Con la entrada de la noche, se activa la otra forma de su accionar insurreccional: acicateados suficientemente por el mencionado desenfreno de las redes sociales, cargados de odio e indignación por la sobredosis mediática recibida, pequeños grupos, principlamente de jóvenes, cada vez con mayor violencia cierran calles, queman árboles y basura, destruyen bienes públicos y privados, saquean comercios y atacan urbanismos de Misión Vivienda, casas del PSUV, sedes de oficinas públicas, centros públicos de salud.

La operación, como en 2002 y 2014, cierra cada día con los dispositivos mediáticos en los que sólo se muestran las imágenes de las movilizaciones previas a las confrontaciones, y a las fuerzas del orden público repeliendo a las vanguardias de choque o tratando de controlar con tanquetas, brigadas motorizadas, gases lacrimógenos y perdigones los distintos focos de violencia callejera. El relato, así, está concluido e inoculado. Revertirlo es casi imposible, por más pruebas y confesiones que muestre el gobierno.

IV
Dicen los manuales que en la guerra asimétrica no existe un frente determinado, ni acciones militares convencionales, sino la apertura y sostenimiento simultáneo o escalado de múltiples frentes. En el caso de Venezuela, el frente económico financiero está abierto desde hace años, el frente mediático y psicológico fue de los primeros en instalarse, el militar está en desarrollo y al acecho (basta ver en un mapa cómo las instalaciones militares estadounidenses han ido cercando al país) y el diplomático e institucional internacional ha ido cobrando fuerza en su accionar. ¿Estaremos ante un nuevo intento de abrir el frente de la población civil e incorporarlo al proceso de intensificación de la guerra total contra Venezuela?.

V
Si algo está claro, en medio de esta construcción progresiva de la confusión, es que sobre Venezuela no cesarán los ataques. A la derrota de cada agresión, a la desarticulación de cada conspiración, a cada victoria política y diplomática, sucederán nuevas agresiones, nuevos ataques, nuevas conspiraciones. Por su ubicación geográfica, por sus riquezas energéticas, minerales, acuíferas y de biodiversidad, y por el profundo calado del proceso revolucionario antimperialista y anticapitalista en las bases populares, Venezuela es un objetivo fundamental para que el sistema capitalista garantice su continuidad y reproducción, y para la necesidad del imperialismo estadounidense de expandir y profundizar su hegemonía.

Un escenario permanente de este tipo exige niveles altísimos de cohesión institucional y de eficacia en la gestión del gobierno, así como unidad inquebrantable en los instrumentos de defensa de la nación, militares y populares. Pero sobre todo, para garantizar el éxito en la resistencia permanente a la que estamos obligados(as) y para continuar avanzando en conquistas populares y en soberanía e indepedencia política, es necesario que la gran mayoría de la población mantenga su respaldo consciente, organizado y movilizado al proyecto revolucionario; y para ello no basta la eficacia operativa para organizar movilizaciones multitudinarias como la del 19 de abril, sino que es imprescindible ampliar y profundizar los espacios de participación y protagonismo popular y la incorporación de la gente organizada en los debates, decisiones y ejecución de las políticas y planes de gobierno.

Urge que se abran y fortalezcan los espacios para que la política vuelva realmente a la vida cotidiana de nuestra gente y, con ello, retroceda la peligrosa tendencia a alejarse cada vez más y transformarse en una política de aparato, de élites, ocupación propia únicamente de dirigentes políticos distanciados de sus bases: ello no genera sino despolitización, desmovilización e indiferencia de las grandes mayorías ante la vida política del país, es decir, tres elementos en extemo funcionales al objetivo del adversario.

No es sino con radicalización y profundización de la democracia revolucionaria que se lograrán los elevados niveles de organización, disciplina, cohesión y fortaleza de las bases populares que el proyecto revolucionario necesita para sostenerse en el tiempo sin extraviarse, sin perder sus perspectivas históricas. ¿Qué esperamos para avanzar en esa dirección?

*Artículo publicado en Revista Sacudón.

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