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Por Carmen Bohórquez

En analfabetismo científico de Ramos Allup

Venezuela | 20 de enero de 2016

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No voy a entrar, por vergüenza ajena, a comentar el acto de extremo desprecio con el que el actual Presidente de la Asamblea Nacional trató los retratos del Libertador, del Comandante Hugo Chávez y del Presidente de la República, Nicolás Maduro. Las imágenes que él mismo se mandó a grabar y luego difundió para mostrar que su nuevo poder no tiene límites, sirven por sí solas para perderle todo respeto. Sólo me permitiré unos breves comentarios sobre la supuesta “falsificación” del rostro de Bolívar que para el Sr. Ramos Allup representa la imagen obtenida a partir del uso de técnicas científicas de alta tecnología que, a su juicio, no fue más que un invento loco del Comandante Chávez.

Como integrante que fui de la Comisión Presidencial encargada de esclarecer la identidad de los restos que reposaban en el Panteón Nacional y de tratar de determinar las posibles causas de la muerte del Padre Libertador, puedo dar testimonio verídico y exacto de todo el procedimiento realizado el 15 de julio del año 2010, cuando un equipo de 56 científicos de alto nivel, en el que se encontraban historiadores, antropólogos forenses, anatomopatólogos, odontólogos forenses, genetistas, expertos en criminalística, ingenieros, radiólogos forenses, médicos forenses y variado personal de apoyo, emprendió la sagrada y retadora tarea de despejar las incógnitas que por 180 años habían rodeado la muerte del Libertador y habían desatado cientos de especulaciones en torno a ella.

Nuestro propósito, como dije antes fue doble, amén de cumplirse un objetivo fundamentalísimo como lo fue el de asegurar, con la aplicación de los más avanzados adelantos científicos, la preservación para los siglos futuros de los restos del Padre de la Patria. Respecto a la identidad de los restos se logró determinar a ciencia cierta que tales restos pertenecían, sin que ya quede sombra de duda, al gran Simón Bolívar. Atrás quedaron las teorías sobre un posible cambio o alteración de los mismos, originadas a partir de las 7 exhumaciones que sufrió el cadáver y las peripecias que tuvo que seguir hasta que pudo descansar finalmente en paz y con dignidad en el nuevo Mausoleo. Las pruebas de ADN a su hermana María Antonia y la exactitud que resultó de la comparación con las muestras tomadas ese 15 de julio a los restos que se encontraban en el Panteón, confirieron la certeza que tanta gente había estado buscando. No ocurrió lo mismo sobre las causas de la muerte, pues si bien no se encontró basamento ni histórico ni científico para probar que había sido envenenado – cosa bastante difícil de probar en restos de tanta antigüedad – tampoco se pudo probar que hubiera muerto de tuberculosis.

El asunto al que quiero llegar es que ambas cosas pudieron ser tratadas por primera vez con absoluta seriedad debido a que vivimos en una época en la que la ciencia ha alcanzado límites insospechados incluso 20 años atrás. Hoy las pruebas genéticas de filiación son incuestionables y lo son por el grado de precisión científica alcanzado, es decir, que son totalmente independientes de cualquier apreciación personal. Nadie hoy en su sano juicio podría negar la exactitud y veracidad de una prueba genética, como nadie hoy podría negar el gran desarrollo de la tecnología informática que permite desde enviar vehículos espaciales a Marte, explorar el universo más allá de nuestra galaxia, hasta el modelado e impresión en 3D de partes del cuerpo humano que por su exactitud se acoplan perfectamente a la anatomía del receptor.

La computación forma hoy parte esencial de nuestra vida cotidiana, desde el celular y las tabletas que dominan nuestras vidas hasta el diseño de vehículos que funcionan sin intervención humana. Todos ellos tan versátiles e incomprensibles que les atribuimos la más alta característica de los humanos: son definitivamente inteligentes. ¿Puede alguien negar que tales cambios han dado un giro copernicano a nuestras vidas? Vivimos la era cibernética y su proyección hacia aplicaciones futuras tiende al infinito.

Dentro de estos adelantos cibernéticos que sin duda marcan una nueva época histórica está su aplicación en la reconstrucción facial de personas vivas que han perdido gran parte de su rostro en terribles accidentes, o su aplicación para reconstruir el rostro de personajes históricos que por haber existido antes de que se inventara la fotografía, no se puede saber con exactitud cómo lucían verdaderamente, más allá de la interpretación artística que hiciera algún pintor, quien por estar atado a su subjetividad siempre produjo un retrato de la persona en cuestión distinto del producido por cualquier otro que pintara al mismo personaje. Lo vemos con todos los cuadros existentes de personajes históricos y pasa igual con Miranda, con Bolívar, con Sucre, etc.

Para la reconstrucción del rostro de Bolívar (https://t.co/If5NPd40dU) se utilizó una base de datos obtenida a través de una tomografía axial computarizada (TAC), que puede medir milimétricamente y con exactitud pasmosa cada detalle del cráneo; ésta, más la aplicación de programas de computación especializados y estudios comparativos permitieron calcular luego el grosor de los tejidos blandos que recubrieron ese cráneo. Todo lo cual fue apoyado por los conocimientos de los anatomopatólogos, probados en años y años de experiencia, que sólo vinieron a confirmar los datos aportados por la TAC.

De modo que si hay algún retrato que refleje cómo era verdaderamente Bolívar es éste que ha sido producido por la ciencia. Dudar de ello es negarse a creer en los adelantos científicos, es como ir al médico y negarse a aceptar los resultados de una tomografía que indique que debes operarte de emergencia porque tienes un tumor que te invade el pulmón. Quien así actúa no puede considerarse sino que sufre del peor de los males del siglo XXI: la ignorancia científica, y más le valdría irse a vivir a una cueva en el monte donde la ciencia no le alcance.

Por cierto, ese retrato científico no fue “una idea loca” de Chávez, sino una propuesta de los y las científicas que actuaron en la exhumación.

Por Carmen Bohórquez

19 de enero de 2016

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