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Por Alejandro López González

Energía y cambio climático

EEUU | 14 de marzo de 2018

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Foto: Archivo.

Introducción

Con la llegada de Donald Trump a la presidencia de los EE.UU, ha surgido nuevamente la polémica acerca del calentamiento global. Los asesores más cercanos del nuevo presidente de ese país son detractores de la existencia de este fenómeno, los cuales están vinculados a intereses petroleros trasnacionales. Sin embargo, el calentamiento global es una realidad constatada por el panel inter-gubernamental para el cambio climático y la Organización de Naciones Unidas[1] y, recientemente, aceptado por la inmensa mayoría de países en los acuerdos de París[2].

Este fenómeno, también conocido como el incremento sostenido de las temperaturas medias anuales en nuestro planeta tiene, sin duda, un origen antrópico y no es producto ni de tormentas solares, ciclos astronómicos o cualquier otro fenómeno natural. Sus causas son las emisiones de gases de combustión en centrales termoeléctricas, industrias de transformación y sistemas de transporte. En los países más industrializados del hemisferio occidental (Europa y EEUU), más del 60% de la generación de electricidad es a partir de centrales termoeléctricas con carbón y otros combustibles fósiles, altamente contaminantes y causantes de este problema.

En este sentido, es importante resaltar que, según el Consejo Mundial de la Energía[3], Venezuela es el noveno productor mundial de electricidad a partir de centrales hidroeléctricas que, aunque han generado polémica por los impactos socio-ambientales que conlleva su instalación en un territorio, es indudable que son tecnologías limpias y prácticamente libres de emisiones de gases de efecto invernadero. Venezuela genera la mayor parte de su electricidad (>65%) a partir de centrales hidroeléctricas y el restante 35% a partir de centrales termoeléctricas, fundamentalmente a gas.

Por lo tanto, se puede decir que nuestro país genera la mayor parte de su electricidad a partir de tecnologías con muy pocas emisiones de gases de efecto invernadero, por lo que afecta muy poco al sistema climático terrestre a través de emisiones contaminantes. Sin embargo, esto no nos protege de las consecuencias globales del cambio climático. Aunque el fenómeno ha sido originado por los gases y partículas residuales del desarrollo industrial de las naciones económicamente más poderosas, sus consecuencias nos afectan a todos, especialmente a los países del denominado Sur global.

Ahora que las consecuencias dramáticas del daño causado por este fenómeno se hacen más evidentes, algunos organismos supranacionales y naciones industrializadas del hemisferio norte, comienzan a promover medidas basadas en estrategias de mercado que lejos de promover un desarrollo sustentable a escala global, pueden limitarse a frenar la capacidad de desarrollo endógeno de las naciones menos industrializadas como Venezuela y acrecentar la dependencia económica de los países más pobres. Esta realidad se enmarca en el concepto de Deuda Ecológica[4], que ha de ser una bandera permanente de reivindicación del movimiento ecologista y eco-socialista venezolano.

En la actualidad, el cambio climático afecta nuestra cotidianidad y es una de las causas del incremento desproporcionado en la demanda de electricidad de nuestro país. Entre 2001 y 2011 la cantidad de equipos de aire acondicionado en Venezuela se ha incrementado de un 14% hasta un 42%, siendo el equipo electrodoméstico que registró un mayor aumento durante este período debido al incremento en la temperatura media anual[5]. Además, nuestro país ya comienza a padecer los efectos del cambio climático de forma directa y profundamente negativa, en sus zonas rurales más pobres y apartadas de la cotidianidad urbana, como lo describiremos en los siguientes apartados.

En ciudades como Caracas o Maracaibo, quizás el tema no pasa de distraer una conversación relacionada con el calor que cada año es más intenso en las principales urbes de nuestro país, pero muy poco conocen de la realidad que viven las comunidades rurales, indígenas y fronterizas.

En el marco de una investigación acerca de la sostenibilidad de sistemas de electrificación rural con energías renovables en comunidades aisladas e indígenas de Venezuela, hemos visitado alrededor de 30 comunidades en los estados Zulia, Bolívar, Mérida y Falcón. Como uno de los hallazgos de dicha investigación, se revelan algunas de las consecuencias del cambio climático en las localidades visitadas, las cuales son descritas brevemente en este artículo con el fin de sensibilizar a la opinión pública del país acerca de la necesidad de resistir a la destrucción medioambiental de nuestro mundo, resistir a la explotación desmesurada, desregulada y voraz de los recursos fósiles como carbón, petróleo y gas.

Venezuela está obligada a emplear sus recursos petroleros para una transformación definitiva de nuestra matriz energética a otra que sea más armónica con el medio ambiente y exigir a los países industrializados una retribución concreta por los daños que su desarrollo industrial y la contaminación de nuestra atmósfera común nos han ocasionado tanto a nuestro país como al conjunto de los países del Sur.

El servicio eléctrico en Venezuela y el cambio climático

Es una realidad recurrente de los últimos 5 o 6 años que los racionamientos programados en el servicio eléctrico se acentúan entre los meses de mayo y septiembre, que son los meses de más elevadas temperaturas en nuestro país. Nuestra demanda eléctrica es básicamente residencial y, dentro de los electrodomésticos residenciales, son los equipos de aire acondicionado los que más demandan electricidad, como es el caso del estado Zulia, con un 60% del consumo eléctrico proveniente de este sector, generado esencialmente por estos aparatos domésticos. Con el calentamiento global, la demanda de estos artefactos se incrementa anualmente y se exige mayor capacidad de generación a nuestras centrales tanto hidro como termo eléctricas, aunque también hay que tomar en cuenta las muy malas condiciones de estas últimas, producto de las fallas que presentan por la falta de operación y mantenimiento. Si tuviésemos el parque termoeléctrico a una disponibilidad estándar internacional, esta situación ni siquiera la estuviésemos planteando. En todo caso, el cambio climático y la sequía agudizan la situación descrita.

El cambio climático, nos afecta cada vez que se produce una interrupción en el servicio eléctrico, cada vez que una central termoeléctrica debe ser regulada por altas temperaturas, cada vez que una línea de trasmisión es dañada por incendios forestales derivados de la intensa radiación solar y altas temperaturas. Todos estos factores afectan el desarrollo de nuestro país. Con base en un estudio que hemos realizado a partir del registro de datos durante 5 años, hemos estimado que la variación en la demanda eléctrica máxima diaria de una región como la zuliana, aumenta entre 3% y 7% por cada grado centígrado de temperatura, lo cual es muy significativo.

El cambio climático en las comunidades rurales venezolanas

Es sabido que Falcón es el estado más seco de Venezuela. Las condiciones desérticas de sequedad extrema se reconocen en el litoral occidental y, sobre todo, en los Médanos de Coro, con temperaturas anuales promedio entre 28 y 29 °C. Sin embargo, estos valores se han venido incrementado en los últimos años afectando a la ya pobre hidrografía del estado y las escasas precipitaciones hacia la costa, litoral occidental y toda la Península de Paraguaná, donde en el mejor de los casos se presentan medias anuales de 800 a 1.200 mm en las áreas de mayor altura.

La época de lluvias, que es bastante breve, se ha venido acortando aún más, afectando a la vegetación constituida por cardonales y otras variedades de plantas xerófilas. Según la ubicación de las comunidades rurales en Paraguaná, las actividades económicas de la población son la cría de ganado caprino y bovino, producción de leche, queso, conservas y cueros, así como la pesca, que es muy importante en todo el estado, siendo el tercero en producción de pescado en toda Venezuela.

En el caso de comunidades de la parroquia Jadacaquiva, como Jacuque y La Macolla, que se dedican a la cría de ganado caprino y bovino, producción de leche, queso y conservas, las extremas sequías han provocado una merma en la producción láctea de los animales, que ahora se venden para aprovechar mayormente su carne. Muchos animales han muerto por la sequía, al no conseguir riachuelos y pozos de agua dulce que beber. En la actualidad, los animales son aprovechables en mucho menos kilos de carne que anteriormente y el precio al cual se compra la carne a estos pastores paraguaneros es extremadamente bajo. Hay quien tenía más de 700 cabras y 500 vacas y ahora solo conserva 50 y 40, respectivamente, debido a que mueren por falta de pastos y agua. Los animales mueren al ingerir agua de mar en su desesperación por falta de agua dulce.

Las sequías también impiden que se siembre en esta parte norte de la península. Las condiciones de vida en estas comunidades rurales son de pobreza y están empeorando, debido a estas condiciones climáticas. La situación en La Guajira es similar o aún peor. A pesar de los esfuerzos del Gobierno nacional, entre 2005 y 2012, suministrando plantas potabilizadoras alimentadas por paneles solares fotovoltáicos, la carencia de agua ha empeorado por la extrema sequía y altas temperaturas.

Conclusión

Debemos transformar la matriz energética venezolana, promover y defender el desarrollo de las energías renovables a través de un ordenamiento territorial coherente que incluya energía, agua y biodiversidad dentro de territorios energéticamente sustentables[6] y así trascender el modelo extractivista que se acentuaría con la explotación del carbón, coque y minerales preciosos en territorios y cuencas hidrográficas con ecosistemas particularmente frágiles. Ante la abundancia en recursos energéticos renovables, los combustibles como el gasoil y el fuel-oil para la generación termoeléctrica deben ir reemplazándose por fuentes primarias de energía no contaminantes como la eólica y solar. De acuerdo con datos del Ministerio de Energía y Minas (2001), en Venezuela se puede generar, en energía eléctrica, el equivalente a 6 millones de barriles de petróleo al día, empleando tecnologías de generación basadas en recursos eólicos y solares. El mayor potencial en energías renovables en nuestro país se encuentra en la región nor-occidental (estados Zulia y Falcón) donde se podrían generar hasta 10 mil megavatios de energía eléctrica con parques eólicos ubicados en la sub-región Guajira. Esto es mucho más de la mitad de la demanda media diaria de electricidad a nivel nacional. Pero al mismo tiempo, debemos levantar la voz a nivel internacional a favor del reconocimiento, por parte de las naciones industrializadas, del inmenso daño que su desarrollo industrial capitalista ha causado a todos los que habitamos este planeta. El movimiento ecologista venezolano tiene mucho trabajo por delante, muchas tareas, mucho estudio, mucha vocación, mucho servicio de concientización entre las bases populares movilizadas hacia un cambio en el modelo socioeconómico, del rentismo extractivista, del capitalismo, al eco-socialismo y la vida.

Fuentes consultadas

Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC). Sitio web oficial. 2017. Disponible en http://www.ipcc.ch/home_languages_main_spanish.shtml

INE – Instituto Nacional de Estadística. Censo 2011. Disponible en http://www.redatam.ine.gob.ve/Censo2011/index.html

Organización de las Naciones Unidas. Acuerdo de Paris. 2017. Disponible en http://newsroom.unfccc.int/es/acuerdo-de-paris/

Petit, Luis Gerardo. Paralización de termoeléctricas empeora la crisis nacional. Universidad del Zulia. 2016. Disponible en http://www.agenciadenoticias.luz.edu.ve/index.php?option=com_content&task=view&id=6338&Itemid=148

World Energy Council. Energy resources. 2017. Disponible enhttps://www.worldenergy.org/data/resources/resource/hydropower/

[1] Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC). Sitio web oficial.

[2] Organización de las Naciones Unidas. Acuerdo de Paris.

[3] World Energy Council. Energy resources.

[4] La Deuda Ecológica es aquella que ha sido acumulada por los países del Norte hemisférico frente a los países del Sur debido al expolio de sus recursos naturales, los daños ambientales, la ocupación invasiva de sus espacios geográficos y todos los daños derivados de catástrofes ambientales provocadas por el cambio climático.

[5] INE – Instituto Nacional de Estadística. Censo 2011.

[6] Sobre esto véase: “Ecosocialismo y territorios energéticamente sustentables” http://rebelion.org/noticia.php?id=205875

*Revista Territorios Comunes


Tomado de: Rebelión

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