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Por: Jessica Dos Santos Jardim

Eso no es peo mío

Venezuela | 24 de agosto de 2017

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El pasado 30 de julio, yo salí a trabajar muy temprano, en el camino me tropecé con la madre de una antigua compañera de liceo, la señora iba, como reza el cliché periodístico, “rumbo a ejercer su derecho al voto”. La mujer me abrazó con el afecto de quien de una u otra forma tuvo algo que ver con nuestra crianza. En ese instante, yo recordé a su hija, una chama que esgrime no tener absolutamente nada que ver con el chavismo, odiarlo, querer desaparecerlo de la faz de la tierra. Se lo dice a los panas, lo publica por las redes sociales.

¿Niega a su madre? ¿La aborrece? ¿En qué punto del camino a la gente le empezó a dar pena, asco, rabia, tener a un familiar que piense distinto a sí mismo? ¿Por qué? ¿En qué medida el sentimiento es real y cuándo solo busca aparentar en el reino de lo público?

Yo hace unos días me tropecé con un viejo amigo que, por asuntos políticos, creo, y digo creo porque yo jamás he usado las redes sociales para agredir o responder a las agresiones de nadie, me eliminó de su perfil. Cuando eso ocurrió él juro públicamente que “en lo que me viese” me iba a decir de todo. Me vio… pero unos escasos 5 segundos, porque eso fue lo que tardó su mirada en clavarse en el asfalto e ignorar mi llamado.

¿Hasta dónde llega “la agresividad” 2.0? ¿Qué busca? ¿Qué la determina? ¿Es el primer paso antes de querer quemar gente por ahí? ¿Puede el contacto visual, auditivo, táctil, calmar el odio o lo acrecienta aún más?¿Qué se hace en estos casos?

Más o menos en la misma tónica, y mucho antes de que los crímenes políticos se normalizaran, tuve estudiantes que pasaron semanas en completo silencio y el día de las asignaciones me entregaron sus trabajos metidos en sobres, carpetas, etc., “y por fa no le vaya a decir a nadie, profe”:

¿Decir qué? Que ellos piensan de tal, o cual manera. ¿Cuándo nos empezó a dar miedo eso?

El chavismo no se salva. A la inversa ocurren cosas similares. Yo he visto al chavismo dudar de la convicción política de alguien porque es blanco(a), clase media-alta, “bonito(a)”, hijo de fulanito de tal (opositor, claro), etc. ¿Desde cuándo nos creemos con la facultad de poner en tela de juicio la postura de otro a punta de pura entelequia? ¿Se deberá esto a la rara tendencia que tenemos de juzgar por juzgar? ¿De juzgar con base en lo impuesto?

Hace unos cuantos años yo salía con un hombre mucho mayor que yo, la razón era simple: yo lo quería. Tan simple que la gente se negaba a creerlo. Ante las miradas desconocidas yo era una chula (aunque el carajo era y es todavía más pelabolas que yo) o tenía algún problema patológico, una rara necesidad de “protección paternal”, y no sé cuántas pendejadas más.

Recuerdo que en una ocasión estábamos en un localcito de Parque Central y el mesonero, que acababa de vernos protagonizando un tímido beso, se acercó a la mesa: “¿Qué desea el señor? ¿Y su hija que va a querer?”.

En aquel entonces su pregunta resquebrajó algo en mis adentros. Hoy entiendo que, como decía Blas Pascal, “el hombre está dispuesto siempre a negar o ridiculizar todo aquello que no comprende”, o que le da miedo, pero además supe lo profundamente hipócrita que puede ser nuestra sociedad.

En estos días he recordado mucho ese capítulo. En especial al ver todo el revuelo que generó en las redes sociales el embarazo de Lilian Tintori y la etiqueta aquella #QuiénPreñóALilian. El énfasis ha de ser en el terreno de lo político: si había visitas (maritales, además) y Leopoldo tan sistemáticamente torturado, pues al parecer, no estaba. Listo.

Del resto: ¿Es peo nuestro con quién se acuesta Lilian Tintori? ¿Si tiene o no sexo con Leopoldo? ¿Qué pasa con nuestras banderas de lucha cuando caemos en esto? ¿Qué tanto nos acercamos a la visión conservadora de tradición, familia y propiedad? ¿Podremos luego quejarnos del accionar de “medios” como La Patilla, Maduradas, etc., habiendo hecho exactamente lo mismo?, o acaso ¿hemos caído en el antiquísimo “lo que es igual no es trampa”?

A ver: ¿El presidente Nicolás Maduro y Cilia Flores tendrán una vida sexual muy activa? ¿Se habrán pegado los cachos alguna vez? O acerquémonos más: ¿Usted ha sido y le han sido fiel siempre? ¿Cómo es su rendimiento en la cama? Ahhhh… No es mi peo, ¿verdad? ¿Entonces? ¿Qué necesidad hay de hacer una telenovela con todo y con nada?

Sé que más de uno saldrá a decir: “Qué poco humor tienes, Jessica”, “Los venezolanos somos así”, “Este es el Caribe”, pero no. Este es el terreno de lo político, donde no hay términos medios, o usted agarra sus banderas y las ondea con más o menos consistencia (y digo más o menos porque no se puede obviar que todos hemos sido criados por este sistema) o usted se jodió. A mí, en lo personal, me ladilla cada vez que Maduro usa el “Capriloca” para referirse a Capriles y el cuento del BMW también.

¿Acaso no hay bastantes homosexuales en el alto gobierno? ¿Tiene algo de malo eso? ¿No hay otros señalamientos, verdaderamente negativos e importantes, que usar en contra de los adversarios políticos?

Si algo aprendimos en estos años es a exterminar el “argumento ad hominem” (argumento contra el hombre) de nuestro debate. No retrocedamos entonces. Al fin y al cabo, peor que no tener moral, es tener dos.


Publicado originalmente en 15 y último el pasado 22 de agosto

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