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Entrevista Especial

Fernando Soto Rojas: "Hemos obligado a la oposición a dialogar"

Venezuela | 30 de enero de 2018

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Contra Venezuela y su Presidente, Nicolás Maduro, se ejercitan todos los gobiernos capitalistas, en América Latina y en Europa. Los poderes fuertes accionan todas sus fichas, mostrando la magnitud de la ganancia en juego. Desde Italia, las mareas parten desde una clase política inepta y desde una centro-izquierda sumisa a los deseos de Washington, que en estos años a menudo ha cambiado los símbolos en las papeletas electorales, pero no las políticas de empobrecimiento de los sectores populares. En estos días ha entrado en juego también la masonería italiana para apoyar a la Gran Logia Soberana de las ALAM de Venezuela. Los masones han pedido al gobierno italiano – ya de acuerdo en Europa a las sanciones decididas por Trump – de intervenir “para reapacificar Venezuela”.

La masonería, el partido internacional del capitalismo, tiene sus logias en diversos países y a dirigirlas son empresarios-millonarios, en un entramado oculto entre negocios y política. Y destacan los italianos. Como prueba de la peligrosidad y de la influencia que tienen y han tenido las logias masónicas sobre la política italiana, vale recordar el rol del mandadero Licio Gelli, muerto en el 2015. A partir de 1970, Gelli ha sido jefe de la logia masónica secreta denominada P2, que ha jugado un rol en los principales escándalos y en las principales actividades subversivas del siglo pasado: desde los intentos de golpes fascistas a la masacre de Bologna, a la operación Gladio (una especie de Plan Cóndor italiano). Gelli, los fascistas y los servicios secretos afiliados a ellos, han sostenido las operaciones criminales de los dictadores latinoamericanos, en particular aquella de Videla y socios en Argentina, de la que el “venerable Gelli” era amigo, tanto que le han procurado también documentos falsos para la fuga cuando ha tenido necesidad.

La figura de Gelli y su trabajo nos remontan al enfrentamiento sin cuartel que se ha desarrollado en el siglo XX entre el comunismo y las fuerzas de la reacción, que luego resultaron ganadoras también en Italia. Y se sabe que las clases dominantes cuando vencen reescriben la historia a su propia ventaja, para restablecer el conflicto en el recinto y hacer creer que no pueda existir otro mundo fuera de aquel de las ganancias y las guerras imperialistas. Y así, a las jóvenes generaciones que tratan de meter mano al conflicto social, les viene impuesto un balance distorsionado o demonizado que elogia a los opresores y a los traidores y condena a aquellos que han tratado de derrotarlos.

También por esto, el ejemplo que llega desde Venezuela bolivariana en la que los últimos, los excluidos, han retomado en mano la bandera de la dignidad, da miedo. Da miedo que el socialismo bolivariano haya sabido sacar fuerzas del enfrentamiento de clases precedente, haciendo honor a los propios héroes: a los opositores y a los guerrilleros que han combatido las “democracias camufladas” durante la IV República, a los que la oposición venezolana y sus partidarios italianos quisieran regresar.

Que cosa han sido las democracias puntofijistas lo sabe bien el diputado del PSUV Fernando Soto Rojas, hoy Asambleista Constituyente de la Asamblea Nacional Constituyente, ex guerrillero. Soto ha perdido un hermano en aquel enfrentamiento: uno de los “desaparecidos” arrojados desde los aviones o hechos desaparecer después de haber sido torturados en los centros de detención clandestinos. Lo hemos entrevistado a fin de año en Caracas, en uno de los encuentros del sábado a los que participan muchos ex guerrilleros y viejos militantes como Manuel Vadell, la comandante Nancy Zambrano.

Una larga historia aquella de Soto Rojas…

Sí, más de 65 años de lucha guerrillera, clandestina o abierta, aquí en Venezuela y con la Revolución Cubana y con los palestinos. Una lucha de larga duración que no se ha concluido. Estamos aquí para concluir el año que ha sido fundamentalemente positivo pero también difícil y complejo, exigente para Venezuela y para el continente. En un período de crisis estructural del sistema capitalista a la cabeza del imperialismo yankee ha llegado el presidente Trump que en pleno siglo XXI, mientras ya se ha roto virtualmente la llamada unipolaridad yankee, pretende ser juez y gendarme del mundo.

Pero el mundo ha cambiado, estamos en presencia de una realidad multicéntrica y multipolar. Venezuela ha estado bajo asedio, sea desde el interior que a nivel internacional, sin embargo podemos decir que el 2017 ha sido un año victorioso: porque finalmente hemos puesto un alto al terrorismo y a las guarimbas con la Asamblea Nacional Constituyente y sus diez puntos programáticos que han devuelto la paz al país.

Hemos obligado a la oposición a dialogar, demostrando como no tengan un programa alternativo, sino un proyecto subordinado a la dirección económica financiera e ideológica de los Estados Unidos. Por esto no es fácil que las derechas puedan poner juntos un liderazgo unitario con un verdadero programa para la nación. Pero tienen una base de consenso, y la revolución debe desarrollar una política creativa, una pedagogía revolucionaria basada sobre la historia de este pueblo virtuoso, solidario y rebelde, que vive un proceso permanente de independencia. Desde el inicio del Siglo XIX, todos los pueblos del mundo han sido amenazados por la política llamada del “destino manifiesto” impuesta por los Estados Unidos. Desde un 2017 positivo nos preparamos para la ofensiva general.

A través de la Asamblea Nacional Constituyente debemos terminar con el régimen de la democracia representativa liberal-burguesa. Venezuela ha tenido dos formas de gobierno: la dictadura militar clásica con Juan Vicente Gómez o Perez Jimenez, que ha terminado, y el régimen liberal-burgués que, en cambio, todavía debe ser terminado. Quien quiera participar a los próximos procesos electorales debe, sobretodo, respetar el texto constitucional, no puede someterse a potencias extranjeras y no debe recurrir a la violencia. Es lo mínimo que debe exigir cualquier estado soberano que se respete, y estamos empeñados en esto. Entendemos que el imperialismo USA quiere desestabilizar el país, crear el caos y hacer caer el gobierno para intervenir militarmente. Los Estados Unidos saben que la revolución bolivariana es una esperanza, que el nuestro es un país de enormes riquezas, y que el dólar es tendencialmente insostenible. Nosotros estamos trabajando en una moneda supranacional sostenida por la reserva petrolera y el oro, y tenemos diamantes, coltán… Estamos cambiando el viejo modelo, el bolívar puede convertirse en la moneda más fuerte de América Latina.

¿De viejo comunista, piensa que el proceso bolivariano esté yendo hacia el socialismo o hacia un nuevo pacto con el sector privado y con los poderes fuertes como sostiene el llamado “chavismo crítico”?

Los diez objetivos estratégicos aprobados por la Asamblea Nacional Constituyente indican que el camino hacia el socialismo bolivariano del siglo XXI es nuestro objetivo histórico. Nuestro deber es el de contruir la República Bolivariana, que es una República libre de todos los condicionamientos y de la explotación que la burguesía ejercita todavía sobre el estado bolivariano, un estado que no expresa todavía el proyecto deseado por Chávez. Por esto tenemos la Asamblea Nacional Constituyente, el presidente Nicolás Maduro, un pueblo siempre más consciente, la Fuerza Armada Nacional Bolivariana y también una serie de condiciones favorables.

Estamos en presencia de una crisis revolucionaria de los poderes que puede definir no sólo el destino de Venezuela y aquel del continente, pero también las esperanzas del mundo. La victoria a las elecciones presidenciales del 2018 puede hacernos avanzar hacia una sociedad democrática y estable en Venezuela, en el continente y en el mundo. De aquí la desesperación del señor Trump, porque cuando examinamos los últimos 25-30 años vemos que no hay sociedad en el signo del capitalismo que tenga una cierta credibilidad política y seguridad social. En Venezuela no será posible regresar a los tiempos de Perez Jimenez, ni terminar como en Irak o en Libia. Los Estados Unidos pueden imponer o pilotear victorias electorales e instalar gobiernos con el fraude, como en Brasil o en Honduras, pero no pueden garantizar estabilidad y saben que estan en una crísis terminal.

También donde nosotros, la Asamblea Nacional Constituyente se está disolviendo por sí sola. Sin embargo, también si el 2017 se puede considerar un año positivo, la victoria no ha sido total, debemos perseverar hacia “unidad, lucha, batalla y victoria”, como decía Chávez,

¿Por qué estas reuniones del sábado, cuál es el peso de este componente revolucionario en el proceso bolivariano?

Aquí hay combatientes por la libertad y por la independencia, tienen un peso moral porque han sufrido tortura y cárcel, por esto somos un referente moral. La gente nos mira con mucho respeto, pero no podemos vivir de legenda como decía Alí Primera, debemos discutir y actuar por nuestro pueblo. La línea es aquella de avanzar en la unificación programática de todos los trabajadores, no sólo de obtener subsidios y cesta ticket.

Tú has participado a la redacción de la Ley contra el Olvido y a los trabajos de la Comisión por la verdad sobre crímenes de la IV República, cuyo libro ha sido presentado por la Ex Fiscal General Luisa Ortega Diaz, hoy huida al extranjero. ¿Cuáles han sido los resultados de las investigaciones?

No obstante el boicot cumplido por la Ex Fiscal General, el libro ha visto la luz. Todos los testimonios demuestran que el puntofijismo, desde el 1959 al 1998 ha desarrollado una política de estado no democrática sino criminal basada sobre tres tipos de delito: traición a la independencia del país, corrupción administrativa y represión. Han habido muertos, desaparecidos, torturados. Datos incuestionables como demuestran las 800 páginas del informe conclusivo.


Geraldina Colotti

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