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II Encuentro Latinoamericano Progresista

García Linera: “El futuro socialista va a ser ecológico, o no va a ser futuro”

Ecuador | 1ro de octubre de 2015

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El Segundo Mandatario de Bolivia reveló en su discurso algunos de los errores que se presentan al momento en los movimientos progresistas de América Latina. Fotos: Daniel Molineros / El Telégrafo

El vicepresidente boliviano, Álvaro García Linera, pidió a la izquierda comprender el proceso que vive la región. Dijo que sin la participación ciudadana se corre el riesgo de ser “reformista u oportunista”.

Su discurso fue emotivo, lleno de precisiones sobre el momento político y cultural que vive América Latina. La charla magistral del vicepresidente de Bolivia, Álvaro García Linera, planteó un debate sobre el rol de la izquierda entre los asistentes al II Encuentro Latinoamericano Progresista (ELAP 2015) en el auditorio lleno de la Casa de la Cultura de Quito.

Recordó que los países “tradicionalmente democráticos del mundo”, como los del norte, no son ningún modelo a imitar. “En esos espacios ni la mitad de su población elige a los gobernantes, y de esa mitad ni el 2% participa en la toma de decisiones; y de ellos ni el 1% ejecuta las decisiones”.

Reiteró que América Latina espera una democracia plebeya, de la calle, de la acción colectiva de su pueblo. “Estamos hablando de la democracia concebida como un permanente crecimiento de la participación de la gente en la vida pública, en los asuntos comunes, familiares, educativos, médicos, económicos. La democracia no solo es un método sino el escenario del propio proceso revolucionario”.

Insistió en que la democracia, tal como se la debe entender en América Latina no es algo momentáneo. “En los últimos 15 años se ha mostrado a partir de lo que ha sucedido en Venezuela, Ecuador, Bolivia, (..) que la democracia no es una etapa temporal, sino un puente que nos conduce necesariamente hacia una nueva sociedad. Pero no es una concepción de la democracia como modo de selección de gobernantes, ni como principio ético, sino que la debe llevar al Ejecutivo, al parlamento, a la propia vida cotidiana. Lo que hemos aprendido es que cualquier método de lucha solo ha de ser revolucionario si tiene la participación de la gente por la vía armada o pacífica. Sin eso cualquier acción parlamentaria o armada es reformista u oportunista”.

El vicepresidente boliviano reiteró la necesidad de que intelectuales, médicos, estudiantes y demás se involucren en el poder para evitar que la oligarquía vuelva a gobernar.

“Cuando uno se aleja del poder para no mancharse y se recluye en la comuna, al margen del poder, lo que está haciendo es dejar que el poder independientemente de lo que diga o haga siga existiendo; y al existir bajo la vieja manera del monopolio centralizado por unas oligarquías que rotan en la gestión de la administración pública, permitimos que esos pocos sigan administrando en contra de las mayorías; permitimos con nuestro silencio (...) que el poder del Estado se mantenga en manos de pequeñas oligarquías, que pocos privaticen los recursos de muchos. Se deja que el Estado y su monopolio siga desorganizado”.

El segundo mandatario señaló que hasta antes de 2008 el mundo en general se veía perfecto con discursos privatizadores que aseguraban que traerían los recursos económicos para garantizar la riqueza y el bienestar del pueblo y que eso era el fin de la historia.

“Todos eran neoliberales, se decía que la privatización de los recursos iba a traer bienestar y riqueza para el pueblo, el mundo era globalizado con la presencia de la inversión extranjera como la salvadora del mundo, esto ordenaba la vida de las personas, su parámetro lógico y su tolerancia a los gobernantes”.

Tras algunas reflexiones el mundo en general descubrió que ese modelo no era la solución, y que había algo más. “Hubo un momento en que eso ya no era tolerable, ni creíble, ni verificable. Algo no encajaba en este horizonte del fin de la historia al que todos debíamos sumirnos tarde o temprano para alcanzar la felicidad. Ese fin ya no era tal, y el paraíso había sido sustituido por un infierno cotidiano para conseguir el trabajo y la comida diaria”.

Para llegar a ese punto, acotó García, hubo una siembra espiritual, mental y cultural en las sociedades latinoamericanas. En unos casos promovida por una acción militar, en otros por acción colectiva, otras por movilización.

“Sobre ese escenario abierto por un quiebre cultural emerge cada uno de los procesos progresistas de América Latina. Ninguno de los actuales líderes de Argentina, Bolivia o Ecuador son personas que caen como rayos en cielos despejados. (..) No se pudo dar la toma del poder sin la transformación de los parámetros culturales, sin una verdadera guerra de posiciones”.

Alabó que los intelectuales sean parte del Estado porque se requieren ideas fuertes con capacidad de generar movilización y acción colectiva dentro del gobierno, sin embargo recalcó que esos puestos abandonados en sindicatos, organizaciones sociales, entre otros, no deben descuidarse porque ahí está la oposición atenta para ocuparlos y ganar esa batalla de ideas.

“Ahí es donde se está atrincherando la derecha. Necesitamos volver a esos espacios porque tan importante como un eficiente ministro de gestión pública o de obras, es un dirigente en la asamblea conduciendo el sindicato. (...) No concentremos toda la fuerza intelectual y activa en la gestión de gobierno”.

Y para concluir su ponencia en Quito pidió permiso para criticar a la que denominó como “izquierda de cafetín”, “izquierda deslactosada”, “perfumada”, que observa el fragor de los procesos desde el balcón o la televisión. Para García, esa izquierda “bien remunerada” se horroriza del lenguaje guerrero y del olor de la plebe en las calles, más bien critica a los gobiernos progresistas que no han construido en una semana el comunismo y que “aprovechando el descanso de su fitness matinal nos critican que no hayamos acabado de una buena vez con el mercado mundial”.

Dice que esta izquierda participa en seminarios donde rinden cuentas de sus financiamientos externos, que garantizan su buena vida, y desde allí “denuncian a los gobiernos progresistas por no haber instaurado instantáneamente y por decreto el Buen Vivir”. (I)

Fuente: El Telégrafo.

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