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Grandes Proyectos de Energía sólo dan lucro para algunos

Brasil | 19 de diciembre de 2009

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Elaine Tavares

El agua bajó del cielo sobre la cabeza de aquellos que se niegan a verla empapando campos productivos. Dos días de lluvia fuerte y dos días de intensos debates, justamente para discutir los destinos de las aguas y de la energía en este país. Se trata del Seminario Sobre Grandes Proyectos de Energía, promovido por el Movimiento de los Afectados por Represas, en la ciudad de Cerro Negro, en Santa Catarina, lugar donde hace más de 20 años que se lucha contra la construcción de una hidroeléctrica más en el río que corta el municipio. Más de 400 personas participaron, durmiendo en campamentos precários y enfrentando temporales. Eso es poco, decían, cerca de lo que puede significar de destrucción, la saña constructora de represas en este país. Por eso nadie se preocupa con las intemperies. Discutir el modelo de desarrollo les parecía más importante que clamar contra la lluvia y las dificultades passageiras.

Lo que son las represas

Represas son barreras artificiales, construídas en cursos de ríos para retener grandes cantidades del agua. El propósito de eso es desviar los manantiales, como en casos de inundaciones, usar esa agua para alguna región, o generar energía. El uso de ese tipo de modificación en la naturaleza no es cosa nueva, desde que el hombre comenzó a manipular la naturaleza ellas habían sido erguidas, sobre todo donde había escasez del agua, para que, durante las lluvias, el precioso líquido pudiese ser almacenado. Los árabes fueron grandes manipuladores de las aguas y los diques más antiguos habían fueron creados en la región de Medio Oriente y en Egipto. También en la India antigua se utilizaba ese procedimiento para evitar inundaciones de los campos fértiles en los períodos de creciente. En Abya Yala igualmente las mayas y los incas usaban ese recurso para almacenar agua. Pero en el período de la Revolución Industrial – cuando empieza a instalarse el sistema capitalista - este tipo de manipulación de la naturaleza se realiza para generar energía en gran escala, y a partir de ahí el proceso avanza para la construcción de grandes hidroeléctricas.

En Brasil

La fiebre de las grandes represas en Brasil comenzó en los años 70, no por casualidad, en la década del llamado “milagro brasileño”, en pleno régimen militar, cuando el desarrollo era la meta nacional. La idea era construir centrales hidroeléctricas para, con la fuerza de las aguas, generar electricidad para abastecer el parque industrial nacional que empezaba a desarrollarse. La primera de estas grandes represas fue paradigmática, desalojando de un tirón más de 70 mil personas. Era el Dique de Sobradinho, en Bahía, construido en el curso del Río São Francisco.

En 1975, la novela de TV Globo, Fogo sobre Terra (“Fuego sobre Tierra”), escrita por Janete Clair, una de las más importantes escritoras de este tipo de folletín, debatió el tema de los diques apuntando la construcción como puntapié inicial para el progreso, al final, nunca se debe olvidar, la empresa de los Marinho nació en el período militar con el propósito de crear plusvalía ideológica a nivel nacional. El argumento mostraba la disputa entre el atraso (quien defendía la ciudad) y el progreso (la construcción del dique). En la trama, una mujer insiste en quedarse en la tierra y la escena en que el lago crece y anega todo pone la piel de gallina. A pesar de la carga dramática del momento, la india Nara (vivida por Neusa Amaral), la mujer que muere en silenciosa protesta, es señalada como “la loca”, la que se negó a entrar en el tiempo del progreso. En cambio, el muchacho, Pedro, que también iba a permanecer y morir, es convencido a salir porque su mujer espera un hijo. Es la victoria de la “racionalidad” y del progreso.

Fue difícil para los brasileños que sorbían el folletín con pasión, desvincular la decisión del muchacho de sus propias vidas. Si él, que era el más radical en la lucha contra el dique, había capitulado, ¿por qué el resto de Brasil no lo haría? Y fue así que, con el empujón ideológico de la Globo, el dique de Sobradinho, en 1977, dos años después del fin de la novela, creó un lago artificial de 4.214 km2, con capacidad para 37,5 mil millones de metros cúbicos, enterrando cuatro ciudades: Casa Nova, Sento Sé, Remanso y Pilão Arcado, además de otras decenas de pueblos. Sobradinho tiene 11 hidroeléctricas generando 13 mil megawatios. Sá y Guarabira cantaron esa destrucción en la clásica “Sobradinho”, en la que dicen: “o sertão vai virar mar, dá no coração, o medo que algum dia o mar também vire sertão...” (“el llano se transformará en mar, da miedo en el corazón de que un día el mar se transforme en llano”).

Itaipu

En el año siguiente a la inundación de Sobradinho empieza la construcción de la Central de Itaipu, en el Río Paraná, y es anunciada la construcción de las centrales de Machadinho e Ita, en el Río Uruguay. Todo apuntaba para un vertiginoso crecimiento económico en Brasil y las empresas extranjeras de construcción hacían cola para aprovechar la veta de oro. Itaipu fue el mega proyecto de los militares, levantada en sociedad con Paraguay, tiene mayor capacidad de generación de energía del mundo. Instalada justo en la frontera con Paraguay, ella suministra 90% de la energía usada por aquel país y 19% de la que es consumida en Brasil. Pero, como Paraguay usa bastante menos de lo que tendría derecho según el acuerdo, Brasil compra lo que sobra y lo hacía por un precio bastante abajo del precio de mercado, al menos hasta hoy, cuando el presidente Fernando Lugo decidió cambiar las cosas y el gobierno de Lula tuvo de renegociar y pagar el precio justo.

Itaipu, tal como Sobradinho, demoró más de una década para ser construida. Cerca de 40 mil personas trabajaron allí, y para su construcción fueron usados doce millones de metros cúbicos de concreto (lo que equivale a hacer 250 estadios del Maracaná) y otro tanto de hierro con el cual podrían construir 380 torres como la famosa torre Eiffel, de París. Pero, el “crimen perfecto”, como llamó el trovador popular del Estado de Minas Gerais Luiz Café, fue la destrucción de las Sete Quedas. Cuando las esclusas del dique habían sido cerradas, un área de 1.500 kilómetros de tierras productivas y bosques fue inundada, llevando consigo las siete cascadas que eran una de las más bellas formaciones naturales del planeta. “Veo las aguas corriendo, los bichos muriendo, sus gritos de angustia y de dolor. Veo un lago sin lecho, un crimen perfecto, sin fe, sentimiento o amor”, lamentó Luiz Café, en una canción que puso música a la protesta de la juventud en el norte de Minas, en aquel comienzo de los años 80. Hoy, la central sigue produciendo energía, y produciendo más de lo necesario, como quedó comprobado en el último apagón, provocado por exceso de generación.

La gente

Pero, mientras Brasil iba “para frente” en los años del “milagro”, matando gente crítica a las personas críticas en prisiones, industrializando el país y modernizando la generación de energía, la gente que vivía en las regiones afectadas por los diques vivían días de terror y abandono. Más de un millón de seres humanos perdieron sus casas, tierras y hasta sus memorias. Gran parte de las personas, como es común en Brasil, no tenían propiedad de las tierras o viviam de alquiler y, por ello, no tuvieron ningún apoyo del gobierno. Sólo quien tiene la escritura que prueba la propiedad de la tierra o de la casa recibe un inmueble cuando es desalojado para otros sitios. La solución, en la mayoría de los casos fue la migración para ciudades próximas o distantes, pero siempre en la condición de un desterrado, sin ninguna posibilidad de mejora de vida. Es ahí que nace el Movimiento de los Afectados por Represas, para organizar toda esa gente . Según datos del MAB, más de 70% de las familias afectadas siguen abandonadas por el poder público. Es bueno recordar que el gobierno no tiene un órgano oficial para cuidar de los problemas de los desalojados, quien resuelve eso es la propia empresa responsable por la construcción de los diques. Ahora, ¿alguien cree que una empresa multinacional, dirigida desde el extranjero, pueda importarse con la vida de la gente de aquí? La respuesta es un sonoro ¡no!

Cada lugar donde fue construido un gran dique (y hoy son más de 600 en Brasil - dos mil se consideramos los diques menores), dejó un rastro de destrucción, sea ambiental o humana. Por eso comenzó la lucha, primero por la garantía de las indemnizaciones justas y por el reasentamiento, pero, después, con la comprensión de lo que significan los diques y el consecuente no abaratamiento de la energía, el movimiento pasó a luchar contra el modelo energético como un todo. Esa articulación comenzó en 1989, en el Primer Encuentro Nacional de Trabajadores Afectados por Represas, en el cual se hizo un levantamiento global de las luchas y experiencias de los afectados en todo el país. Dos años después, en 1991, ellos hicieron el I Congreso de los Afectados de todo Brasil, cuando se decide que el MAB (Movimento dos Atingidos por Barragens -Movimiento de los Afectados por Represas) debe ser un movimiento nacional, popular y autónomo, y que debe organizar y articular las acciones contra los diques a partir de las realidades locales. Desde entonces, cada tres años, el MAB realiza congresos y redefine sus metas.

En el año de 1997, fue realizado el 1º Encuentro Internacional de los Pueblos Afectados por Represas, con la participación de más de 20 países, porque, al final, esa lógica desarrollista - típica del sistema capitalista periférico - y de construcciones de grandes centrales existe en toda América Latina, además de Asia, África y Europa. Desde entonces, el movimiento realiza debates y luchas en todo el país, buscando construir un proyecto de modelo energético popular, que huya de esta propuesta predadora.

Brasil es una de las naciones del mundo que más está construyendo diques, y tiene alta dependencia de la hidroeletricidad, ya que 80% de la energía eléctrica viene de estas represas. Lo que mueve esta locura de construcción de diques es, obviamente, el interés económico de grandes empresas, muchas de ellas visceralmente vinculadas a gobiernos por “donaciones” millonarias a sus campañas. Según miembros del MAB, varios de estos nuevos emprendimentos que hoy están siendo erguidos en Brasil ya mostraron problemas de legalidad, como es el caso de la central de Barra Grande, en el Río Pelotas, cuyos estudios de impacto fueron fraudulentos, ya que no habían informado la inundación de bosques primarios. La hidroeléctrica Estrecho, en el Río Tocantins, también llegó al absurdo de divulgar que la inundación "ayudaría" a los delfines de agua dulce de la región amenazados, pues tendrían su movilidad restringida y el manejo facilitado.

A pesar de todas las protestas, de los documentos que prueban las irregularidades y de las movilizaciones, el gobierno brasileño sigue comprometido con ese modelo de desarrollo, ignorando las alternativas propuestas por investigadores, estudiosos y población. Hace oídos sordos a problemas como la pérdida de tierras productivas, expulsiones y desplazamientos de miles de personas, destrucciones de especies animales y vegetales, alteración de los regímenes hídricos, rebaja de las camadas freáticas, alteraciones geográficas, mutaciones de los ecosistemas, entre otros. Sordo a los clamores de la gente, el gobierno hace estudios inclusive para la construcción de nuevas represas hasta 2030, al final, todavía hay muchos buitres extranjeros queriendo meter la mano en los grandes ríos brasileños y, en este sector, lo que importa son los lucros de producción y no la vida de las personas o la naturaleza.

Al construir un dique o hidroeléctrica, para abastecimiento del agua, las multinacionales dominan el lago y reciben la concesión por 30 años, con renovación para 30 años más, eso sin contar lo que ganan con la generación y distribución de energía. Esta distribución, en Brasil, es bastante nueva, debe tener sólo unos cien años. Según el MAB, hasta 1970 cuando hubo una crisis energética, Brasil tenía 7.000 megawatios de energía instalada, hoy son más de 90.000 megawatios. Eso significa que esta expansión fue cosa pensada. Con miedo de quedarse sin energía, los países del capitalismo central transfirieron para el llamado tercer mundo las industrias eletrointensivas, que consumían mucha luz, como la del aluminio, por ejemplo, que, para producir una tonelada del producto, gasta lo que usa una familia durante nueve años. Y, si eso no bastase se quedaron con el dinero público, presentándose para la construcción de las centrales, cuya cuyo subsidio viene de los préstamos tomados del Banco Mundial. Plan perfecto: el gobierno se adeuda, el pueblo paga la cuenta y los empresarios llenan sus bolsillos.

Otra forma de lucrar con Brasil son los contratos firmados para la compra de energía. Una empresa estadounidense, la Alcoa, paga sólo 12 dólares, en contrato que vale por 20 años, cuando el costo de la producción es de 20 dólares. Es decir, en la práctica el gobierno está subsidiando la vida de estos empresarios en más de 5 mil millones de dólares, mientras el pueblo paga la tasa de luz más alta del mundo, conforme denuncia el MAB. Además de Alcoa, también se benefician en esta “fiesta” patrocinada con dinero público la General Eletric (EE UU), Tractebel (Francia/Bélgica) y la Votorantin (Brasil). Entonces, lo que queda claro es que siempre que se oye el discurso de que la construcción de diques va a traer el progreso, es bueno que las personas tengan bien claro para quién será ese progreso. Seguramente, no está siendo para el pueblo brasileño, ya que nuestro país es campeonísimo mundial en desigualdad social.

Quizás por ello estas empresas inviertan tanto en las promesas de vida mejor cuando visitan las familias que serán afectadas. Ellas crean ONGS que ayudan a los empobrecidos, financian radios para divulgar sus mentiras, construyen iglesias, foros, coches de policía, instalan almacenes con cosas nunca vistas, visitan a cada familia y la llenan de falsas promesas. Todo eso para dividir el movimiento de resistencia.

El seminario en Santa Catarina

Ahora mismo existe una propuesta de construir una hidroeléctrica en la Amazonia, la de Belo Monte, hacia dónde debe ir nuevamente una cantidad fantástica de dinero público, posiblemente captado en bancos internacionales, generando nuevas deudas para que el pueblo pague. ¿Y quiénes serían los beneficiados con la energía generada allá, a costa de la destrucción del bosque, de los bichos y de más gente desterrada? ¿El pueblo? ¡No! De acuerdo com datos divulgados por el MAB son la Compañía Vale do Río Doce, que ahora es del Citicorp de EE. UU., la B. H. Billington, de Inglaterra, gran productora de aluminio, y la Votorantim.

Además de ese gigante de Belo Monte también existen otros tantos proyectos de mediano porte en varios otros ríos de Brasil. Todo en nombre del “desarrollo y progreso”, lo que, en la práctica, significa desarrollo y progreso sólo para los grandes capitalistas. Por todos esos elementos, los participantes del seminario de Cerro Negro llegaron a la siguiente conclusión: La promesa de desarrollo para la gente no se cumple. Inclusive porque, durante el encuentro, faltó energía tres veces, y ellos estaban cercados por diques. “Ve, no garantiza el servicio”, afirma Marinho, dirigente del Sindicato de los Trabajadores de la Energia Eléctica de Florianópolis. Otro dato importante levantado por los participantes se refiere al retorno que estos diques dan a los municipios. Según informaciones del propio municipio de Cerro Negro, ellos ganan de royalties sólo por el dique de un millón de reales, mientras la agricultura familiar rinde a las arcas públicas más de 10 millones. ¿Dónde está la ventaja, entonces? La Central de Paiquerê, en Río Canoas, destruyó 180 mil árboles de araucária, árbol noble, que dá el piñón, y está en extinción. ¿Cómo puede ser posible eso?

Otro punto que debe ser llevado para nuevas discusiones dice respeto a la “S” del BNDS (Banco Nacional de Desarrollo Social). Este banco, que financia las transnacionales con el dinero del trabajador, a través del Fondo de Amparo al Trabajador (FAT), jamás se preocupó con lo social, pero tiene eso incorporado al nombre. Entonces, el pueblo va atrás de la “S”.

Otra mentira de las empresas es que los diques generan empleo y renta. Hum... para ¿quién? La Alcoa tiene 22 trabajadores, con sólo seis actuando en la central. Toda la renta de la empresa va para el exterior. La Tractebel envió el año pasado casi dos mil millones para fuera del país. El lucro es de ¿quién? En verdad, el modelo de desarrollo propuesto para los países periféricos es el de generación de riqueza para los países centrales, exactamente como en la época de conquista. Es de la naturaleza del sistema capitalista este tipo de modelo. Para que el centro siga rico, es necesario que la periferia se mantenga subdesarrollada, con algunas islas de desarrollo a los moldes del sistema, sólo para mantener aceitada la máquina. Es el desarrollo del subdesarrollo, como ya mostró Günder Frank.

La pregunta que queda es: ¿pero entonces ese pueblo está contra la generación de energía? No. Pero existen otras formas de generarla y ellos tiene las propuestas, los investigadores, los técnicos. Todo está ahí. Sólo que no interesa al centro que la periferia se independice, cosa que la elite lacaya de cada país se ocupa de garantizar. Que lo diga Bautista Vidal, científico brasileño que vive gritando sus proyectos sobre la biomasa, energía limpia e inagotable generada por el sol, ríos y bosques, sin ser tenido en cuenta por los gobernantes.

Y otra. ¿Este pueblo está contra el desarrollo? Sí, si se trata del desarrollo capitalista predador que lleva todo para los países centrales. La propuesta que salió del seminario es la de la lucha por otra manera de organizar la vida que involucre no sólo la energía, sino todo. Cosa difícil, es cierto. Pero no imposible. Experiencias de desarrollo endógeno, aliadas a políticas de estado orientadas para la mayoría de la población, con participación directa y respeto por el saber popular, pueden ocasionar aquello que Samir Amin llama de “desconexión”, que sería la construcción efectiva de otro modelo de sustentación de la vida fuera del sistema capitalista. Nunca está de más recordar que este sistema que hoy es hegemónico en el mundo no existió desde siempre. Él tiene poco más de 300 años y ya muestra lo alto que es su poder de destrucción. Quien consigue tener una visión totalizadora del mundo ve que cambiar el modelo de organización de la vida ya dejó de ser una propuesta que se expresa sólo en el campo de la política. Lo que está en juego es la vida humana misma. Los cambios climáticos, la camada de ozono, el deshielo y el aumento de los océanos, frutos de la acción predadora del capitalismo, apuntan para una sola dirección, parafraseando Simón Rodríguez, el gran maestro de Bolívar: “O inventamos, o estamos perdidos”.

Fuente: Movimiento de afectados por las represas http://www.mabnacional.org.br

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