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Reportaje de Angèle Savino

La Alpargata Solidaria: El mercado alegre de Caracas

Venezuela | 10 de octubre de 2018

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Risa a carcajada en medio de los plátanos. Cuatro camaradas están preparando el mercado de la comunidad para la Alpargata Solidaria. Son las 2 de la mañana, este sábado 23 de junio. El inmenso cobertizo de la cooperativa Cecosesola en Barquisimeto (Estado de Lara) aún no ha abierto. Las mujeres seleccionan las frutas y verduras, los hombres las pesan y luego las cargan en el camión.

"¡Pónganse sus alpargatas! "

La selección se realiza en conexión telefónica constante con Caracas. La elección final dependerá de la llegada de los productos y los criterios, como el precio, la diversidad, el peso y la temporada. Esta semana, casi todos los alimentos están disponibles, excepto el ajo porro utilizado para aliñar los platos. El limón lo reemplazará, lo que evitará un exceso de tubérculos autóctonos como la yuca o el ñame, sustitutos esenciales de la harina de maíz industrial, rara y costosa. A pesar de su alto precio, se encuentra un equilibrio para comprar ají dulce, una especialidad venezolana.

La Asociación Alpargata Solidaria nació hace tres años, todavía estábamos lejos de la hiperinflación actual. Activistas de dos centros culturales, el Ateneo Popular y Tiuna El Fuerte, decidieron organizar un mercado colectivo para contrarrestar la especulación de los intermediarios. La guerra económica recién estaba comenzando. Estos activistas buscan en ese entonces desarrollar un espacio autosustentable de economía solidaria. El nombre de la asociación proviene de la expresión popular "Pónganse sus alpargatas, ¡lo que viene es joropo! », es decir « organícense, la crisis que se avecina va a ser muy dura »"." La alpargata, calzado usado por los agricultores, entonces depreciada por la lógica moderna, colonial, racista, clasista y patriarcal ", explica Meyby Ugueto, antropóloga afro-descendiente y profesora de baile tradicional. "Este zapato es parte de nuestra identidad, y no es que te lo pones por ponértelo, sino que significa montarte en el trabajo. Hay que ver lo que significa bailar joropo. Es una destreza que adquieres, poner tu versatilidad al servicio de la música. No puedes bailar solo, hay que bailar todos juntos para enfrentar la crisis”.

El camión llega a Caracas alrededor de las 11 am. Los responsables de descargas reparten las cestas en el espacio del mercado, antes de la selección y el pesado de los alimentos. Los plátanos se colocan en las escaleras del anfiteatro, los limones bajo la pintura de un Chávez niño, los ají dulces se clasifican cerca del huerto organopónico (cultivos en suelos creados a partir de materia orgánica) de Tiuna El Fuerte. La yuca se corta al pie de las escaleras hacia las oficinas de la administración. Si se estropee un alimento demasiado maduro, sirve a la comisión de cocina, que inventa una receta con el contenido del saco. Una vez terminada la clasificación, viene el llenado de los sacos en cadeneta.

Al sonido de la radio Chayota, el baile termina por imponerse. Niños maquillados hacen giran un San Juan sobre sus cabezas, al ritmo del tambor, según los ritos de sus ancestros afro-venezolanos. "El mercado es un momento de emoción", cuenta Gregorio Meléndez, uno de los pioneros de Alpargata Solidaria. Intercambiamos ideas, nos reímos, enseñamos a los niños a preservar nuestras tradiciones. No consumimos como en un supermercado capitalista, mirando los precios. Sabemos lo que vamos a comer, lo decidimos juntos".

Paralelamente al mercado mensual, los alpargateros organizan las compras a los productores. Jaheli Fuenmayor se convirtió en la especialista en la compra de casabe, una torta de tradición indígena elaborada con harina de yuca. "Al principio, lo compraba a los intermediarios que lo vendían al borde de la carretera, luego ellos nos ofrecieron que compráramos directamente a los productores”. La relación de confianza con las casaberas permitió una primera experiencia de trueque. Los alpargateros intercambiaban productos de la cesta básica, difíciles de encontrar en el campo, contra el casabe. El siguiente paso sería organizar colectivamente la compra de yuca, antes de la producción. Un desafío porque "Barlovento, región agrícola histórica, la más cercana a Caracas, es impenetrable. La dinámica de disputa por el control de estos territorios es muy violenta".

Realizando su trabajo de campo en esta región afro-venezolana, Meyby
notó que cerca de Curiepe, en el pueblo de Birongo, los agricultores venden alimentos a los intermediarios que lo revenden en el mercado de Coche en Caracas. Después de vender a los citadinos, regresan a Barlovento y Higuerote para vender lo que queda a los habitantes de las aldeas cercanas a las áreas agrícolas. "¡No lo podía creer! Se deben crear cien Alpargatas para acabar con estas mafias, en las que participan algunos funcionarios del Estado y compañías multinacionales de semillas".

Augusto Jaramillo acompaña al conductor del camión, alquilado a una compañía especializada en proyectos de ingeniería para impulsar la producción en Venezuela, y ya no a una empresa privada. Tiene la esperanza que la asociación pronto tenga su propio camión. "Cuando no se plantea la agricultura como un agro-negocio, no es costoso sembrar en Venezuela. Tenemos verano todo el año, suficiente lluvia, tierra fértil. Pero los venezolanos no tienen la cultura de la organización", lamenta Augusto.

La participación es un desafío desalentador para consolidar la Alpargata solidaria, que tiene 181 miembros, divididos en diez grupos (nudos). Los más comprometidos han imaginado un sistema rotativo entre los nudos para que cada uno asuma una tarea diferente cada mes afín de asegurar la organización del mercado, así como la reflexión política y filosófica de la asociación. A esto se agrega otro objetivo: aprender a sembrar. Los activistas de la asociación son ciudadanos de clase media. Aprendieron a consumir de manera diferente. "En este momento de crisis, significa ser consciente de lo que el otro tiene que producir para que tu comas", dice Meyby. "Le muestro a mi hijo que puedo cultivar cilantro o ají dulce en mi balcón. Siempre creíste que las cebollas eran irremplazables, pero cuando ves el precio exorbitante de una cebolla, cuya semilla es importada, aprendes a aliñar los frijoles negros con ajo porro".

Marianela Carrillo, quien se unió a Alpargata desde el principio, aprendió acerca de la técnica de la lombricultura en su apartamento. Cada primer sábado del mes, vende gusanos a los consumidores durante la feria agroecológica, después de ofrecerles un taller. El nudo Guayabera, del cual ella es miembro, fue responsable de la actividad de "producción" en junio. Ella propuso a la Alpargata el proyecto "Toma tu tomate", en la última asamblea política. Cada alpargatero se encargará de una plántula, después de formación sobre la semilla, los tipos de suelo, el fertilizante orgánico. Luego, la siembra se dará a un agricultor que la cultivará en el campo.

"Vivimos una época de resistencia, necesitamos ser más fuertes para ser mas resistentes y aprender a ser resilentes, crecer en la resistencia", subraya Marianela. Es un sueño compartido, una lucha colectiva en un ambiente hostil. La asociación a menudo es solicitada por instituciones y consejos comunales que desean aplicar por magia la "receta alpargatera". Los activistas intentan compartir su experiencia. "La Alpargata es una política de intercambio solidario que se adapta a la naturaleza de 181 personas", explica Meyby. Es la naturaleza de estas personas que da forma a la organización, y no al revés. Una comunidad de los Valles del Tuy, con quien nos encontramos, explicó que la distribución de alimentos controlada por el partido no facilitaba su autogestión comunitaria. ¡Enquistar un grupo de personas que decidirán quién come y quién no come, es terrible!".

A pequeña escala, la Alpargata solidaria intenta transformar la estructura piramidal del poder en una rueda. Hugo Chávez hizo girar el triángulo, otorgando poder a las clases más bajas de la sociedad. Para evitar que una parte de la población se acomode en le vértice superior de la pirámide, debe continuar girando.


Publicado en francés por l’Humanité Dimanche

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