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Partido MAS bajo asedio

La Asamblea que resiste a un régimen golpista: en palabras de la legisladora Sonia Brito (II)

Bolivia | 22 de julio de 2020

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“Lo único que hemos hecho es ser consecuente con nuestros ideales, con lo que pensamos, con las luchas de nuestro pueblo”

Primera parte de este artículo aquí

La constancia histórica

“El primer golpe de Estado”

“Tanto el ejército como la policía se había amotinado,” remarcó Brito para explicar cómo derrotaron a un presidente tan popular. Sucedió entre los días 7 y 10 de noviembre. “Estamos hablando antes de la renuncia de Evo, y ya las Fuerzas Armadas estaban operando en contra de él. Esto era el primer golpe de Estado”.

El alto comando del ejército y la policía recibieron recompensas de medio millón hasta un millón de dólares que fueron pagadas por la embajada estadounidense.

El día de las elecciones, el 20 de octubre de 2019, transcurrió con una afluencia notable de votantes. En el departamento de La Paz, donde casi los dos tercios votaron por Evo Morales, los civiles mantuvieron una tranquilidad completa hasta que el candidato de segunda preferencia, el eterno neoliberal Carlos Mesa, gritó lobo. Dio la voz de alarma de un supuesto fraude aún antes de que habían llegado los votos rurales para el recuento. Los partidarios de la derecha respondieron como si se hubieron puesto de acuerdo, con la quema de urnas electorales y ataques a personas e instituciones de MAS. Ahora sabemos, resume Brito, “ya los organismos internacionales y expertos académicos han demostrado que anulando las actas [fraudulentas] que fueron observadas por la OEA, igual el MAS ganaba con el diez por ciento de diferencia en la primera vuelta”.

La mentira sobre el fraude tiene largos tentáculos, tanto como otras grandes mentiras difundidas por los enemigos de MAS. Gente de MAS pareció incrédula ante la embestida de la derecha, aunque había venido acumulando fuerza por años y siempre con el muy divulgado apoyo de la embajada estadounidense.

“Esa mentira fue la que movilizó a sectores urbanos, de clase media”, Brito dijo. “Pero fundamentalmente a los jóvenes. Jóvenes que vivieron los últimos 14 años” del Proceso de Cambio de MAS. “Los que venimos de décadas antes, los que conocimos lo que fue la dictadura, para nosotros MAS es una sociedad que fue una gran conquista. Esos jóvenes solo conocieron una sociedad de bienestar que es lo que dio el MAS. Y por la rebeldía de la edad, muy permeados por la campaña internacional y la campaña nacional –que fue impresionante– se quitara el triunfo al Movimiento al Socialismo. La mediática en contra del gobierno había permitido ese tipo de acciones. Eso fue un triunfo que nos robaron, que nos quitaron, que la derecha logró sentar en la ciudadanía una mentira”.

Dicho esto, muchos jóvenes se unieron a los grupos paramilitares no por convicción, sino porque les pagaron.

Los jóvenes de la derecha arguyen con “bates envueltos con púas”

Como la diputada responsable de la comisión de derechos humanos, Brito constata lo que la derecha niega: “En octubre ocurre la aparición de grupos irregulares, parapoliciales o paramilitares. Hoy, Naciones Unidas los catalogan como grupos paraestatales. Pero para nosotros, son los grupos paramilitares y parapoliciales. Grupos de choque. Iban, y se enfrentaban a las manifestaciones, a las movilizaciones que habían del pueblo, de los sectores fundamentalmente campesinos e Indígenas. Entonces, hubieron enfrentamientos muy fuertes, con muchos heridos”.

En Latinoamérica, la derecha en la calle tiene muchos y oscuros antecedentes, no solo en las dictaduras de la guerra fría en Sudamérica sino décadas antes, por ejemplo, en los precursores de los paramilitares estatales como la Liga Patriótica Argentina – que mató a sindicalistas e inmigrantes en los años 1920, o los sinarquistas en México en los años 1930 – que formaron su propio partido fascista y ultracatólico en la red hemisférica del fascismo, y cuya filiación sigue con los políticos ultracatólicos de hoy.

El contenido racista de los ataques de la derecha boliviana ha sido aterrorizador. Hace 14 meses, “cualquier persona, cualquier mujer de pollera que estaba con su vestimenta de campesina, era golpeada, con bates envueltos con púas. En Cochabamba era una gran cantidad de 300 motos, aproximadamente, iban por las calles sembrando el terror. Les rompieron el rostro, la cara, a muchos campesinos, a muchas mujeres. Solamente bastaba que tenían pollera las mujeres, que se vea un rostro humilde, para que fueran presa de la violencia, del racismo de estos grupos de choque. Estos grupos ahora han sido condecorados por el actual gobierno y les han financiado”.

Hace días en Cochabamba, los mismos “motoqueros” estaban en la escalada de amenazas contra gente humilde que ellos tildaron de “masistas” –por exigir agua y alimentación– y contra políticos que no se aplicaron la mano dura a los pobres. Por estas agresiones verbales, los motoqueros recibieron críticas de las Naciones Unidas y la titular mundial de derechos humanos en la ONU, Michelle Bachelet, que señaló “la presunta aquiescencia de algunas autoridades”.

Semejante atención internacional en forma inmediata no ocurrió en 2019. El 6 de noviembre, dice Brito, “hubo una movilización multitudinaria de mujeres y niños de que llegaron de Chapare y del valle alto de Cochabamba”. Son dos geografías del campesinado Indígena de donde dieron a luz la histórica Guerra de Agua en Cochabamba en 2000, cuando el pueblo urbano y rural retomaron sus derechos a las fuentes de agua. El pasado noviembre, las mujeres campesinas marcharon hacia la ciudad para exigir que cese la violencia de los paramilitares. “Fueron brutalmente reprimidas” por las autoridades locales, opositores al gobierno de MAS.

“La policía los protegía a estos grupos” paramilitares, Brito insiste. “Funcionaban los dos en concomitancia. Los reprimían por un lado con gases, con balines, y por otro lado con bates, con balas y con bazookas, con cohetes que disparaban a la humanidad”. Es de destacar que entre sus tácticas principales es atacar a mujeres y niñas de las clases populares, no tanto porque son presas fáciles, sino porque ellas encarnan la resistencia al neo colonialismo. Contra la claridad de mujeres Indígenas, la derecha atiza temores más instintivos que razonados y recurre a la acusación de ‘fraude’, un término amplio del presente para todas las presuntas faltas de veracidad y honorabilidad de sus enemigos ancestrales.

Las manifestaciones pacíficas “asustaron muchísimo al gobierno” de Áñez

En efecto, la violencia empeoró después del golpe para arrasar con cualquier rebeldía, pero este juego se ha vuelto con fuerza contra los golpistas. Las calles de las ciudades fueron campos de batalla con gases lacrimógenos, arrestos en masivo, golpizas en las cárceles, torturas y masacres. Dice Brito, “En El Alto, se agarraba a las mujeres de pollera y les cortaba las trenzas en señal de desprecio. Eso realmente indignó al pueblo, incluso hasta podía haber estado enojado con el gobierno de MAS, pero indignó ese maltrato, ese racismo, esa discriminación con la Wiphala que representa todas las naciones y pueblos indígenas. Fue eso que movilizó la ciudad de El Alto y también de La Paz. Fue el elemento que generó, sin dirección política, grandes movilizaciones de gente. El MAS estaba perseguido, los habían sido capturados muchos dirigentes o estaban escondidos”.

“Como no había una dirección política” en la resistencia de El Alto y La Paz, “no podía generar un éxito. Los grupos caminaban sin dirección, pero fueron los que asustaron muchísimo al gobierno. Llevaron tanques, llevaron ejército, tropa, y fue eso que se dio la masacre de Senkata”.

“Mucho parecido fue la masacre de Sacaba, para contrarrestar los grupos que estaban organizándose del movimiento campesino Indígena en Cochabamba”. Las y los cocaleros de Chapare siempre van a ser tratados como terroristas por los neoliberales. Del campesinado están surgiendo soluciones sanas para poner fin a la guerra de drogas en nuestro hemisferio, mientras la cocaína es una fuente de enormes ganancias precisamente para la gente más rica. El candidato presidencial de MAS, Luis Arce, habla de vuelos de avionetas del narcotráfico en meses recientes, y ningún medio corporativo lo reporta. Como era de esperar, los Estados Unidos –el maestro de la hipocresía– declaró que el combate contra las drogas ha mejorado bajo el gobierno interino.

Aparte de los jóvenes de la clase media –muy atraídos por el ideario de la derecha– hay millones de jóvenes rurales y de la clase trabajadora en las urbes, cuya ‘propia rebeldía de la edad’ estará al servicio de las fuerzas antiimperialistas en los meses venideros. Muchos arriesgaron la vida durante las semanas de protesta después del golpe. No se doblegan ante las amenazas incesantes y crudas del de facto ministro de interior Arturo Murillo. Miles de obreras y obreros, y maestras y maestros rurales, marcharon la semana pasada –aunque las autoridades de la derecha lo prohibían– y su reivindicación fue elecciones para el 6 de septiembre como ya se acordaron con la presencia de las Naciones Unidas.

“Consideramos que la CIA estuvo involucrada en esto”

Brito plantea la pregunta, “¿Ahora que sabemos por expertos a nivel internacional que MAS hubiera ganado en la primera vuelta, ¿cómo triunfaron los golpistas?”

Primero fue la violencia: “Ya se consumó el golpe de Estado prácticamente la actitud irracional de Luis Camacho, de Marco Antonio Pumari, los líderes cívicos que estaban muy enardecidos, con grupos de choque, grupos parapoliciales, grupos paramilitares que estaban funcionando. Lo que nosotros vivimos fue un trabajo organizado”. Se puede agregar que fue un trabajo militar.

“Consideramos que la CIA estuvo involucrado en esto”, dice Brito. “Se generó en el ideario de las personas la idea que iba a ver un fraude electoral y eso fue un vehículo para que luego le diera el golpe de Estado”.

La ultraderecha está alistándose para la próxima fase bajo la dirección de la embajada estadounidense, y con el invento de una guerrilla “indígena” cuyos actos se atribuyeran a MAS – es entrenado por “Erick Foronda, agente de la CIA que funge actualmente como secretario privado” de Áñez.

Desinformar a la clase media no es tan difícil. Lo de noviembre fue un golpe de Estado de nueva generación, a base de alegaciones exageradas de corrupción y toda clase de supuestos comportamientos antisociales de la dirigencia de MAS. Se saturaron los medios sociales con falacias. Aquellas clases sociales que se autoproclaman ‘educadas’, creyeron intensamente que estaban viviendo bajo una dictadura. Y con el golpe, “hubo una censura a todas las radios comunitarias, campesinas, cerraron los canales de televisión. Persiguieron a todos aquellos que podían decir la verdad. Dejaron solamente los sectores más reaccionarios, muy bien pagados”. El régimen de los golpistas es plenamente consciente de la importancia de tergiversar sus acciones.

El caos total fue garantizado por la Organización de Estados Americanos (OEA) con su negativo de desempeñar una posición neutral (claro, la OEA es un títere de Washington). El 9 de julio, por medio del diputado de MAS Remberto Calani, su partido expresó, “Creemos que no es ético que vuelvan a participar por haber sido parte y cómplice del golpe a la democracia”.

El uso de la TREP por parte de la OEA en fraguar “el fraude”

“Creo que la OEA juega un papel nefasto. La OEA coadyuvó a supuestamente confirmar el fraude que nunca se comprobó, porque ellos se basaban en la información del sistema de TREP que es el sistema del conteo rápido, no oficial, pero que permite tener más o menos un número aproximado al real. Real en la medida en que se van computando las actas”. Los detalles revelan un actuar sórdido de la OEA.

“Este sistema siempre funcionó en las anteriores elecciones y se sabía que no podía terminar esta información” de TREP, Brito subraya. “Justamente porque los márgenes de error en algunos casos pudieron haber sido muy cortos y eso podía haber generado un conflicto. Entonces solamente trabajaba el TREP hasta el 80 por ciento. Eso así ha ocurrido en otras elecciones, y nadie reclamó”.

Quizás fue un error, pero las autoridades electorales cedieron ante la presión de la OEA y su conjunto, cuando insistieron en reiniciar el conteo de TREP. Todo ciudadano boliviano atento sabe que las votaciones rurales son masivamente al favor de MAS y siempre llegan a la última hora, por lo que cambian la proporción de votos entre partidos. Esta vez, el nuevo énfasis en el TREP fue parte del plan golpista, para echar gasolina a la acusación de un fraude.

De ahí, los calificativos de sórdido y nefasto. Fue una trama de la derecha nacional, la OEA y, en posición de mando, los Estados Unidos.

“Evo no quería salirse”

“Evo no quería salirse de Bolivia. MAS ha decidido quedarse en la Casa Grande del Pueblo y resistir. Evo quería mantenerse. Fueron un poco los ministros que lo presionaron para salir de este edificio, irse al Chapare. Y gobernar desde el Chapare”, dice Brito.

“Cuando Evo se estaba huyendo al Chapare, el ejército ya puso camiones en la autopista para no dejarlo aterrizar aunque él todavía seguía siendo presidente”.

“Y si no era la movilización campesina especialmente de Chapare, que fue de multitudes, a diez mil, veinte mil personas, hasta la pista de Chimoré donde iba a aterrizar el avión, no hubieron dejado jamás. Tuvieron que ver ante la gente enardecida que iba con sus palos, sus picotas, sus instrumentos de trabajo, a enfrentarse posiblemente con el ejército”.

“Luego fue otra odisea cuando Evo intentó irse a México”. Miles de personas pobres se congregaron en el aeropuerto arriba de La Paz, en El Alto, para prevenir otro intento de asesinarlo. “Los países vecinos, obviamente los que ideológicamente están con la derecha, empezaron a no aceptar que pasara el avión por el territorio de ellos. Lo que debía haber sido un viaje de ocho horas se convirtió prácticamente casi en dos días”.

“Cometimos errores”

“Todo eso ha generado más que una reacción en el pueblo, y aquellos que todavía estaban enojados con el MAS. Porque también cometimos errores. Hay muchas cosas que no se hicieron con prioridad como debían haber hecho en su momento”. El MAS es una entidad política de múltiples corrientes y, en una tendencia de desaceleración que no está ajena a otras historias de las izquierdas que han triunfado en la esfera política, estaba perdiendo fuerza el liderazgo de las masas indígenas y la multitud urbana – o sea, la influencia de las masas que sacaron a las trasnacionales en la Guerra de Gas y la Guerra de Agua. De forma concomitante, fue el ascenso de una clase política que actuó a nombre de ellas, muchas veces provenientes de ellas.

A pesar de las visiones distintas y las tensiones que se encuentran en un movimiento de millones de personas, “la gente se ha dado cuenta que un proyecto de lo que están planteando estos otros grupos” –de la derecha– “es volver a la época de neoliberalismo”, dice la diputada Brito. “La gente sufrió mucho en aquella época, nos empobrecieron las grandes mayorías. No había trabajo. Había mucha corrupción”.

Con el golpe, los costes han sido muy elevados. El precio que implica haber bajado la guardia ante la violencia de la derecha, abrió la vía al intento de destruir todo lo que MAS había construido. El gobierno de facto está privatizando las fuentes de la redistribución de la riqueza nacional que el gobierno de MAS proporcionó a los más necesitados. Está destruyendo las empresas estatales responsables por el litio, los hidrocarburos, y todo lo demás; está desmantelando los programas de MAS a toda velocidad. Brito dice, “No obstante que este gobierno no tiene las competencias para cambiar el modelo económico, lo que está haciendo es cambiarlo. Nosotros teníamos protegido los artículos de primera necesidad para que no subieran los precios. Había logrado el MAS controlar los precios de la canasta básica durante estos 14 años. Ahora han liberalizado los alimentos, o sea la ley de la oferta y la demanda será la que determine los precios. Es una medida que va contra las grandes mayorías. Así es que queremos nosotros tratar de revertirla”.

Cómo descarrilaron el golpe en la Asamblea

En el primer momento del golpe, y enfrente de los intentos de asesinar al presidente Evo después de las elecciones, "fue ese momento en que nosotros, los asambleístas, específicamente nuestra presidente del Senado Adriana Salvatierra, era la que intentaba seguir negociando con el actual gobierno para tener la seguridad que iba a salir vivo Evo Morales de Bolivia”.

“No nos dejaban a nosotros a asistir a la Asamblea. Nosotros los asambleístas nos organizamos y primero nos reunimos en una casa fuera de la Asamblea Legislativa. Los paramilitares habían ido a quemar la casa de que fuera el presidente de la Cámara de Diputados, Víctor Borda, y las casas de los gobiernos de MAS. Al Senador Rubén Medinaceli de Oruro también le habían ido a quemar su domicilio. Entonces la gente tenía mucho miedo que esa era la forma en que se combatía a los diputados y senadores: Ir a las casas, quemarles las viviendas. En el caso de Víctor Borda, torturaron a los familiares de él, y del ministro César Navarro, a los sobrinos”.

A pesar del perseguimiento y los ataques violentos, “tomamos la decisión que debíamos volver al parlamento. Volvimos, no al hemiciclo central, sino al edificio paralelo. Y ahí tomó la decisión de nombrar un nuevo presidente del Senado porque se había consolidado en ese momento la renuncia de Adriana Salvatierra”.

Preservar su mayoría de dos tercios fue impostergable para evitar que se consume el golpe en todas las ramas del gobierno. “Primero porque fue una instrucción que vino desde nuestras cabezas máximas, donde nos decían, si todos los diputados y senadores renunciábamos, la Asamblea no iba a tener la legalidad o la legitimidad”. Los golpistas “entre gallos y medianoche convocaron a una sesión de manera ilegal, porque lo único que puede convocar a la Asamblea Legislativa es el presidente de la Cámara de Senadores y en ese momento no había presidente”.

Por medio de amenazas y agresiones, los de la derecha “habían logrado que en ambas cámaras hayan renunciado los presidentes y los primeros vicepresidentes. Pero en el caso de la Cámara de Diputados, no se había hecho efectivo esas renuncias. Es más, una vez que renuncia, esa renuncia debe ser aprobada por una sesión de la Cámara de Diputados o la Cámara de Senadores y debe ser enviado al Órgano Electoral. Una vez que el Órgano Electoral dictamina, recién tienen validez. En realidad, la seguía siendo presidenta Adriana Salvatierra”.

El segundo golpe de Estado, parlamentario, en medio de los tanques del ejército

Aunque “se dio otro golpe de Estado parlamentario,” fue distinto de los de Honduras en 2009 o de Paraguay en 2012, y por supuesto de Brasil en 2015, en la medida en que la mayoría del parlamento seguía intacta –y de la izquierda– mientras una minoría intentó sacar a las y los parlamentarios de MAS. “Tal vez nosotros cometimos el error de no haber asistido a esa sesión en la que Jeanine Áñez autoproclama, en realidad es una sesión que dura ocho o diez minutos, nada más, sin cumplir con las normas, y ella se autoproclama. Ellos convocaron una sesión donde no hubo cuórum, donde no fue legal la convocatoria, y allí es donde la señora se proclama, desconociendo lo que dice la Constitución. Posiblemente si nosotros hubiéramos ido, hubiéramos impedido. Pero el escenario era que había tanques y fuerzas militares en toda la Plaza Murillo y alrededor de Parlamento”.

“Cuando nosotros intentamos entrar, y gasificaron, golpearon a Adriana Salvatierra, la querían detener”. Fue filmado por las cadenas de televisión y se transmitieron a nivel internacional, que sin duda ayudó en proteger los puestos de MAS en la Asamblea Legislativa Plurinacional. Un día se conocerán con más claridad las razones por las cuales la policía se abstuvo de arrestar, en este momento, a las y los políticos de MAS.

Comprando conciencias de legisladores

“En MAS nosotros somos una mayoría. Obviamente, hay la presión y hasta el manejo de dinero, que se está queriendo comprar y dividir la fuerza que es el Movimiento al Socialismo, dividirla. Comprando conciencias de algunos de los diputados y diputadas. Simplemente en algunos casos les piden que no vayan, que no hagan cuórum o que voten en contra de algunas de las decisiones que tomamos”.

“Sí cometieron algunos errores. Por ejemplo, en el momento de diálogo que Áñez también convoca a las organizaciones sociales. Seguramente, algún momento se va a evaluar todos estos elementos. Los momentos de mayor crisis para nosotros: después de las elecciones que fue el 20 de octubre, y las masacres que se dieron en mediados de noviembre. La señora Áñez había sacado ya el decreto en el que daba carta blanca para que el ejército pudiera hacer lo que quisiera”. Después, “en enero, ya se había consolidado el gobierno, y las persecuciones políticas son las que ahora continúan”.

“El 22 de enero para nosotros es el momento de cambio del gobierno. Evo Morales seguía siendo presidente hasta el 22 de enero porque sí bien hizo una renuncia pública, no tampoco se aprueba esto en una Asamblea Legislativa como corresponde. Por tanto, las acciones que se realizaban” –los golpistas– “son luego ilegales. Todo lo que le ha dictado hasta el 22 de enero es absolutamente ilegal. En algún momento se iniciará juicios y procesos por todas las arbitrariedades que cometieron, fundamentalmente hasta el 22 de enero”.

Por su parte, los movimientos sociales y sindicalistas se negaron a aceptar la prolongación del régimen de Áñez después del 22 de enero, que fue ratificado por el tribunal constitucional.

“El órgano judicial en realidad se ha arrodillado al poder político del gobierno y actúa en función de las órdenes que le da, incluso el ministro de gobierno Arturo Murillo”. Al lado de las familias de gente agraviada, Brito está luchando por la libertad de presos políticos. Ella nos recuerda que en ningún momento se había liberado de “las detenciones ilegales, arbitrarias, las persecuciones a los dirigentes. Y la falta de garantías para que nuestros exministros puedan salir” de su asilo en la embajada de México. El gobierno de Áñez ha intentado contagiar a varios presos políticos, y realizó este objetivo con el ministro de interior de MAS, Carlos Romero.

En el contexto de un régimen de facto, presenciar un parlamento valiente, del pueblo, y con un contundente liderazgo de mujeres en representación de los pobres, es sumamente bello. A principios de marzo, las y los legisladores obligaron la dimisión de uno de los progenitores del golpe militar, el ministro de defensa Fernando López Julio. Lo hicieron sobre bases constitucionales porque él se negó a comparecer ante la Asamblea, aunque fue citado con arreglo a la ley. La Asamblea quería interrogar al militar López en relación con las masacres que él comandó, y con toda la atención a los detalles que el asunto merece. López renunció antes de someterse a las preguntas del MAS. Se puede imaginar la felicidad del pueblo, pero fue efímera. Casi de inmediato, Áñez renombró a López al mismo cargo. Hoy día, este autor del golpe y las masacres de Sacaba y Senkata ostenta 2 cargos ministeriales, la de defensa y la de salud. La última ministra de salud se contagió de COVID y Áñez lo nombró a Fernando López al puesto vacante. Tiene todo el sentido siendo que la respuesta de los golpistas a la pandemia había sido siempre de naturaleza militar. Es probable que, en su nuevo rol, López va a insistir en cancelar las elecciones de septiembre.

Pensándolo a través de los ojos de las bases populares, las fuerzas de seguridad son carniceros. El 21 de mayo, en una acción fuera de todo protocolo, los comandantes de las distintas ramas de las fuerzas armadas formalmente amenazaron con prisión a las y los congresistas de MAS. Los altos jefes militares que dieron el ultimátum son los mismos que dirigieron el baño de sangre en noviembre y presiden la violencia sistemática contra manifestantes. Llegaron a la Asamblea sin invitación y en sus uniformes de combate o campaña, para informarles a los parlamentarios que estaban profundamente insultados por la negación de considerar sus asensos de grado. Los militares prometieron regresar en 7 días para encarcelar a los masistas si no concedieron su reclamación.

Áñez y su ministro de interior, Arturo Murillo, un hombre sediente de violencia que pronuncia barbaridades a cada rato, expresaron su apoyo a los castrenses. Fueron mujeres todas las asambleístas, menos uno, que subieron a la tribuna para defender la santidad del parlamento y salieron en la foto que registró el momento en el periódico. Ellas respondieron que, bajo la ley, la Asamblea tiene que considerar tales solicitudes con rigor y según su propio calendario. El ultimátum de 7 días pasó sin arrestos, pero la presidenta ilegítima concede ascensos por decreto, y el gobierno de facto abrió una investigación contra la máxima dirigencia de MAS en la Asamblea.

“Bueno, nosotros estamos seguras que en unas elecciones limpias, el MAS va a ganar”, concluye Brito. “En los hechos, lo que están buscando ellos es postergar las elecciones definitivamente, por lo menos por este año más”. En la medida en que no sea posible, buscarán la criminalización de sus candidatos, y el desmantelamiento del partido de MAS, cosas que se están ocurriendo. “El tiempo para ellos es para seguir haciendo lo que quieren. Vemos que hay molestar. En Bolivia, el ochenta por ciento de la población no son personas que reciben un salario. Por tanto, esta cuarentena debería de haber decretado otras medidas. Y ahora esta molestia que hay de parte de los sectores populares, se está tomando como insubordinación, y está queriendo decretar un estado de sitio justamente en las zonas populares donde se ha mostrado resistencia”. Desde los pobres hasta todos los afiliados y representantes del MAS, les están acusando de terrorismo y sedición. “Nosotros, lo único que tenemos es la conciencia del pueblo boliviano. La historia reivindicará a los que lucharon de verdad en defensa de sus derechos, de sus ideales, en defensa del pueblo, y juzgará a aquellos que se hicieron tanto daño a nuestro país”.


Cindy Forster/Alba TV

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