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Por Pasqualina Curcio

La empresa privada en Venezuela, ¿modelo de eficiencia?

Venezuela | 27 de agosto de 2016

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Por Pasqualina Curcio

Los empresarios privados en Venezuela, especialmente los más grandes, manifiestan que la causa de la situación económica que actualmente atraviesa el pueblo venezolano es la caída de la producción nacional. Situación que atribuyen a un modelo económico, social y político instaurado desde 1999 y caracterizado por la excesiva intervención del Estado en los mercados, a través del control de precios de los bienes esenciales, los cuales, al estar por debajo de los costos de producción han generado grandes pérdidas a las empresas. También lo atribuyen a un régimen cambiario controlado que les ha impedido tener acceso a las divisas para la importación de materias primas e insumos para la producción, y a la fijación de salarios mínimos que buscan proteger a la clase trabajadora. En fin, estos gremios arguyen que la causa de la situación económica está asociada a un conjunto de medidas que se enmarca en un modelo que no crea incentivos para los inversionistas, ni genera confianza a los dueños de los capitales.

Pero nos preguntamos: ¿es cierto que la empresa privada en Venezuela no ha estado produciendo desde 1999? Al analizar el comportamiento del producto interno bruto nacional privado, que mide los niveles de producción de las empresas, observamos que incrementó 35% entre 1999 y 2015. También evidenciamos que desde 2012, a pesar de la disminución de los precios del barril de petróleo, principal fuente de ingresos de divisas del país, este PIB privado, aunque disminuyó, lo hizo proporcionalmente en menor cantidad que la disminución del precio del petróleo, ubicándose en niveles muy por encima de los registrados durante los años 2004 y 2005, momentos en los que no se registraba desabastecimiento en Venezuela.

Al indagar más acerca de la producción en Venezuela, observamos que durante el período 1999-2014, el PIB de la actividad no petrolera aumentó 66%. De esta se registraron incrementos en todas las actividades: agrícola 26%, manufactura 21%, construcción 76%, comercio y servicios de reparación 72%, transporte y almacenamiento 57%, comunicaciones 321%, instituciones financieras y seguros 446%, servicios inmobiliarios 50% (BCV, varios años).

No es cierto que desde 1999 haya disminuido la producción privada nacional, por el contrario: ha incrementado. Tampoco es cierto que el desabastecimiento de algunos rubros esenciales esté siendo causado por la caída de la producción atribuida a los controles de precios y cambiario. Como hemos venido sosteniendo, la escasez de estos bienes no está asociada ni a caídas en la producción, ni al control de precios, ni a la falta de divisas.

No obstante, los empresarios privados insisten en que son necesarios incentivos para elevar la producción nacional y de esta manera garantizar el abastecimiento. Entre los mecanismos de incentivos por excelencia que promueve la teoría económica neoclásica se encuentran las bajas tasas de impuestos. La pregunta que nos hacemos es a qué niveles deben ubicarse estas tasas si Venezuela es el país de la región que menor presión tributaria registra. La presión tributaria se calcula dividiendo la cantidad de impuestos recaudados entre el PIB. Mientras Argentina, Brasil y Uruguay encabezan la lista de países de América Latina con mayor presión tributaria, superando niveles de 35% y muy cercanos a 40%, Venezuela se ubica de último en la misma lista, con una presión que no alcanza 15% para el año 2013 (OECD, 2013). Presión que adicionalmente, en mayor proporción, corresponde al impuesto sobre el valor agregado (IVA).

Mientras la presión tributaria del Impuesto sobre la renta no supera el 4%, la del IVA, el cual recae sobre los consumidores y no sobre los empresarios, supera el 8% (SENIAT, varios años). En otras palabras, nuestros empresarios privados no pagan suficientes impuestos. A lo que debemos sumar la posible evasión y elusión por parte de algunos contribuyentes que maquillan sus estados financieros de ganancias y pérdidas. La baja presión tributaria es, sin duda, un gran incentivo para quienes quieren invertir y producir.

Continuando con los incentivos, es el caso que la empresa privada en Venezuela, desde que se instauró el control cambiario en 2003, ha recibido 338.341 millones de dólares para la importación de bienes y servicios (BCV, varios años). En 2004, año que no hubo desabastecimiento, le fueron asignadas 15.750 US$, y en 2013, momento en el que con mayor intensidad comienzan a escasear los principales rubros esenciales, la cantidad asignada se duplicó a 30.859 US$. Hubo años en los que se le llegaron a asignar alrededor de 40.000 US$, específicamente en 2007 y 2008. Estas divisas les son entregadas por el Estado a las empresas privadas a un tipo de cambio preferencial, a 6,30 Bs/US$ y ahora a 10,00 Bs/US$. Medida adoptada, entre otras razones, para que las empresas pudiesen garantizar el abastecimiento de los bienes a los precios controlados que fija el Estado.

No obstante, llama la atención que a pesar de asignaciones adicionales de divisas durante todos estos años, las importaciones, medidas en kilogramos, se mantuvieron relativamente constantes. En 2003, año en el que inicia la política de control de cambio, cada kilogramo de bien importado costó a los venezolanos 0,83 US$, mientras que en 2014 el costo se triplicó alcanzando niveles de 2,43 US$, en 2012 el costo de cada kilogramo de bien importado alcanzó los 3 US$, el costo promedio de importación aumentó 134% entre 2003 y 2014, incremento que no puede ser atribuido a los niveles de inflación mundial. Al respecto, habría que preguntarse qué tan eficientes están siendo las empresas privadas venezolanas que no han logrado obtener buenos precios en los mercados internacionales.

Sin embargo, y a pesar de la ineficiencia por parte de las empresas privadas al momento de importar, estas han registrado elevadas tasas de rentabilidad, diríamos que exageradas al compararlas con el promedio mundial. Según cifras de Asdrúbal Baptista publicadas en su libro Bases Cuantitativas de la Economía Venezolana, la tasa de rentabilidad previa al pago de impuestos directos pasó de 10,4% en 1999 a 21,5% en 2008. Muestra un incremento sostenido desde 1999 y son las tasas históricamente más altas registradas en Venezuela, adicionalmente, las más elevadas del mundo. Según la Revista Forbes, en un artículo titulado ¿Cuán rentables sib las compañías más grandes del mundo? , las 10 empresas más grandes de la industria farmacéutica encabezan la lista con un promedio de 19% de rentabilidad conjuntamente con los 10 bancos más grandes, le siguen las 10 empresas de petróleo y gas con tasas promedio de rentabilidad de 8% y las automotrices con 6% de margen de beneficio promedio.

El que las empresas privadas en Venezuela alcancen 21,5% de tasa de ganancia promedio pareciera ser un buen y suficiente incentivo para los dueños de capital e inversionistas.

Los cálculos que realiza Baptista están disponibles solo hasta 2008, sin embargo, otro indicador que da muestra de los incentivos a la empresa privada es la explotación neta de capital, es decir, la cantidad del total de ingreso nacional que es distribuida a los dueños del capital. Para explicar mejor este indicador debemos recordar que los recursos totales generados y disponibles por la economía nacional venezolana, sea como consecuencia de la producción o aquellos provenientes de la renta por concepto de petróleo, se distribuyen entre los dos factores de producción, a saber, el trabajo y el capital. La explotación neta del capital mide la cantidad de esos recursos distribuida a los dueños de capital.

Los recursos distribuidos al capital registran un aumento desde 1999 hasta 2014 de 89%, alcanzando sus niveles más altos en 2009. Con respecto a los asalariados, el incremento, para el mismo período, fue 111%, es decir, ambos factores, trabajo y capital, aumentaron su participación. No obstante, tal como se muestra en la siguiente gráfica, la cantidad de ingreso que se distribuye al capital sigue siendo superior a aquella que va a los trabajadores, a esta situación hay que añadir que los trabajadores representan más de 80% de la población ocupada, mientras que los dueños de capital son relativamente unos pocos.

En otras palabras, si bien desde 1999 la participación de los trabajadores en el ingreso nacional ha aumentado, ha sido hacia el factor capital donde se ha dirigido la mayor proporción de la riqueza nacional, incluyendo la renta petrolera. Por lo que aún falta mucho por hacer en pro de la clase trabajadora.

En resumen, no es cierto que el modelo económico, social y político instaurado con la nueva Constitución en 1999 haya desincentivado la producción privada. Tampoco es cierto que los controles de precio y del mercado cambiario hayan disminuido la confianza de los empresarios, como tampoco es cierto que las empresas no hayan recibido las divisas para las importaciones.

Lo que sí es cierto es que la empresa privada en Venezuela ha contado con grandes incentivos por la vía de las bajas tasas de impuestos; ha recibido divisas preferenciales para la importación; ha importado a precios cada vez más elevados; ha registrado, después de 1999, los mayores niveles de tasas de rentabilidad y se ha seguido apropiando de la riqueza nacional, especialmente de la renta petrolera.

Si los empresarios privados venezolanos con todos estos incentivos insisten en que enfrentan grandes dificultades para producir, en que no tienen confianza para invertir, en que con estas condiciones no pueden abastecer los mercados de bienes esenciales, y además se reconocen incapaces para cumplir con el incremento salarial recientemente decretado por el Ejecutivo, pues va siendo hora de resolver tamaña ineficiencia manifiesta y que sea la clase trabajadora la que asuma la producción nacional, o que, en un golpe de timón, la asuman las comunas.

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