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Por Gerardo Rojas

La guerra económica: ¿argumento para la lucha revolucionaria o excusa para la entrega?

Venezuela | 14 de junio de 2016

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Por Gerardo Rojas

Sin duda el principal objetivo de la guerra económica es terminar con la revolución bolivariana, el sueño de lxs enemigxs del pueblo desde hace 17 años y que consideran a punto de obtener como consecuencia del gran sufrimiento que se le esta causando al pueblo y al pase de factura de los errores que el mismo proceso asume en estos momentos, los cuales plantea corregir en circunstancias hostiles.

Guerra económica sin correlato político opositor

El enemigo aún, pese a muchos intentos, no logra capitalizar en términos políticos efectivos lo que han cultivado y construido de forma sistemática. El pueblo ha dado lecciones de querer la paz pero también exige la solución de los problemas básicos. El gobierno y el pueblo se ha planteado construir organización popular para resolverlos, allí la diferencia central con la oposición y nuestra ventaja: El enemigo no levanta referentes orgánicos que la gente asuma como opciones de solución.

Ellxs no se los plantean porque su objetivo es impulsar el desastre, el pueblo con todas las angustias y las carencias quiere es superar el momento, allí quizás una de las explicaciones de la desconexión del enemigo con las mayorías populares.

Por ello es fundamental que nuestros esfuerzos den sentido concreto a la solución desde la organización efectiva como lo plantea el gobierno, sin subestimar pero tampoco sobreestimar las posibilidades, esto es necesario para ganar la confianza de las mayorías para continuar las batallas necesarias que se están dando. Sin duda mucho de este peso recae en este momento en los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP).

La guerra económica cómo argumento, no cómo excusa

Elementos suficientes se han analizado y hechos públicos para identificar los perversos mecanismos de la guerra económica y la responsabilidad directa de la burguesía y oposición en su ejecución. Toda esta información se ha convertido en líneas discursivas y en algunas acciones de gobierno para tratar de combatirlas, sin duda, no todas las necesarias, ni tan efectivas como se ameritan.

Allí tenemos elementos para la construcción de un plan de lucha claro y necesario, la guerra se gana en el combate, lamentablemente en algunos casos se termina reduciendo esto en procesos para “gestionar” la crisis, para dar respuestas “corporativas” desde el gobierno, construyendo entramados clientelares (en la lógica política de la renta). Así para algunos la salida revolucionaria se reduce a un proceso casi administrativo que busca, desde la lógica burocrática, obtener oxigeno para su sobrevivencia política teniendo como efecto en las bases el fortalecimiento de la lógica instrumental en la relación pueblo-gobierno y el sostenimiento de la subjetividad y mecanismos que el rentismo ha favorecido.

Se reduce, en estos casos, la construcción de un argumento para la lucha revolucionara en una excusa para hacer lo mismo que nos ha llevado a una crisis política interna: despolitizar la acción del chavismo que esta activo para la defensa de la revolución. Hay que decir también que en la mayoría de los casos se vienen multiplicando ejemplos claros de empoderamiento popular en la tarea, convirtiendo estas experiencias en referentes de acción revolucionaria, es la mejor explicación a la campaña que en todo nivel viene desatando la oposición contra los CLAP. Esto debe ser visibilizado, multiplicado, la lucha efectiva del pueblo en la defensa de la revolución.

Hay que decir que esta “excusa” trae consigo otros peligros, entre ellos, poner al gobierno hacer lo que el enemigo ha querido desde siempre.

El gobierno asumiendo la agenda del enemigo con su costo político

Ya comentamos que el principal objetivo de la guerra económica es acabar con la revolución pero no es el único, quizás el desarrollo de la misma ha generado otros, algunos muy nocivos para el pueblo.

Hoy escuchamos con mucha facilidad argumentos (¿o excusas?) para explicar las nuevas acciones en el campo económico, algunas las tenemos escuchando desde hace tiempo de forma reiterada por vocerxs de la burguesía, lo que lo convierte en orientación para los diversos factores de la oposición.

Una de las ideas centrales para plantear los cambios es la superación del rentismo, argumento de peso que nos ha acompañado siempre, acabar de una vez por todas con esa herencia implica para nosotros superar una forma de hacer política y una agenda económica que permita el desarrollo de las fuerzas productivas del pueblo. No puede ser cambiado si la línea económica refuerza al sujeto que es producto de la misma: la burguesía parasitaria.

El ajuste de precios era una medida necesaria en función de determinar una línea de partida para la estabilidad de la producción, que sin duda es una de los temas centrales pero negociar el mismo con los industriales, con los “grandes” (quienes han venido incumpliendo todo y siendo brazo ejecutor de la guerra económica, quienes tienen poca moral y razones para garantizar que esta vez si cumplirán) atenta contra la producción de empresas del estado, recuperadas, artesanal, de pequeña y mediana escala, comunal, etc.

Impulsar el ajuste de precio sin medidas claras de protección de la economía socialista pone la misma en una difícil situación (seguro más de unx repitiendo a los neoliberales podrá decir que es una contradicción hablar de protección para superar el rentismo), hay sin lugar a dudas apoyo en financiamiento y entrega de algunos insumos pero aún es necesario verlo como un sistema, con acciones integrales que permitan avanzar en la consolidación de la propiedad social, superando esa especie de “división del trabajo” de algunos funcionarios que asumen que el sector solo se desarrollar la producción de baja escala.

En otras palabras, la protección no sólo tiene que ver con el resguardo del salario y del trabajo, sino también con la construcción de un sistema de producción nacional que genere condiciones permanentes para potenciarse, para convertirse en el centro de la economía de la revolución bolivariana.

En la mayoría de los casos esta división refleja claramente una postura política que niega las capacidades del pueblo, es una acción concreta (no declarada públicamente) de no creer en el poder popular, negando posibilidades de desarrollo de la capacidad del pueblo para organizar la producción y el trabajo.

La exclusión de las “pequeñas” (de la economía socialista, de la escala comunal) del análisis de las cadenas productivas es una consecuencia. Es decir, no hay una política nacional que apunte a ello, la prioridad termina siendo importar materia prima para ellas y financiar nuevos proyectos. Ello bajo la "excusa" de atender lo urgente para poder asegurar lo importante en el mediano plazo.

Ejemplos concretos por cadenas productivas que no se han podido potenciar en el marco de los esfuerzos previos son varias, se podrían enunciar entre ellas: cría de animales y plantas de alimento balanceado, textil, plástico, etc. En fin, si no se apuesta por la construcción de un sector económico que apuntale al socialismo de forma coherente, integral, que supere la mirada fragmentada y contraría a ella, será imposible salir airosos en la guerra económica. Triunfamos con el socialismo, si no seremos de igual forma derrotados al claudicar en el proyecto estratégico que construimos a pulso con el comandante Chávez.

Si sumamos lo anunciado por el ministro Abad de la pronta liberación del dólar agrava todo, sin control efectivo que garantice el respeto real del precio oficial el mismo gobierno generara legalmente la dolarización de los precios, asumiendo el mismo efecto que el Dólar Today genera en este momento, con sus ya conocidas consecuencias en la producción y el consumo.

Sin duda muchas de las tareas de construcción y protección de la economía socialista debe asumirla el pueblo de forma protagónica pero esto no puede convertirse en una excusa de algunos funcionarios para no asumir sus responsabilidades y tareas, quienes deben hacer visible ante la comunidad sus acciones para el avance de la producción, la lucha contra lxs bachaqueros, el acaparamiento, quienes sostienen el sobreprecio por decir algunas.

Su presencia junto al pueblo para restablecer el orden es garantía de acciones concretas para el triunfo ante la guerra económica.

Los CLAP como instancia del Sistema del Gobierno Popular

Por ello los CLAP son un instrumento clave para la coyuntura, llevándola a construir una agenda revolucionaria que permita la teritorialización de la política, el control social desde el territorio, convirtiéndose así en una instancia del sistema de gobierno popular: el consejo comunal y la comuna construye desde sus diversas vocerías un entramado organizativo coherente que debe ser tomado en cuenta para convertir en política integral (más allá de la distribución y producción) lo planteado por el gobierno bolivariano.

Sería por lo tanto un grave error asumir que los CLAP sustituyen a los Consejos Comunales y a las comunas, es una de sus instancias para la articulación para la acción en el marco de las tareas que le han sido asignadas en el ámbito del consejo comunal. Es necesario acordar en los casos de las comunas las tareas de coordinación, es urgente la incorporación formal de las mismas a la tarea.

Luego de tres años de sostenidos esfuerzos para levantar a las comunas como sujeto clave en la política popular ha reducido su presencia en los planes y ejecución de varios de los acuerdos de su Consejo Presidencial. Las comunas son claves para el gobierno popular y también para algo fundamental del momento: La producción. Por ello la continuidad del plan de siembra comunal, que es, no por casualidad, una línea de trabajo sostenida y que en este año tiene una tarea muy importante para el país.

La comuna es la instancia que permite desarrollar con mayor potencia la producción y la defensa, al tener un territorio superior al Consejo Comunal tiene la posibilidad de sumar mayores elementos para garantizar planes con estas tareas urgentes.

Sin negar la producción del CLAP en el consejo comunal, sino visto en la comuna como un sistema que integra todo lo viable y complementario para su desarrollo. La “P” de la producción es necesaria pero también, como ya lo hemos dicho, un plan de lucha, control social efectivo de la producción y distribución implica asumir, en el marco de una guerra, acciones de lucha revolucionaria.

Por ello: ¡todo el poder para los CLAP!, como enuncia el Presidente, implica asumir el gran acumulado organizativo popular que la revolución ha construido con capacidad real de incidencia en la política, simples llevadores de lo que escasea (es importante recordar, estas potestades fueron solicitadas en muchas ocasiones por el poder popular, justo ahora, cuando existe la mayor dificultad es que se le asigna).

En ellos recae una tarea clave, sumar esfuerzos para la reconstrucción de confianzas políticas con las mayorías. No es una instancia para el tutelaje, como deben ser todas las instancias del poder popular, sino para la construcción de la articulación efectiva.

Si en los CLAP se presentan el tutelaje y la no entrega efectiva del poder, sumando a la fragmentación del esfuerzo del acumulado popular (consejos comunales, comunas, mesas técnicas, y toda expresión organizada del chavismo en los territorios) implicara repetir una lógica de hacer política que impedirá superar el rentismo.

En momentos que la presión internacional arrecia para llegar a “acuerdos en el marco de la democracia”, es decir, traduciendo las frases que dicen los imperialistas, buscan acuerdos para terminar con la revolución, toca generar una política para el impulso de una económica socialista coherente que permita asumir la producción y la lucha revolucionaria como una sola, desarrollando efectivamente la entrega del poder a los espacios organizativos del chavismo garantizando la construcción de referencias en los territorios para la defensa integral del proceso.

Sin excusas, la acción revolucionaria del pueblo es la única garantía de triunfo.

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