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Trump presionó a gobiernos latinoamericanos

La invasión que no fue

Venezuela | 6 de julio de 2018

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Este 4 de julio Venezuela amaneció con la noticia de que en agosto de 2017 -y también después de eso- el presidente norteamericano, Donald Trump, estuvo planificando una invasión a la tierra de Bolívar y presionando a diversos países latinoamericanos para que acompañaran esta locura belicista.

La guerra pensada

Los preparativos del acto con el que al día siguiente se conmemoraría el 207° aniversario de la firma de su Declaratoria de Independencia, sin embargo, le quitaron algo de relevancia a la noticia publicada por el periodista Joshua Goodman, de la agencia de noticias estadounidense Associated Press (AP).

Miles de familias se preparaban para disfrutar el feriado, mientras los niños y niñas ensayaban sus bailes, canciones y diversas participaciones en los próximos actos de fin de curso. Todas y todos los venezolanos, como cada día, resistían los efectos de la guerra económica en sus vidas: caminando por falta de repuestos en los vehículos de transporte público, participando de la distribución de alimentos a través de los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP), buscando alguna medicina que el bloqueo norteamericano impide que Venezuela pueda adquirir con sus recursos, estirando el salario para vencer la inflación.

Y, sin embargo, durante el día se fue regando la noticia: Trump no solamente se planteó invadirnos, sino que además estuvo buscando apoyos en gobiernos aliados para llevar a cabo esta locura que hubiera arrasado con las vidas de miles, cuidado si no de millones.

Según la nota de Goodman (que puede ver en idioma original), el planteo realizado por Trump en agosto de 2017 de invadir a Venezuela para “resolver el problema” provocó el alejamiento de su gobierno del Secretario de Estado, Rex Tillerson, y el consejero de seguridad nacional H.R. McMaster.

El funcionario que reveló a Goodman (bajo anonimato) esta conversación, dijo que “McMaster y otros se turnaron para explicarle a Trump cómo la acción militar podría ser contraproducente y arriesgarse a perder el apoyo difícilmente ganado entre los gobiernos latinoamericanos para castigar al presidente Nicolás Maduro”.

Aparentemente, Trump señaló lo que consideró “casos pasados de diplomacia de cañoneras en la región”, como las invasiones de Panamá y Granada en la década de 1980.

Esa conversación con sus principales funcionarios del servicio exterior y la seguridad nacional se habría producido el día previo a la célebre declaración en la que el mandatario norteamericano señaló que no descartaba “una opción militar” para derrocar al presidente venezolano Nicolás Maduro.

Según el informante de Goodman, Trump le propuso esta hipótesis también al presidente colombiano Juan Manuel Santos y más adelante, en una cena previa a la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), de la que participaron -además de ambos mandatarios- el brasileño Michel Temer, el peruano Pedro Pablo Kuczynski, el panameño Juan Carlos Varela, y la vicepresidenta argentina Gabriela Michetti, habría reiterado la propuesta.

La información, siempre según Goodman, fue ratificada por funcionarios colombianos, quienes también indicaron que la proyectada invasión fue rechazada por los invitados a dicha cena. Es de esperar que se les haya atragantado la comida.

Aunque los voceros habituales de la Casa Blanca se habrían negado “a comentar sobre las conversaciones privadas”, un portavoz del Consejo de Seguridad Nacional “reiteró que los Estados Unidos considerarán todas las opciones a su disposición para ayudar a restaurar la democracia de Venezuela y traer estabilidad”, como le gusta a Estados Unidos: a cañonazos.

La guerra sorda

Pero, aunque la idea de la invasión no se materializó por falta de apoyo dentro de su propio gobierno y entre los aliados de Estados Unidos en la región, no es menos cierto que el pueblo venezolano sufre las consecuencias de la injerencia imperialista en el país.

Las sanciones económicas y financieras impulsadas por Trump e impuestas a algunos de sus principales aliados golpean y duro. El reclamo de “hacer chillar la economía chilena” que hiciera el tristemente célebre presidente Richard Nixon para provocar la caída del presidente mártir Salvador Allende se repite en tierras bolivarianas.

Quizás lo peor del caso es que estas sanciones son exigidas urbi et orbi por malos venezolanos como Antonio Ledezma, Julio Borges, María Corina Machado y otra sarta de vergonzantes conciudadanos que muy cómodamente en Madrid, o Miami, o Bogotá, o Lima, señalan que para que caiga el “régimen” debe producirse un bloqueo total a la economía venezolana.

La guerra de todo el pueblo

Mientras tanto, el heroico pueblo venezolano resiste. Y lo hace como mejor aprendió a lo largo de la Revolución Bolivariana: juntándose, extendiendo como pulpo los tentáculos de la solidaridad.

Ejemplo de eso son las comunas rurales y urbanas que se organizan para producir y para que el fruto de su trabajo llegue a la mayor cantidad de hogares sin precios inflados.

En una entrevistarealizada por la televisora comunitaria Tatuy TV, los investigadores Mariana García-Sojo y Hernán Vargas Pérez analizan cómo resuelven los pobres los problemas derivados de esta ofensiva imperialista contra la economía del país.

Los resultados -descarnados- permiten ver diversos mecanismos que se han dado las familias para responder a la situación, entre ellos algunos hallazgos esperanzadores: “Nos hemos dado cuenta de que las formas más comunes son las formas que son parte del acumulado político y social, del tejido que se ha venido construyendo en estas últimas dos décadas en Venezuela, es decir, que son fundamentalmente los Consejos Comunales, y lo que en estos años de crisis ha adquirido más fuerza, el CLAP, los Consejos Locales de Abastecimiento y Producción”.

Señalan también: “En este momento el tema de acceder a la comida es el aspecto más complejo, el aspecto neurálgico, que concentra el mayor interés en las comunidades también han emergido algunas formas distintas de esas que incluso no existían previamente, y que son formas por ejemplo vinculadas a compras planificadas de ciertos rubros, la planificación del consumo en una comunidad especifica que después se pone de acuerdo con productores, eliminando el factor intermediario, etc.”.

“En el torbellino de la crisis, el sacudón que implica la crisis, hay unas grietas desde las cuales emergen prácticas que pueden ser alternativas e incluso alterativas a ese orden hegemónico imperante, pero evidentemente que eso sea así necesita, primero análisis de parte, por supuesto, de los sujetos populares que son quienes idean y quienes ejecutan esas prácticas alternativas; y segundo, por supuesto, necesitan ser cultivadas, necesitan visibilizar su carácter revolucionario o potencialmente revolucionario”, afirmaron.

“En ese sentido nosotros creemos que dentro de la crisis venezolana, muchas de las salidas las está ideando la gente desde, la planificación colectiva de compras de rubros, el uso de los terrenos y de todos los espacios posibles para la siembra de algunas cosas, y para el autoconsumo, el pasar de intermediarios, digamos, el construir sistemas de distribución muy acotados pero que no necesitan de intermediarios para acceder a precios no especulativos del alimento y algunos otros rubros, etc.”, concluyen los entrevistados.

La guerra por la paz

La principal victoria en esta guerra no declarada y no deseada por las venezolanas y venezolanos ha sido la posibilidad de dirimir sus diferencias en paz.

La convocatoria a elegir una Asamblea Nacional Constituyente (ANC) realizada por el presidente Nicolás Maduro el 1° de mayo de 2017 trajo como resultado una serie de procesos electorales (la elección de constituyentes, de alcaldes, de gobernadores, de diputados estadales y la propia elección presidencial) que relegitimaron la decisión ciudadana de que el chavismo continúe su proyecto de transformación social en la Venezuela bolivariana.

Estos procesos electorales (cuya validez y legitimidad fue reconocida por la oposición exclusivamente en los casos de los cargos disputados en los que obtuvo triunfos) permitieron relegitimar el rumbo y también dieron un claro mensaje reiterado una y millones de veces por todos los seguidores de las fuerzas revolucionarias: hay que corregir todo lo que deba ser corregido y se debe ir hasta el hueso en la solución de los problemas.

El enemigo ha actuado y actúa, pero también se han cometido demasiados errores. Es hora de que el gran sacrificio que está haciendo el pueblo venezolano esté acompañado de acciones concretas que permitan -también desde el Estado- superar el momento y retomar la construcción de la sociedad anhelada.


Fuente: Caja de Respuestas

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