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Por María Fernanda Quintero Alzate

La siembra del Odio: ¿resultado del fascismo de élite?

Colombia | 28 de noviembre de 2019

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"Se comieron la carne y les tiraron el hueso"
LFS (Q.E.P.D)

Por María Fernanda Quintero Alzate

I.
El fascismo impone la siembra del odio en una sociedad, se representa bien sea en individualismos o colectividades. Las dictaduras del Cono Sur en América Latina del siglo XX lo reflejaron, hoy otras pseudodemocracias impuestas por los organismos económicos internacionales, estimulan y apoyan de manera servil derrocamientos de proceso populares y democráticas en pleno siglo XXI. No hay que confundirnos, América Latina grita con otra voz popular: un rechazo al odio político que quiere imponer el modelo político- fascista.

El fascismo se alimenta del gran capital- la acción y representación de una política aplicada hacia los territorios, de un lado se imprime la semilla del odio, basada en el miedo, que se extiende tanto individual como colectiva y de otro lado, el fascismo actúa en silencio, aguza en las ideas de un ser, lo copta y lo vuelve servil. El modelo Fascio, se regula por mecanismo de control propagandístico, político y económico de manera multiescalar en los territorios. De esta manera, hoy día el fascismo se presenta a escalas diferentes: las élites político-territoriales responden a un núcleo delineado, bajo un dispositivo central que propugna no solo dividir; sino colocar a su servicio ciudadanos para unificarlos y homogenizar fomentando la disgregación y colocar al fascismo de élite en las regiones.

II
El fascismo se germina en el odio colectivo, hay un número de población que aún lo critica, pero en su espíritu servil lo postula en su núcleo, bajo acciones, lenguajes de señalamiento y descalificación que va desde lo individual a lo colectivo. Ello, se refleja en las representaciones territoriales: desprecio por las ideas opuestas, imposición de miedo, posturas y vejamen público, discriminación, segregación, acciones de disgregación. El fascismo coopta líderes, centraliza a su servicio las economías locales, descalifica, señala y propicia la muerte de seres que se rebelan a su modelo. En esa representación, no se distinga su hacer, todos se vuelven amigos y enemigos entre sí, porque el fascismo lo pide, lo forja, alimentando el servilismo hacia la instauración del modelo económico. Si, con ello tiene que acabar de manera cuántica, uno a uno con seres humanos lo hace, no importa la vida. En “razón del progreso” se asesina y se desaparece. Ello, implica una nube envolvente de caos, que impone trayectos militares, después económicos; por último culturales para sembrar odio bajo el miedo. Se legitima en este siglo XXI economías emergentes y mafiosas, se llega a senderos insospechados de autoritarismos donde caen unos y otros. Estas nuevas subjetividades de autoritarismo político se implementan en territorios locales. La actual fascio, se alimenta de las viejas directrices de pensamiento económico que vertieron el siglo XIX: “el progreso”

III
El fascismo no es solo un tema ideológico, es un proceso gradual y político. Los pueblos afectados por la ignominia de un estado, se contraponen a los grupos
económicos de élite local, que de manera servil hacen parte del dispositivo militar; el gran dispositivo de seguridad estatal que sostienen las grandes ofertas económicas de los territorios. No obstante, algunos seres arrastran un ideario de subliminar y postular a falsos profetas de la politiquería y de las economías emergentes. Todos al servicio del fascismo de élite, como espíritus serviles del modelo político impuesto. Nadie salva a nadie. La libertad se confunde con el mesianismo y las falsas posturas de libertad que impregnan dos temas: el dinero y el poder político, dos vertientes abrazados en los territorios; que tienen una gran demanda internacional y que de maneras cuántica se llevan más de una vida. La eliminación de una población, no solo de manera física, sino moral, ética y política es el objetivo de las élites. El modelo político se apoya en los fascios les interesa alimentarse y llevar a líderes, para que corrompan a su población, son traidores al ideario colectivo; todo al servicio de lo inmediatez individual: el dinero y los políticos de turno para afianzar el modelo político de las élites fascistas de este siglo XXI.

IV
En Colombia el fascismo de élite, se refleja en el gobierno de Iván Duque. El estado colombiano está corrompido, su maldad está extendida hacia las élites corruptas de carácter político y territorial. Un estado que recurre a grupos armados para hacer valer su poder y no escuchar a su pueblo, está atrasado, está podrido en sus propias aguas. Es un estado ignorante. Hoy Colombia en su modelo fascio, genera componentes multiescalares: centralización de poderes institucionales, estimula mafias organizadas, saqueo de los territorios por el gran capital promotor del fascismo. Las fuerzas fascistas en acoplamiento con el modelo político se delinean: la militarización por parte del gran dispositivo de seguridad nacional, para imponer el odio generando un control territorial y dominio económico. No obstante, la lucha popular es manifiesta. Los componentes del fascismo de élite, su propósito es romper y hacer que tambalee, una posibilidad de valoración de los territorios e imponer idearios subvalorados, para ello las élites recurren a interlocutores escasos de espíritus, anclados en la ambición, la codicia individual colocándolos al servicio del modelo. Hoy, la resistencia antifascista levanta su voz, el Pueblo pide cambios no reformas.

V.
Volver al inicio-Colombia lucha popular antifascista – En Colombia, pueblos enteros están confinados en un escenario macabro de hambre, destrucción, propiciado por el gran capital. El fascismo alienta las grandes fracturas geográficas, la corrupción entre unos y otros, bajo un odio perturbador que de manera irracional implique un rechazo y animadversión por las gestas populares. El fascismo se dirige hacia una mente solitaria, avanza sus tentáculos hacia lo vulnerado.

El fantasma del fascismo, llega en la personificación de una clase política aberrante en las regiones. Ante ello, miles de seres humanos se encuentran atrapados en la perfidia política de unos, pero otros avanzan en resistencia popular al encuentro de la patria, vida o muerte. No hay marcha atrás, las gestas populares antifascistas no tienen reversa. No son los líderes que decidirán, es el pueblo que conducirá el trayecto. Se requieren espíritus nuevos, bajo una ética de carácter político, consecuente, no de revelación. No es negociación lo que se pide al gobierno malvado de Iván Duque y su servilismo al gran capital. El pueblo necesita un cambio en el nuevo escenario político, desde dentro del corazón de las comunidades. Es la voz ciudadana contra el capitalismo exacerbado. El pueblo esta impecable, sin mediadores o posibles traidores a la causa. Esta gesta popular antifascista, implica ir contra el individualismo, la siembra del odio mediante el miedo, la desmoralización y la falta de una ética política.

El pueblo luchador está en las calles, en contra de ese fascismo de paisaje- represor que se ve reflejado en los dormitorios, las ventanas, las puertas, la casa, el barrio, los ríos, veredas, en territorios acumulados de grandes riquezas, pero afectados por la imposición de las más miserable ignominia y abandono. En ese trayecto, se declara de manera impetuosa el paisaje de resistencia -popular, en las calles para hacer valer un derecho inscrito en la naturaleza-misma de miles de ciudadanos colombianos: la libertad de expresarse e indignarse ante la acumulación de vejámenes, y desconocimiento en los derechos. Presidente Iván Duque no se equivoque, nuevas subjetividades políticas se trazan, el pueblo espantará la maldad extendida. El pueblo, bajo una gesta popular mantendrá el derecho a defender su libertad, bajo una voz popular de carácter político. En los más ínfimos rincones de Colombia, la lucha popular antifascista continúa.

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