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Entrevista con el Obispo Álvaro Ramazzini

“Las restricciones migratorias de USA aumentan la conflictividad social centroamericana”

Guatemala | 2 de abril de 2017

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Por Sergio Ferrari*

La nueva recomposición geopolítica internacional a partir de la llegada del presidente Donald Trump a la Casa Blanca no deja a nadie indiferente. Mucho menos en América Central, región que vive una estrecha dependencia económica, comercial, financiera y migratoria de los Estados Unidos de Norteamérica. “Si siguen cerrando las fronteras aumentará la conflictividad social en toda nuestra zona” enfatiza Álvaro Ramazzini, Obispo católico romano de la diócesis de Huehuetenango en el oeste de Guatemala, fronterizo con México y hábitat de varios pueblos-idiomas originarios. A 20 años de la firma de los Acuerdos de Paz (29 de diciembre del 2016) entre el gobierno guatemalteco y la guerrilla de ese país - que cerró una guerra interna de 36 años-, la hora del balance es oportuna. Aunque la frustración ocupa parte del escenario nacional, aparecen algunas señales de esperanza en una realidad muy compleja para una gran parte de la población que se confronta con la pobreza e incluso el hambre, explica Monseñor Ramazzini, invitado a Suiza por la Guatemalanetz, Acción de Cuaresma de los católicos suizos y Pan para el Prójimo.

P: ¿Cuál es la realidad cotidiana en su diócesis, en un departamento como el de Huehuetenango con determinante presencia indígena, campesina y explotación minera multinacional?

AR: Constatamos la existencia de mucha pobreza y de una lucha diaria por la sobrevivencia. Si se recuerda que el año pasado hubo muy escasas lluvias y se perdió una parte de las cosechas - en particular de maíz, producto esencial de la dieta diaria-, existe incluso mucha gente que pasa hambre. Lo que motiva el sueño creciente de emigrar hacia el norte como salida de escape a la difícil realidad cotidiana.

P: El sueño de emigrar, justo en un momento en que, especialmente, a partir de las nuevas medidas del Gobierno de Donald Trump, se construyen muros para frenar, principalmente, la inmigración desde México y de Centroamérica, e incluso se intensifican las deportaciones…

R: Si el Señor Trump cumple con lo que ha anticipado a nivel migratorio, puede ser dramático para Guatemala. Hay que pensar que en el 2016 las remesas enviadas por los inmigrantes guatemaltecos que trabajan en Estados Unidos reportaron más de 6.400 millones de dólares (ndr: más de 7 mil millones según datos oficiales). Si el país no ha colapsado es en gran parte gracias a esos ingresos. Si se reducen, cortan, o se le aplican los impuestos en discusión, las consecuencias serán nefastas. Nuestra situación social actual - si se une a la de El Salvador, Honduras y a la México-, puede incluso anticipar nuevos focos de conflictos civiles. Tal vez tengo una mirada muy pesimista, pero las señales actuales no son buenas y el cierre migratorio tendrá consecuencias impensadas.

P: ¿Una región inviable?
R: La iglesia católica guatemalteca y también a nivel regional lo estamos advirtiendo porque las señales son muchas y preocupantes Mi país exige cambios económicos y del sistema de justicia inmediatos. No se ve que ni el poder ejecutivo ni los congresistas (poder legislativo) den respuestas a estas prioridades y exigencias.

P: En diciembre 2016 se celebraron los 20 años de la firma de los Acuerdos de Paz que pusieron fin a la guerra interna de casi cuatro décadas, con un saldo de un saldo de al menos 200 mil muertos, medio millón de exiliados etc. ¿Cuál es su balance del cumplimiento de esos Acuerdos, si se analiza la coyuntura actual?

R: Estamos viviendo un momento de mucha pena y tristeza. Incluso con algunas señales casi peores que durante el mismo conflicto: mucha violencia; tasa de homicidios altísima; un país que sufre la presión de las maras (bandas juveniles violentas), como sucede también en El Salvador y Honduras. Y un Estado muy debilitado. Pienso que no se cumplió ni un 25 % de lo previsto en los Acuerdos. Hay muchos factores que pueden explicarlo. Uno de ellos es que el empresariado solo participó en la negociación como observador. Y no podemos olvidar que el poder político está dominado por el económico.

P: Volvamos a la situación actual…

R: Nos referimos a un presente sumamente complejo. Todo este modelo de globalización, que crea en mi país niveles crecientes de desempleo; sin oportunidades reales para una gran parte de la juventud; con un énfasis total en el modelo agroexportador de ciertos productos agrícolas, como el azúcar, bananos, café etc. Con agriculturas intensivas que no resuelven el problema de la pobreza. A lo que se le agrega un Estado sumamente debilitado; la corrupción creciente y el aumento del crimen organizado ligado a la droga -incluso en tanto productores de amapola en algunas regiones como San Marcos-, determinan un panorama difícil. Los Acuerdos intentaban, parcialmente, replantear el modelo económico, que no se pudo reformar.

P: ¿Una gran frustración?

R: Para una mayoría sí. Para ciertos grupos campesinos organizados, como las comunidades en resistencia o los que lucharon para el acceso a la tierra, ha sido más positivo, Debido a fuertes movilizaciones sociales lograron la condonación de la deuda que tenían con el Fondo de Tierras. Pero no se logró reestructurar dicho Fondo. Para el gran empresariado estas décadas han sido buenas. Especialmente para el sector azucarero: Guatemala es el cuarto productor mundial de ese producto.

P: ¿A pesar de la complejidad, existen señales de esperanza?

R: Varias. La primera, la creación de un nuevo partido político con participación de movimientos y organizaciones sociales, que compitió en las últimas elecciones. Si bien los resultados fueron negativos, puede tener perspectivas de cara a las próximas elecciones si se hacen correcciones y se renueva la dirigencia. Otro elemento importante, la reivindicación del territorio por parte de las comunidades indígenas. Aunque debemos orientarlas para evitar divisiones y cualquier discurso violento. Otro elemento importante: una preocupación creciente del empresariado por la situación del país. Nos reunimos hace tres meses con la dirigencia del CACIF (central empresarial) y sentimos una preocupación por lo que se vive en Guatemala y apertura al diálogo social. No menos importantes el proceso de investigaciones en curso promovidos por el Ministerio Público y la CICIG (Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala). Aunque se debe actuar con un gran criterio para evitar posibles excesos.

P: ¿Cuál es la posición de la Conferencia Episcopal?

R: Mantenemos nuestra actitud de denuncia y de invitación al diálogo entre todos los sectores. Nos proponemos como puentes de comunicación, mediadores, para fomentar los encuentros. Estamos siempre en las luchas para acompañar al pueblo. Tratando de reorientar a aquellos que hablan de violencia. Y nos sentimos, en esta etapa, reforzados y en sintonía con el Papa Francisco. Lo que él piensa y dice es lo que siempre hemos pensado nosotros y una gran parte de la Iglesia latinoamericana. Lo importante es que ahora ese pensamiento se hace público y es común para la Iglesia universal.

P: ¿Qué espera en esta etapa de la comunidad internacional? ¿Qué tipo de solidaridad?

R: Hay un aspecto central. Me refiero a todo el aporte desde Suiza y desde Europa, para que avancen las nuevas normas de respeto de derechos humanos y ambientales de las empresas multinacionales que operan en nuestros países. Es un tema debatido y promovido desde el 2011 por las Naciones Unidas. Esto es muy importante, porque las empresas dicen que ellas son socialmente responsables porque construyen una clínica o dan trabajo. Pero eso es insuficiente. Hay que promover una perspectiva diferente y es muy esperanzador los planteos que buscan el bien común planetario. Si la sociedad civil sigue comprometida en este sentido y los gobiernos europeos asumen estos principios, le dará mucha fuerza a una visión más solidaria con nuestros pueblos.
Otro tema esencial es la apertura hacia los migrantes, los refugiados. Claro que a Suiza no llegan tantos emigrantes de mi región sino de otros países. Pero no importa. No deben tener miedo por el bienestar en tanto naciones ricas. La caridad y la solidaridad deben prevalecer a la insensibilidad propia de un modelo de globalización que promueve la indiferencia egoísta y el individualismo extremo.


*en colaboración con Swissinfo y Le Courrier
Fotos : Italo Cherubini

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