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Por Gustavo Adolfo Flórez Garzón

Los medios de comunicación son los verdaderos actores del conflicto armado

Colombia | 17 de febrero de 2016

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–Los medios de comunicación en Colombia son actores armados del conflicto– Le dije, al terminar la clase, al profesor de Ética, en mi época de estudiante de pregrado en Comunicación Social y Periodismo.

–¡¿Cómo se le ocurre eso?!– Contestó el profesor con el ceño fruncido.

– Claro, los medios de comunicación tienen por arma a la información y así toman partido para incidir positiva o negativamente en el conflicto del país.

– ¡Eso no es así! Y adiós porque voy apurado para la próxima clase– Dijo el profe cortando la conversación.

Casi diez años después de aquel suceso, sigo con la firme convicción: los medios de comunicación en Colombia son actores armados del conflicto.

¿Por qué? Porque a través de la información parcializada algunos medios de comunicación afines a la causa paramilitar o algunos sectores económicos y políticos de ultra derecha, por ejemplo, legitimaron políticamente a las AUC y muchas de sus acciones violentas contra la población indefensa fueron invisibilizadas adrede.

“Los medios de comunicación de Colombia han legitimado el discurso paramilitar y justificado sus crímenes atroces”, leo en: ‘Paz en los titulares, miedo en la redacción’, informe del estado de la libertad de prensa en Colombia en 2015, de la Fundación para la Libertad de Prensa, Flip que reafirma mi posición.

En el capítulo: ‘Medios de comunicación en Colombia ¿legitimadores del paramilitarismo?’ la Flip documenta las sentencias al respecto del Tribunal de Justicia y Paz de Medellín y contempla la sana posibilidad de indagar, a la luz de estándares internacionales, las “responsabilidades de los medios de comunicación en el conflicto” armado del país.

Y aunque las sentencias del tribunal sí carecen de un amplio contexto en sus señalamientos y para la Flip son “subjetivos y genéricos”, el debate debe darse en la esfera pública si queremos robustecer al periodismo y construir una “paz estable y duradera”. Porque evadir el tema, como lo hizo el profesor de ética, es perpetuar la problemática.

Y más cuando estamos ad portas del posacuerdo y la palabra paz, como un cáncer, empieza a multiplicarse en los titulares.

“Aunque la Sala reconoce y respeta la libertad de prensa y opinión dentro de los límites fijados en la Jurisprudencia Constitucional y no pretende juzgar a los medios de comunicación a nivel nacional y regional, ni emprender un juicio de responsabilidad sobre la forma como ejercen sus derechos, no puede dejar de registrar que en no pocas ocasiones esas entrevistas y registros sirvieron para justificar hechos atroces y violaciones sistemáticas de los derechos humanos y del Derecho Internacional Humanitario”, dice un aparte de la sentencia citada por Flip.

En aras de la libertad a informar y ser informado, consagrada en nuestra constitución política, los periodistas y los medios somos libres de registrar los distintos avatares del conflicto. Inclusive entrevistar a cabecillas de dichos grupos armados ilegales, siempre y cuando la información sea de interés general.

No obstante esa libertad de expresión debe incluir, en honor a la verdad y al periodismo, un equilibrio informativo con diferentes opiniones al respecto. Y de equilibrio informativo sí carecieron muchos periodistas y medios, acusados por el tribunal, porque la versión de las víctimas del paramilitarismo fue silenciada sistemáticamente.

En consecuencia, por ejemplo, vimos y oímos en varias oportunidades a Carlos Castaño, el abatido máximo jefe de las Autodefensas Unidas de Colombia, AUC, hablar de su proyecto paramilitar y político en varias parcializadas entrevistas hechas por Claudia Gurisatti, para entonces directora del programa La Noche, de RCN.

Al respecto la Flip argumenta que los partidos políticos y las instituciones del Estado debieron “controvertir” esas noticias justificantes del paramilitarismo para equilibrar la información y que no era obligación de los medios hacerla.

Esta postura sesgada y miope de la Flip legitima a los periodistas y medios que, por convicción o dinero, toman partido a la hora de cubrir la noticia y privan a las audiencias de otros puntos de vista enriquecedores de la información.

Contrario a la Flip, también pienso que hubo una selección arbitraria de las noticias y decisiones deliberadas de algunos periodistas y medios de comunicación a favor de las AUC porque, al invisibilizar a la contraparte, se situaron ideológicamente en un bando, convirtiéndose así en actores directos del conflicto. En actores armados del conflicto. Porque la información o desinformación son una poderosa arma.

La Flip acierta al afirmar que las sentencias del tribunal incluyen opiniones de columnistas del diario El Meridiano a favor de las AUC y la responsabilidad de esas opiniones solo pueden ser atribuidas al columnista y por extensión no puede endilgársele al medio de promover una ideología paramilitar; no obstante si leemos los archivos de noticias del diario de Córdoba, éste sí sirvió “como caja de resonancia, justificación del fenómeno paramilitar y como un instrumento para divulgar y propagar el ideario de dichos grupos, lo que lo hace responsable ante la Constitución y la Ley”.

Sin embargo los magistrados del tribunal deben aportar más pruebas fehacientes y ampliar el contexto de las denuncias porque las pruebas aportadas no son suficientes.

Además de RCN y El Meridiano, la sentencia del tribunal también responsabiliza, de justificar el proyecto paramilitar, a Caracol, Revista Semana, Revista Cambio 16, entre otros medios de circulación regional y nacional.

Sin duda investigaciones serias arrojarían pruebas contundentes en contra de algunos medios de comunicación y periodistas que apoyaron la causa paramilitar, no obstante cabe resaltar que muchos comunicadores inocentes están entre el fuego cruzado y las acusaciones endebles del tribunal que los ponen en riesgo.

“Esta es una buena oportunidad para recordar que decenas de periodistas en toda Colombia investigaron y denunciaron –aún en las condiciones más difíciles– los crímenes cometidos por el paramilitarismo. Según el informe del Centro Nacional de Memoria Histórica La Palabra y el Silencio, publicado en diciembre del año pasado, los paramilitares asesinaron a por lo menos 22 periodistas en razón a sus trabajos periodísticos desde 1977 hasta la fecha de publicación de este informe. De esos, más de la mitad (12) murieron en los años de mayor poderío de las Autodefensas Unidas de Colombia”, concluye la Flip.

En el otro espectro ideológico, la guerrilla también es responsable de la censura y cooptación a periodistas y a medios de comunicación en sus áreas de influencia. Pero más responsables son los periodistas y los medios que, por miedo o convicción, caen en el juego perverso de la desinformación y la manipulación de los grupos armados ilegales.

Porque la información también es un arma poderosa, no en vano se dice que el periodismo es el cuarto poder. Y algunos poderosos periodistas y medios disparan desde hace años a favor de un bando en particular, convirtiéndolos en actores armados del conflicto, actores armados de desinformación.

@adolfoflorezg


Fuente: Agencia Prensa Rural / Las 2 Orillas

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