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Por Yacarlys Arienta

Los precios de los alimentos bajan en todo el mundo… menos en Venezuela

Venezuela | 6 de febrero de 2017

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Una nota publicada por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), en días recientes, reseñó cómo el índice de precios de los alimentos experimentó descenso por 5to año consecutivo.

Fuente: Índice de precios de los alimentos de la FAO

América Latina mostró una tendencia similar al resto del mundo, según el informe de la FAO para noviembre del año 2016, la región en general mostró tasas inflacionarias negativas, a excepción de Argentina, y una disminución del valor de sus canastas básicas alimentarias.

Es de mencionar que Venezuela no se encuentra incluida en dicho análisis, dado que no hay data oficial sobre los respectivos índices de inflación y valor de la canasta alimentaria.

Sin embargo, es público y notorio el aumento generalizado de los precios en nuestro país. Nos centraremos en lo referente a los alimentos, dado que la porción de ingresos que se destina para la adquisición de ellos es la más significativa, destacando, además, que los hogares más pobres son los más afectados.

La singularidad de la economía venezolana hace que uno se traslade a ciertos extractos del majestuoso libro de Eduardo Galeano, Patas arribas. La escuela del mundo al revés, quien comienza diciendo que hoy día Alicia (la del país de las maravillas) no necesitaría traspasar un espejo sino que le bastaría asomarse a la ventana, a lo que yo le agregaría que se diese un paseo por Venezuela.

Sigo con Galeano: “La economía mundial exige mercados de consumo en perpetua expansión, para dar salida a su producción creciente y para que no se derrumben sus tasas de ganancia, pero a la vez exige brazos y materias primas a precio irrisorio, para abatir sus costos de producción. El mismo sistema que necesita vender cada vez más, necesita también pagar cada vez menos…”.

En Venezuela padecemos en la actualidad la voracidad del capital en su máxima expresión, la lucha del más apto y la dictadura de la sociedad de consumo impuesta por las grandes corporaciones. Hoy el venezolano está preso de sus necesidades alimenticias transculturalizadas.

El año 2016, calificado tanto por los voceros oficiales como por el sector privado como el año más difícil en cuanto a la situación económica se refiere, y puede que estén en lo cierto, fue un año de resistencia, decía el presidente Nicolás Maduro, donde efectivamente noquearon nuestro poder adquisitivo.

Haré un sencillo análisis de variación de precios de algunos rubros alimenticios:

La harina de maíz sufrió durante el año 2016 varias modificaciones, pasó de costar 19 Bs. (precio fijado en el año 2015) a 190 Bs. en mayo del año pasado y en diciembre de ese año se ubicó en 639 Bs., lo cual representa una variación de 3.363% y este margen asombroso no incluye las presentaciones con aditivos que aumentan su precio y superan los 1.600 Bs.; por su parte el arroz se mantuvo en el año 2016 en 120 Bs. en su presentación regulada, pero en la actualidad se encuentra en muchos anaqueles, en presentación importada, en 4.000 mil Bs. lo que representa un aumento de 3.333%.

La pasta se mantiene en 15 Bs. según la última regulación en su presentación de un kg, pero solo está disponible para los CLAP, por lo que en anaqueles se puede adquirir una extensa gama de presentaciones importadas por un precio superior a los 3.000 Bs., en empaques de 500 gramos, lo cual significa una variación de 40.000% con respecto al precio establecido por la autoridad que resguarda los derechos socioeconómicos.

La realidad es aún más cruel con los productos lácteos, la leche en polvo completa de 900 gramos en lata o en bolsa no supera los 340 Bs. según su precio regulado, pero eso contrasta con el precio que imponen los llamados bachaqueros, que oscila entre 8.000 y 12.000 Bs., porque este rubro lamentablemente no se encuentra en los anaqueles. En algunos supermercados y farmacias podemos encontrar leche en polvo de presentaciones especiales para niños entre 1 y 3 años, la cual supera los 10.000 Bs., también se consigue presentación descremada en polvo de 400 gramos que supera los 7.000 Bs., y más inaccesibles son las fórmulas infantiles; en estos casos se puede apreciar una variación de hasta 3.000% entre el producto regulado y las presentaciones disponibles.

Y la lista sigue, si de productos cárnicos escribimos tenemos que los precios regulados son irrisorios comparados a la venta en los comercios formales, el pollo cuesta 850 Bs. por Kg, pero se consigue en 4.500 Bs. y la carne tiene mucho tiempo en 250 Bs. por Kg, pero la conseguimos en promedio en 8.000 Bs. Todo esto muestra un desacato frontal del sector privado en cuanto a la Ley de Precios Justos.

Si seguimos con las estadísticas se puede mencionar, además, a rasgos generales, que al cierre de diciembre de 2016 la Canasta Alimentaria Normativa, contentiva de 50 productos, en proporciones para una familia de 4 integrantes, se estimó, según precios vistos en anaqueles por el Observatorio del Centro de Estudios de Economía Política de la UBV, en Bs. 494.567,94 y esa misma canasta se conseguía en el mes de julio en Bs. 235.428,36. Lo que demuestra que las variaciones de precios en nuestro país no se rigen por lógica alguna.

Retomo lo del mundo al revés, la economía venezolana no obedece a ninguna teoría existente, ni a la neoclásica, que le atribuye la inflación a la expansión de la masa monetaria, ni a la keynesiana, que habla de los costos de producción que se trasladan a los precios de los bienes finales, y tampoco al enfoque estructuralista (aunque tiene mayor similitud) donde se señala de responsable de la inflación a la baja productividad del sector primario, lo que encarece el valor de los alimentos y las materias primas.

Se estima, según estudios econométricos, que la inflación del año 2016 haya superado el 500%, y lo concerniente a alimentos y bebidas no alcohólicas quizá se ubique en 1.580%.

Algunos anhelan el retorno del libre mercado, el libre cambio, la no intervención del Estado en la economía, en síntesis el retorno del neoliberalismo. Pues parece que la memoria les falla en medio de la desesperanza de no encontrar aquello que solíamos comer hace 3 años y para ello solo quisiera cerrar con Galeano, así como inicié:

“Desde el punto de vista de la lucha contra la inflación, las medidas de ajuste son un buen remedio. Desde el punto de vista de quienes las padecen, las medidas de ajuste multiplican el cólera, el tifus, la tuberculosis y otras maldiciones”.

Notas explicativas del gráfico:


Fuente: 15yúltimo

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