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Por Revista Sacudón

Luego de 18 años de inoculación de odio y violencia, ¿qué hacer?

Venezuela | 16 de abril de 2017

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I
Vivía en Barquisimeto, en un urbanismo de Misión Vivienda llamado Ciudad Socialista “Alí Primera”, tenía 14 años y se llamaba Bryan. Ayer, durante su entierro, fue homenajeado con aplausos: “Bryan vive, la lucha sigue”, corearon ante su tumba quienes asistieron a la ceremonia. En la dolorosa despedida estuvieron, además de sus familiares, vecinos(as), luchadores(as) sociales, integrantes de los consejos comunales del urbanismo. Falleció en el Hospital Central Antonio María Pineda de Barquisimeto este miércoles a las 10 de la mañana, a consecuencia de un disparo de bala que le entró por un costado abdominal: “Esto viene a consecuencia de las protestas de los opositores, cuando empezaron a disparar y disparar; fueron demasiados tiros, demasiado plomo de allá para acá. Y al niño le dio uno de esos tiros que estaban lanzando de Yucatán hacia acá. Nunca imaginamos que una bala de esas le iba a quitar la vida así tan malamente”, dice su madre en uno de los videos difundidos por Voces Urgentes.
La Ciudad Socialista Alí Primera comenzó a ser atacada desde que cayó la noche, a partir de que se fue la luz en la zona: “En ese momento empezó la arremetida de piedras desde la Urbaniazación Hacienda Yucatán contra nosotros”, relata Yasmín Suárez, vecina del urbanismo, en otro video. Por su parte, Gustavo Ojeda, vocero político del Psuv en la Ciudad Socialista Alí Primera, cuenta que aproximadamente a las nueve de la noche fue cuando Bryan recibió el impacto de bala. Primero fueron palos, piedras y botellas, a lo cual la gente desde el urbanismo también respondió de igual forma en su defensa. Pero después usaron armas de fuego: “Hicieron una arremetida de disparos, hasta hicieron que pasara un carro a toda velocidad y se llevara el portón de la entrada del urbanismo. Ellos venían disparando y en ese momento fue que cayó el menor herido”.
Cuando la Policía Nacional intervino para asitir al niño y llevarlo a un centro de salud, también fue atacada a tiros. El ataque con disparos continuó después de que se habían llevado a Bryan herido.
En otro de los videos, Eddixon Rodríguez, Vocero de Colectivo 4F, que realiza trabajo político en el urbanismo, muestra los orificios de bala en la entrada de la Ciudad Socialista Alí Primera: claramente se deduce que los disparos provinieron de la Urbanización Yucatán.
Algunos parecidos hay en este relato con mucho de lo sucedido durante las guarimbas de 2013 y 2014.

II
Los medios privados, con el diario El Impulso a la cabeza, rápidamete difundieron versiones completamente distintas: “sucedió durante una manifestación ciudadana llevada a cabo en la urbanización Yucatán”, “se atribuía la muerte a los colectivos afectos al Gobierno, según versión ofrecida por voceros de los partidos Voluntad Popular y Bandera Roja”.
En la web de El Nacional, se dijo, citando al Diario 2001, que “el muchacho fue herido durante la protesta, y que en el momento en que ésta se desarrollaba colectivos armados intentaron ingresar a la urbanización donde residía para robar las cajas Clap”. El Nacional también citó a El Impulso para afirmar lo siguiente: “los presuntos colectivos habrían entrado a la urbanización Yucatán para robar las cajas Clap que iban a ser distribuidas el próximo martes”. “Al ingresar al urbanismo, los sujetos dispararon contra los residentes e hirieron al muchacho”.
En los videos registrados y difundidos por el colectivo comunicacional Voces Urgentes, de Barquisimeto, voceros y voceras de la Ciudad Socialista Alí Primera desmienten categóricamente estas versiones de los medios privados. Lo más burdo de lo difundido por El Impulso y replicado por El Nacional y otros periódicos privados, es la afirmación de que Bryan vivía en la urbanización Yucatán, cuando en realidad vivía en la Ciudad Socialista Alí Primera.
Al intento de mostrar que una urbanización de clase media había sido atacada por colectivos armados chavistas en cuyo ataque había sido asesinado un adolescente se le vio de inmediato la costura. A partir de esta mentira descarada, podemos suponer lo poco de verdad que hay en el resto de la versión difundida por este diario.
También hay algunos parecidos en esta elaboración mediática con la forma en que trabajaron el discurso los medios privados en el golpe de Estado de 2002, y en las guarimbas de 2013 y 2014.

III
Se repite la historia. En 2013, luego del llamado a descargar la violencia hecho por Capriles Radonsky cuando perdió las elecciones ante Nicolás Maduro, el fascismo callejero venezolano (tarifado o no) incendió Centros de Diagnóstico Integral, casas del Psuv, atacó urbanismos de Misión Vivienda y asesinó personas en distintos lugares del país. Una de las primeras personas fallecidas en aquel momento a consecuencia de disparos de armas de fuego cayó en La Limonera, municipio Baruta, en un urbanismo de Misión Vivienda: se llamaba Rosiris Reyes y dejó tres niños huérfanos. En Táchira, Henri Rangel, militante del Psuv, fue abaleado cuando se dirigía en moto a socorrer a un anciano que se encontraba dentro de una casa del Psuv incendiada por opositores: su esposa, que estaba embarazada, tuvo que recogerlo en plena calle. El saldo final de aquella arremetida violenta fue de 11 personas fallecidas, casi todos abiertamente militantes del chavismo.
En ese momento no sólo ocurrió el llamado explícito a la violencia hecho por Radonsky, sino que el país fue sometido a una descomunal operación mediática para hacer creer a la población opositora que las elecciones habían sido ganadas por ellos pero un fraude grosero les arrebató la victoria.
Videos falsos sobre supuestos chavistas votando varias veces, fotos falsas de cajas con actas electorales siendo quemadas o botadas en basureros, imágenes de supuestos chavistas obligando a votar por Maduro a ancianos y personas con discpacidad, fue sólo parte del arsenal con el que se tramó la gigantesca operación psicológica.
Capriles legitimaba luego los rumores y los capitalizaba, armado de una voluminosa carpeta de supuestas pruebas documentales del fraude, carpeta que luego, al ser entregada a las autoridades, resultó prácticamente en blanco, vacía, nula de toda nulidad.
Así se estimuló la rabia, la indignación y la impotencia, que terminó desencadenando la violencia y la muerte de 11 compatriotas.

IV
En 2014 no fue muy distinto. Sólo que esta vez la violencia fue mayor, se desplegó en una mayor extensión territorial, tuvo mayor duración, la destrucción de bienes públicos y privados fue mayor, la dirección y organización estuvo más calculada y dejó más víctimas: 43 personas fallecidas y más de 800 heridas. También hubo nuevos métodos, empleados sistemáticamente: las guayas, el aceite quemado, las fosas de las alcantarillas; se generalizó el uso de armas de fuego en las “manifestaciones”: 9 funcionarios de los cuerpos de seguridad del Estado murieron a causa de impactos de bala cuando trabajaban para controlar el orden público con el intrumental legal: cascos, escudos, bombas lacrimógenas, perdigones.
Y ocurrió lo que pareciera ser expresión del último paso en el proceso de inoculación de violencia y odio: ciudadanos venezolanos, de forma autónoma, asesinaron a empleados municipales que limpiaban las calles o a simples ciudadadanos que movían basura y escombros para abrirse paso y continuar circulando, y lo hicieron con tiros a mansalva, desde la comodidad de sus balcones, guarecidos desde sus edificios de clase media (en la caraqueña Montalbán, por ejemplo).
Esta vez la operación mediático-psicológica superó en volumen y alcance a todas las anteriormente registradas en nuestra historia reciente: el lema fue S.O.S Venezuela, se desplegó en todo el planeta y el objetivo era mostrar al gobierno de Maduro como un cruel y sangriento régimen dictatorial violador masivo de derechos humanos. Nuevamente se trucaron fotos, se difundieron imágenes de represión brutal en otros países como si fueran registradas en Venezuela, se mostraron montones de cadáveres en Siria como si fuera en nuestro país. Y hubo también vocería nacional que convocara a la violencia, que hiciera el llamado, que fustigara el odio: a Leopoldo López, María Corina Machado y Antonio Ledezma les tocó esta vez. Actualmente, al menos dos están presos.

V
Es cierto que el contexto político es muy distinto al de anteriores escenarios de violencia opositora. Es cierto que han tenido una importante victoria electoral recientemente y que el chavismo ha perdido en movilización y cohesión. Eso les da mayor nivel de legitimidad y ascendencia sobre la sociedad, pero no los autoriza a desconocer al poder ejecutivo y al pueblo chavista que sigue siendo millones. Es cierto que puede haber un importante debate jurídico-político sobre lo ocurrido con el referéndum en contra del Presidente de la República, y sobre la constitucionalidad de la postergación de las elecciones regionales o sobre la decisión del TSJ sobre la Asamblea Nacional.
Todo eso es cierto, pero también lo es que esa oposición que hoy sale “en defensa de la constitución” y que clama por una “salida electoral” es exactamente la misma que dio un golpe de Estado en abril de 2002, saboteó la industria petrolera luego y llamó a la violencia generalizada en 2014 apenas un mes después de la contundente victoria electoral del chavismo en las municipales de diciembre de 2013.
De lo que se trata es de hacer visible un asunto: es una oposición que lo que no tolera es la existencia del chavismo, que no soporta la emergencia de la clase popular y su existencia empoderada y beligerante en la vida política del país. Una oposición, en fin, que necesita exterminar el chavismo para volver a su Venezuela “bonita”, aquella en la que, según RCTV y Venevisión, los pobres y los ricos vivían felices sin pelear, cada uno ocupando su respectivo lugar, y en la que todos(as) estábamos felices con nuestras misses y nuestra cerveza y nuestro béisbol y nuestro bipartidismo.

VI
Hoy estamos ante un nuevo escenario de violencia, protagonizado por los mismos actores. Destrucción de bienes públicos, incendios a casas del Psuv y oficinas del gobierno, agresión a espacios populares como urbanismos de Misión Vivienda, violencia contra ciudadanos y funcionarios públicos. Y claro, la correspondiente operación mediático-psicológica claramente dirigida a generar zozobra, terror y a provocar un enfrentamiento entre sectores populares y opositores.
Esta vez la violencia parece mayor y más desesperada, aunque menor en despliegue territorial y capacidad de afectar de modo general la vida del país. Por eso concentran su fuerza en espacios donde la obstaculización de la circulación vehicular en las ciudades se logra con mayor facilidad: autopistas, distribuidores, principales arterias viales; ya no es, como en 2014, en cada urbanizaciónde clase media de cada ciudad del país.
Falta ver su capacidad de continuar, sostenerse y crecer luego del período vacacional de Semana Santa. Sin embargo, ya van dos fallecidos, y nuevamente la muerte toca a las clases populares, históricamente identificadas con el chavismo.

VII
Son ya 18 años en que el país ha estado sometido a un brutal proceso de inoculación de odio de clase y violencia política. El arsenal simbólico, estético y discursivo con el que ha sido bombardeada nuestra psique y nuestra sensibilidad es gigantesco. El financiamiento para ello (nacional e internacional) ha sido multimillonario. Y es completa la responsabilidad de la dirigencia opositora en que esto haya sido así.
Desde un inicio, al comandante Chávez se lo elaboró mediáticamente como el portador de la violencia, como el vocero del odio y “el resentimiento” de clase. Y al pueblo que se alzó estos años para retomar la conducción de su destino, y que apoyó y siguió a Chávez en su momento y a Maduro hoy, se lo construyó como el ejecutor de esa violencia y ese odio: circulos del terror, bandas armadas, hordas chavistas, colectivos armados, son algunos de los motes con que se ha nombrado a nuestra gente.
Sin embargo, la violencia siempre ha venido de la oposición, principalmente de la clase media: ya en abril de 2002 aparecieron los primeros síntomas de este tipo de violencia que hoy se ha hecho más general y común: al ministro de justicia de entonces, por ejemplo, cuando fue detenido por Capriles Radonsky y Leopoldo López juntos, casi lo lincha una turba opositora; lo mismo pasó con Tareck William Saab, entonces diputado a la Asamblea Nacional.
Pero en 2002 la muerte estuvo a cargo de francotiradores, de mercenarios profesionales pagados para ello. Hoy, aunque se sabe de la infiltración paramilitar y del entrenamiento que han recibido muchos jóvenes venezolanos, lo más grave es ver cómo son ciudadanos comunes y corrientes quienes ejecutan la violencia, destruyen y asesinan nada más que por odio de clase y fanatismo político. Y el pueblo chavista ha resistido estoicamente y no ha caído en provocaciones.
La incitación continúa, la agresión a nuestra psique y a nuestra sensibilidad se incrementa. Seguimos siendo un gigantesco laboratorio en el que se manipula y se interviene con peligrosa profundidad la mente y el corazón de millones de personas. El odio y la violencia están sin duda alguna sembrados. Nos toca, y es colectiva también, la tarea de restarle terreno, segarla, evitar que germine y se expanda. Es una tarea urgente, sobre todo si consideramos la enorme cantidad de armas que circula en el país en manos distintas a las de los cuerpos de seguridad pública.

VIII
La violencia y el odio han sido sembrados, es cierto. Pero también, durante años, la revolución bolivariana sembró lo contrario: creó y masificó espacios para el encuentro humano, para el trabajo colectivo, para la solidaridad, la recreación, el arte, la construcción y el amor. Espacios todos estos ganados al consumismo masificado, a la apatía social y al control social ejercido por la TV, los massmedia y las redes sociales. Esos espacios continúan existiendo, a pesar de la forma como se ha impuesto la lógica de la sobrevivenicia individual causada por la guerra económica. El consejo comunal, la comuna, los consejos socialistas, los colectivos y grupos de trabajo social, deportivo, comunicacional y político, son los espacios humanos desde donde debe fortalecerse, crecer y expandirse el antídoto contra la violencia y el odio de clase. Es en la retoma de estos espacios con mucha mayor fuerza en donde está la clave para preservar el tejido social y reorientarlo en función de la construcción del bien común. Es allí, en la participación y protagonismo cotidiano de nuestra gente en nuestras comunidades, a lo largo y ancho del territorio nacional, donde ganaremos la batalla por la democracia, la paz y la vida en nuestro país.

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