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Memoria libre - Jacinto Dávila

Teoría CLAP y el desafío de la Burocracia

Venezuela | 26 de mayo de 2016

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Lo importante es la práctica, por supuesto. Pero una buena teoría puede conducir a una buena práctica. Los consejos locales de abastecimiento y producción, CLAP, son la nueva propuesta organizativa del Gobierno de Nicolás Maduro para responder a la guerra económica y llevar productos de primera necesidad hasta quienes cada vez menos pueden adquirirlos en las redes de distribución tradicionales sumadas a la carrera inflacionaria inducida. Pensar cómo funcionarán es un ejercicio necesario.

Lo primero que se debe aclarar es que los CLAPs vienen a servir a toda la comunidad. Toda la comunidad incluye a todas las personas sin sectarismo ni discriminación alguna, tal como han funcionado las misiones sociales. Barrio Adentro no pide que usuarios y usuarias se identifiquen políticamente, ni de ninguna otra manera, como condición de acceso a sus servicios.

Dicho eso, hay que decir que los CLAPs son una organización política funcionando en un clima de guerra. La integridad de la línea de mando es clave y por esa razón, el PSUV y la burocracia nacional están a cargo de la organización y el control. No puede haber opositores en el control de una operación que toda la oposición y sus empresas afiliadas están tratando de derrumbar o que, cuando menos, no creen necesaria.
Pero los productos que se abastezcan por esta vía a precios solidarios tienen que llegar a todas y todos los ciudadanos, sin distingo político. Se ha estimado un CLAP por cada 100 familias, coordinados por un jefa o jefa de calle, vereda, bloque o cualquiera que sea la unidad urbana o extra-urbana con esa población. La ministra Erika Farias también ha sido muy precisa con la periodicidad: “La gente no come cada 3 meses. Se estará equilibrando (la distribución) entre cada 15 días o cada 3 semanas mientras esté la emergencia. Esto lo debe informar el CLAP. Esto será progresivo mientras llegan mas alimentos”

El Jefe o la Jefa de esa unidad de distribución debe levantar un listado en el que se registre a los miembros de cada familia, a el o la responsable de retirar los productos del combo (en una bolsa que probablemente deba reciclar). Pero también debe registrar cualquier capacidad productiva, familiar o no, que pueda ofrecer esa comunidad. En particular, los medios de distribución (vehículos, cargadores, apoyo logístico) con los que pueda apoyar la misma comunidad harán la diferencia. Y no tienen que ser gratis. El gobierno permite cubrir, ajustando un poco el costo del combo, el pago por esa distribución solidaria.

La unidad CLAP debe también designar un centro de distribución en su comunidad: “No hacer la distribución desde un camión. Es necesario un sitio permanente que servirá para la distribución. Esto ya será la estabilización de la red, que mas adelante servirá para que la gente llegue con su tarjeta y pueda comprar y llevarse su combo”.

En medio de la guerra, el CLAP y esos centros de distribución se convierten en objetivos militares: “la organización del clap debe estar dispuesta pa’ lo que venga.

Dispuesta a organizar y defender, porque es una organización política.”
Esta circunstancia es la principal fuente de incertidumbre acerca del destino y resultado de los CLAPs. En teoría cuando menos, es bien posible registrar 6 millones de familias en unos 60000 CLAPs con sus detalles, de manera que la distribución de emergencia llegue a quienes la necesitan realmente y sin duplicados. Tenemos tecnología para levantar y asegurar esa información, así como para preservar su integridad y detectar cualquier intento de sabotaje o adulteración. El Seniat tiene una base de datos mucho más sofisticada que la que necesitan los CLAPs. Y los listados bien pueden ser públicos y abiertos, progresivamente, de manera que se pueda realizar auténtica contraloría social de la distribución primero y luego de la producción.

Podría ser una combinación de repositorios con los datos locales, controlados por el poder popular, y los sistemas centrales, como prescribe la Ley de Infogobierno1.
Este es, sin embargo, un desafío pendiente en nuestra nación. La burocracia se resiste a la apertura informática exigiendo más trámites y más papeles, negando una noción básica de la seguridad en el nuevo mundo informatizado. Ya no es la firma en papel, supuestamente validable por un experto grafólogo, la garantía de autenticidad o integridad de la información. Ahora tal garantía es mucho más fundamental y proviene de 1) los testigos, personas que puedan dar fe que tal o cual transacción se hizo como se declara en la base de datos, y 2) la capacidad de proteger las claves y registros de acceso de cada sistema que están en las manos (y en las mentes) de sus administradores. Así que estos también son cargos políticos.

Los testigos son los contralores de los administradores y estos deben garantizar todos los recursos técnicos para que la data no sea adulterada.

En condiciones normales, el gran desafío es que una burocracia pública, que responde a las políticas del gobierno (ni sobreprecio, ni bachaqueo), pueda ofrecer un servicio efectivo y accesible de distribución de productos de primera necesidad. En eso hay victorias, pero también grandes fracasos, siempre en competencia con un sistema de distribución privado, con una larga tradición y una cultura de consumo con décadas de hábitos establecidos.

La condición de guerra, que se establece cuando todo ese sistema privado se alinea con Dolar Today en su esfuerzo por derrocar al Gobierno, magnifica el desafío pero crea también una oportunidad quizás única para transformar un Estado de elefante blanco inerte a medio al servicio del poder popular. Parte de ese desafío la constituimos los mismos servidores públicos. Normalmente no producimos, cuando menos no en el sentido simple de hacer productos materiales o consumibles. El resultado de nuestro esfuerzo suele ser un servicio (aunque haya productos asociados) en que el tampoco somos muy buenos, por lo que es menos probable que lo seamos generando nuevos productos de consumo. La buena noticia es que el abastecimiento es, en sí mismo, el servicio clave. Así que los servidores si tenemos un espacio que ocupar y fortalecer. Toda mano es necesaria (siempre que venga a construir y no a destruir).

Remembranza
Justamente para plantear formas de apoyo institucional a las CLAP, el consejo territorial de Ciencia y Tecnología de Mérida, reunido en la unidad territorial de MPPEUCyT, Fundacite Mérida, está realizando una serie de reuniones semanales, en la última de las cuáles se alcanzaron ciertos acuerdos operativos: 1) Constituir un comité de trabajadores para apoyar los CLAPs regionales y, 2) Crear un mercado planificado: una lista de usuarios y usuarias, como la que tiene cada CLAP, pero integrada con la demanda y la oferta de producción (incluso antes que haya productos) en cada comunidad. Toda esa información será cotejada por el sistema CLAP para parear oferta y demanda, revisar abiertamente estructuras de costos y definir precios y sus ajustes oportunos, en un intercambio directo entre comunidades. Con esto se estaría creando un nuevo modelo de trabajo pueblo a pueblo. Se habló también de levantar un inventario de tierras y recursos de las universidades y otras instituciones públicas locales, para eventualmente incorporarlas a la producción, con relaciones ad hoc tipo medianeros. Podría inclusive crearse un espacio para intercambio ya no solo de productos, sino de servicios.

Es una iniciativa extraordinaria de cambio estructural que ya tiene algunos antecedentes exitosos en Mérida y en otros lugares del país. Puede ser la única oportunidad para ciertos servicios y productos alternativos (como la agricultura orgánica) de aparecer por fin ante los ojos que han estado cautivos por los mecanismos tradicionales.

En todo caso, los CLAPs son una iniciativa en medio de la guerra. Es muy difícil soñar con resultados armoniosos y constructivos en medio de batallas y destrucción. La realidad se muestra escandalosamente avasallante. Pero, cuando menos, nos quedará una buena evidencia de quienes somos cuando se trata de llevar la teoría a la práctica.

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