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Por Movimiento de Pobladores y Pobladoras

Manifiesto por la constituyente urbana: para el impulso del Socialismo Comunal

Venezuela | 13 de octubre de 2017

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Las ciudades son en el siglo XXI el espacio donde habitamos las mayorías desposeídas de todo el mundo, en Venezuela ya cerca del 90% de la población vivimos en centros urbanos. La ciudad es el espacio estelar de reproducción especulativa de capital y transferencia de riqueza a los sectores concentrados de la economía -hasta hace poco la banca financiera, el sector constructivo-inmobiliario y los sectores importadores-comerciales-.

Estos circuitos se montaron históricamente y se sostienen sobre la base de la apropiación y el despojo de lo común al pueblo, al menos en tres elementos que nos son comunes:

Nuestra madre tierra: nuestras cosechas, nuestra diversidad biológica, nuestras aguas, nuestros minerales y sobre todo nuestro petróleo han garantizado y garantizan la acumulación de capital de los países centrales, dejando en nuestras tierras una renta extractiva que siempre fue controlada por las elites dominantes y que siempre ha suministrado el capital para la estructuración de los referidos circuitos.

Nuestras ancestras y ancestros: nuestros pueblos indígenas, africanos, caribeños, criollos, Bolívar, Zamora, Chávez, todas y todos murieron luchando para impedir la colonización de nuestras tierras, la aniquilación de nuestra cultura comunitaria de la vida y la imposición de la cultura de la individualidad y la dominación, dejando en nuestras tierras las ideas de la modernidad como falso paradigma de progreso que nos hace justificar la dominación y querer ser como quien nos domina.

Nuestras vidas: nuestro trabajo permite que funcionen estos circuitos, su valor genera riquezas que son apropiadas por ellos, nuestro modo de consumir los sostiene mediante la mercantilización de todos los órdenes de la vida -educación, comida, transporte, salud, deporte, entretenimiento y por supuesto vivienda son mercancías especulativas que pagamos con nuestro salario, despojándonos así de él-, nuestro patrimonio común es orientado hacia dichos circuitos de diversas formas -créditos, fondos, inversiones en infraestructura, etc.-, la corrupción es una de las formas de apropiación de lo común por parte de las elites.

Aunque la ciudad sigue siendo el espacio estelar de reproducción del capital, hoy sabemos que no es solo eso: entendemos ahora que es el espacio fundamental para la reproducción y hegemonización económica, política, cultural y territorial del modelo civilizatorio del capital, qué es la concreción del proyecto colonizador de la modernidad.

Este es un momento histórico para mirar la crisis civilizatoria expresada en un mundo de guerras, violencia narco paramilitar, enorme desigualdad, escandalosa reducción de puestos de trabajo, derechos laborales e inversión social, reducción de los estados frente a las trasnacionales, creciente violencia hacia la mujer y negación del trabajo reproductivo, reposicionamiento político del supremacismo blanco y sistemática aniquilación de comunidades negras, países colonia y territorios invadidos, así como una dramática crisis ambiental y cambio climático.

En resumen la hegemonía de este orden civilizatorio pone cada vez más en riesgo las posibilidades de reproducción de la vida de la amplia mayoría de la población negra, india, mujer, inmigrante, trabajadora, pobladora. Por eso entendemos que el desafío histórico no es la superación de las relaciones sociales de producción social del capital solamente, sino un horizonte superior, el de superación de un modelo de civilización que, como hemos descrito, se opone a la reproducción de la vida de las mayorías bajo un orden capitalista, patriarcal, colonial, racista y depredador de la naturaleza. Por lo tanto decimos que hoy la contradicción central es: modelo civilizatorio del capital vs la vida en el planeta. Y la ciudad es el campo principal para librar esa batalla de modelos civilizatorios.

Frente a ese panorama la Revolución Bolivariana significa avances concretos en el rescate de la lucha histórica de nuestras ancestras y ancestros, reposicionando banderas de independencia nacional y soberanía estatal en el manejo de los comunes, controlando la renta petrolera para priorizar la garantía de derechos humanos de las mayorías en ámbitos básicos de vida como el trabajo, la educación, la salud, el deporte, la cultura y también la vivienda. Estos son avances que sin duda son emblemáticos en el Planeta, sin embargo nada de esto evita que el día de hoy atravesemos la peor crisis general de este nuevo siglo, generando en todo el pueblo una gran confusión sobre las causas de la misma y sobre todo una gran sensación de incertidumbre y desesperanza sobre el futuro.

Nuestra revolución depende, para garantizar la reproducción de la vida de las mayorías, de los circuitos de concentración de capital históricos, mientras que estos circuitos no dependen de la revolución para acumular, por el contrario esta representa un riesgo para sus intereses. Los importadores de bienes de capital, la cadena de distribuidores e intermediarios privados, la cámara de comerciantes, la cámara de construcción y la cámara inmobiliaria, así como la asociación bancaria son enemigos históricos del pueblo que siguen controlando la reproductividad de la vida de la sociedad venezolana. La crisis actual es expresión de cómo estos sectores frente a una arremetida imperialista contra nuestra soberanía se alinean a los intereses yanquis obstaculizando aquello en lo que el pueblo depende: la reproductividad de nuestra vida. En consecuencia no importan bienes de capital, no distribuyen bienes básicos, los acaparan, especulan, paran los procesos de construcción y consumen todos los recursos disponibles, saquean las divisas de la reserva nacional, ponen trabas a la circulación del dinero y a las operaciones financieras del pueblo. Todo esto ocurre con complicidad de las representaciones políticas de la burguesía y los sectores burocráticos y corruptos propios del estado burgués rentista del que Chávez alertó.

La vivienda en estos últimos anos es expresión de lo que estamos planteando, si queremos una sociedad donde la vivienda sea un derecho al que tengamos acceso todas y todos y no una mercancía para pocos, necesitamos desarrollar un nuevo modo de producción en manos del pueblo para hacer de la vivienda un bien de uso y no de cambio. La Gran Misión Vivienda Venezuela –GMVV- ha sido un avance en esa dirección, apropiando suelo y priorizando materiales, maquinarias y recursos para producción de vivienda social como nunca antes en nuestro país (tampoco hemos conocido de otro país con un referente similar), desarrollando incluso capacidades de producción autogestionaria como la de los Campamentos de Pioneros. Todo esto ha llevado a 1.7 millones de familias a las que se les ha garantizado la vivienda como derecho social y no como una mercancía.

Esta política que es coherente con el proyecto bolivariano no es viable en el modelo de sociedad actual, porque no es rentable para la acumulación de capital de los circuitos concentrados. Por eso desde las representaciones políticas de la burguesía en la Asamblea Nacional surge una propuesta que permite reestablecer el esquema de acumulación: mercantilizar la vivienda incorporándola al mercado financiero inmobiliario para reactivar el flujo de capital, en otras palabras, darle título de propiedad individual a las 1.7 millones de familias para que puedan hipotecarlas en la banca privada para tener más dinero en la mano que gastar y crear una burbuja especulativa inmobiliaria como la que ocurrió en EEUU hace casi diez años y que concluyó con miles de personas que perdieron su casa y un rescate financiero del Estado a los bancos y operadores financieros. La crisis civilizatoria se resuelve a favor de las elites y consecuentemente en contra de las y los comunes. Por eso la GMVV solo tiene una posibilidad en este momento: pasar a una nueva etapa, GMVV socialista, centrada en la propiedad comunal, el control social y la autogestión general, es la única forma de hacerla una misión post-rentismo petrolero. Es de hecho la única vía para todas las políticas de la Revolución Bolivariana.

En este momento histórico de crisis civilizatoria, el emperador yanqui ha asumido la dirección de la ofensiva y ha sido claro, el problema es el socialismo como alternativa histórica al modelo decadente de sociedad del capital, por eso tiene que erradicar Venezuela como referente geopolítico continental y surtidor de petróleo en época de crisis global y de crisis de la hegemonía norteamericana. Frente a esta amenaza se impone la tesis de la unidad del pueblo contra el imperialismo por la defensa de la soberanía y por la superación de la dependencia rentista petrolera, no podemos confundir la guía estratégica en dos pilares fundamentales:

Es la guerra de todo el pueblo, y en ese sentido no hay alianzas con la oligarquía, con los enemigos históricos del pueblo, la guerra ha demostrado que responden a los intereses geopolíticos del imperialismo, económicos del capital trasnacional y políticos del proyecto de sociedad al que apuestan. Nosotras y nosotros debemos tener ese mismo nivel de claridad en la confrontación, se trata de la unidad de las y los comunes contra el imperialismo por la reproducción de la vida y por el socialismo comunal.

Es la guerra de modelos civilizatorios, debemos aprender de la crisis que nos ha mostrado que no podemos superarla reproduciendo el mismo modelo civilizatorio del capital, está agotado y nos está hundiendo. Y frente a ese agotamiento necesitamos mirar la potencia comunal acumulada en estos años y que ha empezado a desplegar posibilidades de resistencia y alternativa: formas de distribución comunitaria, autogobiernos territoriales, sistemas de agregación comunal, sistemas de organización del consumo y la distribución, empresas recuperadas y bajo control popular, capacidades de producción autogestionaria, formas colectivas de toma de decisiones y control social. Por otro lado también ha demostrado que debemos hacer cambios indispensables si queremos ser independientes: modificar nuestro modo de consumo, desarrollar formas de control popular de la importación, priorizar la producción de bienes de consumo, desplazar el dinero y favorecer el intercambio de bienes de uso.

Frente a toda esta situación desde el pueblo soberano de Zamora y Chávez, decimos que el momento histórico nos impone volver a Chávez, invocar el Golpe de Timón y asumir desafíos para este nuevo ciclo de lucha:

Le declaramos la guerra al imperialismo yanqui en todos los terrenos que cobardemente nos sigan imponiendo, somos un pueblo resuelto a ser libre que no se arrodillara ante nadie y tal como lo hemos venido haciendo en todos estos años la crisis nos seguirá transformando en un pueblo cada vez más fuerte e indestructible.
Pero también le declaramos la guerra a la oligarquía venezolana, a esos circuitos económicos que viven del saqueo y la entrega de todo lo común, son los enemigos históricos del pueblo y hoy lo están demostrando más que nunca, con ellos no hay posibilidad alguna de alianza.

Asumimos que la estrategia de guerra debe ser agrupar fuerzas populares para desarrollar la potencia comunal acumulada durante los anos de revolución y parir las nuevas formas de gestión comunal de la vida, que ya desde hace rato vienen germinando en medio de la guerra.

En esta guerra hacemos un llamado a cerrar filas contra el imperialismo y todas sus expresiones trasnacionales, todas y todos contra la oligarquía nacional, pueblo en armas y pueblo en la calle, unidad cívico-militar. Unidad del pueblo contra sus enemigos y por nuestro proyecto de liberación, el socialismo comunal.
Son enemigos de la revolución todos aquellos que desde el estado burgués reproduzcan las formas de dominación históricas y sean aliados de los enemigos del pueblo, por tanto son nuestros enemigos los burócratas indolentes y los corruptos infames.

Finalmente decimos que en esta declaración estamos en total sintonía con el Presidente Nicolás Maduro Moros, asumimos su guía estratégica de empujar un nuevo desencadenante histórico en la revolución, vamos con él a la cabeza hacia un momento constituyente desde el poder originario, para nosotras y nosotros se trata de desarrollar la potencia popular constituyente: para avanzar hacia el socialismo comunal, la sociedad de lo común manejado por las y los comunes.

Movimiento de Pobladoras y Pobladores
Octubre 2017

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