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Por Ana Cristina Bracho

Mantener la calma para ganar la paz

Venezuela | 30 de enero de 2019

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Es difícil en un país acosado hablar de paz. Según parece en Venezuela, el tiempo anda acelerado y la realidad se picó en dos. Una cosa pasa dentro del país donde la oposición y el gobierno están reunidos, y, otra fuera del país donde se alimenta la retórica de la fractura, alimentada por Washington, del Estado venezolano.

Así de cinco poderes, dos de los cuales nacieron por idénticos procedimientos electorales y tres derivan del nombramiento de cuerpos deliberantes, nosotros tenemos ahora repetidas dos barajitas: el Poder Judicial y el Poder Ejecutivo. Este último naciendo de una estrategia tan burda que difícilmente podemos seguir creyendo en el Derecho Internacional.

La repetición del Ejecutivo y la conformación de un gobierno paralelo no es una formula inédita, no existe quizás en el tiempo reciente mejor ejemplo que el caso de Libia y esto sólo puede dejarnos un escalofrío porque esto ocurrió poco antes de la invasión que asesinó a Gadafi y sumió al país en una crisis tan profunda que hoy es jurídicamente difícil decir que existe el estado libio.

Uno de los temas más importantes en este contexto es el del dinero. Como a Venezuela a Libia le retuvieron su dinero en el extranjero, dijeron que provenía de la corrupción y que era el sustento personal de Gadafi cuando no era necesario ser un experto para ver que eran las reservas internacionales del país. Una vez que terminase esa crisis, prometieron, el dinero regresaría a Libia para reconstruir la democracia, lo que jamás ocurrió por lo que sólo podemos pensar que el dinero fue hurtado o que sirvió para financiar las estructuras paralelas que llevaron a la destrucción del país norafricano.

De ser así, el escenario que se plantea nosotros tendríamos en nuestro futuro inmediato un esquema en el que el dinero nacional se emplearía en reproducir las guarimbas de 2017 con un financiamiento mucho mayor al que en sus ediciones previas recibieron.

Sin embargo, la realidad podemos verla desde varios ángulos. Si pensamos como avanza el plan de destruirnos veríamos todas estas coincidencias, también el juicio ante la Corte Penal Internacional como una forma latente que asegure que si esta vía no funciona existan otras simulaciones jurídicas que ayuden a tomar el control del país. Por el contrario, si queremos ver cómo resiste el país y como la vocación de paz se impone podremos ver sujetos de distinta ideología defender que la guerra no es la vía o lo que ocurre en las ciudades de Venezuela.

Mientras pensaba en esto oía a los niños andar a la escuela. Quizás esa es la idea central para seguir desenmarañando escenarios en la búsqueda de una alternativa de paz. Esos niños ignoran todas estas cosas de las que les hablo y creo que es nuestra obligación que ellos tengan el derecho de no tener que averiguarlo.

Hay una mentira que suele consumirnos. El derecho internacional no es lo que nosotros queremos que sea. No es cierto que exista una comunidad internacional guiada por ideas nobles que combaten la violencia y la pobreza. Incluso voceros de las Naciones Unidas lo han reconocido, su función no es realmente evitar la guerra sino servir de centro de dialogo entre quienes pueden decidir entre la guerra y la paz para así poner un espacio diplomático previo, de darle la posibilidad a los Estados débiles de al menos dejar constancia que ellos no estaban de acuerdo.

Puede entonces que el escenario sea así de dramático que estemos sometidos a las ideas extranjeras de tomar control sobre el sur de América. Si así fuera, esto sería lo que suele darse en la historia al menos desde que fueron creados los Estados Unidos y ocurriría para sacar –o al menos intentarlo- a Rusia y a China de espacios que ellos en la construcción de la segunda gran posguerra declararon zonas exclusivas.

Las voces reunidas en este punto, aquellas que hablaron a favor y en contra en el Consejo de Seguridad nos deben mostrar el mundo actual pero también con asteriscos. Ver a países latinoamericanos reconocer una simulación o llamar a intervenir en Venezuela nos resulta devastador pero podemos recordar que estos países están siendo objeto de una profunda neocolonización de la cual, nosotros de nuevo salimos primero.

¿Qué hubiese dicho Lima consultada sobre la validez del Cabildo de Caracas? ¿La Nueva Granada? En ese sentido, existen también otras perspectivas que nos recuerdan cuál batalla estamos teniendo, cómo son tiempos de Independencia o nada, con todos sus dolores y contradicciones. Con la necesidad de entender que las guerras no son ahora un desembarco de las tropas de Domingo de Monteverde sino esta operación psicológica de gran escala donde le han puesto a nuestro país un brazalete de amenazas que quiere convencernos que estamos ante un inminente fin de la historia.

Por eso, en esta hora tan tensa, nuestra primera batalla es ganar nuestra más íntima y personal paz. Buscar la manera de ver los escenarios desarrollarse pero sin rendirnos, recordando que somos un país que nació y se ha mantenido en combate y porqué hemos rechazado la construcción de un mundo unipolar.

Existen en la historia muchos ejemplos de fatales aventuras norteamericanas que no lograron sus objetivos, como Vietnam o lo que ha pasado en Siria. Existen en el presente presiones pero también algunos anillos de seguridad que se han venido tomando y estos no son tan sólo las maquinarias militares.

¿Para qué existe el petro y su plataforma patria? Porque el mundo financiero es ya el primer frente donde estamos batallando. Lo que hasta ahora han sido sanciones y secuestros de capital ahora se transforma en los recursos que financiaran la contra y es fácil de predecir que, dependiendo toda la banca mundial de Inglaterra y Estados Unidos, vengan acciones duras de saboteo y bloqueo de los bancos, como han hecho en contra de Irán y entonces, todo el mundo de las criptomonedas y del monedero patria se develará como una estrategia de defensa que hasta ahora nos hacía dudar si era otra moneda o una forma de dictar bonos de la deuda pública.

Si llegamos aquí es por dos cosas. La primera por el empeño que tienen sectores de los Estados Unidos de erradicar cualquier alternativa a su decadente imperio pero la segunda, para mí fundamental, es que hemos sabido resistir y mantener nuestra integridad. La cual creo en este contexto es la primera garantía de permanecer en paz.


Fuente: Blos De eso no se habla

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