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Por Hernando Calvo Ospina

Mariposas contra la dictadura

Estado Español | 25 de noviembre de 2016

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En honor de las hermanas Mirabal, en diciembre de 1999 la ONU resolvió que cada 25 de noviembre se conmemore el Día Internacional de la No Violencia contra la Mujer.

La familia Mirabal debía estar presente, fue su exigencia. El 12 de octubre de 1949, para celebrar la invasión europea al continente americano, el “Benefactor de la Patria” organizó un baile en una de sus haciendas. La invitación fue llevada personalmente por el gobernador.

Esto no produjo alegría en este burgués hogar, porque a los padres se les dejó en claro que Minerva debía estar. Tercera de cuatro hermanas, ella era una bonita, inteligente y sonriente soltera de 23 años de edad. Leónidas Trujillo la había conocido durante una recepción dos meses antes. Había que asistir: podría resultar nefasto negarse.

El “Jefe” Trujillo había asaltado el poder en 1930. Su formación militar y política había corrido por cuenta de los “ Marines ”, durante la invasión a la República Dominicana. El no pago de deudas fue el motivo para que, en 1916, las tropas estadounidenses hubieran desembarcado. Se quedaron hasta 1924.

En 1936 la capital del país, Santo Domingo, pasó a llamarse Ciudad Trujillo; y Provincia de Trujillo la que era San Cristóbal. En las iglesias debía proclamarse: “Dios en el cielo, Trujillo en la Tierra”. A cambio de favores terrenales, el 15 de junio de 1954 el Papa Pio XII le otorgó la “Gran Cruz de la Orden Piana”. Nadie recordó la represión que ejercía en su país. Mucho menos a los 30 mil haitianos, cortadores de caña dominicana, enviados a matar por el dictador en octubre de 1937.

Los días anteriores a la fiesta la familia los vivió en tensión. Es que ellos, aunque de puertas hacia adentro, se oponían a la dictadura y Minerva era la más radical. Ya sus padres habían preferido que ella no ingresara a la universidad, por temor a que lo expresara públicamente y fuera reprimida. Además, se iba conociendo su estrecha amistad con un responsable del Partido Comunista, quien tuvo que exiliarse.

La madre no quiso asistir a la fiesta. Con el padre, Enrique, fueron Minerva, sus hermanas Patria Mercedes y Bélgica Adela “Dedé”, con sus esposos.

Minerva aceptó las varias invitaciones a bailar que le hizo Trujillo. Al final de las canciones, ellos se quedaban conversando en mitad del salón. Hasta que hubo un silencio sepulcral: ella lo dejó plantado, y con signos de enfado se fue a sentar. Es que Minerva le había pedido que “dejara tranquilo a ese joven tan inteligente y preparado”, refiriéndose a su amigo comunista. La respuesta del Jefe no fue amable.

Temerosa, la familia cometió el siguiente error: partió sin despedirse. El dictador se puso furioso, pues nunca lo habían desairado.

Al día siguiente, un senador vino a pedirle a los Mirabal que le enviaran un telegrama a Trujillo disculpándose. Podrían aducir que se habían retirado por “motivos de salud”. El mensaje apenas había partido cuando el padre fue detenido y trasladado a la capital. Pocas horas después le tocó el turno a Minerva y a su madre, siendo puestas bajo arresto domiciliario en un hotel. Varias amigas de la joven fueron capturadas e interrogadas sobre las relaciones políticas de Minerva.

La detención no duró muchos días, pero desde ese momento la familia vivió bajo vigilancia. Trujillo exigió ser informado a diario sobre las actividades de Minerva. En 1951, fueron de nuevo arrestados. Esta vez el encierro fue de unas tres semanas. Al padre lo sometieron a vejámenes que terminaron enfermándolo moral y físicamente, hasta morir en diciembre de 1953.

Minerva tenía 26 años cuando ingresó a la Facultad de Derecho. Pero por “órdenes superiores”, la dirección de la universidad puso trabas constantes al desarrollo de sus estudios. A pesar de que ella había hecho esfuerzos para que por la boca no saliera su pensamiento. Con honores terminó la carrera en 1957, pero ni así la dejaron en paz: Por orden expresa de Trujillo, quien también se llamaba el “Primer Maestro”, se le negó la licencia para la práctica profesional.

Cuando aún estudiaba, en 1955 se casó con Aurelio Tavares “Manolo”. Con él no solo compartía Facultad, sino opciones políticas. Como opositores a la dictadura, su vida social era reducida.

El primer día de 1959 los revolucionarios cubanos, liderados por Fidel Castro, se tomaron el poder. Esto, de inmediato, empezó a cambiar radicalmente toda la situación política en el continente. En República Dominicana se sintió un remezón.

Minerva, dos de sus hermanas y los esposos, organizaron una reunión casi clandestina el 6 de enero. “Dedé ni su esposo se involucraron, aunque siempre apoyaron. En aquella reunión se evaluó la situación política regional, así como las perspectivas para la situación interna. Luego de escuchar los diferentes análisis, Minerva propuso organizar un movimiento de alcance nacional contra la dictadura. Todos estuvieron de acuerdo. También se decidió tocar las puertas de la revolución cubana. A estas tres hermanas Mirabal se les empezaría a conocer como “Las Mariposas”.

Se estaba en la delicada tarea de construir el movimiento, cuando el 14 de junio llegó desde Cuba una expedición armada. La componían dominicanos, apoyados por algunos combatientes cubanos y de otras nacionalidades. Pero los servicios secretos estadounidenses estaban al tanto del proyecto, y asesoraron a las tropas del dictador hasta aplastarla rápidamente.

A pesar de que fue una operación frustrada, influyó en la conciencia de la juventud dominicana. Al ver que la oposición contra la dictadura iba tomando auge nacional, Minerva planteó que era urgente darle una dirección política. Con tal fin, el 10 de enero de 1960, en casa de una de las Mirabal, se hizo una reunión con las personas de más confianza. Al día siguiente se hizo otra ampliada. De ahí nacería el “Movimiento 14 de Junio”, en honor a los héroes de la fracasada expedición.

Pero pocos días después el tenebroso Servicio de Inteligencia Militar, SIM, empezó a detener a las principales personas comprometidas. Minerva, su hermana María Teresa, y sus esposos estuvieron entre los primeros capturados y más comprometidos. En pocos días más de un centenar estaban tras las rejas, incluido el marido de Patria Mercedes. Pocas y pocos se salvaron de maltratos y torturas. Minerva y María Teresa fueron hasta violadas.

El Benefactor estaba tan enceguecido reprimiendo a estos opositores, que no se dio cuenta que la mayoría provenía de la clase media y burguesía. Los familiares pusieron el grito en el cielo, creándose una hostilidad hacia Trujillo en el círculo de sus aliados. ¡Hasta la Iglesia Católica le protestó! Trujillo tuvo que dejar en libertad a la mayoría. Los esposos de las Mirabal, entre otros, siguieron presos.

A pesar de tan tempranero golpe, el movimiento continuó. Las Mirabal no se detenían en su propósito de ayudar al derrumbe de la dictadura. Por eso el 18 de mayo, Minerva y María Teresa fueron detenidas y judicializadas por “atentar contra la seguridad del Estado”. El juez les dictó 30 años de prisión, que se redujeron a cinco.

Un suceso jugó a favor de ellas. En agosto de 1960 la Organización de Estados Americanos, OEA, condenó a la dictadura por un atentado contra el Presidente de Venezuela, Rómulo Betancourt. Al mismo tiempo se le señaló de violar los derechos fundamentales de sus ciudadanos. Una delegación de la Organización fue enviada a Dominicana.

Inmediatamente las hermanas Mirabal y otras detenidas fueron dejadas en libertad “bajo palabra”. Trujillo quería demostrar que el régimen cambiaba.

Ni dos semanas habían pasado y ya existían informes que comprometían a las hermanas en nuevas actividades sediciosas. Minerva estaba convertida en el principal dolor de cabeza de la dictadura. El Jefe todopoderoso no lograba domarla ni asustarla. Por eso decidió eliminarla, junto a Patria Mercedes y María Teresa.

En octubre, Manolo y Leandro, esposos de Minerva y María Teresa, fueron trasladados de cárcel. A ellas se les ofreció la posibilidad de visita “cuando quisieran”. Algo muy extraño. Por las mismas fechas, Minerva recibió la información de que se preparaba algo contra ellas. Ingenuamente, pensó que Trujillo no se atrevería a atentar contra sus vidas debido a la presión internacional que tenía.

El 25 de noviembre de 1960 regresaban de visitar a los esposos en la cárcel de Puerto Plata, acompañadas del chofer. El vehículo fue detenido en el camino y todas sus ocupantes forzadas a descender. En una casa cercana fueron estranguladas. Convulsionaban aún cuando las remataron a golpes. Luego, los cuerpos fueron introducidos al vehículo para simular un accidente de tráfico. El conductor corrió igual suerte.

Esto conmovió al país. Nadie creyó la versión oficial. Quienes se mantenían indiferentes ante la dictadura, reaccionaron indignados. El cruel asesinato contribuyó a despertar la conciencia nacional. El “Padre de la Nueva Patria” empezó a estorbar dentro y fuera de Republica Dominicana.

Principalmente en Washington. El recién posesionado John F. Kennedy, envió un emisario para exigirle que renunciara. Era abril de 1961. Se temía que la indiscriminada represión desembocara en otra revolución como en Cuba. El dictador le dijo al enviado con prepotencia: “¡A mí sólo me sacan en camilla!”. Trujillo perdió la última oportunidad. La CIA echó a caminar el plan de asesinato que le tenía desde enero. El 30 de mayo fue asesinado de siete disparos en una emboscada realizada por militares dominicanos.

Las Mariposas Mirabal siguieron volando. El movimiento social que ellas habían ayudado a que diera sus primeros pasos se multiplicó. Es que no se dejaba que la democracia llegara. Revueltas estallaron por todo el país, y militares progresistas se sumaron. Washington vio otra revolución en el Caribe y corrió a evitarlo: el 28 de abril de 1965 volvió a invadir, hasta septiembre de 1965.

Pasados unos años se les reconoció a las Mariposas Mirabal como las más grandes heroínas contra la dictadura. En 2007, una de las estaciones del Metro de Santo Domingo tuvo su nombre. El Banco Central emitió un billete con sus rostros. Su provincia natal fue renombrada como Hermanas Mirabal.

En honor a Minerva y sus hermanas, en diciembre de 1999 la ONU resolvió que cada 25 de noviembre se conmemore el Día Internacional de la No Violencia contra la Mujer. Algo que ya había establecido el Primer Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe, celebrado en Bogotá en 1981.

Hernando Calvo Ospina. Periodista y escritor colombiano. Texto tomado del libro Latinas de falda y pantalón, Ediciones El Viejo Topo, Barcelona, 2015.

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