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Por Yldefonso Finol

Migración y manipulación

10 de febrero de 2018

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En Venezuela viven más de 5 millones de colombianos y colombianas, esta realidad es sistemáticamente ocultada por los medios privados y el gobierno.

Por Yldefonso Finol

El sistema mundo dominante tiene fuertes soportes en la mentira. Si Estados Unidos siembra el terror en Irak o Afganistán, la comunidad internacional debe creer que es para combatir al terror. El héroe es realmente el villano.

Si las cifras de la diputada fascista Gaby Arellano fuesen ciertas, en territorio venezolano ya no quedaría población. A setenta mil diarios, en cien días, o sea, tres meses y una semana, habrían salido del país -sólo por Colombia- siete millones de personas.
Esta señora tiene como fuente confiable a la autoridad migratoria colombiana. Pero en Colombia los números ni se acercan a esa cantidad, ni hay cantidades únicas. El presidente Santos habla de 400 mil y los llama su "pesadilla". Ahora el alto clero colombiano infla la suma para pedir ayuditas humanitarias.

Si la promesa de Tillerson de enviar fondos a Colombia para atender la migración venezolana fuera en serio, pronto se dirá que toda Venezuela se mudó a Cúcuta y Maicao.

¡Ay Colombia, Colombia!

El comportamiento de la elite colombiana frente a la llegada de gente desde Venezuela es digna de un estudio profundo, que incluya disciplinas como el psicoanálisis y la geopolítica.
Por los momentos creo útil apuntar ciertas verdades para irle entrando al fenómeno:

1) Nunca el régimen colombiano reconoció oficialmente la millonaria migración hacia Venezuela. Millonaria en volumen, pero paupérrima en condiciones sociales. En la estadística oficial aparecían sólo los inscritos en los consulados para votar, mientras se ocultaban los más de cinco millones que nutrieron los cordones de miseria en Maracaibo, Valencia, Barquisimeto, Maturín, Barinas, Táchira, y la Gran Caracas, donde un solo barrio, Petare, tiene más colombianos que 30 ciudades colombianas. Eso sí, destacaban la migración hacia EEUU y Europa, esos refinados destinos para una alcurnia alienada con terribles complejos de inferioridad.

2) Apuntada esta verdad gigantesca, digamos entonces que, si en Venezuela los gobernantes y la prensa hubiesen adoptado una actitud semejante a la colombiana de estos días, el centimetraje hubiera alcanzado para darle cinco vueltas al mundo tapizando el planeta de primeras páginas y editoriales. Tal como he sugerido ante la "pesadilla" de Santos: multiplíquela por 15 o 20 y le dará la pesadilla que significó la migración colombiana hacia Venezuela. Pero nosotros no usamos esos términos tan feos para seres humanos que además son nuestros hermanos en historia y destino. He allí una gran diferencia entre ser bolivariano o ser santanderista. El linchamiento y la estigmatización escandalosa que se está haciendo en Colombia en todos los medios y vocerías de poder contra Venezuela, es sencillamente obscena, grotesca, repugnante.

3) Ahora viene lo bueno. El Estado colombiano nunca reconoció a su población venida a Venezuela, entre otras cosas, para evadirse de toda responsabilidad y descargar esa pobreza en lomos del presupuesto venezolano. Ganaba doblemente bajando presiones sociales en su suelo, y a la vez, creándole difucultades a un vecino al que siempre han considerado un enemigo. En otras palabras, Venezuela subsidió por cuarenta años a la pobreza colombiana; y la oligarquía allá cagada de la risa.

4) ¿Qué pasa ahora con la supuesta supermigración venezolana hacia Colombia? Lo que está sucediendo verdaderamente es el retorno de una parte de aquellos expatriados de ayer que, en medio de la mediana paz alcanzada con los Acuerdos de La Habana y la crisis económica sobrevenida por la caída del precio petrolero y severas presiones imperialistas, han optado por volver al país de origen: Colombia. Pero el Estado allá no los considera como tales para no otorgarles el rango de víctimas y así seguir evadiendo culpas y responsabilidades. Ni los apoyó o consideró cuando se fueron, ni lo hace hoy que regresaron.

5) Captar dinero internacional si es interesante para la elite. Allí si se esmerarán en abultar cifras y magnificar problemáticas. Unos cuantos se han llenado con los aportes de la comunidad internacional, con proyectos fantasmas que nuca beneficiaron a las comunidades necesitadas. Expertos sobran en estas trampitas. Por eso cuando Tillerson habló de dólares se explayaron ojos de ambición y viveza rastrera.
6) ¿Cuál ayuda humanitaria? En forma descarada el establishment colombiano ha instrumentalizado el movimiento migratorio dentro del plan para desestabilizar a Venezuela y seguir hurgando en el fomento de una mala imagen. Astutamente simulan sentirse solidarios, habilitando refugios de utilería para unas declaraciones a los medios, que seguro fueron desmantelados al día siguiente. Pero la prensa achaca los delitos y el caos urbano a la llegada de venecos, como despectivamente nos llaman
hasta candidatos presidenciales. ¡Pero qué va! la verdad verdadera es que Colombia no ha podido ni siquiera paliar la tragedia humanitaria que viven más de siete millones de desplazados internos. Un país que se mantiene como de los más desiguales del mundo, con niveles de pobreza extrema que triplican al de Venezuela, cómo y con qué va a auxiliar a los pobres de ningún lado. Fariseísmo. Caradurismo.
Concluyo por hoy con dos refranes: un burro llamando a un conejo orejón y con qué culo se sienta la cucaracha.

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