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Por 15 y Último

¿Nuevos días de terrorismo y odio?

Venezuela | 23 de enero de 2019

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Convengamos que en nuestro país es muy difícil hacer memoria. Y es que pasan tantas cosas en tan poco tiempo, que un par de semanas, dos meses, un año o cinco, equivalen a varias décadas o incluso un siglo de acontecimientos en otros países. Pero no por difícil debe dejar de hacerse, sobre todo cuando resulta tan urgentemente necesario.

Así las cosas, vayamos un momento a 2015, no con ánimos de revisar el pasado, sino para ver en perspectiva cosas que pueden ocurrir una vez más en este 2019 si no actuamos inteligentemente como ciudadanos y ciudadanas.

  1. En diciembre de aquel año, en la medida en que el gobierno lucía tan enredado como ahorita en materia económica, el oposicionismo dio un batacazo: metió una amplia mayoría de diputados en la Asamblea Nacional. Todavía, a pesar de ello, siguen diciendo que no hay condiciones electorales y que les hacen trampa, pero bueno: ese es precisamente parte del problema. Lo cierto es que, envalentonados, fueron incapaces de acatar el equilibrio de poderes, asumiendo de hecho estar por encima del Poder Ejecutivo, el Electoral, el Judicial y de la propia Constitución. Bajo ese ánimo, tomaron la Asamblea a principios de 2016, prometiendo salir del gobierno en menos de seis meses, para lo cual activaron diversas estrategias… menos una, que, paradójicamente, era la que resultaba más plausible a su fines: el referéndum revocatorio.
  1. Porque aunque hoy día hay quienes insisten en que el revocatorio presidencial no se hizo porque el gobierno lo impidió, la verdad es que de entrada la oposición lo descartó, tal y como lo aseguró en su momentos quien para entonces fungía de presidente de la Asamblea Nacional, el diputado Henry Ramos Allup. Este, entre otros voceros, llegó a afirmar textualmente en varias oportunidades públicas que la opción del referéndum era “muy engorrosa”. A efectos de lo cual privilegiaron mecanismos “más simples, eficientes, seguros y menos gravosos” (como por ejemplo, la enmienda y la declaración de abandono del cargo,) ninguno de los cuales pudieron activar, pues constitucionalmente no se prestaban para dichos fines. El tema es que cuando se dieron cuenta ya era demasiado tarde. Solo que fieles a su tradición de no asumir responsabilidades igual lo convocaron, a sabiendas de que los tiempos no les daban, pero contando con la alcahuetería mediática a la hora de decir que el gobierno era el culpable, lo que de ñapa sumaba a la matriz del totalitarismo.
  1. Tras este enredo oposicionista pasó 2016, Maduro siguió en la presidencia y la Asamblea Nacional cayó en desacato. En enero de 2017, Julio Borges asumió su jefatura. Dicho acto no tuvo efecto legal dado el desacato, pero siguiendo la costumbre de colocarse por encima de las leyes, Borges dirigió un incendiario discurso de desconocimiento de las instituciones y llamó a la guerra de todos contras todos. Dos meses despues de aquel llamado más de 170 venezolanos y venezolanas murieron en jornadas de feroz violencia callejera. Solo un 10% de estas muertes fue causada por cuerpos policiales o militares: el 90% restante por grupos paramilitarizados y las hordas formadas en torno a ellos. Varios fueron quemados vivos, linchados y torturados. Otros asesinados por “parecer chavista”, “ladrón”, “de un colectivo”, o por no detenerse en algunas de las barricadas fascistas, todo lo cual, por lo demás, entra en la categoría internacional de crímenes de odio. Varias otras víctimas fueron oposicionistas asesinados por sus “compañeros de lucha” o muertos por impericia a la hora de manejar armar artesanales suministradas por los instigadores. Incluso una señora que no tenía nada que ver con ninguno de los bandos, murió por una botella lanzada por un abogado ligado a partidos de derecha quien siguió la recomendación dada la noche anterior por un “intelectual” de derecha ahora cómodamente en el “exilio”. Atacaron escuelas, maternidades, hospitales, medios de comunicación y de transporte, casas de familia, universidades, estaciones policiales y hasta cuarteles militares y policiales. Todas y cada una de esas muertes y ataques a personas y propiedades públicas y privadas fueron debidamente blanqueadas y justificadas por la gran prensa” e infuencers. E inclusive, como sabemos ahora, contaron con la abierta y descarada complicidad del Ministerio Público y su titular de entonces.
  1. Cuatro meses duraron los ataques, resultando en un rotundo fracaso para la dirigencia oposicionista: no derrocaron al gobierno, tampoco provocaron una invasión militar, no pudieron evitar la constituyente y luego fueron barridos en las elecciones a gobernadores y alcaldes. Sin embargo, en lo que sí tuvieron éxito fue en profundizar los males del país: la situación económica empeoró desde entonces y el malestar social se profundizó.
  1. Un año después de aquel llamado criminal, el señor Borges y sus secuaces acuden a unas mesas de diálogo con el gobierno y con la mediación internacional exigida y escogida por ellos. Sin embargo, luego de varias semanas con el país en vilo esperando los acuerdos, la oposición se levantó en el último minuto (cuando solo faltaba la firma) argumentando que no suscribirían algo que no les satisfacía. Lo llamativo es que el documento a firmar era una lista de complacencias a todas sus exigencias: querían elecciones presidenciales anticipadas y el gobierno se las dio; querían observadores internacionales y no escogidos y se les garantizó; pedían que fuera abierto el registro de nuevos votantes por el CNE y la reubicación de los que votan en el extranjero, y esto también se aceptó; así como el tener al menos dos miembros de su confianza en el directorio del ente comicial y la realización de todas las auditorias públicas posibles, previas y post al evento electoral. Hasta participación de candidatos opositores en medios de comunicación del Estado se les garantizó. Y así y todo no firmaron. Debe ser el único caso en la historia en que un grupo que negocia obtiene todo lo que pide, pero no firma porque no está de acuerdo.
  1. Las excusas de los influencers y voceros oposicionistas para no firmar, fue la no aceptación del gobierno del llamado “corredor humanitario” y el que no se haya validado la tarjeta de la MUD, Primero Justicia y quitado la inhabilitación a Capriles y López. Ambos “argumentos” eran absurdos. En cuanto al primero, porque ningún grupo político dejaría por ello de lado la posibilidad de llegar al poder en medio de un evento electoral sobrevenido, con todas las garantías acordadas bajo observación internacional, menos cuando afirma ser aplastante mayoría. De hecho, haría exactamente lo contrario a lo que hizo la MUD (como hizo la coalición antisandinista en Nicaragua que llevó al poder a Violeta de Chamorro) pues sería la oportunidad perfecta para llevarlo a cabo con su venia. Y el segundo, porque más allá de implicar desconocer procedimientos y sentencias de órganos públicos, refleja la miopía política y los recelos entre una dirigencia que superpone sus intereses partidistas a la causa que dicen defender. De más está decir que cuando finalmente se dieron las presidenciales, la MUD se abstuvo de participar y se dividió, lo que terminó facilitando la reelección del presidente Nicolás Maduro y ergo.. aquí estamos.
  1. Y cuando decimos “aquí estamos” nos referimos a que nos encontramos en los preliminares de una nueva aventura incendiaria, que puede resultar incluso más costosa y lamentable que la de 2018. Las 170 víctimas mortales de 2017 cuadruplicaron a las de 2014 cuando se dieron las guarimbas convocadas por Leopoldo López, que a su vez cuadruplicaron a las de 2013 cuando el tristemente célebre llamado a “salgan a descargar la arrechera” de Capriles Radonsky: ¿en cuánto puede superar a las de 2017 otra nueva locura como la que se está convocando?
  1. Porque una cosa es que hayan razones y muchas para protestar, dentro de lo cual hay que incluir la incapacidad del gobierno para atender problemas fundamentales. Pero otra es el usufructo de ese malestar real y legítimo por parte de unos irresponsables e indolentes que juegan con la vida y muerte de todos y todas.
  1. Para muestra un botón. Esta noche del 21 de enero de 2018, en las vísperas del nuevo “Día D” para la salida del gobierno –más o menos el décimo en cinco años– fueron levantadas barricadas en algunas zonas de Caracas. Pero no se trató de simples protestas. Inmediatamente se convirtieron en atentados contra propiedades y personas, como, por ejemplo, pasó en el sector Pinto Salinas al norte de Caracas donde encapuchados atacaron con piedras y bombas incendiarias un conjunto residencial de típicos vecinos clase media. Algunos influencers oposicionistas, con el cinismo e irresponsabilidad que los caracteriza, solo atinaron a decir que “la protesta pacífica tomó otro rumbo”. Lo que debe recordarnos en qué suelen terminar estas aventuras, no solo para los chavistas y personas ajenas a la diatriba política, sino también y sobre todo, para muchos que se animan a sumarse a ellas: acaban siendo sus mismas víctimas, auto-secuestrados, auto-agredidos, auto-saqueados, auto-arruinados y luego olvidados por una dirigencia que pronto se va a vivir al extranjero, si no es que convoca a todos estos desmanes ya cómodamente instalados allá.
  1. Por último, aunque no menos importante, ya que tiene que ver con lo anterior, siempre y en todo lugar la historia demuestra que este tipo de violencia, cuando se desencadena, acaba arrastrando a todos, independientemente de quien la haya iniciado o sea su objetivo. Y aquí tenemos que tomar en cuenta lo que está pasando en estos momentos en países como Ecuador, Perú y Colombia con la persecución contra los venezolanos, independientemente de su condición política, social, sexual, etaria, etc. Y es que tanto se ha ejercido campaña contra el país, tanto se ha denigrado contra nosotros mismos, que hoy, cuando muchos compatriotas se han ido forzados por la situación, sean o no chavistas, son objeto de segregación en el menos malo de los casos y de cacería y muerte en los peores. Acá hay que recordar de nuevo a Julio Borges, quien llegó a decir que los venezolanos éramos “una enfermedad contagiosa“, declaraciones mucho más graves que las del presidente ecuatoriano por provenir de una autoridad nacional ¿cuántos venezolanos y venezolanas oposicionistas, que hoy están fuera del país buscando otros rumbos, no están pagando las consecuencias de las mismas?

Fuente: 15 y Último

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