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Por G.B. (r) Arévalo Méndez Romero

¿Por qué a Venezuela?

Venezuela | 14 de abril de 2017

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Sin duda que la actual situación política, social y económica venezolana es también resultado de acciones políticas internas que intentan desestabilizar al gobierno para someter al proyecto bolivariano a un permanente estrés político y económico, a la par de los errores cometidos por el gobierno en materia de conducción de la economía, reconocidos incluso por el presidente Nicolás Maduro.

Así las cosas, la historia puede conducirnos a errores interpretativos, pero también abrir oportunidades para la construcción de bases sólidas para enmendar métodos y procedimientos cuyo propósito es cambiar realidades. Un breve repaso de los hechos y las consecuencias en Venezuela, a partir de la irrupción del fenómeno antiimperialista, anticapitalista y antineoliberal plasmado en “el caracazo”, en febrero de 1989, y el levantamiento de la juventud militar contra el deplorable estado social, nos encamina a entender las complejidades de un proyecto de aprendizaje político inédito, imposible de interpretar desde las perspectivas capitalistas y eurocéntricas de las burguesías vernáculas corporativizadas con poderosos factores exógenos.

La estructura neoconservadora internacional adoptó -desde el momento en que Chávez lideraba las encuestas previas a las elecciones presidenciales en 1998- la estrategia del “agotamiento por saturación”. El desmadre mediático y la presión política no ha cesado. Golpes, huelgas patronales, referendos revocatorios, violencia callejera; intentos de aplicación de mecanismos compulsivos tales como condenas, censuras, etc., desde diversos países; presión económica interna, sabotajes financieros, sabotajes a la industria petrolera y al sistema eléctrico; decreto imperial norteamericano; intento de aplicación de la Carta Democrática Interamericana. Aún así, diecisiete años después, el pueblo sigue creyendo en un cambio revolucionario posible.

Sumemos a ello los efectos del esfuerzo colapsado de transición hacía un modelo sustitutivo de la actual condición rentista-extractivista nacional, precisamente cuando las mayorías y la realidad socioeconómica demandan un cambio histórico radical en las estructuras de las relaciones de producción. Esta coincidencia temporal ha creado un escenario propicio para que los factores tradicionalmente usufructuadores de la renta petrolera, temerosos de perder privilegios, se hayan coaligado con factores externos para desestabilizar la apuesta política favorecedora y promotora de los cambios necesarios y posibles.

Es evidente que poderosos factores externos se mueven abiertamente, asociados con castas burguesas criollas para generar graves problemas y obstáculos. El ocultamiento de alimentos y medicamentos con fines usureros y para el contrabando hacía países vecinos, amparados por acciones de corrupción empresario/funcionario es un desafío al cual el Estado está haciendo frente con decisión y suma dedicación.

Una conclusión adelantada nos lleva a verdades evidentes. En realidad Venezuela es el escenario de la inevitable confrontación entre dos visiones del mundo, adquiriendo un perfil multidimensional. En las calles de Caracas se desarrolla un cruento enfrentamiento entre una perspectiva de democracia que se niega a una mera condición de subsidiaridad y tutelaje respecto del capital, frente a una parcialidad ideológica opuesta a ceder privilegios.

Es claramente identificable la ecuación del dominio neocolonialista. La ecuación econométrica se compone de términos manoseados en el academicismo harvardiano, centro madre de la ideología dominante. Inversiones, ganancia, libre mercado y libre comercio, libertad empresarial, seguridad jurídica al capital, etc. Para nada cuentan los derechos del trabajador ni los intereses ciudadanos ni del medioambiente.

A la vez, se visibiliza un retorno de los viejos postulados de la lucha de clase, patentizados en el resurgimiento de la clase trabajadora envalentonada ante el capital. Al mismo tiempo, el proyecto de Chávez toma cuerpo en un Estado dispuesto a demostrar que la alianza Estado-Pueblo-Fuerza Armada es fundamental para ejecutar las anheladas aspiraciones de una nación que fenecía al ritmo que la “petrocracia” imponía.

El dilema que enfrenta a dos concepciones de sociedad y de individuo se resume en ¿es el trabajo o el capital? ¿Es el ser humano o la ganancia? ¿Son las elites o somos todos? ¿Es igualdad o exclusión? ¿Es el ciudadano o el mercado? ¿Es el interés nacional o son las metrópolis? ¿Es colonialismo o independencia?

En Latinoamérica, un proyecto político de bases sociales y propuestas creíbles y realizables, encuentra viabilidad solo si se funde con los intereses populares y enfrenta decididamente a los factores contrapuestos. Ello implica, incluso, decir no a lo que comúnmente se entiende y acepta como el “funcionamiento normal” en las democracias occidentales, aun cuando ello implique peligros. Decir no, implica riesgos insalvables.

Un factor de peso en este estado de situación se corresponde con una acendrada mitología en la clase media venezolana. Ese sector vive la ilusión del país perfecto, siempre que sea funcional a sus intereses. Pretende parecerse a una clase adinerada cuando en realidad está más cerca de incrustarse en la clase pobre o popular, por cuanto el modelo socioeconómico diseñado por el puntofijismo(1) así lo ha delineado.

La médula del pensamiento de la clase media nacional se centra en creer en que no hay vida más allá del petróleo y del sistema-mundo imperante. Esas, entre algunas otras, son las razones para un comportamiento egoísta, entreguista y conformista. Y es que en realidad la clase media por décadas se ha sostenido en la tesis de que la desigualdad y la inequidad son fenómenos insalvables y es imposible a estas alturas convencerles del equívoco mito de que su estatus social depende de la inmovilidad socioeconómica de las clases populares.

Petróleo y energía en claves geopolítica y bélica

Incide en el estado de situación un elemento fundamental para entender la realidad política y económica. Sin duda que EE.UU. y la Unión Europea han encontrado un obstáculo inesperado en sus planes para avanzar contra China, Rusia e Irán. La aparición de múltiples conflictos en todo el mundo ha retorcido el camino a la aspiración geopolítica norteamericana en alianza con la Europa irreconocible, y han trastocado -cuando menos retardado- y generado pérdidas al aparataje diseñado para ahogar las capacidades económicas, financieras, energéticas y militares de los dos gigantes que surgen en el escenario mundial.

La pérdida de campos petroleros y gasíferos en Libia e Irak; el fracasado intento por derribar el régimen sirio a fin de imponer el gaseoducto conveniente a los intereses occidentales en contraposición al gaseoducto entre Irán, Irak y Siria; la destrucción de Afganistán intentando montar un campamento permanente en las costillas de Rusia; el sorpresivo viraje de Turquía a favor de Rusia; el estancamiento en el avance amenazante de la OTAN hacia Rusia, apoyado por el gobierno títere de Ucrania; el resurgimiento y revitalización de Irán, sumemos a todo este panorama, el muy activo despliegue del grupo BRICS(2) , todo ello en conjunto ha devenido en el desconcierto de EE.UU. y Europa respecto a la seguridad de las fuentes de energía, y sobre las frustradas rutas de gaseoductos que desde Asia Central debieron estar culminadas antes de 2010 para atenuar la dependencia europea del gas proveniente de Rusia.

EE.UU. debe garantizar el acceso seguro europeo a las fuentes de energía como mecanismo de control y como parachoques ante la creciente influencia de Rusia y China en el mundo occidental. A la vez pretende dominar el mercado del viejo continente sin disponer de suficientes reservas internas propias. Hoy reina la incertidumbre e inseguridad energética, en tanto la alianza China-Rusia avanza afectando los intereses geopolíticos occidentales. No existe seguridad de que no estalle un conflicto interno en Arabia Saudita, que arrastraría a las monarquías del Golfo.

El conflicto en Yemen es signo inequívoco de que factores geoeconómicos y políticos, más que religiosos, están cercanos a los yacimientos de Arabia Saudita.

Europa, por tanto EE.UU., necesita yacimientos alternativos, y no existe en el mundo otra opción diferente a los yacimientos suramericanos. La permanente tensión militar y terrorista en Medio Oriente; la cruel política del Estado israelita contra los derechos del pueblo palestino; el asentamiento geopolítico y el aseguramiento militar de Rusia e Irán sobre gigantescas reservas propias; y el agotamiento de yacimientos en el Mar del Norte y el Golfo de México obligan a EE.UU. y Europa a volver la mirada a Venezuela y Brasil.

Se repite el escenario bélico de la Segunda Guerra, cuando necesitaron el crudo venezolano para sostener el aparataje bélico. Igualmente necesitan enseñorearse sobre los yacimientos presalinos brasileños, cuestión que ya prácticamente han logrado. Venezuela piensa y actúa muy diferente al gobierno interino de Brasil.

Washington no oculta sus planes para derribar a Petrocaribe. No solo por afectarse los intereses económicos empresariales estadounidenses que pululan alrededor del petróleo venezolano, también por el nuevo estado de relacionamiento del Caribe insular anglosajón con Latinoamérica, aprovechando el puente geoeconómico que provee la cooperación venezolana. Destruir Petrocaribe significa el retorno al viejo y caduco modelo de expoliación energética y financiera.

Debe prestarse mucha atención al asunto vital de las reservas petroleras. El negocio mundial Imagen relacionadade la energía se sostiene sobre un argumento práctico: por cada barril extraído, el detentador de los yacimientos, llámese Estado o llámese empresa -para el caso de Venezuela, es el Estado-, debe incorporar al menos tres barriles a la reserva en yacimientos para sostenerse en un esquema económico de creciente incertidumbre, tanto porque hoy no se descubren yacimientos concentrados de no menos de 10 mil millones de barriles de crudo, como por el agotamiento de las grandes cuencas tradicionales y por la creciente inseguridad en Medio Oriente y Africa.

De igual manera, aun cuando por efectos ambientales la tendencia mundial sea la de disminuir el consumo per cápita, la tasa actual de la demanda implica que para 2040 se necesitaría la producción equivalente a cuatro Arabias Sauditas. Estudios reconocidos indican que en la actualidad el 81% de la producción actual proviene de yacimientos maduros en declive.

En este complejo escenario, Venezuela se convierte en un objetivo clave para EE.UU. y la Unión Europea. Para norteamérica no porque necesite petróleo y gas venezolano para suplir su demanda interna, más sí para seguir soportando las inmensas estructuras financieras nacionales, partiendo de las ganancias e impuestos de las siete hermanas(3). Europa sí necesita del crudo como materia prima para generación eléctrica y transporte.

Las reservas venezolanas se cifran en 300 mil millones de barriles en yacimientos, mas es de aclarar que tal volumen se determina por la capacidad de explotación económicamente viable a una tasa de recobro del 20%, es decir, del volumen en yacimiento: con la tecnología disponible para extracción y manejo de crudos pesados, es posible lograr 20 de cada 100 barriles. Ahora bien, ya Venezuela domina tecnologías que le permitirán en los próximos cinco años manejar el crudo con tasas de recobro superiores o iguales al 35%, lo que elevaría las reservas a más de 500 mil millones de barriles.

Para tener una idea de esas cifras, solo con 100 mil millones en reservas, Venezuela triplica las actuales reservas de México y EE.UU. en conjunto.

También otro factor de orden económico comienza a causar preocupación: la Tasa de Retorno Energético. Se conoce como TRE a la cantidad de energía usada para obtener volúmenes energéticos equivalentes. A comienzo del siglo XX en EE.UU. era posible una tasa de 1%, es decir, apenas un barril de energía consumido para obtener 100 barriles comercializables. Hoy, esa realidad es conocidamente diferente; yacimientos completos han sido abandonados y gran cantidad no han sido explotados por cuanto en gran cantidad de casos, la TRE se ha deteriorado. Se conocen casos en los que, incluso, el costo de explotación supera enormemente a los precios de realización en el mercado.

EE.UU. y Europa no digieren el hecho de que un pequeño país, mestizo y subdesarrollado, pero digno e irreverente, les haya despojado del petróleo que abusivamente reflejaban como activos propios en la contabilidad empresarial, y lo peor, quitarles el petróleo sin disparar una bala es una afrenta imperdonable para el poder imperial dominante.

Preguntas y más preguntas

Sin duda, en la actual situación venezolana pesan mucho unas malas y tirantes relaciones con EE.UU., Europa e Israel. En este sentido, los desafíos políticos, y esencialmente mediáticos juegan un papel fundamental. Así entonces, unas pocas y simples preguntas son obligatorias para abordar la situación:

¿Es Venezuela un real peligro para la seguridad norteamericana, tal como lo señala el decreto de Obama?

¿Por qué el empeño en cercar financieramente a Venezuela?

¿Cuáles son las razones para impedir a Venezuela adquirir equipamiento para luchar contra el narcotráfico?

¿Es democrático el gobierno estadounidense cuando participa y abiertamente promueve golpes de Estado, tal como lo hizo (y lo reconoce) en 2002?

¿Cuáles son las reales razones para implantar siete bases militares en Colombia amenazadoras para Venezuela?

¿Es solo casualidad que todos, absolutamente todos, los ex presidentes neoliberales latinoamericanos profieran amenazas contra Venezuela?

¿Está Venezuela ejecutando acciones encubiertas o abiertas contra la estabilidad democrática de otro país, indistintamente de su afinidad ideológica? ¿Podemos negar que esté ocurriendo lo contrario?

¿Qué es lo perverso de un proyecto político que por vez primera da respuesta a las demandas sociales largamente anheladas por los venezolanos?

¿Qué es lo perverso de un proyecto político que da respuestas efectivas a las exigencias de la ONU en tanto combatir la pobreza, la desigualdad y la inequidad?

¿Por qué atacar a un proyecto político basado en el combate a la desigualdad social como base para el crecimiento?

¿Cuál es la razón por la cual se trata de destruir un proyecto socioeconómico que decidió derrotar miedos y redistribuir la riqueza antes que acumularla?

¿Alcanzan las magnitudes económicas, financieras y militares venezolanas para destruir el sistema-mundo signado por el concepto dominante y dominado?

¿Cuáles son las reales causas por las cuales norteamérica no acepta proyectos políticos en países “díscolos” que pretendan ejercer soberanía sobre sus recursos naturales?

¿Qué razones impulsan a oponerse con tanto encono a un proyecto político que ha mejorado como pocos países en el mundo el Indice de Desarrollo Humano, IDH, y el coeficiente de GINI, tal como pide la ONU?

¿Cuáles son los temores ante una propuesta socioeconómica que comprobadamente avanza a pasos sostenidos en el combate contra la pobreza y la pobreza estructural?

¿Qué es lo que no gusta a las elites locales del hecho cierto del combate al latifundio?

¿Es o no es serio un país que se toma -en serio- los preceptos de soberanía, independencia y autodeterminación y hace letra viva de esos preceptos?

El factor capitalista

Lamentablemente, en Venezuela la economía no ha funcionado para las mayorías y para todos. El modelo rentista petrolero ha mineralizado un patrón de desigualdad y concentración de la riqueza. Y es del todo cierto que los empresarios arrimados al poder andaban muy bien. Los pequeños emprendedores, los productores del campo, los campesinos, los indígenas y la clase trabajadora fueron condenados a la sobrevivencia.

Bien lo dijo un connotado analista de economía de aquellos años: “…empresarios ricos con empresas quebradas…”. Y fue así desde la aparición del petróleo. Es innegable que pequeñas pero poderosas elites, más especuladores que empresarios, más importadores que productores, más rentistas que generadores de riqueza, disfrutaron de un sistema político que lo apostó todo por el petróleo. Era la única forma de que los “empresarios” aceptaran convivir bajo el manto del Pacto de Punto Fijo.

Un objetivo clave en el proceso de cambios en Venezuela es atacar los factores que alimentan el subyugamiento que el sector comercio -merced a las importaciones- ejerce sobre los otros sectores de la economía. En Venezuela pesa en extremo el fenómeno de la extensión en la intermediación comercial. Los indicadores de alejamiento/cercanía entre los factores de producción y los de consumo son desconcertantes. Aunado a ello, con el esfuerzo del trabajo sostenemos a una clase empresarial negada a pagar impuestos, a pesar de que la tasa impositiva en Venezuela es la más baja del continente.

El socialismo anhelado

Latinoamérica solo ha vivido la experiencia del capitalismo eurocéntrico sin mayor compromiso social. No conocemos experiencias sostenidas de corte socialista o de otro signo diferente al capitalismo extractor, por cuanto el líder, partido o presidente que se haya atrevido a mirar más allá de lo conocido e impuesto por los cánones eurocéntricos -incluyendo a EE.UU. y Japón- ha sido asesinado moral o materialmente, y si no, derrocado. Arbenz, Bosh, Goulart, Allende, Bishop, Chávez, Lugo y Zelaya saben bastante de esto. Eso es innegable. También Correa, Ortega y Morales están sometidos al constante acoso mediático y de las elites internas pequeñoburguesas. Por no hablar de los fracasados intentos por asesinar a Fidel, amén de las groseras y brutales intervenciones en Cuba, Dominicana y Grenada.

Nadie en un sincero juicio puede negar que Venezuela, Bolivia, Nicaragua y Ecuador se ven sometidos a la constante metralla de los intereses foráneos unidos y apoyados obsecuentemente por las elites criollas.

En Venezuela, cuatro presidentes han sido derrocados por causa del petróleo. Así lo ha reconocido el propio establishment norteamericano. A confesión de parte… El único de ellos que abiertamente habló de socialismo fue Chávez, los otros tres solo intentaron apoderarse del petróleo, que en teoría era de los venezolanos.

El método es el mismo que se aplicó a Allende. Varían las formas pero no los dos objetivos históricos del capitalismo depredador respecto al patio trasero: 1. No permitir que nuestros pueblos experimenten nuevas dimensiones acerca del poder y de las relaciones de producción. 2. Mantener al patio trasero en la condición de simples y desconcertados exportadores de materias primas.

¿Cómo establecer sanas y honestas comparaciones entre sistemas sociopolíticos si a las alternativas u opciones diferentes a lo conocido no se les da oportunidad de desarrollar otras concepciones de sociedad? El vil asesinato mediático o el golpe de Estado han constituido las formas favoritas y eficaces del gran capital para no dejar que los pueblos prueben algo diferente. Miles de indígenas murieron en las minas de nuestro continente sin probar el sabor dulce: solo la sal les era permitida. Con otras modalidades y dimensiones, la historia se repite. La no diferencia, la no pluralidad, la no multidimensión de la convivencia, esa es la clave del dominio.

Nuestra apuesta es por un sistema económico con la necesaria intervención del Estado en el mercado. Y es así por cuanto, desgraciadamente, la colusión, el amiguismo con aviesos intereses económicos, la corrupción del funcionario, la actividad de los monopolios y oligopolios llaman a una intervención obligada y responsable del Estado. Así lo hemos entendido en Venezuela. Nos resistiremos a una sociedad de mercado, lo que equivale a luchar a brazo partido contra el neoliberalismo.

Un modelo de desarrollo que dé aliento a una economía con real compromiso social es lo que necesitan Latinoamérica y el Caribe. Otras visiones empáticas centradas en el hecho economicista/empresarial como centro y pivote del desarrollo con justicia social tienen mucho pasado, pesado presente, pero poco buen futuro. Las corrientes que impulsan cambios estructurales en varios de nuestros países llegaron para quedarse.

La mayor cantidad de países y sociedades industrializados de hoy entendieron y aplicaron a sangre y fuego en sus inicios de construcción de sus propios sistemas socioeconómicos tres herramientas fundamentales consolidadoras del capitalismo depredador: 1. Aprovechar la esclavitud; 2. apoderarse de las materias primas, especialmente los recursos mineros valiosos; 3. practicar principios de comercio internacional proteccionista.

Eso fue así hasta que lograron desarrollarse, luego se desprendieron de la forma colonial de esclavitud -las formas neocoloniales persisten-. Eso sí, no se han despojado de las nuevas formas de dominio: comercio injusto; predominio del capital sobre el trabajo; negación a la transferencia de tecnología; extracción de talento formado en nuestras universidades; depredación ambiental; paraísos fiscales; moneda universal; globalización a los porrazos; democracia a los cañonazos, etc.

En nuestra conciencia sureña debe quedar como idea insalvable que el Norte puja como siempre para que el modelo afincado en la división internacional del trabajo se mantenga tal como ha sido por más de quinientos años. El Sur destruye sus propias capacidades, oportunidades y potencialidades mediante el “desarrollo del subdesarrollo”, esto es, exportación de materias primas y sumisión al capital transnacional.

Enviamos riquezas no renovables al Norte, y son las metrópolis las que asignan valor final a nuestros recursos valiéndose de los mercados de valores en un supuesto transparente esquema de libre mercado marcado por la eufemística interacción de oferta y demanda. No es posible la libertad de mercado mientras las asimetrías entre el Norte y el Sur sean el más significativo factor geopolítico de dominio del primero sobre el segundo, especialmente cuando el Norte necesite de una relación inveteradamente colonialista signada por la inequidad en el relacionamiento. Cambiar tales patrones de conductas equivaldría a un vuelco definitivo en el futuro de la Humanidad.

En contraposición, el Norte envía bienes y servicios renovables (conocimiento, capitales, tecnología e industria) al Sur, pero igualmente las metrópolis-centros del poder capitalistas asignan e imponen el precio final a tales bienes. En las transacciones Norte-Sur no median las Bolsas de Valores y curiosamente no se aplican ni se exigen las reglas del “libre mercado”. Lo tomamos o lo dejamos, así de simple.

Los países industrializados extraen, además, en cifras descomunales desconocidas:

a) talento formado en nuestros países en ciencias y conocimientos fundamentales para el desarrollo;

b) capitales derivados de la IED(4) no contabilizados por los organismos internacionales, sin que haya una equitativa e intensa reinversión ni sana participación en las tareas de construcción de pequeñas y medianas economías nacionales;

c) expoliación mediante la aplicación de indecentes tasas/periodos de retorno de la inversión extranjera;

d) el volumen de capitales exportados a las metrópolis por conceptos de ganancias y evasión de impuestos supera con creces a las inversiones;

e) los volúmenes de IED se concentran mayoritariamente en operaciones succionadoras y extractivas, tales como servicios financieros y minería básica;

f) fomentan la multiplicación de paraísos fiscales en razón de que el ocultamiento favorece a las metrópolis céntricas en desmedro y empobrecimiento de las economías periféricas;

g) fomento a la corrupción en todos los niveles de la administración pública en nuestros países;

h) evasión de impuestos;

i) fomento al desarrollo de monopolios y oligopolios;

j) pretender pasar como “nuevas inversiones” a simples actos de comercio como la adquisición de empresas sin que ello implique capitales frescos para ampliación y/o generación de nuevos empleos;

k) el insano proceder de transar valores, negociar títulos y obtener ganancias en mercados financieros basados en las reservas de riquezas naturales de nuestros países;

l) imposición del modelo de solución de controversias en tribunales asentados en los países sedes de las transnacionales;

m) intervencionismos en los asuntos internos del mundo subdesarrollado;

n) aliento a conflictos internos en países pobres generando hecatombes sociales y genocidios en pos del dominio sobre los recursos naturales.

No podemos aislarnos del contexto de una génesis económica que intenta con mucho esfuerzo, desde el Tercer Mundo, asumir perfil propio a partir de nuestros recursos naturales, siendo el talento humano el principal de ellos. La fuerza motora está en entender el momento y la oportunidad y en tener el coraje de asumir políticas y estrategias pensadas y maceradas científicamente. No hay más oportunidad para la improvisación y el desgano fraudulento de las elites criollas.

Tal situación, vigente desde la Conquista y la Colonia, nos somete a una desesperanzada realidad de permanente hipoteca sobre nuestro futuro que ya se hace eterna. Latinoamérica, el siempre mencionado “continente de la esperanza”, se debate en una época que nos llama al ahora o nunca. La coincidencia en tiempo y espacio de liderazgos con proyectos realistas nos demuestra que el cambio estructural es, además de necesario, posible.

Latinoamérica está en franco retorno a la primera década del siglo XX al no enfocar estrategias que hagan salir a las economías nacionales de la casi absoluta condición feudal de primarización. Ello incluye el eufemismo de la exportación de materias primas alimenticias con un grado menor de elaboración y manufactura.

EE.UU. históricamente es azotado por tres grandes temores: a) la emergencia de China; b) la desaparición del dólar como moneda dominante y hegemónica en la economía mundial; c) la unión latinoamericana y caribeña.

Somos convencidos de la idea de que la unión latinoamericana-caribeña solo será posible si construimos nuestras propios espacios de soberanía a partir de la negación de las realidades reinantes hace más de dos siglos. Las elites conservadoras, en sincronía aduladora impusieron la tesis del “patio trasero”. Si fuese un patio, otra sería la historia en estas desequilibradas relaciones, el asunto de fondo es que somos treinta y tres patios traseros.

El precio que los venezolanos estamos pagando por nuestra determinación es elevado, pero asumimos con verdadera entereza, convencimiento y seriedad los preceptos de soberanía, independencia y autodeterminación. No es letra muerta nuestra Constitución.

Por estas razones en Venezuela decimos no a las acciones depredadoras del capitalismo transnacional. Nos negamos a seguir la senda marcada por los egoístas intereses de factores dominantes. Nuestra posición enfrenta a factores que intentan impedir nuestro desarrollo y conculcar nuestros derechos soberanos mediante desencadenamiento de acciones antidemocráticas.

Las mayorías en Venezuela no podemos renunciar a una concepción de convivencia en democracia, dominada por la convicción de una sociedad amparada por un Estado benefactor, proteccionista, solidario y sensible ante los estragos históricos derivados de la prevalencia en el poder de castas amancebadas en petróleo y amparados por el negociado y el tácito entendimiento entre castas importadoras y poder político.

El proyecto político socialista imaginado por Hugo Chávez inicia el rompimiento de las estructuras que dieron pie al modelo dominantes/dominados hasta 1999. Por ello nos negamos:

A una democracia tutelada.

Al Consenso de Washington.

A una condición indigna de “país sucursal”.

A la autoasignada “excepcionalidad” norteamericana.

A un mundo unipolar.

Al regreso de nuestro petróleo al redil de los intereses transnacionales.

A la privatización del agua, petróleo, gas, recursos mineros valiosos, salud, educación, fondos de pensiones, peces, empresas estratégicas estatales.

A las semillas transgénicas.

Al resurgimiento del ALCA.

A bases militares extranjeras.

A la transferencias de riquezas al Norte.

Al modelo sustentado en el libre comercio, tan libre como que necesita bases militares para defender tal “libertad”.

A las economías sustentadas en crímenes contra el trabajador y el medioambiente, como la maquila.

A los combustibles elaborados con productos alimenticios.

A la idiotización masiva por influencia mediática.

Al latifundio.

Al asalto empresarial a la democracia.

A una sociedad de mercado.

Al modelo de salud capitalista basado en el consumo irresponsable de medicamentos que ya constituyen la tercera causa de muertes en el mundo.

Al abuso patronal contra los trabajadores.

Al modelo económico dependiente del Norte.

A la desprotección y desamparo social.

Al sostenimiento de sistemas previsionales/sociales europeos a costas del sufrimiento y pobreza en nuestro continente.

A los negocios altamente lucrativos para transnacionales y gobiernos basados en los desastres naturales en el Tercer Mundo.

Al modelo financiero mundial basado en acuerdos cupulares de corte geopolítico.

A la consolidación de la geopolítica del dominio sobre los alimentos, restando soberanía e independencia a los países en desarrollo. A más hambrientos, más transgénicos, más medicamentos y más MacDonald.

Al modelo de relacionamiento que pretende regresar al mundo a la guerra fría.

Al desarrollo del subdesarrollo.

Al dominio del capital.

A la firma de TLC’s con potencias industriales, facilitando la perpetuidad del subdesarrollo basado en la extracción de materias primas.

Al modelo económico/financiero que ha impuesto al consumismo como base insalvable de desarrollo y crecimiento.

A la acumulación capitalista depredadora.

A la pesca de arrastre industrial.

Al modelo de riqueza de unos pocos a costa del sufrimiento y pobreza de millones.

Al modelo de relacionamiento con el Norte en total y depredador desequilibrio.

A la destrucción de pueblos y culturas por causa del petróleo.

A renunciar a nuestros legítimos derechos sobre el territorio Esequibo, conculcado por las potencias. Esta justa aspiración nos enfrenta al poder petrolero de Exxon Mobil.

Al esquema tradicional empobrecedor y dependiente que en Venezuela privilegia la importación antes que la producción interna.

Al modelo de subyugamiento del sector comercial sobre los otros factores de la economía

Notas

(1) Puntofijismo: se refiere al Pacto de Punto Fijo firmado por los partidos Acción Democrática, Copei y URD (1958), después del derrocamiento del dictador Marcos Pérez Jiménez. (Nota de PF).
(2) Asociación comercial de Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica.
(3) Las “siete hermanas de la industria petrolera”: ExxonMobil, Shell, British Petroleum, Mobil (hoy fusionada con Exxon), Chevron Corporation, Gulf Oil (hoy en poder de Chevron) y Texaco (ahora en manos de Chevron).
(4) Inversión Extranjera Directa.

*Embajador en Chile de la República Bolivariana de Venezuela, es general de brigada (r) del ejército de su país. Fue profesor de la Academia Militar y de la Escuela Superior del Ejército. Se desempeñó como secretario privado del presidente Hugo Chávez, viceministro de Relaciones Exteriores, embajador en España y Argentina. Ha representado a Venezuela en varias misiones internacionales y ocupado diversos cargos en el proceso de la Revolución Bolivariana que vive Venezuela desde 1999.


Fuente: QuestionDigital

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